{"id":1708,"date":"2023-05-26T04:12:00","date_gmt":"2023-05-26T04:12:00","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2023\/05\/26\/oracion-y-silencio\/"},"modified":"2023-05-26T04:12:00","modified_gmt":"2023-05-26T04:12:00","slug":"oracion-y-silencio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/desde-el-sur\/oracion-y-silencio\/","title":{"rendered":"Oracin y silencio"},"content":{"rendered":"<p><em>Zelo Zelatus Sum Pro Domino Deo Exercituum<\/em><\/p>\n<p><em>(Me consume el celo por el Se&ntilde;or, Dios de los Ej&eacute;rcitos)<\/em><\/p>\n<p>Lema del escudo de la Orden de Nuestra Se&ntilde;ora del Monte Carmelo<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Ruth Imelda era la m&aacute;s agraciada entre todas sus primas. Adem&aacute;s, era alegre y divertida, poseedora de un humor fino y agradable. Siempre se vest&iacute;a a la moda parisina y coleccionaba las revistas de ultramar. Le gustaba todo tipo de reuniones donde hab&iacute;a mucha gente y risas.<\/p>\n<p>Un d&iacute;a, sorpresivamente, en un almuerzo familiar, Ruth Imelda anunci&oacute; su decisi&oacute;n de ser monja. Todos rieron ante la ocurrencia de la bella joven. Esperaban que diga que ser&iacute;a actriz o concursar&iacute;a para Miss, pero no que se le ocurriera ser monja.<\/p>\n<p>&mdash;No soportar&iacute;as ni una semana la vida de un convento &mdash;dijo la abuela, segura de conocerla muy bien.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Tienes cada ocurrencia, mi amor! &mdash;exclam&oacute; su padre.<\/p>\n<p>Las primas y t&iacute;as tomaron el asunto como chiste, pues sab&iacute;an que Ruth Imelda ten&iacute;a muchos pretendientes y era cuesti&oacute;n de tiempo para que se decidiera por alguno y se casara con &ldquo;pompas y sonajas&rdquo;.<\/p>\n<p>En la pr&oacute;xima reuni&oacute;n familiar, los padres de Ruth Imelda se presentaron sin la hija amada y anunciaron que cuatro d&iacute;as atr&aacute;s la instalaron en el convento de la Orden de los Hermanos de la Bienaventurada Virgen Mar&iacute;a del Monte Carmelo.<\/p>\n<p>Los padres, as&iacute; como todos los familiares, apostaban que su hija no estaba hecha para la vida conventual y que ser&iacute;a cuesti&oacute;n de d&iacute;as para que volviera corriendo a su mundo de ropas de la moda, perfumes, paseos y revistas. Consideraban que era apenas un capricho. El cotidiano atr&aacute;s de las rejas, compartido con mujeres que optaron por vivir en la clausura en un convento, no parec&iacute;a una opci&oacute;n sensata en trat&aacute;ndose de quien se trataba: Ruth Imelda.<\/p>\n<p>Una vez por mes, los padres de Ruth Imelda la visitaron y le solicitaron que retorne a casa. Hablaron con su hija a trav&eacute;s de las rejas del claustro y vieron el tiempo pasar en el rostro de su preciosa hija, entonces, se resignaron y le visitaban para decirle que la amaban hasta el &uacute;ltimo mes de sus vidas.<\/p>\n<p>Ruth Imelda se entreg&oacute; a la religi&oacute;n e hizo votos de pobreza; divid&iacute;a sus d&iacute;as entre oraciones y trabajos en el monasterio. Su rutina empezaba antes de las cinco de la madrugada para la lectura de los Salmos. Durante el d&iacute;a, ten&iacute;an siete horas de oraci&oacute;n y trabajos en el convento para ayudar a la manutenci&oacute;n del mismo. Pintaban telas, restauraban im&aacute;genes sacras de las iglesias y ensayaban juntas los cantos que entonaban durante las misas diarias en el convento, que asist&iacute;an detr&aacute;s de las rejas. Con una hora para platicar entre ellas (hora llamada de recreo). Su cotidiano atr&aacute;s de las rejas, era una vida en clausura y silencio. No se trataba apenas de la ausencia de voces, pero de una quietud absoluta capaz de llevar a cualquier ser humano, viviente, a la introspecci&oacute;n; alejadas de sus familias, sin ning&uacute;n conforto y sin los millones de posibilidades que existe en el mundo de afuera. Igual que otras j&oacute;venes, que se decidieron vivir la forma m&aacute;s radical de vida religiosa en el catolicismo, as&iacute; vivi&oacute; Ruth Imelda.<\/p>\n<p>Ella repiti&oacute; hasta el cansancio, para sus padres, que una vida de donaci&oacute;n, solidaridad y contemplaci&oacute;n para nada era una vida triste:<\/p>\n<p>&mdash;Soy feliz y muy libre &mdash;dec&iacute;a Madre Teresa de Jes&uacute;s (el nombre conventual de Rut Imelda). Con su vestimenta marr&oacute;n y su pesado velo&mdash;. Escog&iacute; ese camino para mi vida entera. Vivimos en soledad, pero no es una soledad vac&iacute;a, es una soledad con Dios &mdash;repet&iacute;a sin lograr convencer a sus padres.<\/p>\n<p>Cuando sus padres fallecieron, ella empez&oacute; a recibir la visita mensual de su primo hermano Jaime Guillermo, mi suegro. El cual falleci&oacute; unos 25 a&ntilde;os antes que Ruth Imelda, la Madre Teresa de Jes&uacute;s, que permaneci&oacute; hasta su ultimo d&iacute;a en oraci&oacute;n y silencio.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Zelo Zelatus Sum Pro Domino Deo Exercituum (Me consume el celo por el Se&ntilde;or, Dios de los Ej&eacute;rcitos) Lema del escudo de la Orden de Nuestra Se&ntilde;ora del Monte Carmelo &nbsp; Ruth Imelda era la m&aacute;s agraciada entre todas sus primas. Adem&aacute;s, era alegre y divertida, poseedora de un humor fino y agradable. 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