{"id":1724,"date":"2023-06-06T20:50:57","date_gmt":"2023-06-06T20:50:57","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2023\/06\/06\/la-casa-de-la-muerte\/"},"modified":"2023-06-06T20:50:57","modified_gmt":"2023-06-06T20:50:57","slug":"la-casa-de-la-muerte","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/desde-el-sur\/la-casa-de-la-muerte\/","title":{"rendered":"La casa de la muerte"},"content":{"rendered":"<p>El lugar era inmejorable, en plena serran&iacute;a, con las vistas m&aacute;s hermosas y el aire puro. La casa principal con desniveles fue construida por unos alemanes. Sus hijos fueron a vivir en la casa adjunta en el patio lateral para ceder la casa a los militares (&iquest;bajo qu&eacute; argumentos?). La verdad verdadera de los hechos ya es parte de la memoria del tiempo. Los humanos, medio humanos y casi humanos que participaron de la historia de terror en aquella casa ya murieron o perdieron la memoria por el Alzheimer.<\/p>\n<p>El mundo estaba divido en dos bloques. Hab&iacute;a plata para financiar a ambos proyectos. Faltaban valientes que arriesgasen la vida por un ideal. Eran tiempos rudos: los militares estaban al mando del pa&iacute;s y la consigna era frenar el avance comunista a cualquier precio.<\/p>\n<p>Los pocos, los idealistas, aquellos que pensaban que las armas cambian al mundo o que estaban seguros de que las ideas valen una vida, se arriesgaron&hellip; Pensaban que los dem&aacute;s seguir&iacute;an su ejemplo. &iexcl;No fue as&iacute;! A los dem&aacute;s ni les import&oacute; su destino. &iexcl;Ni se enteraron de lo qu&eacute; pas&oacute;! Es siempre as&iacute;: las mayor&iacute;as quieren pan y circo, eso no m&aacute;s. Entonces, luchar por las mayor&iacute;as es una especie de suicidio&hellip;<\/p>\n<p>In&eacute;s era muy joven, inicialmente no ley&oacute; la doctrina o <em>El Capital<\/em>. Apenas, como &ldquo;intelectual de oreja&rdquo;, oy&oacute; todo lo que su enamorado le dec&iacute;a. Despu&eacute;s asumi&oacute; su discurso como v&aacute;lido y propio, para luego hacer parte de los grupos de intelectuales rebeldes, al que su enamorado pertenec&iacute;a: altas discusiones, grandes discursos, algo de hierba, contactos importantes&hellip;<\/p>\n<p>De repente, In&eacute;s era una de ellos. Y ellos estaban secuestrando al embajador suizo. In&eacute;s particip&oacute; en el secuestro del embajador y, por muy poco, casi lo matan. Por un pelo se salv&oacute; la vida del embajador. A In&eacute;s no le gust&oacute; la clandestinidad, el abandono de su trabajo en el banco, la forma como las cosas se escaparon de las manos, la improvisaci&oacute;n a la hora de las negociaciones&hellip; Al mismo tiempo, ella so&ntilde;aba con su amor, con una vida juntos, con una familia y en los m&aacute;s de treinta d&iacute;as de secuestro qued&oacute; claro que eran compa&ntilde;eros de lucha, no de vida. Conoci&oacute; al jefe: &iexcl;tan lindo! Se qued&oacute; confundida y decidi&oacute; dejar todo, escapar a Chile y empezar de nuevo.<\/p>\n<p>En la terminal de buses de S&atilde;o Paulo, In&eacute;s fue detenida y trasladada a Rio de Janeiro, hacia la casita del terror, para vivir una situaci&oacute;n que ning&uacute;n ser humano merece sufrir. Los medio humanos o casi humanos (porque andaban erectos, hablaban y sab&iacute;an leer y escribir) que la acompa&ntilde;aban constantemente la trataron de manera tan vil que, a&ntilde;os despu&eacute;s de haber salido del lugar, In&eacute;s dudaba de su valor como persona. En las constantes torturas y en las largas horas de golpizas, ellos lograron deshumanizarla.<\/p>\n<p>En la casa de la muerte no falt&oacute; el m&eacute;dico psic&oacute;pata que trabajaba gustosamente para los militares. Era el doctor Lobo, que admiti&oacute; su participaci&oacute;n en las sesiones de tortura y confirm&oacute; la muerte de los presos. Lobo era el psiquiatra que examinaba a los presos para determinar si ten&iacute;an condiciones f&iacute;sicas para suportar nuevas torturas.<\/p>\n<p>In&eacute;s fue la &uacute;nica que sobrevivi&oacute;. Los dem&aacute;s dejaron su nombre en los anales del tiempo y sus gritos entre las flores del jard&iacute;n de la casa de la muerte: Aluisio, Ivan, Heleny, Maur&iacute;cio Guilherme, Jos&eacute; Raimundo, Celso Gilberto, Gerson, Walter, Paulo de Tarso, Issami, Ana, Wilson, Thomaz Ant&ocirc;nio, Carlos Alberto, Mariano Joaquim, Ant&ocirc;nio Joaquim, David, Jos&eacute;, Walter, Marilena y Victor Luiz.<\/p>\n<p>Un militar dijo que se encarg&oacute; de incinerar los cuerpos y fue asesinado en la misma tarde.<\/p>\n<p>Por mi parte, creo que ninguna ideolog&iacute;a merece el sufrimiento de ning&uacute;n ser humano, peor su vida.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El lugar era inmejorable, en plena serran&iacute;a, con las vistas m&aacute;s hermosas y el aire puro. La casa principal con desniveles fue construida por unos alemanes. Sus hijos fueron a vivir en la casa adjunta en el patio lateral para ceder la casa a los militares (&iquest;bajo qu&eacute; argumentos?). 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