{"id":1754,"date":"2023-06-20T21:35:53","date_gmt":"2023-06-20T21:35:53","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2023\/06\/20\/helga\/"},"modified":"2023-06-20T21:35:53","modified_gmt":"2023-06-20T21:35:53","slug":"helga","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/narrativa\/helga\/","title":{"rendered":"Helga"},"content":{"rendered":"<p>Portada: Leonora Carrington, <em>La Giganta<\/em> (detalle), 1947.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Juli&aacute;n estaba esperaba a que saliera el Sr. Schmidt de uno de sus departamentos para reclamarle, una vez m&aacute;s, alguna de las tantas irregularidades relacionadas con la compra del peque&ntilde;o departamento en el viejo edificio de la colonia Cuauht&eacute;moc, el cual adquiri&oacute; para utilizarlo como estudio para pintar. Como siempre, el terrateniente de origen alem&aacute;n argument&oacute; tener mucha prisa porque, seg&uacute;n dijo, deb&iacute;a arreglar uno de sus tantos problemas inmobiliarios.<\/p>\n<p>&mdash;Lo siento, tengo una cita en la Procuradur&iacute;a del Consumidor en menos de una hora y debo llegar a tiempo. Ya sabe usted c&oacute;mo son estos asuntos, pero no tarda en llegar mi asistente, el Sr. Flores. Hable con &eacute;l y ya con m&aacute;s tiempo vemos lo de su drenaje &mdash;antes de dirigirse a la calle, Wliderigt Schneider volte&oacute; hacia atr&aacute;s, se&ntilde;alando a una chica que lo segu&iacute;a. La mujer, de unos veinticinco a&ntilde;os, era rubia y de ojos verdes, un poco pasada de peso pero de muy buen ver, llevaba un ajustado pantal&oacute;n de mezclilla y zapatillas rojas con tac&oacute;n y correa.<\/p>\n<p>&mdash;Ella es Helga, es mi paisana, acaba de llegar a M&eacute;xico. Viene a estudiar arte, igual que usted. Platique con ella en lo que llega el Sr. Flores. Va a ocupar uno de mis departamentos. Hasta luego &mdash;y sali&oacute; huyendo, como siempre, dej&aacute;ndolos solos.<\/p>\n<p>Hola, me llamo Helga Yohana Weber. Vengo de Stuttgart, al sur de Alemania, cerca de M&uacute;nich. Obtuve una beca para estudiar un tiempo aqu&iacute;, aunque lo que pretendo es estudiar <em>Land Art<\/em> en Estados Unidos. Hace tiempo que estudio espa&ntilde;ol y pretendo practicarlo en M&eacute;xico &mdash;dijo sonriente, con el caracter&iacute;stico acento alem&aacute;n, claro y fuerte. Ese acento de los alemanes era un tanto conocido por Juli&aacute;n gracias al contacto con el Sr. Schneider, aunque al de &eacute;l habr&iacute;a que agregarle un dejo de acento tepite&ntilde;o, adquirido en Peralvillo, lugar donde, seg&uacute;n tengo entendido, hab&iacute;a vivido desde que lleg&oacute; a M&eacute;xico muchos a&ntilde;os atr&aacute;s, cuando se cas&oacute; con una mujer de Oaxaca.<\/p>\n<p>Helga, en ese momento, lo invit&oacute; a pasar al departamento siete, que quedaba enfrente del suyo. Le pidi&oacute; apoyo para instalarse y orientaci&oacute;n acerca de d&oacute;nde comprar algunos muebles y, en especial, un restirador. Entonces comenz&oacute; a sacar, de una maleta de piel color caf&eacute;, dise&ntilde;os y bocetos de lo que ella hac&iacute;a en Europa. &Eacute;l le coment&oacute; sobre lo que era estudiar arte en La Esmeralda. Se hizo tarde y el Sr. Flores, como era de esperarse, nunca lleg&oacute;.<\/p>\n<p>Salieron a comer a la Zona Rosa. Juli&aacute;n le propuso el restaurante Bellinghausen, de comida alemana, pero al ver los precios decidieron ir al Vip&rsquo;s. Helga comenz&oacute; por probar unos tacos de bistec. Durante la pl&aacute;tica, ella coment&oacute; que en parte ven&iacute;a huyendo del machismo de los alemanes. Juli&aacute;n no consider&oacute; oportuno predisponerla profundizando en el tema. Supuso que, al venir a nuestro pa&iacute;s, debi&oacute; haberse documentado lo suficiente en ese sentido, simplemente le dio la bienvenida. As&iacute; comenz&oacute; su incursi&oacute;n en la cultura mexicana y, tambi&eacute;n, su amistad con Juli&aacute;n.<\/p>\n<p>La acompa&ntilde;&oacute; a diferentes partes de la ciudad mientras aprend&iacute;a a movilizarse. Luego de unas semanas comenz&oacute; sus clases, a las que, en contadas ocasiones regresar&iacute;a, pues prefer&iacute;a adentrarse en el conocimiento de nuestra capital. Un d&iacute;a que Juli&aacute;n iba llegando al edificio, Helga, a trav&eacute;s de se&ntilde;as, lo llam&oacute; para que la fuera a ver. Con mucho trabajo le dio a entender que hab&iacute;a ido al mercado de La Merced, donde una ind&iacute;gena se encontraba vendiendo en el suelo unos frascos de color amarillo y otros color ocre. Ella le pregunt&oacute; si era miel. La mujer contest&oacute; que s&iacute; y Helga se tom&oacute; el contenido. Pero no era miel, era barniz para zapatos. Se quem&oacute; toda la boca.<\/p>\n<p>Durante varios d&iacute;as, Juli&aacute;n y su amigo Daniel le prepararon comida adecuada, alimentos f&aacute;ciles de digerir en tanto se repon&iacute;a de las quemaduras.<\/p>\n<p>Era el mes de septiembre y Juli&aacute;n necesitaba ir a La Piedad, Michoac&aacute;n, para visitar a sus padres. Invit&oacute; a Helga para que conociera los festejos por el d&iacute;a de la patria en provincia, donde a&uacute;n se conservan gran parte de las m&aacute;s arraigadas tradiciones.<\/p>\n<p>En ese a&ntilde;o de 1990, la sociedad civil de Alemania Oriental se organizaba para pedir m&aacute;s libertades pol&iacute;ticas y se manifestaba de forma pac&iacute;fica, pero multitudinaria. Esa situaci&oacute;n ten&iacute;a a Helga muy preocupada. No estaba de acuerdo con la reunificaci&oacute;n de las dos &ldquo;alemanias&rdquo;, pues consideraba que ser&iacute;a muy costoso para Alemania Federal su anexi&oacute;n.<\/p>\n<p>Recibir a los alemanes orientales que son gente pobre y sin trabajo va a significar menores oportunidades para nosotros los j&oacute;venes. Imag&iacute;nate lo que suceder&aacute; si nos llega ese tumulto exigiendo trabajo y toda clase de oportunidades de las que carecen. Su econom&iacute;a est&aacute; muy por debajo respecto a Occidente comentaba Helga, irascible, malhumorada, durante el camino a Michoac&aacute;n.<\/p>\n<p>A la llegada a La Piedad, el tema sobre su pa&iacute;s qued&oacute; atr&aacute;s ante la algarab&iacute;a de la gente, las calles techadas con papel picado tricolor, los puestos de vendedores de banderas y motivos patrios y los altavoces anunciando los eventos que se celebrar&iacute;an a partir de ese d&iacute;a, 14 de septiembre. En la casa de los padres de Juli&aacute;n ya los estaban esperando con la mesa servida con toda clase de platillos propios de la regi&oacute;n, especialmente las tradicionales carnitas, enchiladas placeras, cecina bien dorada, sin que faltara la famosa sopa tarasca. Todo parec&iacute;a a tono con la celebraci&oacute;n, salvo por las miradas de an&aacute;lisis entre su madre y su amiga alemana.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de las presentaciones y de un necesario descanso, ten&iacute;an que estar listos para asistir a la designaci&oacute;n y coronaci&oacute;n de la reina de las fiestas patrias.<\/p>\n<p>&mdash;Deber&iacute;an aplicar un boicot a este tipo de concursos, como lo sucedido en Gran Breta&ntilde;a. Resultan una gran violencia simb&oacute;lica. &ldquo;No somos lindas, no somos feas, estamos enojadas&rdquo; &mdash;cantaba en voz baja Helga, recordando una de las consignas de las integrantes del Movimiento de Liberaci&oacute;n de las Mujeres que boicotearon el concurso de <em>Miss Universo<\/em>.<\/p>\n<p>Al d&iacute;a siguiente, presenciamos el desfile y en la noche los fuegos artificiales, el torito y la quema del castillo. A Helga le divert&iacute;a el entusiasmo de la gente por la fiesta, pero en general mostraba gran inter&eacute;s por las personas.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Te has fijado c&oacute;mo la mayor&iacute;a de las mujeres lucen esbeltas, bien vestidas y con actitud de modelos? Sin embargo, ellos, en general, parece que presumen una enorme panza con el cintur&oacute;n bien fajado por debajo de ella, dan la impresi&oacute;n de que acaban de regresar de alguna labor en el campo &mdash;reflexionaba Helga en todos lugares y a todo momento.<\/p>\n<p>El domingo, por la ma&ntilde;ana, Juli&aacute;n acompa&ntilde;&oacute; a su pap&aacute; a hacer unas compras al centro. Al regresar se dio cuenta de que su mam&aacute; sal&iacute;a del cuarto en el que se encontraba Helga, azotando la puerta:<\/p>\n<p>&mdash;Dime, por favor, qu&eacute; clase de mujer es &eacute;sta que has tra&iacute;do a mi casa. Despu&eacute;s de desayunar, cuando ustedes se fueron, ella se volvi&oacute; a acostar. A eso de las once, le pregunt&eacute; si estaba lista para irnos a misa de doce, a lo que me respondi&oacute; que a ella no le interesaban esas cosas, que ella no cre&iacute;a en Dios. Al preguntarle entonces en qu&eacute; cre&iacute;a, me contest&oacute; que en la naturaleza, en el d&iacute;a y en la noche, en las flores&hellip;, que adem&aacute;s ya estaba cansada de mi manera de dirigirme hacia ella, que yo la trataba como a una ni&ntilde;a, como a un ser inferior a quien hay que demandarle obediencia. Y que por el hecho de estar en su casa y por solidaridad contigo, no se hab&iacute;a atrevido a contestarme debidamente desde un principio.<\/p>\n<p>Esa misma tarde nos regresaron a la Ciudad de M&eacute;xico. No hab&iacute;a manera de reconciliar dos puntos de vista tan opuestos. Lo mejor ser&iacute;a hacer mutis. Helga y su madre se despidieron amablemente.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de varios d&iacute;as, Helga mand&oacute; llamar de nuevo a Juli&aacute;n. En esta ocasi&oacute;n, unos amigos la hab&iacute;an invitado a conocer el Popocat&eacute;petl. Le coment&oacute; que desde un principio le hab&iacute;a fascinado el hecho de que hubiera volcanes activos, tan cerca de la ciudad.<\/p>\n<p>Ella y sus amigos, entusiasmados, fueron ascendiendo hasta las partes m&aacute;s altas. Maravillados por el paisaje nevado no se percataron de que se requiere de gafas y aditamentos necesarios para acercarse tanto a esos l&iacute;mites. A Helga le dio una enfermedad llamada fotoqueratitis, causada por el reflejo del sol en la nieve y por una prolongada exposici&oacute;n a los rayos ultravioleta. Una vez m&aacute;s, Juli&aacute;n y Daniel tuvieron que proporcionarle alimentos y cuidados en tanto el oftalm&oacute;logo le regresaba la visi&oacute;n.<\/p>\n<p>Helga por fin logr&oacute; ser admitida en una universidad de Atlanta para obtener su pretendido curso sobre <em>Land Art<\/em>.<\/p>\n<p>Pasados varios meses, Helga regres&oacute; de los Estados Unidos:<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; gente tan indiferente! Los americanos caminan como aut&oacute;matas, parece que traen anteojeras de las que les ponen a los caballos para que no vean a los lados. Si bien las familias en Alemania tenemos diferencias entre nuestros abuelos, por la destrucci&oacute;n que hicieron de nuestro pa&iacute;s, actualmente, sabemos del gran apoyo econ&oacute;mico que recibimos de parte de ellos despu&eacute;s de la segunda guerra mundial. Para algunos j&oacute;venes como yo, est&aacute; de moda hablar mal de ellos, por incultos, prepotentes e imperialistas. Sin embargo, sentimos admiraci&oacute;n por su m&uacute;sica y vemos sus pel&iacute;culas y sus logros en varios aspectos. En fin, si estuve all&aacute; fue por sus adelantos en lo referente a lo que me interesa, el arte en la naturaleza. Los desiertos de Estados Unidos fueron los espacios iniciales para desarrollar las primeras obras de este tipo en los a&ntilde;os sesenta. Con este curso y, al llegar al aeropuerto Benito Ju&aacute;rez, al ir aterrizando el avi&oacute;n y ver los terrenos que se encuentra a un lado, me inspir&eacute; y visualic&eacute; la idea que buscaba. Ahora es cuesti&oacute;n de hacer un reconocimiento del terreno, aprovechando los troncos de los &aacute;rboles secos, ramas, rocas y mucho de lo que se encuentra ah&iacute;, ser&aacute; como el lienzo de mi obra, al despegar y aterrizar los aviones, los pasajeros podr&aacute;n apreciar mi arte, voy a poder lograr mi objetivo &mdash;muy entusiasmada, Helga comenz&oacute; a preparar su proyecto.<\/p>\n<p>Cada que se ve&iacute;an, sal&iacute;an a comer, a tomar la copa o simplemente a platicar. Para entonces, Juli&aacute;n y Helga se hab&iacute;an sincerado. En una ocasi&oacute;n, al estar tomando unas copas y dialogar sobre sus convicciones, Juli&aacute;n admiti&oacute; que Daniel era su pareja y que llevaban varios a&ntilde;os de relaci&oacute;n. A Helga le pareci&oacute; inconcebible que no se lo hubiera confesado desde un principio.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;No concibo que una persona lleve una vida sin convicciones, que no est&eacute; consciente del valor de su posici&oacute;n ante la vida y que no haga lo que est&eacute; a su alcance para derribar lo que considera injusto! &iexcl;Me decepcionas, cre&iacute; que eras otra clase de persona! Helga se sali&oacute; de donde estaban. Juli&aacute;n nunca se imagin&oacute; que un comentario que &eacute;l consider&oacute; intrascendente le fuera a producir a su amiga esa reacci&oacute;n. D&iacute;as despu&eacute;s, se top&oacute; con ella a la entrada del edificio. Llevaba un collar&iacute;n en el cuello. Al preguntarle sobre lo que le hab&iacute;a pasado, le coment&oacute; que alquil&oacute; un caballo en los alrededores del aeropuerto y que la bestia la tir&oacute;. Inconsciente y tontamente, Juli&aacute;n esboz&oacute; una est&uacute;pida sonrisa al decirle que tuviera m&aacute;s cuidado con lo que hac&iacute;a. Helga le dio la espalda y se alej&oacute;. Trat&oacute; de hablar con ella, pero no le abri&oacute; la puerta. Tiempo despu&eacute;s se enter&oacute; que hab&iacute;a dejado el departamento. No supo de ella por mucho tiempo.<\/p>\n<p>Pasados varios meses, Juli&aacute;n recibi&oacute; una llamada telef&oacute;nica de Helga, le dijo que necesitaba verlo, que era urgente, que se encontraba hospedada en un hotel econ&oacute;mico en una de las calles que salen a la avenida Cinco de Mayo, en el centro de la ciudad. Al llegar le indicaron el cuarto en que se encontraba. La puerta estaba entreabierta. La encontr&oacute; en una esquina de la habitaci&oacute;n, sentada sobre el piso, tan delgada que casi ni la pod&iacute;a reconocer, leyendo y llorando.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;No puedo dejar de leer, no me atrevo ni a salir a comer, siento que si dejo de leer me tengo que enfrentar a una realidad a la que ya no tengo fuerzas para combatir! He estado en diferentes lugares de M&eacute;xico, al norte, al sur y en todos lados al final es lo mismo. No soy una persona, para ellos solo soy algo f&aacute;cil de usar, humillar y manipular, peor que en mi pa&iacute;s, ingenuamente pens&eacute; que aqu&iacute;, en una cultura tan distinta, encontrar&iacute;a algo mejor. Lo &uacute;nico que te pido es que te esperes y me acompa&ntilde;es ma&ntilde;ana al aeropuerto. Estoy embarazada y lo &uacute;nico que quiero es llegar a mi pa&iacute;s para poder abortar. Estando en Puebla, me enamor&eacute; de un tipo que me enga&ntilde;&oacute; y trat&oacute; de prostituirme. Intent&eacute; matarlo y ahora &eacute;l y su familia me persiguen. S&oacute;lo te pido este &uacute;ltimo favor&hellip;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Portada: Leonora Carrington, La Giganta (detalle), 1947. &nbsp; Juli&aacute;n estaba esperaba a que saliera el Sr. Schmidt de uno de sus departamentos para reclamarle, una vez m&aacute;s, alguna de las tantas irregularidades relacionadas con la compra del peque&ntilde;o departamento en el viejo edificio de la colonia Cuauht&eacute;moc, el cual adquiri&oacute; para utilizarlo como estudio para [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":122,"featured_media":1755,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[25],"tags":[],"class_list":["post-1754","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-narrativa"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1754","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/users\/122"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1754"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1754\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/media\/1755"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1754"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1754"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1754"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}