{"id":1620,"date":"2023-03-29T03:38:54","date_gmt":"2023-03-29T03:38:54","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2023\/03\/29\/el-deseo-y-sus-resonancias\/"},"modified":"2023-03-29T03:38:54","modified_gmt":"2023-03-29T03:38:54","slug":"el-deseo-y-sus-resonancias","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/kaos\/el-deseo-y-sus-resonancias\/","title":{"rendered":"El deseo y sus resonancias"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-weight: 400;\">Portada: Salvador Dal&iacute;, <\/span><em><span style=\"font-weight: 400;\">Deseo<\/span><\/em><span style=\"font-weight: 400;\">, 1929.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em><span style=\"font-weight: 400;\">El deseo es siempre deseo.<\/span><\/em><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Jacques Lacan<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El deseo es lo m&aacute;s propio de lo humano y, quiz&aacute; por ello, resulta ser un concepto de una riqueza y complejidad extrema. Seg&uacute;n la Real Academia Espa&ntilde;ola de la Lengua, &ldquo;deseo&rdquo; proviene del lat&iacute;n <\/span><em><span style=\"font-weight: 400;\">desidium<\/span><\/em><span style=\"font-weight: 400;\"> y se trata de un movimiento hacia algo que se apetece. Aunque tambi&eacute;n se&ntilde;ala que se trata de un impulso o excitaci&oacute;n ven&eacute;rea. En otras fuentes etimol&oacute;gicas, la palabra <\/span><em><span style=\"font-weight: 400;\">deseo<\/span><\/em><span style=\"font-weight: 400;\"> es asociada tanto con la ociosidad como con la libido. Sin duda, resulta muy sugerente pensar a la libido como una ociosidad, as&iacute; el deseo se ubicar&iacute;a alejado de la producci&oacute;n y del trabajo, como lo piensa George Bataille. M&aacute;s a&uacute;n si se considera que <\/span><em><span style=\"font-weight: 400;\">desidium<\/span><\/em><span style=\"font-weight: 400;\"> tambi&eacute;n proviene del lat&iacute;n cl&aacute;sico <\/span><em><span style=\"font-weight: 400;\">desidia<\/span><\/em><span style=\"font-weight: 400;\">, es decir, pereza, emparentado con <\/span><em><span style=\"font-weight: 400;\">desidere<\/span><\/em><span style=\"font-weight: 400;\">, sentarse o estar sentado: &ldquo;esperar a lo que las estrellas nos traigan&rdquo;. Siendo as&iacute;, el deseo s&oacute;lo se producir&iacute;a en un estado de inmovilidad. Muy interesante resulta pensar al deseo como extra&ntilde;o al movimiento, si algo se desea tendr&aacute; que gestarse en la quietud. Sin embargo, esto ya nos deja en el centro de una contradicci&oacute;n: &iquest;el deseo es un movimiento hacia algo que se apetece y, al mismo tiempo, se gesta en la quietud?<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Hablando sobre el deseo, dice Descartes en su <\/span><em><span style=\"font-weight: 400;\">Tratado de las pasiones<\/span><\/em><span style=\"font-weight: 400;\">: &ldquo;Advierto que agita el coraz&oacute;n m&aacute;s violentamente que ninguna otra pasi&oacute;n y provee al cerebro de m&aacute;s esp&iacute;ritus, que, pasando de &eacute;l a los m&uacute;sculos, hacen m&aacute;s agudos a todos los sentidos, y m&aacute;s m&oacute;viles a todas las partes del cuerpo&rdquo;.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Pero, &iquest;qu&eacute; es el deseo? &iquest;Una pulsi&oacute;n que nos inclina irracionalmente un objetivo, o quiz&aacute; una necesidad interna elegida deliberadamente, negociaci&oacute;n racional mediante? Sin duda, esta afecci&oacute;n inasequible para la conciencia tiene un car&aacute;cter ambiguo, bifronte; no podr&iacute;a ser de otra manera. Hay para quienes el deseo (el que supone suyo y el que supone ajeno) es causa de sufrimiento y conduce a su aniquilaci&oacute;n. Por tanto, hay que rehuirle como a la peste. Hay tambi&eacute;n quienes sostienen que, por lo contrario, el deseo dota de sentido a la vida y es m&oacute;vil de inspiraci&oacute;n y productividad.&nbsp;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Como ya he se&ntilde;alado en mi libro <\/span><em><span style=\"font-weight: 400;\">Pasionario: ensayos sobre el crimen <\/span><\/em><span style=\"font-weight: 400;\">(UAZ, 2012), y como tambi&eacute;n se consigna en el <\/span><em><span style=\"font-weight: 400;\">Diccionario de filosof&iacute;a <\/span><\/em><span style=\"font-weight: 400;\">de Jos&eacute; Ferrater Mora, el concepto de deseo tiene importantes variaciones de acuerdo con las diversas escuelas y posiciones filos&oacute;ficas.&nbsp;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Para Arist&oacute;teles, por ejemplo, el deseo es uno de los componentes del apetito y no ser&iacute;a necesariamente irracional, sino que, por el contrario, podr&iacute;a ser un acto premeditado, es decir, tiene como objeto algo sobre lo que se ha de decidir. En este sentido, aquello que es llamado &ldquo;elecci&oacute;n&rdquo; o &ldquo;preferencia&rdquo; ser&iacute;a un &ldquo;deseo deliberado&rdquo;.&nbsp;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En Plat&oacute;n, la cuesti&oacute;n es muy diferente. En primer lugar, plantea un contraste entre deseo y raz&oacute;n. Aunque en rigor admite la existencia de diferentes tipos de deseos, los necesarios y los innecesarios, e incluso considera la posibilidad de que el deseo pertenezca exclusivamente a la naturaleza del alma, opera como una parte del alma, s&iacute;, pero es la parte que obstaculiza que el alma alcance por completo el car&aacute;cter racional: el deseo es la pasi&oacute;n del alma. Esta idea no es infrecuente en la filosof&iacute;a de la antig&uuml;edad. Sin embargo, el t&eacute;rmino &ldquo;pasi&oacute;n&rdquo; no deber&iacute;a necesariamente entenderse de modo exclusivamente despectivo. As&iacute;, por ejemplo, Zen&oacute;n ve&iacute;a al deseo como una de las cuatro pasiones necesarias junto con el temor, el dolor y el placer.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En Tom&aacute;s de Aquino el deseo no es tan s&oacute;lo un apetito sensitivo. Para este fil&oacute;sofo medieval, el deseo puede ser sensible o racional, y expresa la aspiraci&oacute;n por algo que no se posee. Sin embargo, Santo Tom&aacute;s diferenciar&aacute; entre el deseo y el amor o delectaci&oacute;n. En efecto, el deseo puede ser bueno o malo, pero esto depender&aacute; del objeto hacia el que &eacute;ste se enfoca.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En tiempos modernos, tambi&eacute;n podemos percibir que el deseo suele aparecer bajo el concepto de &ldquo;pasi&oacute;n del alma&rdquo; y sobre este afecto se despliega un velado y ambiguo inter&eacute;s psicol&oacute;gico. Algunas posturas filos&oacute;ficas que dan sustento a la modernidad se han ocupado de este dif&iacute;cil concepto. Descartes, como ya se&ntilde;alamos, lo ver&aacute; como una agitaci&oacute;n del alma causada por los esp&iacute;ritus que la disponen a querer para el porvenir las cosas que se representan como convenientes para ella. Para Spinoza, el deseo es simplemente el apetito acompa&ntilde;ado por la conciencia de s&iacute; mismo. Seg&uacute;n Hegel, la conciencia de s&iacute; mismo es el estado de deseo en general, en tanto que la condici&oacute;n de deseo y de trabajo aparece en el proceso en que la conciencia vuelve a s&iacute; misma en el curso de sus transformaciones como conciencia desgraciada. Hegel afirma que solamente se desea otra conciencia, no se desea un objeto por m&aacute;s valioso que pueda ser. Lo que en el deseo se mueve es el deseo del deseo, el deseo de ser deseado.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El famoso seminario de Alexandre Koj&egrave;ve, adem&aacute;s de poner en contacto el pensamiento franc&eacute;s con la filosof&iacute;a hegeliana, represent&oacute; una interpretaci&oacute;n original de la obra de Hegel. El deseo aparece all&iacute; como din&aacute;mica de la antropog&eacute;nesis. El &ldquo;otro&rdquo; en Koj&egrave;ve no es un objeto de la relaci&oacute;n de conocimiento, sino el objeto de deseo. El deseo es un deseo de &ldquo;reconocimiento&rdquo;. Esta es una idea que se reitera. Seg&uacute;n Ren&eacute; Girard, disc&iacute;pulo de Koj&egrave;ve, en el reconocimiento est&aacute; en la naturaleza &ldquo;mim&eacute;tica&rdquo; del deseo. La contemplaci&oacute;n del acto cognoscente revela solamente el objeto. &Uacute;nicamente el Deseo &mdash;escrito con may&uacute;scula en el texto de Koj&egrave;ve&mdash; puede dirigir al sujeto que se contempla a s&iacute; mismo, puede impulsarlo a decir &ldquo;yo&rdquo;, <\/span><em><span style=\"font-weight: 400;\">moi<\/span><\/em><span style=\"font-weight: 400;\">.&nbsp;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Para el fil&oacute;sofo existencialista franc&eacute;s Jean-Paul Sartre, el deseo no es pura subjetividad, aunque tampoco es pura apetencia. Para este pensador, la intencionalidad del deseo no se agota en el &ldquo;hacia algo&rdquo;, sino que simult&aacute;neamente es algo para s&iacute; mismo y para el otro deseado. En un sentido general, y especialmente en el caso del deseo sexual, para Sartre, el deseo tiene un ideal imposible porque aspira a poseer la trascendencia del otro como pura trascendencia, y como cuerpo aspirando reducir al otro a su &ldquo;simple facticidad&rdquo;.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Desde otros discursos, por ejemplo, en la tradici&oacute;n del budismo, el deseo o apego es considerado como la causa de todo sufrimiento. De hecho, las cuatro verdades nobles definen a la vida como sufrimiento y al deseo como la causa de esta realidad. Lo que sigue es que para eliminar el sufrimiento es necesario eliminar el deseo, emparentado aqu&iacute; con el apego, lo cual abre las puertas de la iluminaci&oacute;n para quien est&eacute; dispuesto a seguir un camino espiritual.&nbsp;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Parad&oacute;jicamente, esta mirada negativa del deseo se contrapone con la perspectiva positiva que sobrevuela de un modo u otro a las diferentes concepciones occidentales. Mientras que para Occidente, aun con particulares matices, el deseo aparece siempre como un motor movilizador, para el budismo el deseo o el apego simplemente paraliza e impide el progreso espiritual.&nbsp;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El psicoan&aacute;lisis, con Jacques Lacan, quien extrae poderosas ense&ntilde;anzas de Koj&egrave;ve, abre todo un campo de pensamiento para el deseo. Ubicado desde siempre como deseo de otro, Lacan le dedica su seminario 6 al pensamiento del deseo y su interpretaci&oacute;n. Ah&iacute;, en 1958, se&ntilde;ala que:<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El psicoan&aacute;lisis interviene a diversos niveles para tratar con diferentes realidades fenom&eacute;nicas, en tanto ellas ponen en juego el deseo. Es especialmente bajo esta r&uacute;brica del deseo, como significativos del deseo, que los fen&oacute;menos que he llamado hace poco residuales, marginales, han sido desde el principio aprehendidos por Freud. En los s&iacute;ntomas que vemos descritos de una punta a la otra de su pensamiento (de Freud), la intervenci&oacute;n de la angustia es el punto clave de la determinaci&oacute;n de los s&iacute;ntomas, pero en tanto tal o cual actividad que va a entrar en el juego de dicha determinaci&oacute;n est&aacute; erotizada; decimos mejor, &ldquo;tomada en el mecanismo del deseo.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Quiz&aacute; la dificultad que hemos apreciado en poder determinar qu&eacute; es el deseo y a qu&eacute; apunta tenga una l&iacute;nea de respuesta (no la respuesta sino una <\/span><em><span style=\"font-weight: 400;\">l&iacute;nea de respuesta<\/span><\/em><span style=\"font-weight: 400;\"> solamente) en lo planteado por Lacan, en tanto que en el deseo hay una capacidad latente de erotizaci&oacute;n.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Portada: Salvador Dal&iacute;, Deseo, 1929. &nbsp; El deseo es siempre deseo. 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