{"id":1808,"date":"2023-08-04T23:22:25","date_gmt":"2023-08-04T23:22:25","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2023\/08\/04\/los-que-queman-libros\/"},"modified":"2023-08-04T23:22:25","modified_gmt":"2023-08-04T23:22:25","slug":"los-que-queman-libros","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/kaos\/los-que-queman-libros\/","title":{"rendered":"Los que queman libros"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right;\"><em>Yo sigo jugando a no ser ciego, <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>sigo llenando mi casa de libros.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Luis Borges.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">&nbsp;<\/p>\n<p>Con motivo de la reciente pol&eacute;mica que se ha desatado en M&eacute;xico con respecto a los nuevos libros de texto de educaci&oacute;n b&aacute;sica, han surgido las voces que nunca se han ido, ahora con acusaciones de que los nuevos textos promueven adoctrinamiento de las infancias, se dice que atentan contra la familia porque se plantea a las familias como diversas (como de por s&iacute; son: cl&aacute;sicas, homoparentales, extendidas, recompuestas, etc.). Critican tambi&eacute;n que contengan informaci&oacute;n sobre los 43 desaparecidos de Ayotzinapa. Vamos, incluso se vocifera con estridencia que se trata del retorno del comunismo. Sin embargo, lo m&aacute;s peligroso es que volvieron a surgir las siempre tenebrosas voces que llaman a la quema y destrucci&oacute;n de libros. Por ello decid&iacute; en esta ocasi&oacute;n compartirles este breve texto, ya publicado en la primera era de este suplemento <em>Consultario<\/em>, aun dirigido por el entra&ntilde;able Chucho Bonilla.<\/p>\n<p>Pocos instrumentos han tra&iacute;do tantos beneficios y a la vez han sido tan peligrosos para la humanidad como los libros. Los libros pueden exaltar o envilecer, seducir o asquear; magnificar la sensibilidad o banalizarla. Los libros han sido los mensajeros y contienen las cr&oacute;nicas de los encuentros del hombre con Dios; han sido los correos del amor, son lazos comunicantes entre los hombres de todas las &eacute;pocas.<\/p>\n<p>El debate que se ha actualizado con respecto a los nuevos libros de texto es motivo para observar de cerca ese objeto que ha acompa&ntilde;ado a la humanidad y que, para Borges, es el m&aacute;s asombroso de los instrumentos que el hombre ha inventado, extensi&oacute;n de su esp&iacute;ritu y no de su cuerpo.<\/p>\n<p>M&aacute;s all&aacute; de la que ya va siendo vieja sentencia de muerte del libro, con independencia de su formato, el libro es una de las encarnaciones del triunfo sobre la muerte. Los autores habr&aacute;n de morir, algunos libros nunca.<\/p>\n<p>Georges Stainer afirma que &ldquo;los que queman libros, los que expulsan y matan a los poetas, saben exactamente lo que hacen&rdquo;. Saben lo que hacen porque al echarlos a la hoguera reconocen que el poder de los libros es incalculable. La historia de la humanidad est&aacute; plagada de momentos en que los totalitarismos de m&aacute;s diverso cu&ntilde;o han tenido la peregrina idea de que eliminando los libros se elimina el peligro que encarnan. Buscan eliminar libros como anhelan eliminar al otro, al diferente. Promueven la eliminaci&oacute;n del libro los enfermos de Lo Mismo, como dice Robert Musil.<\/p>\n<p>Quiz&aacute;s el momento que est&aacute; m&aacute;s presente en la memoria moderna es la tarde del 10 de mayo de 1933 cuando en la Opernplatz de Berl&iacute;n, 70 mil estudiantes hab&iacute;an llevado m&aacute;s 20 mil libros para echarlos a la hoguera bajo el discurso cargado de odio de su l&iacute;der Herbert Gutjahr: &ldquo;Hemos dirigido nuestro actuar contra el esp&iacute;ritu no alem&aacute;n. Entrego todo lo que representa al fuego&rdquo; vocifer&oacute; este joven de 23 a&ntilde;os. Los libros se hab&iacute;an vuelto peligrosos y fueron retirados de los estantes de las librer&iacute;as p&uacute;blicas. Las obras de Marx, Freud, Henrie Heinch conocieron el fuego en ese evento que presid&iacute;a el lugarteniente de Hitler, Joseph Goebbels, quien, en un discurso literalmente incendiario, sosten&iacute;a que: &ldquo;la &eacute;poca extremista del intelectualismo jud&iacute;o ha llegado a su fin y la revoluci&oacute;n de Alemania ha abierto las puertas nuevamente para un modo de vida que permita llegar a la verdadera esencia del ser alem&aacute;n&rdquo;.<\/p>\n<p>Pero no han sido los nazis los &uacute;nicos ni los primeros que han mandado a los peligrosos libros a la hoguera. En la China Imperial de 212 a. C., en la provincia de Qin Shi Huang, no s&oacute;lo quemaron libros sino a sus autores que se opusieron a entregarlos. Otra c&eacute;lebre quema de libros es la de la Biblioteca de Alejandr&iacute;a, en el a&ntilde;o 292 a. C., ordenada por el emperador Diocleciano. En Europa conocemos la que se dio en llamar &ldquo;La hoguera de las vanidades&rdquo;, en Florencia, donde fueron quemados libros y obras de arte promovida por el religioso dominico Girolamo Savonarola. En nuestra Am&eacute;rica tambi&eacute;n la barbarie religiosa ha hecho de las suyas: el sacerdote Diego de Landa, el 12 de julio de 1562, en la localidad de Man&iacute; (Yucat&aacute;n), instruye la quema de c&oacute;dices mayas con el argumento de que conten&iacute;an &ldquo;superstici&oacute;n y falsedades del demonio&rdquo;.<\/p>\n<p>Con los libros se busca eliminar todo aquello que sea contrario a los reg&iacute;menes totalitarios; quemando libros se busca eliminar la palabra del otro, del disidente, se busca eliminar la diferencia, por tanto, no puede ser sino un acto de aut&eacute;ntico odio. A comienzos del siglo XVI los andaluces en la pen&iacute;nsula ib&eacute;rica ten&iacute;an que entregar los libros escritos en &aacute;rabe; sin embargo, y por fortuna, por convenir a sus intereses, se salvaron los de medicina, filosof&iacute;a o historia.<\/p>\n<p>Los totalitarismos militares en toda latitud han sido de los principales incitadores a la quema de libros, tal como ocurri&oacute; en Chile bajo las &oacute;rdenes del dictador Augusto Pinochet: despu&eacute;s del golpe de estado del 11 de septiembre de 1973 requisaron los libros de los disidentes pol&iacute;ticos. Lo mismo ocurri&oacute; en Argentina, donde la dictadura quem&oacute; 1 mill&oacute;n de libros. El general Luciano Benjam&iacute;n Men&eacute;ndez se justific&oacute;: &ldquo;De la misma manera que destruimos por el fuego la documentaci&oacute;n perniciosa que afecta al intelecto y nuestra manera de ser cristiana, ser&aacute;n los enemigos del alma argentina&rdquo;.<\/p>\n<p>Los que queman libros saben lo que hacen, saben que el encuentro con el libro cambia la vida. El libro nos convertir&aacute;, nos transformar&aacute;, nos abrir&aacute; a ser algo m&aacute;s de lo que somos, nos ense&ntilde;ar&aacute; ideolog&iacute;as desconocidas, mundos ajenos, nos mostrar&aacute; la otredad, y por eso son peligrosos estos portadores de la lengua escrita. El libro est&aacute; ah&iacute;, esper&aacute;ndonos, en una vuelta de la mirada, en el lugar y momento menos pensado, en un polvoriento estante, olvidado, ah&iacute; est&aacute; el libro que nos dar&aacute; nueva vida. De esto Borges sab&iacute;a algo e hizo su mitolog&iacute;a: un libro aut&eacute;ntico nunca es impaciente, escrib&iacute;a.<\/p>\n<p>Del otro lado de los que queman libros se encuentran quienes los acumulan, para quienes los libros son joyas, no tanto por su contenido sino por el objeto mismo que son. El psicoanalista N&eacute;stor Braunstein, nos regala la historia de Antoine-Marie Henry Boulard, un amante de los libros. Un hombre ordinario, un infame (un <em>sin fama<\/em>, como dec&iacute;a Foucault), que coleccionaba libros. Se nos dibuja como un hombre cuyo mayor esc&aacute;ndalo en su vida lo protagoniz&oacute; con su mujer una noche que no lleg&oacute; a dormir a su casa por haberse quedado en otra casa acomodando los libros que cargaba en tres carros y que hab&iacute;a comprado la v&iacute;spera. La mujer lo perdon&oacute; bajo la consigna de no comprar un libro m&aacute;s.<\/p>\n<p>Este personaje, descrito por el psicoanalista como un viejo digno y canoso que recorr&iacute;a las librer&iacute;as de usado y se embriagaba del olor del papel pero, vaya sufrimiento, no pod&iacute;a ya adquirir lo que husmeaba. Cay&oacute; enfermo de una grave melancol&iacute;a, s&oacute;lo as&iacute; pudo obtener permiso de comprar los libros que quisiera. Su pasi&oacute;n no apuntaba a la lectura sino al libro mismo como objeto. Se trataba m&aacute;s de un bibli&oacute;mano que de un bibli&oacute;filo. Se trataba de un bendito maniaco del libro.<\/p>\n<p>Bibli&oacute;filos s&iacute; los hay y muy grandes, verdaderos amantes empedernidos de los libros, no tanto como objetos (sin dejar de apreciar las ediciones, las formas) sino por su contenido; tanto ha sido su amor por los libros que consagraron su vida a exaltar su relaci&oacute;n con ellos, a vivir con ellos, tal es el caso de Jorge Luis Borges, &ldquo;El bibliotecario valiente&rdquo; como le llamaba Roberto Bola&ntilde;o. Borges imaginaba al para&iacute;so como una gran biblioteca y su vida no le era concebible sin los libros.<\/p>\n<p>Otro excelente bibli&oacute;filo fue el escritor Georges Bataille, el autor de <em>El <\/em>e<em>rotismo<\/em>, <em>El Ojo, golosina can&iacute;bal<\/em> o <em>Las l&aacute;grimas de eros<\/em>. Pas&oacute; buena parte de su vida entre la biblioteca y el burdel, fue bibliotecario y medievalista de la Biblioteca Nacional de Par&iacute;s de 1924 a 1942, y director de la Biblioteca Municipal de Orleans de 1951 a 1962.<\/p>\n<p>Frente a los que queman libros, los bibli&oacute;manos que los acumulan y los bibli&oacute;filos que los aman, lamentablemente tenemos que padecer, muy en nuestros d&iacute;as, a los despreciadores de los libros, los que recomiendan no leer y ya supimos de presidentes de una naci&oacute;n que no pueden recordar tres libros que les hayan marcado, y as&iacute; nos fue. Con ese analfabetismo funcional, &iquest;c&oacute;mo pretender gobernar una naci&oacute;n que reconoce en los c&oacute;dices (en lat&iacute;n <em>codex<\/em> significa &ldquo;libro manuscrito&rdquo;) y en los <em>tlacuilos<\/em> (&ldquo;los que escriben pintando&rdquo;) un valor fundamental?<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Yo sigo jugando a no ser ciego, sigo llenando mi casa de libros. 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