{"id":1916,"date":"2023-10-24T03:35:18","date_gmt":"2023-10-24T03:35:18","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2023\/10\/24\/la-rosa-de-los-vientos-y-la-guerra\/"},"modified":"2023-10-24T03:35:18","modified_gmt":"2023-10-24T03:35:18","slug":"la-rosa-de-los-vientos-y-la-guerra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/kaos\/la-rosa-de-los-vientos-y-la-guerra\/","title":{"rendered":"La rosa de los vientos y la guerra"},"content":{"rendered":"<p><em>El hombre tiene dentro de s&iacute; un apetito de odio y destrucci&oacute;n <\/em><\/p>\n<ol>\n<li>Freud<\/li>\n<\/ol>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En 1931, con la abominable sombra de Hitler ya asom&aacute;ndose, la incipiente Liga de las Naciones (antecedente de la ONU) encarg&oacute; al Instituto Internacional de Cooperaci&oacute;n Intelectual que organizara un intercambio epistolar entre intelectuales de relevancia sobre temas de inter&eacute;s para las naciones. De las primeras personalidades que se eligi&oacute; con tal prop&oacute;sito fue Albert Einstein, y &eacute;l mismo sugiri&oacute; como interlocutor al eminente psicoanalista Sigmund Freud. Ambos de ascendencia jud&iacute;a.<\/p>\n<p>Einstein le propone al psicoanalista una pregunta para dialogar. Se trata de una cuesti&oacute;n nada f&aacute;cil, una pregunta que no podemos dejar de pensar ante la agresi&oacute;n de Israel a Palestina: <em>&iquest;Por qu&eacute; la guerra?<\/em> En 1933 la correspondencia fue publicada en tres idiomas: ingl&eacute;s, franc&eacute;s y alem&aacute;n, pero en Alemania su circulaci&oacute;n fue prohibida: la sombra de Hitler hab&iacute;a ca&iacute;do, fue designado canciller, y desde ah&iacute; todo el horror del Holocausto o, mejor, la Shoa nazi.<\/p>\n<p>En 1932 Einstein le escribi&oacute; a Freud y este le contest&oacute; en 1933. Lo hizo por cortes&iacute;a y no con mucho &aacute;nimo. Freud ven&iacute;a de una poderosa reflexi&oacute;n sobre la cultura y el malestar con el que cada uno cruza por ella (<em>El malestar en la cultura, 1930<\/em>). El doctor vien&eacute;s hab&iacute;a vivido ya la primera guerra y hab&iacute;a sufrido por la participaci&oacute;n en ella de sus hijos. Las vivencias de la guerra, la violencia, la agresividad le acompa&ntilde;an casi toda su vida.<\/p>\n<p>Son varias las cuestiones que inquietan a Einstein con respecto a la guerra y piensa que el profesor vien&eacute;s, explorador profundo del alma humana, le puede aclarar. Cuestiona, por ejemplo, si: &ldquo;&iquest;Hay alg&uacute;n camino para evitar a la humanidad los estragos de la guerra?&rdquo;, o bien: &ldquo;&iquest;C&oacute;mo es que estos procedimientos logran despertar en los hombres tan salvajes entusiasmos, hasta llevarlos a sacrificar su vida?&rdquo;<\/p>\n<p>Si revisamos la correspondencia a la luz de nuestros d&iacute;as, donde efectivamente no nos hemos librado de la guerra, podemos darnos cuenta de que algunos argumentos del f&iacute;sico siguen presentes, e incluso se han recrudecido. Se&ntilde;ala que, por ejemplo, la clase gobernante tiene &ldquo;hambre de poder pol&iacute;tico&rdquo; y se pone al servicio de intereses econ&oacute;micos, se hacen guerras para fabricar y vender armamentos. Dec&iacute;a el sabio que la guerra se fomenta por una minor&iacute;a que tiene bajo su influencia a la prensa, las escuelas y a las iglesias. Ahora tendr&iacute;amos una forma de decirlo: sirven a los &ldquo;poderes f&aacute;cticos&rdquo;.<\/p>\n<p>Freud responde un tanto forzado a este requerimiento epistolar. Lo considera &ldquo;correspondencia tediosa y est&eacute;ril&rdquo;, se&ntilde;ala su convicci&oacute;n de que el psicoan&aacute;lisis se vea imposibilitado, como lo est&aacute;, para encontrar soluciones pr&aacute;cticas a los estragos de la tierra, entre ellos la guerra. Freud pensaba que el psicoan&aacute;lisis no se trata de una cosmovisi&oacute;n, tampoco es una forma de pensar, no es una filosof&iacute;a, mucho menos una psicolog&iacute;a. Se&ntilde;ala que evitar los estragos de la guerra es un trabajo que tendr&iacute;a que hacer el Estado, los pol&iacute;ticos.<\/p>\n<p>Freud inicia su respuesta se&ntilde;alando la relaci&oacute;n que hace Einstein entre Derecho y Poder, solicitando la oportunidad de referirse mejor a&uacute;n a la relaci&oacute;n entre Derecho y Fuerza, o violencia. Se&ntilde;ala que, en un principio, los conflictos de intereses entre los humanos se solucionaban mediante la fuerza o la violencia, como ocurre con los animales. Esta condici&oacute;n se modific&oacute; y cambi&oacute; cuando la mayor fortaleza de uno pod&iacute;a ser compensada por la uni&oacute;n de los m&aacute;s d&eacute;biles. As&iacute;, la violencia es quebrantada por la uni&oacute;n, y el poder de estos unidos constituye el derecho en oposici&oacute;n a la violencia. As&iacute;, el derecho deviene en el poder de una comunidad y estar&aacute; pronta a &ldquo;dirigirse contra cualquier individuo que le haga frente&rdquo;.<\/p>\n<p>Es a partir de esta construcci&oacute;n como se sucede una serie de hechos hist&oacute;ricos que va constituyendo nuevos &oacute;rdenes de derecho, mas siempre con el mismo esquema: es la historia de la guerra que se muestra, parad&oacute;jicamente, como un medio para establecer la paz. Al respecto escribe el maestro vien&eacute;s: &ldquo;por parad&oacute;jico que suene, habr&iacute;a que confesar que la guerra no ser&iacute;a un medio inapropiado para establecer la anhelada paz ya que es capaz de crear unidades mayores dentro de las cuales una poderosa violencia central vuelva imposibles ulteriores guerras&rdquo;. Freud, en 1932, centraba sus esperanzas de que la Liga de las Naciones tuviera la capacidad de asumir ese poder central que pudiese evitar futuras guerras. Sin embargo, tambi&eacute;n expresaba sus serias dudas de que esto fuera posible. Podemos ver que sus sospechas eran fundadas: la hoy ONU, como es evidente, ha sido cooptada por los poderes f&aacute;cticos trasnacionales que avalan invasiones, genocidios, matanzas siempre que convenga a los intereses de quienes mueven los hilos de la econom&iacute;a mundial. La violencia y las imposiciones que de esta se derivan est&aacute; al servicio de los m&aacute;s poderosos.<\/p>\n<p>Einstein se pregunta, y pregunta, si no habr&aacute; acaso algo que logre entusiasmar con tanta facilidad a los hombres para la guerra, algo as&iacute; como un instinto de odio o destrucci&oacute;n. Freud concuerda con el f&iacute;sico y le intenta comunicar los derroteros que el psicoan&aacute;lisis sigue al respecto. Se&ntilde;ala que desde la teor&iacute;a de su inversi&oacute;n se propone que las pulsiones que mueven a los hombres son de dos categor&iacute;as: o bien son aquellas que tienden a conservar o unir, a la creatividad, y se les llama er&oacute;ticos o sexuales; o bien son las pulsiones que tienden a destruir o matar, y les llama pulsiones de muerte. Son distintos, pero no pueden presentarse separados, se requieren mutuamente, aunque comanda la pulsi&oacute;n de muerte.<\/p>\n<p>Las motivaciones que Freud reconoce para que un hombre vaya a la guerra son muchos, en todos los sentidos, &ldquo;La rosa de los motivos&rdquo; les llama. La rosa de los vientos o rosa n&aacute;utica tendr&iacute;a 32 motivos, nobles o bajos, que se pueden expresar o se callan. De entre ellos, menciona al placer que producen la agresi&oacute;n y la destrucci&oacute;n.<\/p>\n<p>Para Freud, la pulsi&oacute;n de muerte se transforma en pulsi&oacute;n de destrucci&oacute;n cuando, con la ayuda de &oacute;rganos especiales, es dirigida hacia afuera, hacia los objetos. Pero buena parte de esa pulsi&oacute;n de muerte, al mantenerse en el interior, opera generando conciencia moral, elemento fundamental para la valoraci&oacute;n de la vida y la construcci&oacute;n de cultura.<\/p>\n<p>En Freud hay tres formas de oponerse a la guerra: si se trata de la pulsi&oacute;n de destrucci&oacute;n, entonces la primera v&iacute;a en oposici&oacute;n ser&iacute;a apelar a su antagonista, la fuerza de eros; establecer v&iacute;nculos por las v&iacute;as del amor, aunque desprovistos de fines sexuales, apostar por la vida. El otro camino de vinculaci&oacute;n afectiva es por la v&iacute;a de la identificaci&oacute;n, donde se funda buena parte de las estructuras de la sociedad, la fuerza de la amistad, por ejemplo. El arte, la creaci&oacute;n, ser&iacute;a la tercera v&iacute;a de respuesta a la tendencia destructiva.<\/p>\n<p>Se trata no de desconocer las fuerzas destructivas que mueven a lo humano sino utilizar esa pulsi&oacute;n de muerte para ponerla al servicio de la vida, de la creaci&oacute;n que la requiere.<\/p>\n<p>Frente a la violencia, imaginaci&oacute;n. As&iacute; escrib&iacute;a Freud en <em>El malestar en la cultura<\/em>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El hombre tiene dentro de s&iacute; un apetito de odio y destrucci&oacute;n Freud &nbsp; En 1931, con la abominable sombra de Hitler ya asom&aacute;ndose, la incipiente Liga de las Naciones (antecedente de la ONU) encarg&oacute; al Instituto Internacional de Cooperaci&oacute;n Intelectual que organizara un intercambio epistolar entre intelectuales de relevancia sobre temas de inter&eacute;s para [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":100,"featured_media":1917,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[21],"tags":[],"class_list":["post-1916","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-kaos"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1916","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/users\/100"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1916"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1916\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/media\/1917"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1916"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1916"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1916"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}