{"id":1660,"date":"2023-04-25T04:18:06","date_gmt":"2023-04-25T04:18:06","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2023\/04\/25\/cabina-a\/"},"modified":"2023-04-25T04:18:06","modified_gmt":"2023-04-25T04:18:06","slug":"cabina-a","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/narrativa\/cabina-a\/","title":{"rendered":"Cabina A"},"content":{"rendered":"<p>Era un fin de semana m&aacute;s, igual de aburrido que los &uacute;ltimos de aquel invierno. Juli&aacute;n no sab&iacute;a qu&eacute; hacer ni a d&oacute;nde ir. Lo &uacute;nico que quer&iacute;a era encontrar de nuevo a Alberto, un chico al que hab&iacute;a conocido meses antes y de quien no ten&iacute;a la menor idea sobre c&oacute;mo localizarlo.<\/p>\n<p>Una y otra vez, Juli&aacute;n se sinti&oacute; arrepentido de haberse despedido de Alberto al salir del cine Las Am&eacute;ricas, sin convenir cu&aacute;ndo y d&oacute;nde volver&iacute;an a encontrarse. En ese momento, Juli&aacute;n se encontraba furioso. Hab&iacute;an asistido a ver la pel&iacute;cula <em>Johann Strauss, el rey sin corona<\/em>, pero justo cuando se interpret&oacute; uno de los valses del compositor, se dio cuenta de que su amigo se encontraba hecho un mar de l&aacute;grimas, emocionado y conmovido por la m&uacute;sica y tal vez por la situaci&oacute;n del protagonista. Algunas personas lo notaron: Juli&aacute;n estaba irascible, lo &uacute;nico que quer&iacute;a en ese momento era salir corriendo y que nadie se enterara de que &eacute;l era su acompa&ntilde;ante.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; te pasa? &iquest;Te sientes mal? &iexcl;Si quieres ya v&aacute;monos, ya c&aacute;lmate, por favor! &mdash;Juli&aacute;n intent&oacute; calmarlo; Alberto, sin contestar, tal vez apenado, dej&oacute; de llorar, por lo que puedieron terminar de ver la pel&iacute;cula.<\/p>\n<p>Eran finales de los ochenta.<\/p>\n<p>Se hab&iacute;an conocido dos meses antes de ir juntos al cine, en el Mercado de Discos de la avenida San Juan de Letr&aacute;n. En ese lugar exist&iacute;an cabinas con tornamesas en las que los clientes pod&iacute;an escuchar los acetatos y, si les gustaban, los compraban. En una de esas cabinas se encontraba Juli&aacute;n con uno de sus primos escuchando m&uacute;sica instrumental sin darse cuenta que otro chico, hac&iacute;a tiempo, esperaba su turno.<\/p>\n<p>Al salir de la cabina &ldquo;A&rdquo;, Juli&aacute;n y el joven quedaron frente a frente. No pudieron evadir sus miradas. Aquello fue como un im&aacute;n entre ellos, como si mentalmente ambos se preguntaran: &iquest;Qui&eacute;n eres? &iquest;C&oacute;mo te llamas? &iquest;A d&oacute;nde vas?&#8230; Sin darse cuenta de ello, Carlos, el primo de Juli&aacute;n, interrumpi&oacute; ese di&aacute;logo sin palabras y lo apresur&oacute; a las cajas para pagar los discos elegidos. Estando en la fila para pagar, Juli&aacute;n se volvi&oacute; a la cabina pretextando un olvido.<\/p>\n<p>&mdash;Hola, me llamo Juli&aacute;n, me gustar&iacute;a hablar contigo. &iquest;Te parece si nos vemos ma&ntilde;ana? &iquest;Aqu&iacute; mismo? &iquest;A esta hora? &mdash;pregunt&oacute;, ansioso por recibir una respuesta.<\/p>\n<p>&mdash;Claro, solo que ma&ntilde;ana no puedo. &iquest;Pero qu&eacute; te parece si nos vemos en el teatro que est&aacute; por Tlatelolco, sobre la calle de Peralvillo esquina con Paseo de la Reforma, el pr&oacute;ximo viernes a las 7? Si no te veo, te dejo el boleto en la taquilla del teatro. Me llamo Alberto D&iacute;az de Sandy.<\/p>\n<p>&mdash;Encantado. Ah&iacute; nos vemos. Mucho gusto. Ahora me voy porque mi primo ya debe haber pagado. &iexcl;Hasta el viernes! &mdash;dijo Juli&aacute;n emocionado. Por ning&uacute;n motivo su primo Carlos deber&iacute;a enterarse de su nueva amistad. Con su forma de ser, le parecer&iacute;a algo incomprensible y extra&ntilde;o.<\/p>\n<p>Tendr&iacute;an que pasar mi&eacute;rcoles, jueves y el transcurso del viernes para que llegara el momento en que Juli&aacute;n se encontrar&iacute;a con Alberto. Trat&oacute; de terminar todo el trabajo pendiente en la oficina del banco donde trabajaba, revis&oacute; una vez m&aacute;s los &uacute;ltimos cap&iacute;tulos de su tesis, arregl&oacute; su cuarto acomodando todas las cosas meticulosamente. Hizo todo lo posible para que el tiempo pasara m&aacute;s r&aacute;pido. Por fin lleg&oacute; la tarde del viernes.<\/p>\n<p>Juli&aacute;n no encontr&oacute; al chico en la puerta del teatro, pero en la taquilla, con su nombre, le fue entregado el boleto de entrada.<\/p>\n<p>Comenz&oacute; la obra y hasta el momento de apagarse la luz, Juli&aacute;n no encontr&oacute; a Alberto por ning&uacute;n lado. Durante la puesta en escena, que se desarrollaba en una calle de un barrio bajo de la ciudad, varios actores interpretaban los personajes t&iacute;picos de una zona popular. En una esquina, tres mujeres se pon&iacute;an al tanto de cuanto chisme se hab&iacute;an enterado; a la entrada de una vecindad, entre el humo y el chisporroteo de las fritangas, la se&ntilde;ora que las preparaba, apresuraba a su ayudante, pues ten&iacute;an a varios clientes haciendo cola, en espera de su turno. Conforme fueron apareciendo otros personajes y, a medida que sus acciones se iban entrelazando, Juli&aacute;n se adentr&oacute; en la trama y ya no se preocup&oacute; por localizar a su amigo.<\/p>\n<p>La historia se desarroll&oacute; de manera interesante y simp&aacute;tica gracias al ingenio de quien escribi&oacute; la obra.&nbsp;Toda clase de enredos y pasiones se evidenciaba a trav&eacute;s de los di&aacute;logos, hasta que lleg&oacute; el momento en que un par de personajes drogados irrumpieron en el lugar para asaltar a los comensales y a la &ldquo;se&ntilde;o&rdquo; de las quesadillas. Al armarse la trifulca, algunos se enfrentaron a los asaltantes, otros corrieron en busca de la polic&iacute;a y los m&aacute;s gritaban desaforadamente; de pronto, cuando son&oacute; una m&uacute;sica como del oeste, todo se detuvo: nadie grit&oacute; ni se movi&oacute;. La raz&oacute;n, hab&iacute;a llegado el h&eacute;roe de la historia, el hombre al que todo mundo respeta. Un esbelto vaquerito con botas y sombrero apareci&oacute; en escena para, con su sola presencia, apaciguar el alboroto&hellip; Se trataba de Alberto. Juli&aacute;n sinti&oacute; otra vez aquella alegr&iacute;a, semejante a cuando se conocieron en la cabina del Mercado de discos. Pero en esta ocasi&oacute;n la emoci&oacute;n era m&aacute;s grande a&uacute;n, porque Alberto era el h&eacute;roe de la historia. Juli&aacute;n se dio cuenta, adem&aacute;s, que Alberto hab&iacute;a llegado a la cita de ese modo tan especial.<\/p>\n<p>Al cerrarse las cortinas, Alberto se asom&oacute; e invit&oacute; a Juli&aacute;n a pasar a los camerinos. Una vez dentro, Juli&aacute;n lo felicit&oacute; con un fuerte abrazo. Como se trataba de la &uacute;ltima representaci&oacute;n de la obra, todos los actores y miembros del equipo se dispusieron a ir a festejar al departamento de uno de ellos. Juli&aacute;n acept&oacute; acompa&ntilde;ar a Alberto a la fiesta con el elenco. Desafortunadamente para Alberto ese final no ser&iacute;a tan feliz: al buscar su ropa para cambiarse, la encontr&oacute; con varias perforaciones hechas, al parecer, con cigarros. Posibles envidias entre sus compa&ntilde;eros, pero a &eacute;l no le import&oacute; y se dej&oacute; el vestuario de la obra. Lo importante ser&iacute;a festejar con su nuevo amigo, Juli&aacute;n.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de pasar una noche maravillosa, Juli&aacute;n y Alberto quedaron de encontrarse en varias ocasiones m&aacute;s. Todav&iacute;a no exist&iacute;an los celulares y &ldquo;ciertas&rdquo; personas, para encontrarse, se citaban un d&iacute;a determinado, en tal o cual lugar, a una hora, tambi&eacute;n, determinada; porque no era f&aacute;cil dar el n&uacute;mero de la casa o del trabajo, pues con las extensiones de las l&iacute;neas telef&oacute;nicas no hab&iacute;a privacidad y comenzaban las eternas preguntas sobre qui&eacute;n era tal o cual persona. Por ello, Juli&aacute;n y Alberto siempre quedaban de acuerdo en el lugar y la hora de su siguiente cita, as&iacute; lo hicieron, hasta el d&iacute;a en que quedaron de verse para ir al cine Las Am&eacute;ricas a ver la pel&iacute;cula de Johan Strauss.<\/p>\n<p>Fue dos o tres cuadras m&aacute;s all&aacute; del citado cine cuando Juli&aacute;n recapacit&oacute;. Se dio cuenta que, en su arrebato, no hab&iacute;a quedado de acuerdo con Alberto acerca de en d&oacute;nde y cu&aacute;ndo se encontrar&iacute;an de nuevo. Arrepentido, volvi&oacute; con la esperanza de que su amigo lo estuviera esperando a la entrada del cine o por las tiendas y negocios de los alrededores. Al no encontrarlo, dio la vuelta a la manzana una y otra vez, acelerando el paso. Luego ampli&oacute; el c&iacute;rculo de su b&uacute;squeda en varias manzanas, pero no logr&oacute; localizarlo.<\/p>\n<p>Al d&iacute;a siguiente, se dirigi&oacute; al teatro para obtener alguna informaci&oacute;n sobre Alberto, pero las puertas estaban cerradas. Un letrero indicaba que no habr&iacute;a funciones de teatro experimental hasta nuevo aviso. El velador del lugar no tuvo ni la menor idea de qu&eacute; decir cuando Juli&aacute;n quiso saber detalles acerca de los actores.<\/p>\n<p>El sentimiento de culpa comenz&oacute; a agrandarse, al mismo tiempo creci&oacute; la zozobra por no estar de nuevo con la tierna, sensible y maravillosa persona que su querido actor encarnaba en la vida real.<\/p>\n<p>Juli&aacute;n nunca encontr&oacute; la manera de localizar a su amigo. Busc&oacute; entre diferentes &aacute;mbitos de la actuaci&oacute;n, sin el menor &eacute;xito.&nbsp;Varias veces se acerc&oacute; al teatro. En una ocasi&oacute;n en la que el teatro estaba abierto, pon&iacute;an una obra de Lope de Vega y Juli&aacute;n entr&oacute; a verla, con la ilusi&oacute;n de encontrar entre los actores a Alberto, pero no hubo suerte.<\/p>\n<p>Record&oacute; que Alberto era de Sonora y pens&oacute; que tal vez se hab&iacute;a regresado a aquel Estado. Conforme fue pasando el tiempo, Juli&aacute;n recordaba, una y otra vez, los comentarios que Alberto le hizo en aquellas ocasiones, cuando estuvieron juntos:<\/p>\n<p>&ldquo;Vine a la capital porque sab&iacute;a perfectamente que aqu&iacute; te encontrar&iacute;a. No te imaginas lo que sent&iacute; cuando te encontr&eacute; en el Mercado de Discos&rdquo;<em>.<\/em><\/p>\n<p><em>&ldquo;<\/em>Mientras m&aacute;s tiempo pasa, estoy seguro de que nuestra relaci&oacute;n va a perdurar, lo s&eacute; y lo siento de verdad&rdquo;.<\/p>\n<p>&ldquo;Vas a pensar que soy un cursi y rom&aacute;ntico, pero en tan poco tiempo de conocernos, creo que escribir&iacute;a un libro sobre ti&rdquo;.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Era un fin de semana m&aacute;s, igual de aburrido que los &uacute;ltimos de aquel invierno. Juli&aacute;n no sab&iacute;a qu&eacute; hacer ni a d&oacute;nde ir. Lo &uacute;nico que quer&iacute;a era encontrar de nuevo a Alberto, un chico al que hab&iacute;a conocido meses antes y de quien no ten&iacute;a la menor idea sobre c&oacute;mo localizarlo. 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