{"id":1666,"date":"2023-04-28T04:08:02","date_gmt":"2023-04-28T04:08:02","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2023\/04\/28\/noche-de-insomnio\/"},"modified":"2023-04-28T04:08:02","modified_gmt":"2023-04-28T04:08:02","slug":"noche-de-insomnio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/desde-el-sur\/noche-de-insomnio\/","title":{"rendered":"Noche de insomnio"},"content":{"rendered":"<p>La noche tiene su propia voz&hellip; y no se calla.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Lapsus mentales<\/em><\/p>\n<p>Me olvid&eacute; de comprar (&hellip;) cuando fui al supermercado. Siempre culpo al <em>stress<\/em> por los olvidos, ya que la vida no es m&aacute;s como antes. La verdad, la vida nunca fue como antes. Sencillamente, porque antes era antes. No recuerdo qui&eacute;n nos ense&ntilde;&oacute; que antes era mejor. Son tantos los discursos tatuados en la memoria que ya nadie mira la letra chica para saber qui&eacute;n firma. Por lo menos, yo no miro la letra chica. Tal vez, para no olvidar, deber&iacute;a escribir en el espejo de mi cuarto. Podr&iacute;a ser una soluci&oacute;n y despu&eacute;s borrar&iacute;a todo con un trapo mojado&hellip;<\/p>\n<p><em>Los d&iacute;as de lluvia<\/em><\/p>\n<p>Me gustaba observar las gotas de lluvia que ca&iacute;an y al tocar cualquier cosa ya no eran m&aacute;s gotas, se transformaban en una marca mojada, agua corriendo por el vidrio, un charco de agua o barro. En un instante la gota de lluvia se transformaba en otra cosa y era tan fugaz su existencia vertiginosa&hellip; Ven&iacute;a de una nube en las alturas y ca&iacute;a mojando el mundo y dejando de ser.<\/p>\n<p>Dejar de ser lo que se fue, en el instante exacto de la ca&iacute;da: &iexcl;es tan humano!<\/p>\n<p>Dejar de ser lo que se fue, en el instante exacto de la ca&iacute;da: es ser gota de lluvia que, desde las alturas, baja a dar su beso fr&iacute;o, tan h&uacute;medo y necesario&hellip; Dejando de ser gota de lluvia, para llamarse agua.<\/p>\n<p><em>Las alas de murci&eacute;lago<\/em><\/p>\n<p>Empec&eacute; a hacer ejercicios para tratar de evitar las alitas de murci&eacute;lago. Deber&iacute;a haber pensado antes en hacer algo para contrarrestar la redondez de los brazos&hellip; &iexcl;Ah! Pens&eacute; en mis brazos despu&eacute;s de ver la foto de (&hellip;) con los brazos inflados, flemosos y lleno de celulitis&hellip; Parece que va a empezar a gotear la celulitis por la piel. Me asust&eacute;. Empec&eacute; a hacer muchos ejercicios, hoy fue el primer d&iacute;a.<\/p>\n<p><em>La rutina nace muerta<\/em><\/p>\n<p>La rutina nace muerta porque, por m&aacute;s que se pueda hacer todo exactamente igual, siempre habr&aacute; algo diferente en cada d&iacute;a: un vientecito fr&iacute;o que hace estornudar o que obliga a abrir el armario y buscar el abrigo que espera en su solemne mutismo, empero, el abrigo sorprende una vez puesto: al colocar las manos en el bolsillo uno encuentra el caramelo del a&ntilde;o pasado, alg&uacute;n papelito que recuerda algo o unas moneditas que arrancan un boceto de sonrisa matando la rutina.<\/p>\n<p>Otras veces, olvidamos el paraguas y las gotitas de lluvia aparecen de arriba para recordar la voz de Wislawa Szymborska diciendo: &ldquo;nunca m&aacute;s repasaremos ning&uacute;n verano o invierno&rdquo;.<\/p>\n<p>La rutina insiste, pero no logra existir, siempre es un intento vano. Digo que nace muerta porque &ldquo;existe un no s&eacute; qu&eacute;&rdquo; que hace que el hoy sea diferente y sorprendente cada d&iacute;a.<\/p>\n<p><em>El silencio <\/em><\/p>\n<p>Cuando yo era ni&ntilde;a descubr&iacute; el silencio como siendo ese espacio limpio y ordenado donde se puede hacer cosas con buenos modales y de manera delicada. El silencio era el corredor que distribu&iacute;a los dormitorios silenciosos y el ba&ntilde;o familiar, del resto de la casa silenciosa. Por una puerta en un extremo del corredor se llegaba a la sala silenciosa, meticulosamente ordenada&hellip; Siempre hab&iacute;a algo delicioso guardado en el aparador. Al otro extremo del corredor estaba la puerta que daba a la cocina donde los olores aguzaban el paladar y el agua corriendo desde el grifo del lavaplatos romp&iacute;a el silencio de aquellos d&iacute;as.<\/p>\n<p>El silencio era tan familiar que a&uacute;n hoy lo conservo como una preciada herencia, un retrato de familia o un bien estimado que me acompa&ntilde;a en mi vida peregrina.<\/p>\n<p><em>Los mares<\/em><\/p>\n<p>Los mares Negro, B&oacute;sforo o Muerto son m&aacute;s silenciosos que el r&iacute;o arrastrando piedras, que bordea esa noche de insomnio. Los mares son serenos y suavemente entregan a la playa alg&uacute;n ni&ntilde;o (Eli&aacute;n) que naufrag&oacute; en la traves&iacute;a.<\/p>\n<p><em>La hija de V&iacute;ctor Hugo<\/em><\/p>\n<p>Se llamaba Adele y se enamor&oacute; de un hombre que no la quer&iacute;a. Le escrib&iacute;a cartas y enloqueci&oacute;, suplicando por su amor. Un d&iacute;a se encontraron en la calle. &Eacute;l la mir&oacute;. Ella no lo reconoci&oacute;, porque hab&iacute;a dejado de ser &eacute;l: se hab&iacute;a convertido en un s&iacute;mbolo sin rostro de su pasi&oacute;n y locura. Caio Fernando de Abreu dijo que: &ldquo;Ya no era &eacute;l: amaba a alguien que ya no exist&iacute;a, objetivamente. Solo exist&iacute;a dentro de ella. Adele muri&oacute; en el manicomio, escribi&eacute;ndole cartas (a &eacute;l: &lsquo;Es para ti, para ti escribo&rsquo;) en un idioma que, hasta el d&iacute;a de hoy, nadie ha podido descifrar.&rdquo;<\/p>\n<p><em>Las hierbas<\/em><\/p>\n<p>La humedad de la noche hace reto&ntilde;ar a las hierbas y las deja m&aacute;s verdes para recibir la ma&ntilde;ana.<\/p>\n<p><em>Los rompecabezas de la noche<\/em><\/p>\n<p>Las noches siempre llegan sucediendo al d&iacute;a, con muchas palabras que no se callan en la mente y que insisten en preguntar: &ldquo;&iquest;Por qu&eacute; no dijiste si pod&iacute;as decirlo?&rdquo; &ldquo;&iquest;Por qu&eacute; lo dijiste?&rdquo; &ldquo;&iquest;Dir&aacute;s si se presenta otra oportunidad?&rdquo; y su retah&iacute;la es interminable&hellip;<\/p>\n<p>Son tantas las preguntas, que se multiplican como hongos en las noches y se van y vuelven, como un columpio vac&iacute;o movido por el viento antes de que empiece la lluvia.<\/p>\n<p>Cierro los ojos y las palabras hablan fuerte y si quiero escuchar la noche, ellas se agitan como el oc&eacute;ano llegando a la playa. Entonces abro los ojos en la oscuridad y las palabras est&aacute;n ah&iacute;, fosforescentes, ocupando la habitaci&oacute;n, goteando una a una, armando el rompecabezas.<\/p>\n<p>Lo &uacute;nico que s&eacute;<\/p>\n<p>&iexcl;Son tan raros los rompecabezas de la noche que nunca terminan de armarse, porque siempre llega el d&iacute;a!<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La noche tiene su propia voz&hellip; y no se calla. &nbsp; Lapsus mentales Me olvid&eacute; de comprar (&hellip;) cuando fui al supermercado. Siempre culpo al stress por los olvidos, ya que la vida no es m&aacute;s como antes. La verdad, la vida nunca fue como antes. Sencillamente, porque antes era antes. 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