{"id":1860,"date":"2023-09-12T02:58:49","date_gmt":"2023-09-12T02:58:49","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2023\/09\/12\/suicidio-psicoanalisis-y-literatura\/"},"modified":"2023-09-12T02:58:49","modified_gmt":"2023-09-12T02:58:49","slug":"suicidio-psicoanalisis-y-literatura","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/kaos\/suicidio-psicoanalisis-y-literatura\/","title":{"rendered":"Suicidio: psicoanlisis y literatura"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right;\"><em>Quien odia, no est&aacute; nunca solo: est&aacute; en compa&ntilde;&iacute;a del ser que le falta.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Cesare Pavese<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">&nbsp;<\/p>\n<p>El suicidio es la segunda o tercera causa de muerte. Cada vez ocurre entre los y las m&aacute;s j&oacute;venes. S&oacute;lo por ello, y m&aacute;s all&aacute; de las estad&iacute;sticas, es importante reflexionar en torno a esa forma de morir que para en seco a la sociedad, que hace que nos interroguemos sobra las causas, factores y posibles prevenciones. El psicoan&aacute;lisis aporta elementos para esa reflexi&oacute;n, y aqu&iacute; tomar&eacute; dos ejemplos de la literatura para ilustrar la teor&iacute;a.<\/p>\n<p>Algunas curiosas inferencias sacadas de los estudios de epidemiolog&iacute;a sobre el suicidio se&ntilde;alan que los escritores son mucho m&aacute;s propensos que otras personas a sufrir enfermedades maniacodepresivas o trastornos de la personalidad o el &aacute;nimo, las cuales son consideradas como causas del suicidio.<\/p>\n<p>Se dice tambi&eacute;n que en el caso de los poetas es donde esa incidencia se incrementa, debido a que experimentan y proyectan una mayor intensidad emocional.<\/p>\n<p>Lo cierto es que el suicidio ha sido un enigma a lo largo de la historia. Se trata de un acto que en diversas dimensiones conmueve y cuestiona a la sociedad, la detiene en seco y la confronta con la insuficiencia de toda explicaci&oacute;n. No hay discurso que pueda, en definitiva, dar cuenta del acto. El psicoan&aacute;lisis tampoco se lo propone.<\/p>\n<p>En todas las &eacute;pocas, la literatura nos ofrece m&uacute;ltiples ejemplos de escritores que decidieron darse muerte. Emp&eacute;docles, Epicuro y S&eacute;neca son figuras de la antig&uuml;edad que se suicidaron.<\/p>\n<p>En nuestra &eacute;poca, durante el siglo XX, algunos escritores como Ernest Hemingway, Virginia Woolf, Arthur Kostler, Primo Lev&iacute;, Yukio Mishima, Stefan Zweig, Walter Benjamin, Alejandra Pizarnik, Alfonsina Storni, C&eacute;sare Pavese, S&aacute;ndor Mara&iacute;, entre muchos otros, tambi&eacute;n decidieron suicidarse.<\/p>\n<p>Sigmund Freud, inventor del psicoan&aacute;lisis, en diversos momentos de su obra se detuvo a pensar la cuesti&oacute;n del suicidio. Lo hace, por ejemplo, en 1901, con <em>Psicopatolog&iacute;a de la vida cotidiana,<\/em> donde el suicidio es considerado como consecuencia de un conflicto ps&iacute;quico del sujeto, en tanto que dividido.<\/p>\n<p>Freud escribe: &ldquo;Es sabido que en casos graves de psiconeurosis suelen aparecer, como s&iacute;ntomas patol&oacute;gicos, unas lesiones autoinferidas, y nunca se puede excluir que un suicidio sea el desenlace del conflicto ps&iacute;quico&rdquo;.<\/p>\n<p>Sin embargo, nos dice a&uacute;n m&aacute;s: &ldquo;muchos da&ntilde;os en apariencia casuales sufridos por estos enfermos son en verdad lesiones que ellos mismos se infligieron. Hay en permanente acecho una tendencia a la autopunici&oacute;n, que de ordinario se exterioriza como autoreproches, o presta su aporte a la formaci&oacute;n de s&iacute;ntomas&rdquo;.<\/p>\n<p>As&iacute;, en este momento, Freud va a vincular al suicidio con una tendencia al autocastigo, y m&aacute;s tarde lo relacionar&aacute; con el sentimiento inconsciente de culpa. Adem&aacute;s del suicidio deliberado consciente, Freud se&ntilde;ala la existencia de &ldquo;una aniquilaci&oacute;n semideliberada que sabe explotar h&aacute;bilmente un riesgo mortal y enmascararlo como azaroso infortunio&rdquo;.<\/p>\n<p>Esta tendencia intensa a la autoaniquilaci&oacute;n que se encuentra presente, nos va a decir Freud, en un n&uacute;mero de seres humanos mayor que el de aquellos en que se realiza: &ldquo;las lesiones infligidas as&iacute; mismo son, por regla general, un compromiso entre esa pulsi&oacute;n y las fuerzas que todav&iacute;a se le contraponen, y a&uacute;n en los casos en que realmente se llega al suicidio, la inclinaci&oacute;n a ello estuvo presente desde mucho tiempo antes con menor intensidad, o bien como una tendencia inconsciente y sofocada&rdquo;.<\/p>\n<p>En la literatura, algunos escritores dejan en su obra constancia de la presencia en sus vidas de esa poderosa tendencia a la autoaniquilaci&oacute;n.<\/p>\n<p>La poeta Alejandra Pizarnik, por ejemplo, escrib&iacute;a al inicio de su diario, a los 18 a&ntilde;os: &ldquo;&iexcl;Morir! &iexcl;Claro que no quiero morir! Pero, debo hacerlo. Siento que ya est&aacute; todo perdido&rdquo;.<\/p>\n<p>Poco m&aacute;s tarde, cuando contaba con 26 a&ntilde;os, escribi&oacute;: &ldquo;De todos modos el horizonte es siempre el suicidio. Cada a&ntilde;o prolongo la fecha. Hoy la prolongu&eacute; much&iacute;simo: me matar&eacute; cuando tenga treinta a&ntilde;os&rdquo;. Finalmente, se suicid&oacute; a los treinta y seis a&ntilde;os.<\/p>\n<p>Freud nuevamente vuelve a hablar del suicidio en el caso Dora, en 1905. Se refiere esencialmente a la carta que los padres de la muchacha encuentran en uno de sus cajones, ah&iacute; se despide de ellos porque ya no pod&iacute;a soportar m&aacute;s la vida.<\/p>\n<p>Freud infiere que la muchacha misma la dej&oacute; al alcance de sus padres. Ante el hallazgo de la amenazante carta, ellos decidieron ponerla en tratamiento con el doctor vien&eacute;s.<\/p>\n<p>La carta de despedida es para Freud un llamado de atenci&oacute;n dirigido al Otro. Dora, en un momento dado, pide a su padre que decida entre el amor a ella y a la Sra. K. Se trata de un llamado al Otro, de quien no obtiene una respuesta v&aacute;lida, con lo que la demanda se repite, ahora en su actuar dejando la carta asequible al padre.<\/p>\n<p>Aquello que no puede ser recordado y se repite en una actuaci&oacute;n, Freud le llama <em>Agieren<\/em>, Lacan le llam&oacute; <em>acting out<\/em>. Se trata de una &ldquo;puesta en escena&rdquo; destinada al Otro por parte del sujeto. Las ideas suicidas o intentos de suicidio bien podr&iacute;an leerse como &ldquo;puestas en escena&rdquo;, un mensaje, un llamado dirigido al Otro.<\/p>\n<p>Y este es el punto, m&aacute;s que la decisi&oacute;n de matarse: el suicida muestra en sus escritos un llamado al Otro y al mismo tiempo la imposibilidad de que se tenga una respuesta v&aacute;lida. El intento que se expresa en las cartas no impide que eventualmente el suicidio se consume. El intento es cosa seria.<\/p>\n<p>Freud va a dar un novedoso aporte al estudio del suicidio en 1913, en <em>T&oacute;tem y Tab&uacute;<\/em>, donde escribe: &ldquo;los impulsos suicidas de nuestros neur&oacute;ticos resultan ser, por regla general, unos autocastigos por deseos de muerte dirigido a otros&rdquo;. Esta afirmaci&oacute;n bien podr&iacute;a tomarse como la segunda tesis de Freud ante el suicidio.<\/p>\n<p>Dos a&ntilde;os despu&eacute;s, en 1915, Freud va a escribir un texto fundamental para reflexionar el suicidio desde el psicoan&aacute;lisis. Se trata de <em>Duelo y melancol&iacute;a<\/em>. Aqu&iacute; va a realizar una lectura diferenciada entre el duelo y la melancol&iacute;a como respuestas ante la p&eacute;rdida de un ser amado u otro objeto equivalente.<\/p>\n<p>En el duelo se presentar&iacute;a una reacci&oacute;n &ldquo;normal&rdquo; mientras que en la melancol&iacute;a la respuesta ser&aacute; patol&oacute;gica.<\/p>\n<p>Freud va a sostener que: &ldquo;La melancol&iacute;a toma prestados una parte de sus caracteres del duelo, y la otra parte a la regresi&oacute;n desde la elecci&oacute;n narcisista de objeto hasta el narcisismo&rdquo;. Se trata de una reacci&oacute;n, como en el duelo, ante la p&eacute;rdida real del objeto de amor; sin embargo, en la melancol&iacute;a esta p&eacute;rdida es una ocasi&oacute;n para que la ambivalencia de los v&iacute;nculos amorosos se haga presente. Escribe Freud: &ldquo;si el amor por el objeto se refugia en la identificaci&oacute;n narcisista, el odio se ensa&ntilde;a con ese objeto sustitutivo insult&aacute;ndolo, denigr&aacute;ndolo, haci&eacute;ndolo sufrir y ganando en este sufrimiento una satisfacci&oacute;n s&aacute;dica&rdquo;.<\/p>\n<p>La melancol&iacute;a se caracteriza por un estado de &aacute;nimo profundamente doloroso, una desaparici&oacute;n del inter&eacute;s por el mundo exterior, la p&eacute;rdida de la capacidad de amar y la disminuci&oacute;n del amor propio.<\/p>\n<p>Esto &uacute;ltimo se expresa con fuertes y reiterados autoreproches y pueden llevar al sujeto a la b&uacute;squeda de castigos, lo que constituye la especificidad de la melancol&iacute;a. Y el psicoanalista nos revela: &ldquo;S&oacute;lo este sadismo nos revela el enigma de la inclinaci&oacute;n al suicidio por la cual la melancol&iacute;a se vuelve tan interesante&hellip; y peligrosa&rdquo;.<\/p>\n<p>Freud, como vemos, va a retomar algunas de las ideas ya bosquejadas y dir&aacute;: &ldquo;Desde hace mucho tiempo sab&iacute;amos que ning&uacute;n neur&oacute;tico registra prop&oacute;sitos de suicidio que no vuelva sobre s&iacute; mismo a partir del impulso de matar a otro&rdquo;. El melanc&oacute;lico se dirige reproches, se insulta y s&oacute;lo espera rechazo y el castigo.<\/p>\n<p>El poeta italiano C&eacute;sare Pavese gana el premio Strega en 1950. Se trata de un momento de m&aacute;xima gloria y, sin embargo, escribe en su diario <em>El oficio de vivir<\/em>: &ldquo;&iquest;He hecho algo en mi vida que no fuese de tonto? De tonto en el sentido m&aacute;s trivial e irremediable, de hombre que no sabe vivir, que no ha crecido moralmente, que es vano, que se mantiene en el puntual del suicidio, pero que no lo comete&rdquo;.<\/p>\n<p>Freud sostiene que el yo s&oacute;lo puede darse muerte si, en virtud del retroceso de investidura de objeto, puede tratarse como objeto y dirigir hac&iacute;a s&iacute; mismo la hostilidad que recaer&iacute;a sobre un objeto: &ldquo;La sombra del objeto ha ca&iacute;do sobre el yo&rdquo;, sentencia el maestro vien&eacute;s.<\/p>\n<p>De esta manera, el an&aacute;lisis de la melancol&iacute;a revela que el yo s&oacute;lo puede darse muerte cuando el odio es m&aacute;s eficaz que el amor para mantenerse unido imaginariamente al objeto.<\/p>\n<p>C&eacute;sare Pavese, en este sentido, escribe en su diario: &ldquo;Quien odia, no est&aacute; nunca solo: est&aacute; en compa&ntilde;&iacute;a del ser que le falta&rdquo;.<\/p>\n<p>C&eacute;sare Pavese, ese sufridor ejemplar, como le llama Susan Sontang, seis a&ntilde;os despu&eacute;s de haber terminado relaciones amorosas con Tina, escribe en su diario: &ldquo;el golpe bajo que te ha dado Tina lo llevas siempre en la sangre. Has hecho de todo para encajarlo, hasta lo has olvidado, pero de nada te sirve huir. &iquest;Sabes que est&aacute;s solo? &iquest;Sabes que no eres nada? &iquest;Sabes que te deja por eso?&rdquo;.<\/p>\n<p>Pavese se suicida el 26 de agosto de 1950 ingiriendo una sobredosis de somn&iacute;feros.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Quien odia, no est&aacute; nunca solo: est&aacute; en compa&ntilde;&iacute;a del ser que le falta. Cesare Pavese &nbsp; El suicidio es la segunda o tercera causa de muerte. Cada vez ocurre entre los y las m&aacute;s j&oacute;venes. 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