{"id":1852,"date":"2023-09-05T22:32:14","date_gmt":"2023-09-05T22:32:14","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2023\/09\/05\/konstantinos-p-kavafis-recuerda-cuerpoc\/"},"modified":"2023-09-05T22:32:14","modified_gmt":"2023-09-05T22:32:14","slug":"konstantinos-p-kavafis-recuerda-cuerpoc","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/kaos\/konstantinos-p-kavafis-recuerda-cuerpoc\/","title":{"rendered":"Konstantinos P. Kavafis: recuerda cuerpo"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right;\"><em>Recuerda los ojos que te vieron,<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>las voces que temblaron por ti.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>Recuerda cuerpo<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Kavafis<\/p>\n<p><em>&nbsp;<\/em><\/p>\n<p>Tambi&eacute;n de recuerdos est&aacute; hecha la vida. Esencialmente de recuerdos est&aacute; hecha la vida. Durante el fin de semana, en el arreglo de la biblioteca personal, me encontr&eacute; con algunos viejos libros siempre actuales, regalos de quien fuera un gran maestro de la vida, el antrop&oacute;logo Javier Mena, hombre de una enorme cultura y muy generoso en compartirla durante largas noches de tertulia. Mi juventud no pudo estar mejor aderezada que con su sabidur&iacute;a. Entre muchos autores, Javier me puso en contacto con la obra del poeta griego, alejandrino, Konstantinos Petrou Kavafis. Vaya este texto en memoria de mi muy querido maestro Javier Mena.<\/p>\n<p>Como le&iacute;dos con el sol de la tarde, los versos de Konstantinos P. Kavafis apenas nos permiten vislumbrar la inimaginable belleza de un cuerpo que parece estar eternamente a punto de realizar una proeza. En sus l&iacute;neas, el cuerpo se trasciende y transforma en deseo, la carne se envuelve en el inagotable deseo de cada noche: &ldquo;Recuerda cuerpo, cuanto te amaron\/ no s&oacute;lo los lechos que tuviste, sino tambi&eacute;n los deseos que brillaron abiertamente\/ en los ojos que te vieron,\/ las voces temblorosas que alg&uacute;n obst&aacute;culo frustr&oacute;.\/ Recuerda los ojos que te vieron,\/ las voces que temblaron por ti.\/ Recuerda cuerpo&rdquo;.<\/p>\n<p>Un aspecto curioso de la vida del poeta griego es que nace y muere el mismo d&iacute;a: 29 de abril. El poeta nunca ocult&oacute; su elecci&oacute;n homosexual, no sin culpa y no sin lamentar que la vejez se apodere de los otrora bellos cuerpos. As&iacute; lo deja ver en su poema &ldquo;Jura&rdquo;: &ldquo;Jura con frecuencia empezar una vida nueva;\/ pero, cuando llega la noche, con sus consejos,\/ tentaciones y promesas&#8230;\/Cuando viene la noche, con sus instintos,\/ deseando, buscando&#8230;\/accede sonriente a su acostumbrado placer&rdquo;.<\/p>\n<p>De recuerdos, de obst&aacute;culos, de inagotables frustraciones est&aacute; compuesta la historia de Kavafis. La familia de l&iacute;nea materna era originaria de la comunidad turca de Constantinopla, habitaba en un barrio llamado el Fanar que viv&iacute;a de la grandeza helena que ya los siglos hab&iacute;an devorado. El negocio del padre lleva a la familia a salir de la otrora magn&iacute;fica ciudad turca. La ciudad donde recala la familia de Konstantinos, Alejandr&iacute;a, en Egipto, es la misma donde ense&ntilde;aron los pitag&oacute;ricos, igual que Plotino. El mismo lugar donde Euclides escribi&oacute; sus tratados de geometr&iacute;a.<\/p>\n<p>La decadencia del padre de Kavafis es un fiel reflejo de la ca&iacute;da de la ciudad. Su padre, un comerciante de telas muy bien acomodado, muere de manera temprana. El negocio familiar se pierde y el poeta tendr&aacute; que pasar, de una vida de burgues&iacute;a, a realizar diversos trabajos burocr&aacute;ticos. Es su vida una met&aacute;fora de la grandeza y la decadencia de Alejandr&iacute;a. Esa ciudad en decadencia y sus personajes, sin embargo, son profundamente amados por el poeta alejandrino. En su poes&iacute;a establece un di&aacute;logo con sus antiguos dioses, se vincula con ellos de forma &iacute;ntima, casi melanc&oacute;lica, esc&eacute;ptica e incluso c&iacute;nica. Rehace una memoria de lo no visto en sus l&iacute;neas, con contemplativo dolor pero no con queja.<\/p>\n<p>El poeta habita una ciudad de una grandeza ya inexistente, en su actualidad no encuentra, como ocurre con los aquejados de melancol&iacute;a, nada que sostenga su existencia. Su b&uacute;squeda es nostalgia.<\/p>\n<p>Con ese mismo escepticismo de la eterna espera, el poeta evoca la llegada de los B&aacute;rbaros, que acaso pudieran salvar al pueblo de Alejandr&iacute;a: &ldquo;&hellip;Por qu&eacute; cay&oacute; la noche y los B&aacute;rbaros no llegaron \/ y gente que viene de la frontera\/ asegura que ya no existen los B&aacute;rbaros\/ y ahora,\/ &iquest;qu&eacute; suceder&aacute; sin los B&aacute;rbaros?\/ Estos hombres al menos ofrec&iacute;an una soluci&oacute;n&rdquo;. Esta espera deja al pueblo, y a nuestro poeta como su representante, en la espera interminable.<\/p>\n<p>Kavafis, siendo un griego moderno, pol&iacute;glota, era un ardoroso amante del arte, sobre todo de la escultura. La poes&iacute;a le permite hacerse escultor de una manera muy especial, esculpe con palabras, cual si fueran m&aacute;rmol, talla un cuerpo y lo muestra con efusividad: &ldquo;Vean con atenci&oacute;n esta Rea: venerable, arcaica.\/ vean a Pompeyo, a Mario\/ Emilio Pablo,\/ Escipi&oacute;n el Africano.\/ Es tan real la semejanza que pueden ser ellos mismos.\/ [&hellip;] Pero hay una obra que prefiero,\/ a la cual m&aacute;s atenci&oacute;n he dedicado;\/ en un c&aacute;lido d&iacute;a de verano,\/ cuando mi mente se acerc&oacute; al ideal so&ntilde;&eacute;\/ vi en mis sue&ntilde;os a este joven&hellip;Hermes&rdquo;.<\/p>\n<p>El erotismo es la columna de su poes&iacute;a, siempre en lucha con su moral cristiana, siempre en batalla con sus proscritos amores. Hace cada noche alabanza de su prohibido placer y luego &ldquo;Jura con frecuencia empezar una vida nueva;\/ pero cuando llega la noche, con sus consejos,\/ tentaciones y promesas&hellip;\/ cuando viene la noche con sus instintos,\/ deseando, buscando\/ accede sonriente a su acostumbrado placer.&rdquo;<\/p>\n<p>Kavafis habla y vive en su poes&iacute;a desde sus visiones er&oacute;ticas, las cuales recomienda que, por ser escasas, hay que cuidar. Vive con la belleza con la que se llenaron sus ojos de tanto verla. Con su recuerdo constantemente recorre los bellos cuerpos de los efebos, esbeltos y de belleza acabada, que le amaron y por haberle amado son ya inexistentes, son los que ya no son. Le escribe a los amores a los que no se puede acceder sino, como ense&ntilde;a Parm&eacute;nides, por la sensaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Quisiera cerrar esta colaboraci&oacute;n con un enorme poema de Kavafis que es casi una orientaci&oacute;n de vida, lo titula &ldquo;En lo posible&rdquo;: &ldquo;Y si no puedes disponer tu vida como quieres\/ esto procura al menos conseguir\/ en lo posible: no vayas a ensuciarla\/ al frecuente contacto con el mundo,\/con charlas y negocios por doquiera.\/ No vayas a ensuciarla traslad&aacute;ndola,\/rondando sin cesar y exponi&eacute;ndola\/ a la vulgar locura cotidiana\/ de tanta relaci&oacute;n y compa&ntilde;&iacute;a\/ hasta que se convierta en una extra&ntilde;a intrusa&rdquo;.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Recuerda los ojos que te vieron, las voces que temblaron por ti. Recuerda cuerpo Kavafis &nbsp; Tambi&eacute;n de recuerdos est&aacute; hecha la vida. Esencialmente de recuerdos est&aacute; hecha la vida. 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