{"id":1908,"date":"2023-10-17T21:33:43","date_gmt":"2023-10-17T21:33:43","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2023\/10\/17\/la-impotencia-sexual\/"},"modified":"2023-10-17T21:33:43","modified_gmt":"2023-10-17T21:33:43","slug":"la-impotencia-sexual","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/kaos\/la-impotencia-sexual\/","title":{"rendered":"La impotencia sexual"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-weight: 400;\">Portada: Edvard Munch, <\/span><em><span style=\"font-weight: 400;\">Separaci&oacute;n<\/span><\/em><span style=\"font-weight: 400;\">, 1896.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">&ldquo;Nada hay tan insoportable al hombre como el reposo absoluto sin pasiones, sin acci&oacute;n, sin distracci&oacute;n, sin aplicaci&oacute;n. Entonces es cuando siente su nada, su desamparo, su insuficiencia, su dependencia, su impotencia, su inanidad&rdquo;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Blaise Pascal<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Si algo aqueja y angustia a los hombres de todos los tiempos es la p&eacute;rdida de la virilidad. Sin embargo, el mal se agrava cuando la exigencia social demanda plena satisfacci&oacute;n.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Desde el psicoan&aacute;lisis sabemos que la confrontaci&oacute;n con el cuerpo sexuado y con el deseo del Otro le produce angustia al neur&oacute;tico. En el sedimento de esto encontraremos que, para el hablante-ser, el goce lo hace culpable. Eso implicar&iacute;a que el goce que se juega, por ejemplo en el orgasmo, sea generador de angustia en tanto que no se puede inscribir en lo simb&oacute;lico. Es esta imposibilidad lo que hace que la existencia cuestione al sujeto. Esta es la raz&oacute;n por la cual la sexualidad cuestiona al sujeto: hay algo de muerte en ella que aterra al neur&oacute;tico. Frente a ese terror, la impotencia es la respuesta. El neur&oacute;tico es en particular el crisol de esa interrogante sobre lo sexual a la que est&aacute; sometido en cuanto hablante. Para el neur&oacute;tico la sexualidad se constituye como una duda. El neur&oacute;tico es un sujeto que pone en cuesti&oacute;n constante el hecho de su sexualidad y su existencia. Esto &uacute;ltimo queda claro en la obsesi&oacute;n, donde la pregunta que lo sostiene gira en torno a saber si est&aacute; vivo o est&aacute; muerto. En la histeria, por otro lado, la cuesti&oacute;n se centra en cuanto a si se es hombre o si se es mujer, en otras palabras, la cuesti&oacute;n ata&ntilde;e a la sexualidad.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El neur&oacute;tico, al cuestionarse, le pide cuentas al Otro, lo hace de mil maneras pero esencialmente lo hace escudri&ntilde;ando los indicios del deseo del Otro. La impotencia es una de esas formas; la impotencia es una puesta en cuesti&oacute;n en torno al deseo del Otro.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Ya Freud, en 1912, se&ntilde;alaba que si quitamos la angustia, la raz&oacute;n por la que se le solicitaba asistencia al analista era por la impotencia ps&iacute;quica. Hoy podr&iacute;amos decir que estas demandas y quejas en an&aacute;lisis contin&uacute;an siendo frecuentes, pese a que la gran industria farmac&eacute;utica ha inventado productos qu&iacute;micos que prometen revertirla. Sin embargo, pese a que los f&aacute;rmacos permiten revertir la falta de erecci&oacute;n (cuando no hay una afectaci&oacute;n de car&aacute;cter biol&oacute;gico), no hay con ello ganancia de placer o eliminaci&oacute;n de la angustia ante la confrontaci&oacute;n con la sexualidad.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Para Freud, el orgasmo representa para el sujeto exactamente la misma funci&oacute;n que la angustia, en la medida en que el deseo est&aacute; separado del goce, se trata de la coartada fundamental, la coartada f&aacute;lica como dice Lacan, donde la mujer se sublima en su funci&oacute;n de envoltura pero donde algo que va m&aacute;s lejos queda infinitamente afuera. Lacan convoca al analista a que tenga el valor &eacute;tico de acercarse ah&iacute; donde se ubica la hiancia deseo\/goce a nivel genital, justo ah&iacute; donde los &oacute;rganos constitutivos de la sexualidad reh&uacute;san el cumplimiento de la sexualidad.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En un texto de 1912 que lleva el generoso t&iacute;tulo de <\/span><em><span style=\"font-weight: 400;\">Sobre la m&aacute;s generalizada degradaci&oacute;n de la vida amorosa<\/span><\/em><span style=\"font-weight: 400;\">, la segunda parte de sus <\/span><em><span style=\"font-weight: 400;\">Contribuciones a la psicolog&iacute;a del amor<\/span><\/em><span style=\"font-weight: 400;\">, Freud dedica el primer apartado a la impotencia ps&iacute;quica. La califica como una extra&ntilde;a perturbaci&oacute;n que aqueja a hombres de naturaleza intensamente libidinosa. Lo extra&ntilde;o es que, antes de que se presente el afecto, estos &oacute;rganos sexuales se muestran intactos en su funcionamiento.&nbsp;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El vien&eacute;s inventor del psicoan&aacute;lisis va a destacar que el propio enfermo obtiene una primera orientaci&oacute;n al se&ntilde;alar que esta denegaci&oacute;n s&oacute;lo le ocurre con ciertas personas, mientras que nunca les sucede con otras. Con esto deduce que su afecci&oacute;n tiene que ver con una caracter&iacute;stica del objeto sexual; es decir, hay &ldquo;algo&rdquo; de la persona deseada que le inhibe. Hay algo en el objeto que le genera un impedimento interior, aunque al mismo tiempo declara no tener consciente qu&eacute; es ese algo que lo imposibilita sexualmente. A lo m&aacute;s que alcanza es a relacionar esa falla con la primera vez en que se presenta la perturbaci&oacute;n. Una primera vez con car&aacute;cter angustiante que se toma como causal.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">A&uacute;n y cuando los tiempos han cambiado desde que Freud se interesara por esta afecci&oacute;n de car&aacute;cter universal asociada a la fijaci&oacute;n incestuosa no superada con la madre y hermanas, y toda la estirpe de mujeres prohibidas. Tambi&eacute;n se destacan penosos accidentes anudados al quehacer sexual infantil o al <\/span><em><span style=\"font-weight: 400;\">despertar de la primavera<\/span><\/em><span style=\"font-weight: 400;\">, como Freud llama a la pubertad. Quiz&aacute; reprimendas paternas o una hipervigilancia se encuentren en el origen de la impotencia. Sin embargo, una vez que se ha sometido a an&aacute;lisis a quienes padecen de impotencia, se encuentra que hay una inhibici&oacute;n de la historia sexual infantil que impide que confluyan una en la otra las dos corrientes cuya uni&oacute;n es lo &uacute;nico que asegura una conducta amorosa plenamente normal. Estas dos corrientes que en su confluencia generar&iacute;an una sexualidad con ganancia de satisfacci&oacute;n son la tierna y la sensual. De estas dos corrientes libidinales, la tierna es la m&aacute;s antigua, se remonta hasta la primera infancia y se relaciona con las pulsiones de autoconservaci&oacute;n, dirigi&eacute;ndose principalmente a las personas familiares encargadas de la crianza del ni&ntilde;o, a la madre en primer t&eacute;rmino. Es en estas pulsiones que se finca la elecci&oacute;n infantil de objeto. Estas fijaciones tiernas toman un car&aacute;cter er&oacute;tico m&aacute;s marcado (el ni&ntilde;o es un juguete er&oacute;tico) que de esta manera es desviado de sus metas sexuales.&nbsp;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Es en la pubertad cuando se vendr&aacute; a a&ntilde;adir una poderosa corriente sensual que ya no podr&aacute; ignorar sus metas sexuales. Sin embargo, aqu&iacute; tropieza con los obst&aacute;culos impuestos por el incesto, lo que le obligar&aacute; a buscar en otros objetos ajenos la posibilidad de cumplir con una real vida sexual. Estos objetos se escoger&aacute;n siempre para los arquetipos de la <\/span><em><span style=\"font-weight: 400;\">imago<\/span><\/em><span style=\"font-weight: 400;\"> materna.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Freud nos recuerda que el sujeto habr&aacute; de cumplir con el precepto de dejar a su madre y a su padre y as&iacute;, en su mujer, quedar&aacute;n conjugadas las corrientes tiernas y sensuales.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">As&iacute; las cosas, dos factores garantizan el fracaso del progreso sexual. Por un lado, la medida de frustraci&oacute;n real que va a contrariar la elecci&oacute;n de objeto, dada la inmadurez gen&eacute;sica. Es decir, el fracaso de la sexualidad est&aacute; garantizado cuando no tiene sentido para el sujeto, cuando no puede elegir nada o bien no puede elegir algo conveniente. Es decir, el rechazo del objeto deseado. Por el otro lado, el fracaso sexual est&aacute; garantizado en la medida en que la atracci&oacute;n de los objetos infantiles que han de abandonarse ejercen atracci&oacute;n en la vida adulta, es decir, la rememoraci&oacute;n de los objetos incestuosos prohibidos. Si estos dos factores son lo bastante fuertes entonces entrar&aacute; en acci&oacute;n el mecanismo formador de neurosis, es decir, la represi&oacute;n.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Mediante estos dos factores, la libido se extra&ntilde;a de la realidad y es acogida por la fantas&iacute;a y refuerza las im&aacute;genes de los primeros objetos sexuales, se fija a estos. Mediante estos mecanismos, la libido al no poder desprenderse de los objetos infantiles, quedar&aacute; en lo inconsciente contribuyendo a la fijaci&oacute;n en los actos onanistas, se centra la libido en la masturbaci&oacute;n. As&iacute; se consuma en la fantas&iacute;a lo que fracasa en la realidad.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La otra &ldquo;salida&rdquo; para la sexualidad, cuando queda ligada en lo inconsciente a objetos incestuosos, es la impotencia absoluta. Freud escribe: &ldquo;la corriente sensual que ha permanecido activa s&oacute;lo busca objetos que no recuerden a las personas incestuosas prohibidas; si de cierta persona dimana una impresi&oacute;n que pudiera llevar a su elevada estima ps&iacute;quica, no desemboca en una excitaci&oacute;n de la sensualidad sino en una ternura ineficaz en lo er&oacute;tico&rdquo;. En conclusi&oacute;n, la impotencia es el resultado de un exceso de corriente tierna, es resultado de un exceso de amor.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Portada: Edvard Munch, Separaci&oacute;n, 1896. &nbsp; &ldquo;Nada hay tan insoportable al hombre como el reposo absoluto sin pasiones, sin acci&oacute;n, sin distracci&oacute;n, sin aplicaci&oacute;n. 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