{"id":1638,"date":"2023-04-11T03:07:03","date_gmt":"2023-04-11T03:07:03","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2023\/04\/11\/el-ultimo-de-los-locos\/"},"modified":"2023-04-11T03:07:03","modified_gmt":"2023-04-11T03:07:03","slug":"el-ultimo-de-los-locos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/kaos\/el-ultimo-de-los-locos\/","title":{"rendered":"El ltimo de los locos"},"content":{"rendered":"<p>Portada: fotogramas de la pel&iacute;cula <em>Le derniere de fous&cedil;2006.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>La vida s&oacute;lo posee un s&oacute;lo sentido, poder jug&aacute;rsela, <\/em><\/p>\n<p><em>y jugarse la vida tiene algo de apuesta.<\/em><\/p>\n<p>Jacques Lacan<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La gran industria del cine nos ha hecho pensar que el llamado s&eacute;ptimo arte s&oacute;lo sirve como entretenimiento, como una forma socializada de salir por un rato de la realidad y distraernos, preferentemente con historias que no nos comprometan en nuestro estado de espectador pasivo. Sin embargo, el cine es mucho m&aacute;s que eso. Se trata esencialmente de un discurso que, como hijo de la modernidad, nos muestra las fracturas del discurso dominante. El cine contribuye a desbarrancar las narrativas que se nos imponen desde un discurso hegem&oacute;nico, impulsado y promovido a su vez por el gran negocio que es la industria cinematogr&aacute;fica.<\/p>\n<p>El cine coincide en su nacimiento con el psicoan&aacute;lisis. Ambos, tambi&eacute;n, son discursos que operan como s&iacute;ntoma de nuestro tiempo, es decir, como aquello que viene a incomodar al discurso dominante. El cine y el psicoan&aacute;lisis son disciplinas que nos muestran, de la manera m&aacute;s descarnada, la inconsistencia y lo errabundo de la condici&oacute;n humana.<\/p>\n<p>Quisiera valerme de estos dos discursos, el cine y el psicoan&aacute;lisis, para abordar un par de temas que incomodan a las buenas conciencias: el suicidio y el homicidio en el &aacute;mbito de lo familiar. Partiremos de un film que se present&oacute; en espa&ntilde;ol con el t&iacute;tulo de <em>El &uacute;ltimo de los locos<\/em>.<\/p>\n<p>Con un ambiente sombr&iacute;o, por m&aacute;s que la historia se ubica en pleno verano, la atm&oacute;sfera de la pel&iacute;cula de Laurent Achard, <em>Le Dernier des fous<\/em> (Francia, 2006), es cruda, sin contemplaciones para con el espectador.<\/p>\n<p>La pel&iacute;cula nos cuenta el drama de Martin, un ni&ntilde;o de diez a&ntilde;os que deambula en la finca familiar mostr&aacute;ndonos su derrumbe interior como reflejo del derrumbe familiar que ocurre ante sus ojos. Su familia, en tres generaciones, est&aacute; conformada por un hermano mayor, Didier, joven homosexual que se ve confrontado con la desgarradura de su ser al enterarse que su novio se casar&iacute;a, revelaci&oacute;n de la que Martin se entera mientras est&aacute; oculto en el granero donde se entrevistan los amantes. La madre del protagonista se encuentra internada en una habitaci&oacute;n de donde nunca sale debido a una enfermedad no especificada pero cercana a la locura. Una abuela dominante que se impone sobre un padre gris, sin autoridad y muy limitado para poder mostrar el m&aacute;s m&iacute;nimo contacto afectivo con sus hijos. Martin est&aacute; solo y desolado. Su mundo afectivo est&aacute; endeblemente sostenido por Malinka, la sirvienta &aacute;rabe, su gato, y una amiga (Catalina).<\/p>\n<p>Desde muy temprano en su andadura te&oacute;rica, el psicoanalista franc&eacute;s Jacques Lacan, a partir de los cursos que sigue con Kojeve, formula que &ldquo;el deseo del sujeto es deseo del deseo del Otro&rdquo;. El sujeto se constituye como tal en el lugar de Otro, en el discurso que viene del Otro. En el film podemos ver a Martin preguntando sobre su lugar. Se le escucha decir a la asistente dom&eacute;stica: &ldquo;&iquest;Malinka, me tendr&eacute; que casar?&rdquo;<\/p>\n<p>El psicoan&aacute;lisis ense&ntilde;a que, en la constituci&oacute;n del sujeto, la madre (el Otro primordial) precede con su deseo a su hijo, antes incluso de que &eacute;ste haya nacido le da un lugar en su deseo. El hijo ocupar&aacute; (o no) un lugar en t&eacute;rminos del deseo de la madre, es decir, la constituci&oacute;n del sujeto va m&aacute;s all&aacute; de lo biol&oacute;gico. As&iacute;, el hijo buscar&aacute; permanecer deseado, amado por el Otro. Amor con lo que se pueda mitigar la pregunta angustiante: &iquest;qu&eacute; soy para el Otro, qu&eacute; me quiere el Otro?, sosteniendo as&iacute; una ficci&oacute;n de vida.<\/p>\n<p>La suspensi&oacute;n o interrupci&oacute;n de este deseo del Otro que le constituye y sostiene se vive con un incremento de la tensi&oacute;n agresiva que, eventualmente, llevar&iacute;a al sujeto a lo que se ha dado en llamar &ldquo;patolog&iacute;as del acto&rdquo;, acciones autodestructivas, adicciones, estados melancolizantes e incluso hasta la muerte, como se observa en el crimen o el suicidio.<\/p>\n<p>En una escena de la pel&iacute;cula se nos muestra nuevamente la ausencia de un lugar para Mart&iacute;n en el deseo de la madre: el ni&ntilde;o entra subrepticiamente a la habitaci&oacute;n donde est&aacute; su madre enferma y &eacute;l le llama &ldquo;mam&aacute;&rdquo;, y lo que obtiene a cambio es un silencio de muerte y una mirada vac&iacute;a.<\/p>\n<p>Pocos son los momentos en las que se percibe a Martin &ldquo;conectado&rdquo; a la vida. S&oacute;lo se muestra sonriente con la sirvienta Malinka, quien con sus cantos &aacute;rabes lo arrulla. Tambi&eacute;n en ocasiones ocurre que se contacta con su hermano, sobre todo a partir de la lectura, y con su amiga Catalina.<\/p>\n<p>Sin embargo, estos &uacute;ltimos sostenes mostrar&aacute;n pronto sus deficiencias para garantizarle el reconocimiento de s&iacute; mismo, es decir, un lugar en el deseo del Otro. Si la vida no encuentra apuntalamiento en el Otro, la muerte, habitante habitual de lo humano, nuestra &uacute;nica certeza, pronto aparece en lo real. En <em>El &uacute;ltimo de los locos<\/em>, la referencia directa a la muerte aparece por conducto de su hermano Didier. En una escena se muestra su falta de contenci&oacute;n: su gato est&aacute; ante un hur&oacute;n moribundo, Martin le pregunta a su hermano qu&eacute; hacer (nuevamente un reclamo de un lugar en el Otro, la b&uacute;squeda de un saber estar en el mundo) y el hermano mayor le dice: &ldquo;rem&aacute;talo, usa esto&rdquo;, d&aacute;ndole una especie de hoz para consumarlo. Martin toma la herramienta y se lleva al animal, pero no lo mata.<\/p>\n<p>Sin embargo, la idea de la muerte, con esa crudeza, con la posibilidad de poder ejecutarla por su propia mano, ya est&aacute; instalada en su infantil mente. M&aacute;s tarde, entra en la antigua habitaci&oacute;n de su madre y abre uno a uno los cajones de un viejo armario &mdash;casi todos vac&iacute;os, excepto uno&mdash;, se encuentra con una pistola abandonada, la ve, la acaricia y cierra el caj&oacute;n.<\/p>\n<p>Sus endebles figuras de identificaci&oacute;n se le caen de manera dolorosa en sus dos dimensiones fundamentales: una por las v&iacute;as de la sexualidad y la otra por la muerte. Su hermano, al enterarse de que su amigo-novio se va a casar, entra en un espiral de autodestrucci&oacute;n de la mano del alcohol y la violencia, goce que le desborda. Se va de la casa haciendo evidente en lo real el abandono en que se encuentra Martin. Regresa s&oacute;lo para quemar sus libros de poes&iacute;a ante la decepci&oacute;n que le produce un maestro que duda de la originalidad de su obra (a Didier mismo se le caen tambi&eacute;n sus semblantes: el novio y su poes&iacute;a). Alcoholizado se encierra en el granero. Al d&iacute;a siguiente Martin lo encontrar&aacute; muerto: se suicid&oacute;. Por otro lado, su amiga Catalina, que le genera un incipiente y confuso amor, con tan s&oacute;lo tres a&ntilde;os mayor que &eacute;l pero suficientes para encontrarse en pleno &ldquo;despertar de la primavera&rdquo;, se va al bosque con amigos m&aacute;s grandes dejando al inocente Martin desolado.<\/p>\n<p>Martin no encuentra respuestas a sus preguntas sobre su lugar en el mundo. Nadie le dice nada para mostrar qu&eacute; falla. As&iacute;, Martin bascular&aacute; &uacute;nicamente en dos de las &ldquo;pasiones del ser&rdquo; que se&ntilde;ala Lacan: el amor y el odio, faltando la ignorancia que lo llevar&iacute;a al titubeo, al entre-dicho, en fin, a la vida.<\/p>\n<p>Al final de la pel&iacute;cula podemos apreciar que la pulsi&oacute;n est&aacute; ligada de manera directa, sin fallas, al Otro, v&iacute;a la certeza. No hay desesperanza ni desvalorizaci&oacute;n personal. Incluso puede existir una intensa investidura libidinal hacia un objeto, es decir, establecer v&iacute;nculos de puro amor al objeto. Sin embargo, el sujeto tiene un claro deseo de morir.<\/p>\n<p>Ante la muerte de su hermano, Martin vuelve a entrar a la habitaci&oacute;n de enferma de su madre: la encuentra completamente desnuda, tendida en la cama. &Eacute;l toma del suelo un vestido blanco, como de novia, la cubre y sale de la habitaci&oacute;n. Al d&iacute;a siguiente, toma la pistola que se encuentra bajo el colch&oacute;n donde la hab&iacute;a ocultado.<\/p>\n<p>Por la ma&ntilde;ana, su padre por primera vez lo busca a gritos, aparece la abuela y lo empieza a buscar, la madre, ahora sonriente (viva), se asoma a la ventana y al enterarse de que Martin no est&aacute;, s&oacute;lo entonces, decide salir de la sombr&iacute;a habitaci&oacute;n para buscarlo. Ahora lo buscan, ahora lo llaman, demasiado tarde&hellip; Ya en el patio los tres reciben un balazo desde el granero: Martin, convertido en &ldquo;una tormenta que mata&rdquo;, les ha disparado. Ahora ya tiene un lugar.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Portada: fotogramas de la pel&iacute;cula Le derniere de fous&cedil;2006. &nbsp; La vida s&oacute;lo posee un s&oacute;lo sentido, poder jug&aacute;rsela, y jugarse la vida tiene algo de apuesta. 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