{"id":1884,"date":"2023-10-03T02:58:31","date_gmt":"2023-10-03T02:58:31","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2023\/10\/03\/a-sangre-fria\/"},"modified":"2023-10-03T02:58:31","modified_gmt":"2023-10-03T02:58:31","slug":"a-sangre-fria","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/desde-el-sur\/a-sangre-fria\/","title":{"rendered":"A sangre fra"},"content":{"rendered":"<p><em>Es f&aacute;cil no hacer caso de la lluvia si se posee un impermeable.<\/em><\/p>\n<p>Truman Capote<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Cualquiera sabe que la paz y la serenidad son esenciales. Pero no siempre uno puede sosegar y dejar pasar el mundo, porque los ruidos e im&aacute;genes cotidianos est&aacute;n siempre al frente, incluso cuando uno mira al mundo a trav&eacute;s de la pantalla del celular. Siempre aparece una vocecita dentro de uno, una voz que siempre est&aacute; ah&iacute;, pero a veces se calla. Esa voz que quiere serenar todo, el tiempo todo&hellip; Sin embargo, uno mira al frente y es sobrecogedor ver a un animalito abandonado a su suerte, sucio, hambriento, asustado. La escena rompe la quietud. Es siempre as&iacute;, los reveses est&aacute;n al frente. Tan cerca que abofetean la cara, a menos, claro, en el caso excepcional de que uno no se sienta tan humano.<\/p>\n<p>Sentirse golpeado por la realidad lo lleva a uno a experimentar sus propios quebrantos. Porque al final, los que escribieron tantas teor&iacute;as no consiguieron mejorar el mundo, tampoco los que vinieron despu&eacute;s de ellos mejoraron el mundo, ni los que agarraron armas, ni los otros. Peor nosotros, que nacimos sofocados por las tecnolog&iacute;as y el desarrollo y, sin embargo, nacimos como un reloj al que no se le ha dado cuerda: estamos detenidos desde nuestro nacimiento y ya pasaron m&aacute;s de cincuenta a&ntilde;os.<\/p>\n<p>Todos los d&iacute;as vemos la guerra de lejos, de muy lejos, y ni nos preocupamos porque ya nacimos sin alas, sabiendo que no podemos volar para cambiar el destino de otros pueblos. Ni por paga, como hacia Giuseppe Garibaldi, que vino de lejos, nos<strong> <\/strong>ayud&oacute; a perder la guerra, cobr&oacute; su paga y se fue. No nos movemos muy lejos ni sabemos qu&eacute; significan <em>los ideales<\/em>. Preferimos el caf&eacute; a media ma&ntilde;ana.<\/p>\n<p>Hacemos las mismas tareas rutinarias, con la misma actitud diaria. Cuando uno est&aacute; acostumbrado a escribir, ya no es escritor. Hoy somos meros traficantes de palabras en un mundo que no comprende el verdadero dolor de Alejandra Pizarnik, pero que est&aacute; poblado de gente que cree que es su reencarnaci&oacute;n, s&oacute;lo porque ella dijo cosas como:<\/p>\n<p><em>&ldquo;Mi actividad mental consta de un suceder de im&aacute;genes vertiginoso, recuerdos desordenados, palabras que se van en cuanto trato de apresarlas (como un ladr&oacute;n huyendo del que s&oacute;lo se ve el extremo del saco, al doblar una esquina). &iexcl;Es desesperante! Trato de llegar a cierta coherencia, pues no es posible seguir tan despegada de m&iacute; misma.&rdquo;<\/em><\/p>\n<p>Como en estos tiempos est&aacute; de moda reconocer la propia locura y tratar de hacer una apoteosis de s&iacute; mismo, muchos que quisieran ser la reencarnaci&oacute;n de Alejandra y otros tantos, que realmente creen serlo, se agarran de las palabras de Cyril Connolly que Alejandra utiliz&oacute; como ep&iacute;grafe:<\/p>\n<p><em>&ldquo;Me veo obligado ya a admitir que la ansiedad es mi estado genuino, ocasionalmente interrumpido por el trabajo, el placer, la melancol&iacute;a o la desesperaci&oacute;n.&rdquo;<\/em><\/p>\n<p>Entonces, en un ensimismamiento profundo, uno mira al frente solo si es para mirar al espejo. Aun as&iacute;, se inquieta. Pierde la paz. Se angustia porque se siente tan humano en su propia soledad y la consternaci&oacute;n se apropia de uno y uno mira al frente (al celular) y no alcanza a sentir los dolores del mundo. Y sin querer justificar, uno piensa que es cierto que las desigualdades est&aacute;n en todas partes y algunos est&aacute;n acurrucados en un rinc&oacute;n cualquiera y no existe muchas posibilidades de tomar aire y sacar fuerzas de sus adentros para levantarse. Pero est&aacute;n tan lejos que uno no podr&iacute;a ayudarlos. Por eso, uno trata de pensar en s&iacute; mismo, de identificarse con alguien tan sensible como Alejandra. Nadie es demasiado humano. Sabemos que pasan cosas que roban la paz. Nos muestran como show por las pantallas pero no barajan una soluci&oacute;n. Nunca habr&aacute; punto final en esas historias.<\/p>\n<p>Uno trata de retomar la paz y la serenidad, que son tan esenciales. Porque uno se siente un poco humano y no siempre puede sosegar y dejar pasar el mundo. Porque los sonidos e im&aacute;genes cuotidianos est&aacute;n siempre al frente, mostr&aacute;ndose a trav&eacute;s de la pantalla del celular. Entonces, uno se convence de que las diferencias marcan el ritmo del d&iacute;a. Adem&aacute;s, uno piensa que es penoso saber lo que ocurre all&aacute; lejos, donde cortan cabezas de personas vivas a sangre fr&iacute;a.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Es f&aacute;cil no hacer caso de la lluvia si se posee un impermeable. Truman Capote &nbsp; Cualquiera sabe que la paz y la serenidad son esenciales. 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