{"id":1738,"date":"2023-06-13T04:31:45","date_gmt":"2023-06-13T04:31:45","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2023\/06\/13\/el-fracaso-es-lo-real-del-amor\/"},"modified":"2023-06-13T04:31:45","modified_gmt":"2023-06-13T04:31:45","slug":"el-fracaso-es-lo-real-del-amor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/kaos\/el-fracaso-es-lo-real-del-amor\/","title":{"rendered":"El fracaso es lo real del amor"},"content":{"rendered":"<p>Portada: Ren&eacute; Magritte, <em>Los amantes<\/em>, 1928.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>&ldquo;El amor ciertamente hace se&ntilde;as, y siempre es<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; rec&iacute;proco[&#8230;] porque el amor pide amor. Lo pide sin cesar. Lo pide&#8230;aun. <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Jacques Lacan. (seminario XX, Aun)<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">&nbsp;<\/p>\n<p>El psicoan&aacute;lisis, esa hermosa invenci&oacute;n de Sigmund Freud, tiene plena vigencia en los tiempos que corren. Se puede casi sentir esa vigencia cada vez que (y es lo recomendable), se relee ese portentoso texto de 1930, <em>El malestar en la cultura<\/em>. Ah&iacute;, Freud plantea que hay tres fuentes de sufrimiento para los seres humanos. Frente a ellas poco se puede hacer, y lo que se haga viene acompa&ntilde;ado del fracaso. La cultura, definida en el malestar como una defensa contra la muerte, se ve maniatada para contener y menos a&uacute;n eliminar esas fuentes de sufrimiento: las fuerzas del exterior, los dolores del cuerpo y la relaci&oacute;n con los dem&aacute;s. Dentro de ellas, la tercera es la m&aacute;s compleja de todas, dice Freud. Para mediar la tensi&oacute;n agresiva que se instaura en toda relaci&oacute;n entre los seres humanos, la cultura invent&oacute; el amor, sin embargo, se&ntilde;ala el doctor vien&eacute;s que, parad&oacute;jicamente, cuanto m&aacute;s se aplica el ant&iacute;doto m&aacute;s se agrava el sufrimiento. De esta manera adquiere sustancia aquella repetida f&oacute;rmula freudiana: <em>Si no amas enfermas, si amas sufres<\/em>.<\/p>\n<p>Ocurre entonces que entre los seres humanos el amor es un conflicto ineludible, o <em>casi<\/em>. Como lo se&ntilde;ala Colette Soler, en su libro <em>La maldici&oacute;n del sexo:<\/em> &ldquo;algo no anda entre los sexos&rdquo;, esa es la novedad insoportable que nos revela Freud y el psicoan&aacute;lisis. Sin duda, como sostiene Soler, entre los sexos, algo no anda desde siempre; aunque no siempre nos hemos quejado de eso, o quiz&aacute; hab&iacute;a queja pero no hab&iacute;a alguien que escuchara los desgarres, los dolores, los alaridos y los sufrimientos que acompa&ntilde;an al amor. En todo caso, desde Freud nos quejamos, quiz&aacute; mejor dicho, desde Freud se escucha la queja de lo que no anda en el amor desde lo singular.<\/p>\n<p>Jacques Lacan dec&iacute;a que en el dispositivo anal&iacute;tico &ldquo;se habla de coger y se dice que la cosa no va&rdquo;, de tal manera que parece que el problema entre los sexos es el amor. &iexcl;Vaya cosa! Si algo entre los sexos no anda es por el nudo del amor. El problema es anudar el goce a otro, a otro semejante, a otro sexuado, aunque justo ah&iacute; est&aacute; la cuesti&oacute;n, por ser con otro sexuado, ya no es semejante. Por ello, el goce no se comparte, lo que quiere decir que en el amor uno siempre goza solo, y adem&aacute;s no se goza del otro. Que se goce solo, nos dice Soler, no es un problema en pr&aacute;cticamente ning&uacute;n &aacute;mbito de la vida. Ahora mismo experimento el goce de la escritura en soledad y eso no es en absoluto un conflicto. Que cada uno goce solo deviene como problema en el amor, en tanto que ah&iacute; se aspira al Uno de la fusi&oacute;n.<\/p>\n<p>Volviendo a <em>El malestar en la cultura<\/em> Freud, haciendo un an&aacute;lisis de la vida amorosa, la respuesta a la tercera fuente de sufrimiento, la m&aacute;s compleja, llega a la conclusi&oacute;n de que <em>la perturbaci&oacute;n amorosa es casi inevitable<\/em>, la decepci&oacute;n amorosa, por ejemplo, est&aacute; presente en todos los casos, resulta curioso que no haya una historia de amor feliz en la historia de la literatura universal. Adem&aacute;s, Freud ya nos hab&iacute;a advertido, desde 1923, que hay algo desfasado tambi&eacute;n entre el amor del hombre y el amor de la mujer. Sin embargo, en la expresi&oacute;n de Freud &ldquo;<em>la perturbaci&oacute;n amorosa es casi inevitable&rdquo;<\/em>, destacamos el valor del <em>casi <\/em>dado que el casi nos permite que la cuesti&oacute;n del amor se intente hacer funcionar, insista, no cese de no escribirse, porque sin duda, entre los sexos podemos encontrarnos en el amor aunque los goces no se encuentren.<\/p>\n<p>Pero, &iquest;d&oacute;nde radica esta condici&oacute;n de decepci&oacute;n o fracaso que es un componente casi inevitable del v&iacute;nculo amoroso? &iquest;Ser&aacute; en la moralizaci&oacute;n, socializaci&oacute;n, educaci&oacute;n, etc., largo del sujeto? Sin duda, esos factores modulan el fracaso en el v&iacute;nculo amoroso. Pero no lo configuran. M&aacute;s all&aacute; de ello, Lacan sostiene que la condici&oacute;n del fracaso o decepci&oacute;n en el v&iacute;nculo amoroso radica en que se vinculan dos inconscientes, dos que, por ser sexuados, por haber atravesado el Edipo, han perdido la br&uacute;jula del amor. Se ama con la br&uacute;jula extraviada. En el fracaso o la decepci&oacute;n se vive lo real del amor, esa vivencia, sin embargo, eventualmente posibilita ir m&aacute;s all&aacute;. Al amor despu&eacute;s del amor narcisista. Lacan habla de los desastres del amor cuando al amor se le sue&ntilde;a y vive parecido a una fusi&oacute;n milagrosa de dos que hacen Uno.<\/p>\n<p>Sabemos que Jacques Lacan recurre a tres registros (real, simb&oacute;lico e imaginario) para analizar la subjetividad, en este caso, lo que de ella se juega la vida amorosa. As&iacute;, el fracaso muestra lo real del amor, pero no podr&iacute;a ocurrir sin los otros dos registros: simb&oacute;lico e imaginario. Los v&iacute;nculos amorosos est&aacute;n constituidos tambi&eacute;n por palabras, por pactos, por historias, en las coordenadas de una &eacute;poca, etc., es decir, desde lo simb&oacute;lico. La Rochefoucauld dec&iacute;a al respecto: &ldquo;alguien podr&aacute; decir algo del amor sino hubiese escuchado hablar del amor&rdquo;. Por el otro lado, el amor se amarra de inicio en el registro imaginario, en las potencias de la imagen de los cuerpos, de las pasiones que de esa imagen se desprenden y desatan.<\/p>\n<p>Si en alg&uacute;n lugar de la ense&ntilde;anza de Lacan podemos encontrarnos con la dimensi&oacute;n de lo real del amor es en el seminario XX llamado <em>Encore<\/em>, Aun. Justo de inicio el primer cap&iacute;tulo se titula <em>Del Goce, <\/em>y lo define:<em> &ldquo;el goce es lo que no sirve para nada&rdquo;. <\/em>Y<em> <\/em>justo para hablar del goce, propone una imagen a la audiencia, se los imagina en una cama, &ldquo;una cama de pleno empleo, una cama para dos&rdquo;. La cuesti&oacute;n es lo que ocurre en una cama: abrazarse, conocerse <em>bibilicamente, <\/em>como se dice. Pero en ese abrazo &ldquo;ser&aacute; siempre imposible escribir como tal la relaci&oacute;n sexual&rdquo;. Aunque, y eh ah&iacute; el valor del <em>casi<\/em>, ante la imposibilidad de que se goce del Otro, ante la imposibilidad de escribir la relaci&oacute;n sexual, Lacan dir&aacute; que el amor, ciertamente hace se&ntilde;as, y es siempre rec&iacute;proco. Y Lacan mismo se pregunta si en verdad siempre es rec&iacute;proco, y vale mucho la pena citar su respuesta: &ldquo;&iexcl;Pues claro, claro que s&iacute;! Por eso hasta inventaron el inconsciente para percatarse de que el deseo del hombre es el deseo del Otro, y que el amor, aunque se trate de una pasi&oacute;n que puede ser la ignorancia del deseo, no por ello es capaz de privarlo de su alcance. Cuando se mira de cerca se pueden ver sus estragos&rdquo;.<\/p>\n<p>Pero &iquest;por qu&eacute; causa estragos el amor?, justo porque no puede inscribirse, porque el amor pide amor, siempre pide m&aacute;s, a&uacute;n, lo pide sin cesar. Lo pide&#8230;aun. El amor no cesa de no inscribirse, y en ese sentido el amor adquiere otra caracter&iacute;stica se&ntilde;alada por Lacan, dir&aacute; que el amor es impotente. Dice el psicoanalista franc&eacute;s: &ldquo;el amor es impotente, aunque sea rec&iacute;proco, porque ignora que no es m&aacute;s que el deseo de ser Uno, lo cual nos conduce a la imposibilidad de establecer una relaci&oacute;n de ellos. &iquest;La relaci&oacute;n de ellos, quienes? -dos sexos&rdquo;.<\/p>\n<p>Si como vemos, el goce es siempre del Uno (el Uno de la soledad, el Uno que no hace lazo social), al Otro le corresponde ser lugar de la palabra, donde se juega la relaci&oacute;n con el deseo, la cuesti&oacute;n entonces es entender c&oacute;mo el goce Uno puede llegar a relacionarse con el deseo del Otro, entre ambos hay lo real del amor, y es ah&iacute; donde el amor opera como una suplencia, suple la no-relaci&oacute;n entre los sexos, suple la no complementariedad entre los sexos.<\/p>\n<p>El amor, como la contingencia que es, surge cuando dos hablantes se reconocen en sus s&iacute;ntomas (es decir, en una dimensi&oacute;n inconsciente), en sus afectos, en sus fallas, en todo aquello que marca la huella de su exilio de la relaci&oacute;n sexual. Lacan otorga al amor, en sus tres registros, la dignidad de la valent&iacute;a, de la haza&ntilde;a, frente al fatal destino de los Unos solos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Portada: Ren&eacute; Magritte, Los amantes, 1928. &nbsp; &ldquo;El amor ciertamente hace se&ntilde;as, y siempre es &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; rec&iacute;proco[&#8230;] porque el amor pide amor. Lo pide sin cesar. Lo pide&#8230;aun. Jacques Lacan. (seminario XX, Aun) &nbsp; El psicoan&aacute;lisis, esa hermosa invenci&oacute;n de Sigmund Freud, tiene plena vigencia en los tiempos que corren. 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