{"id":1816,"date":"2023-08-11T03:52:23","date_gmt":"2023-08-11T03:52:23","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2023\/08\/11\/al-mal-tiempo-buena-cara\/"},"modified":"2023-08-11T03:52:23","modified_gmt":"2023-08-11T03:52:23","slug":"al-mal-tiempo-buena-cara","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/desde-el-sur\/al-mal-tiempo-buena-cara\/","title":{"rendered":"Al mal tiempo buena cara"},"content":{"rendered":"<p>Portada: &ldquo;El caminante sobre el mar de nubes&rdquo;, Caspar David Friedrich<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>La realidad exige<\/em><\/p>\n<p><em>Que tambi&eacute;n se diga:<\/em><\/p>\n<p><em>La vida sigue.<\/em><\/p>\n<p>Wislawa Szymborska<\/p>\n<p><strong>&nbsp;<\/strong><\/p>\n<p>Hace mucho tiempo que aprend&iacute; que la historia es siempre la voz de quien la narra. Por eso, acumul&eacute; narrativas en la memoria. Bonitas unas, tr&aacute;gicas casi todas las dem&aacute;s&hellip;<\/p>\n<p>No comprend&iacute; todas las cosas que me contaron. Tampoco acept&eacute; como cierto el viaje de la tierra a la luna (ten&iacute;a cinco a&ntilde;os, creo que eso influy&oacute; mucho). Total, siempre utilic&eacute; mis derechos a especular y a dudar. Aunque la mayor&iacute;a de las veces, yo especulaba en silencio, as&iacute; como si se tratara de alucinaciones personales. Sin jam&aacute;s importarme con las cr&iacute;ticas de la oposici&oacute;n.<\/p>\n<p>&iexcl;Pero nada de eso importa! Lo que s&eacute; es que la vida est&aacute; hecha de instantes que cobran sentido, por motivo desconocido, en nuestra mente y vienen de repente, como recuerdos fragmentados. Lo que importa es que me gusta conmemorar el ocaso de cualquier d&iacute;a del mes de julio, aqu&iacute; en el sur, donde el fr&iacute;o hiela los huesos y cuando el sol se oculta en el horizonte. Desde el oeste viene una especie de anestesia que se apropia de la punta de mi nariz. No sentir la punta de mi nariz me hace recordar que el resto de mi cuerpo est&aacute; vivo, entonces, respiro el aire fr&iacute;o mirando al cielo que se trasmuta. En un raro mon&oacute;logo interior, simplemente doy gracias a la vida. Celebrar el instante, para m&iacute;, es una especie de epifan&iacute;a, revelando lo divino que se introduce, a su manera, en el cotidiano.<\/p>\n<p>Yo s&eacute; muy bien que, en cualquier momento, un peque&ntilde;o evento de origen insospechado puede romper el rumbo de una vida. Por eso seguramente la t&iacute;a Laura, ahogada en su sobrepeso, repet&iacute;a como quien rumia que: &ldquo;Nadie tiene la vida comprada&rdquo;.<\/p>\n<p>No tengo la menor idea de qu&eacute; hay que sentir, cuando la vida acaba de cambiar para siempre y eso me asusta en las ma&ntilde;anas de domingo.<\/p>\n<p>A sabiendas de la finitud de la vida en el cuerpo, siempre estoy a la espera de que ocurra un peque&ntilde;o evento en la ciudad m&aacute;s occidental de cualquier pa&iacute;s del mundo que anuncie la paz en el planeta. Entonces, todas las inquietudes que cargo conmigo ser&iacute;an pulverizadas en un instante y la certeza de la paz, adem&aacute;s de desmitificar la historia, garantizar&iacute;a un final feliz en este mundo de sombras.<\/p>\n<p>Me duelen los p&aacute;rpados cuando veo las sucesiones de im&aacute;genes que hacen una radiograf&iacute;a del mundo que se suicida, o reflexiones filos&oacute;ficas en torno a la irracional guerra. Prefiero no prender el televisor. Empero, a pesar de las noticias, de las armas letales, de las mafias, del cambio clim&aacute;tico, de los dictadores y de una serie de realidades clandestinas, yo tengo esperanza de que el mundo se componga y sea mucho mejor.<\/p>\n<p>La palabra &ldquo;esperanza&rdquo; tambi&eacute;n me trae la remembranza de la t&iacute;a Laura, con su cara sonriente y regordeta exclamando &ldquo;&iexcl;La esperanza es la &uacute;ltima que muere!&rdquo;<\/p>\n<p>En aquel entonces, yo ten&iacute;a que hacer aut&eacute;nticos malabares para comprender la filosof&iacute;a sencilla, colmada de refranes populares, que camuflaban una ense&ntilde;anza, que sal&iacute;an de los labios sonrientes de aquella mujer de estatura peque&ntilde;a y de cuerpo grueso, que era la t&iacute;a Laura.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s vi tantas cosas malas y feas del mundo, las zonas de conflicto en la esfera de la geopol&iacute;tica internacional, las tiran&iacute;as y muchas otras manifestaciones cotidianas &aacute;speras, que modifican una realidad mayor, que me acostumbr&eacute; a los d&iacute;as y noches de vientos y tormentas. Entonces, pens&eacute; que eso era envejecer, acostumbrarse a las cosas que no nos gustan, como las p&eacute;rdidas, por ejemplo. Pens&eacute; que envejecer era residir en el olvido, como sobreviviente del incendio de la vida. Y luego, de pronto, sin estar inmersa entre cenizas, me percat&eacute; de que no vivo un abandono a pesar de todos los dolores del mundo y sigo cargada de esperanzas. Quisiera dinamitar todos los males que acechan al planeta.<\/p>\n<p>Hace mucho le escuch&eacute; decir a la t&iacute;a Laura: &ldquo;No hay mal que por bien no venga&rdquo;. Hasta el momento no logro descifrar qu&eacute; quiso decir con eso, si ella sab&iacute;a a la perfecci&oacute;n d&oacute;nde vivimos.<\/p>\n<p>(Medio a&ntilde;o de bloqueos. Dos semanas de bloqueos&hellip; &iexcl;No importa! Son conflictos locales y dom&eacute;sticos.)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Portada: &ldquo;El caminante sobre el mar de nubes&rdquo;, Caspar David Friedrich &nbsp; La realidad exige Que tambi&eacute;n se diga: La vida sigue. Wislawa Szymborska &nbsp; Hace mucho tiempo que aprend&iacute; que la historia es siempre la voz de quien la narra. Por eso, acumul&eacute; narrativas en la memoria. 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