{"id":1672,"date":"2023-05-02T03:54:39","date_gmt":"2023-05-02T03:54:39","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2023\/05\/02\/caballeros-de-colon\/"},"modified":"2023-05-02T03:54:39","modified_gmt":"2023-05-02T03:54:39","slug":"caballeros-de-colon","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/narrativa\/caballeros-de-colon\/","title":{"rendered":"Caballeros de Coln"},"content":{"rendered":"<p>Hab&iacute;a cumplido apenas catorce a&ntilde;os cuando un d&iacute;a mi abuela Julia me mand&oacute; llamar a su casa. Quer&iacute;a hablar a solas conmigo de algo muy importante para ella.<\/p>\n<p>&mdash;Moncho, hijo, recib&iacute; de nuevo una carta de mi hermana Mar&iacute;a Antonia, desde Per&uacute;. Hace m&aacute;s de treinta a&ntilde;os que no la veo, pero siento un gran cari&ntilde;o por ella. Es tu t&iacute;a abuela, creo que se siente muy sola tan lejos de la familia, deber&iacute;as escribirle t&uacute; una carta para que te conozca &mdash;me dijo muy emocionada.<\/p>\n<p>La familia dec&iacute;a que ella quiso ser monja desde los catorce a&ntilde;os, pero como eran los tiempos de la reforma del presidente Plutarco El&iacute;as Calles, que impon&iacute;a pol&iacute;ticas de intolerancia religiosa, en la Piedad, Michoac&aacute;n, no hab&iacute;a forma de que ingresara a un convento, por lo que mis bisabuelos la enviaron a Guadalajara. Yo, en alguna ocasi&oacute;n, hab&iacute;a escuchado su nombre, pero no sab&iacute;a bien a bien de qui&eacute;n se trataba. Estaba recordando todo esto mientras mi abuela continuaba con su relato.<\/p>\n<p>&mdash;Ya iniciada la <em>Guerra Cristera,<\/em> all&aacute; por 1926, en gran parte del pa&iacute;s se inici&oacute; la persecuci&oacute;n religiosa, por lo que se cerraron iglesias, conventos y seminarios. La &uacute;nica opci&oacute;n que tuvo mi hermana To&ntilde;a fue que la enviaran al Per&uacute;. En un principio, nuestro padre, Don Eleuterio Mart&iacute;nez de la Cruz, distinguido miembro de los <em>Caballeros de Col&oacute;n<\/em>, se negaba en redondo a que su hija se fuera tan lejos. Gracias a los ruegos y hasta exigencia de nuestra querida madre Sanjuana, quien debi&oacute; haber percibido en To&ntilde;ita una verdadera vocaci&oacute;n de dedicarse al Se&ntilde;or, de ser esposa de Cristo, nuestro padre, a rega&ntilde;adientes, accedi&oacute; con la condici&oacute;n de que regresar&iacute;a en la primera oportunidad. Desde entonces no la hemos vuelto a ver, nos escribimos cartas, pero creo que todo lo que ten&iacute;amos que decirnos, ya lo hemos hecho. Por otro lado, la diabetes tan avanzada, no les permite a mis ojos continuar escribiendo &mdash;asever&oacute;, tomando sus lentes, mi querida abuela Julia.<\/p>\n<p>&mdash;Es la raz&oacute;n por la que me gustar&iacute;a que t&uacute; te encargaras de hacerlo. A tu edad ya puedes iniciar una conversaci&oacute;n con ella. Ahora se encuentra en el Chalet Chorrillos, Colegio de Los Sagrados Corazones,<em> <\/em>en Lima,<em> <\/em>Per&uacute;. &mdash;Concluy&oacute; mi abuela, satisfecha por establecer un nexo entre su hermana y yo. Seguro que ten&iacute;a sus razones para convencerme, pues a su edad y experiencia, ella sab&iacute;a lo que era conveniente para los dos.<\/p>\n<p>Fue as&iacute; como inici&eacute; la correspondencia con mi, hasta entonces, desconocida t&iacute;a abuela. A trav&eacute;s del tiempo sostuvimos una relaci&oacute;n de &iacute;ntima amistad. Me enter&eacute; de su soledad y del abandono que sent&iacute;a por parte del resto de la familia. Su &uacute;nica confidente hab&iacute;a sido hasta entonces mi abuela Julia. Durante muchos a&ntilde;os, al pasar de la adolescencia a la juventud, no pod&iacute;a haber encontrado mejor confidente y consejera que ella. Ambos encontramos comprensi&oacute;n y apoyo, a pesar de nuestras diferencias.<\/p>\n<p>Gracias a mi t&iacute;a, pude soportar la muerte de mi abuela, pero en especial logr&eacute; sobrellevar el dif&iacute;cil proceso de pasar de la adolescencia a la juventud, sobre todo por el rechazo por parte de mi padre, al que nunca le agrad&oacute; que me inclinara por la m&uacute;sica y el arte, m&aacute;xime si mi complexi&oacute;n, exageradamente delgada, no me favorec&iacute;a para sus intenciones de convertirme en un militar y de encargarme de su hacienda y, tal vez, un caballero de Col&oacute;n como mi abuelo. Mi madre, debido a su obsesi&oacute;n por la vida religiosa y su pasi&oacute;n desmedida por la defensa de creencias y opiniones, no ten&iacute;a tiempo para escucharme. Su mundo giraba alrededor de sus amistades y rezos. Peor a&uacute;n, se fueron a la tumba decepcionados porque que yo, su &uacute;nico hijo, nunca me hubiera casado.<\/p>\n<p>Es as&iacute; que, desde siempre, yo esperaba con verdadera ansiedad la llegada de las cartas de mi t&iacute;a. Me gustaban tanto las estampillas postales que comenc&eacute; a coleccionarlas. Al hac&eacute;rselo saber, ella se dedic&oacute; a recolectar las de la correspondencia que llegaban de diferentes lugares al convento, adem&aacute;s de comprarme algunas. Se las ingeniaba para recolectar otras de donde pod&iacute;a para envi&aacute;rmelas en cada una de sus cartas. Fue por aquella &eacute;poca cuando me aficion&eacute; a la filatelia.<\/p>\n<p>De este modo pasaron varios a&ntilde;os. Ya siendo adulto, la t&iacute;a enferm&oacute; gravemente. Quise ir a verla, para conocerla y escuchar su voz, que muchas veces me imagin&eacute; a trav&eacute;s de sus palabras escritas. A m&iacute; se me figuraba que el timbre de su voz era dulce y maternal, tambi&eacute;n quer&iacute;a sentir c&oacute;mo eran sus manos, y no s&eacute;, tal vez abrazarla por fin. Pero no fue posible, el viaje resultaba caro e in&uacute;til pues ella empeor&oacute; r&aacute;pidamente. La t&iacute;a Mar&iacute;a Antonia no tard&oacute; en fallecer.<\/p>\n<p>No fue sino hasta despu&eacute;s de muchos a&ntilde;os, cuando ya me hab&iacute;a convertido en un reconocido filatelista, especializado en las estampillas de la regi&oacute;n del Per&uacute;, que tuve la oportunidad de viajar a Sudam&eacute;rica. Al llegar a Lima, lo primero que hice fue localizar la tumba de mi t&iacute;a. A manera de m&iacute;nimo homenaje deposit&eacute; unas flores sobre la l&aacute;pida y record&eacute; el gran secreto de la t&iacute;a To&ntilde;a, que nadie deber&iacute;a saber jam&aacute;s, del cual me hizo c&oacute;mplice mi abuela ya siendo yo un hombre.<\/p>\n<p>Poco antes de morir, mi abuela Julia me confes&oacute; que nunca existi&oacute; vocaci&oacute;n religiosa en su hermana, su misi&oacute;n fue otra: proteger la reputaci&oacute;n de mi bisabuelo. La violaci&oacute;n que sufri&oacute; por parte de su propio padre debi&oacute; guardarse como algo sagrado. En su tiempo, durante la persecuci&oacute;n religiosa, ese hecho hubiera comprometido a un rico y distinguido cat&oacute;lico como &eacute;l. Recuerdo que la noche que mi abuela me cont&oacute; todo esto, comprend&iacute;, mejor que nunca antes, la comuni&oacute;n que hubo entre mi t&iacute;a y yo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hab&iacute;a cumplido apenas catorce a&ntilde;os cuando un d&iacute;a mi abuela Julia me mand&oacute; llamar a su casa. Quer&iacute;a hablar a solas conmigo de algo muy importante para ella. &mdash;Moncho, hijo, recib&iacute; de nuevo una carta de mi hermana Mar&iacute;a Antonia, desde Per&uacute;. Hace m&aacute;s de treinta a&ntilde;os que no la veo, pero siento un gran [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":122,"featured_media":1673,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[25],"tags":[],"class_list":["post-1672","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-narrativa"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1672","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/users\/122"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1672"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1672\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/media\/1673"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1672"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1672"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1672"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}