{"id":1598,"date":"2023-03-14T04:20:47","date_gmt":"2023-03-14T04:20:47","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2023\/03\/14\/la-dimension-oscura-de-lo-sublime\/"},"modified":"2023-03-14T04:20:47","modified_gmt":"2023-03-14T04:20:47","slug":"la-dimension-oscura-de-lo-sublime","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/kaos\/la-dimension-oscura-de-lo-sublime\/","title":{"rendered":"La dimensin oscura de lo sublime"},"content":{"rendered":"<p>Portada: Katsushika Hokusai, <em>La gran ola de Kanagawa<\/em>, 1830.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>L<\/em><em>a belleza es el inicio de lo terrible que todav&iacute;a podemos soportar<\/em><em>.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Rilke<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Diversas defensas instaura el Yo para protegerse de aquello <em>desconocido<\/em> que lo amenaza, es decir, <em>das Ding<\/em>, <em>La Cosa<\/em>, en t&eacute;rminos de Sigmund Freud. El inventor del psicoan&aacute;lisis plantea que en el sujeto, mediante el principio del placer, se regula la satisfacci&oacute;n posible, siempre con la finalidad de mantener al sujeto a distancia de la <em>Cosa<\/em> (aquello que siendo lo m&aacute;s propio nos resulta desconocido, por tanto, emparentado a la muerte), y qu&eacute; eventualmente este principio regulador falla. Para el psicoanalista franc&eacute;s Jacques Lacan: &ldquo;La <em>Cosa<\/em> se caracteriza por el hecho de que para nosotros es imposible imaginarla&rdquo;.<\/p>\n<p>La <em>Cosa<\/em> es, en este sentido, el Bien Supremo: alcanzarlo implica transgredir el principio del placer y, por tanto, vivir la experiencia en el dolor y el sufrimiento. Ante esto, el Yo se erige como un guardi&aacute;n. De hecho, Freud nos ense&ntilde;a que el Yo no tiene otro trabajo que defenderse de lo que le causa displacer, y una de esas formas de defenderse resulta ser el apego a la belleza, a lo que se considera bello.<\/p>\n<p>La funci&oacute;n de lo bello es subyugarnos, es un velo para ocultar el horror de la castraci&oacute;n; por tanto, desde el psicoan&aacute;lisis en la visi&oacute;n de Jacques Lacan, apuntalado en una dimensi&oacute;n &eacute;tica, la funci&oacute;n de la belleza es subyugarnos con la &ldquo;buena forma&rdquo;, alej&aacute;ndonos de la falta esencial que nos constituye y de la que nada queremos saber. Lo bello, la belleza de la m&aacute;scara, por ejemplo, es un velo que intenta ocultar el horror de la castraci&oacute;n. Como se puede apreciar, este concepto retomado por Lacan de la <em>Cosa<\/em> como incognoscible, m&aacute;s all&aacute; de toda simbolizaci&oacute;n, tiene una clara relaci&oacute;n con &ldquo;la cosa en s&iacute;&rdquo; kantiana.<\/p>\n<p>Lacan, en el <em>Seminario<\/em> Libro 7, llamado justamente <em>La &eacute;tica<\/em><em> del psicoan&aacute;lisis<\/em>, se refiere a la tragedia de Ant&iacute;gona para mostrar el resplandor siniestro de la belleza, un resplandor que enceguece, una iluminaci&oacute;n que violenta. La belleza es, entonces, una defensa contra el &ldquo;horror tr&aacute;gico&rdquo;, para Bataille. M&aacute;s radical resulta el poeta Rilke, quien apunta que &ldquo;la belleza es el inicio de lo terrible que todav&iacute;a podemos soportar.&rdquo; De esta manera, si la belleza opera como velo de lo irrepresentable no puede sino estar vinculada con la muerte.<\/p>\n<p>El escritor Michel Tournier, en <em>El vuelo del vampiro<\/em><em>,<\/em> nos recuerda la &ldquo;cu&aacute;druple paradoja de lo bello&rdquo; en Kant: a) lo bello es un placer desinteresado; b) lo bello es una necesidad subjetiva; c) lo bello es un universal sin objeto y; d) lo bello es una finalidad sin fin.<\/p>\n<p>Lo sublime de lo bello se muestra como un punto l&iacute;mite que nos conecta con lo inefable, con lo que nos rebasa, con aquello que escapa al lenguaje y nos coloca en el resplandor del m&aacute;s all&aacute;, nos pone frente a la muerte. Lo bello nos arroja a un estado de conmoci&oacute;n tan radical que nos hace <em>otros<\/em>.<\/p>\n<p>La sublimaci&oacute;n es explicada por el psicoan&aacute;lisis como las diferentes actividades que estar&iacute;an motivadas, se dice, por un deseo que no apunta a una meta sexual: la creaci&oacute;n art&iacute;stica o la investigaci&oacute;n intelectual, por ejemplo. Se trata de actividades que extraer&iacute;an su satisfacci&oacute;n del reconocimiento social. Pese a ello, estas obras art&iacute;sticas o cient&iacute;ficas est&aacute;n impulsadas por energ&iacute;as que no pueden ser sino de car&aacute;cter sexual. En Freud, la sublimaci&oacute;n ser&iacute;a uno de los destinos de la pulsi&oacute;n y operar&iacute;a a modo de una salida que puede medianamente dome&ntilde;ar los impulsos destructivos, una desviaci&oacute;n de la meta; la sublimaci&oacute;n ser&iacute;a la v&iacute;a por la cual las pulsiones y su potencia mort&iacute;fera y sexual buscar&aacute;n su satisfacci&oacute;n ahora en el arte, por ejemplo, sostenido en el reconocimiento de la cultura, del Otro. Lacan va m&aacute;s all&aacute;, es radical al dar su propia definici&oacute;n de la sublimaci&oacute;n y de lo sublime, que consiste en: &ldquo;Elevar el objeto a la dignidad de la <em>Cosa<\/em>&rdquo;.<\/p>\n<p>Cuando se dice <em>la Cosa<\/em> no se hace referencia a un objeto que pueda ser nombrado o representado, no se habla de las cosas; entonces, elevar el objeto a la dignidad de la Cosa, es m&aacute;s bien elevarlo al lugar del objeto en tanto inalcanzable por ser innombrable, es lo indecible m&aacute;s all&aacute; de lo simb&oacute;lico y que al mismo tiempo constituye el n&uacute;cleo mismo de toda simbolizaci&oacute;n. Ah&iacute;, justo ah&iacute;, en ese acto de elevaci&oacute;n del objeto a la dignidad de la <em>Cosa<\/em>, es que se pone en operaci&oacute;n la v&iacute;a de la sublimaci&oacute;n de la pulsi&oacute;n.<\/p>\n<p>Desde esta percepci&oacute;n, se puede ubicar a lo sublime como cercano a lo siniestro, a lo demoniaco, en el sentido lo que no puede ser simbolizado, es decir, lo real. Lo sublime conecta, revela la Verdad del deseo, que no puede estar sino del lado de la muerte.<\/p>\n<p>Quiz&aacute; sea la sencilla y contundente definici&oacute;n de lo sublime que hace Kant en su <em>Cr&iacute;tica del juicio,<\/em> lo que m&aacute;s nos acerque a la comprensi&oacute;n de este estado del ser: &ldquo;Llamo sublime a lo que es absolutamente grande.&rdquo;<\/p>\n<p>La belleza, lo bello, es bifronte, como el mitol&oacute;gico Jano, por un lado, nos coloca frente al resplandor de la Cosa y, por otro lado, y al mismo tiempo, se erige como una defensa. La sublimaci&oacute;n, lo sublime, nos permite dar un rodeo a la Cosa que de suyo resulta inaccesible.<\/p>\n<p>La sublimaci&oacute;n es una artima&ntilde;a, una v&iacute;a que permite elevar un objeto a la dignidad de la Cosa, sin embargo, no cualquier objeto puede alcanzar esta dimensi&oacute;n, se trata de un objeto no-cualquiera. El objeto que se coloque tendr&aacute; que reunir por lo menos tres caracter&iacute;sticas: ser in&eacute;dito, ser novedoso y ser irrepetible. Kafka escrib&iacute;a que &ldquo;el arte vuela alrededor de la verdad con la decidida intenci&oacute;n de no quemarse en ella&rdquo;. Es justamente la creaci&oacute;n art&iacute;stica la que nos permite acercarnos a lo bello, lo sublime; y dentro de las creaciones art&iacute;sticas, Freud siempre destac&oacute; a la poes&iacute;a.<\/p>\n<p>En 1907 Freud escrib&iacute;a un breve trabajo que lleva como t&iacute;tulo <em>Der dichter und das plantasieren<\/em>, traducido como <em>El poeta y los sue&ntilde;os diurnos<\/em> o tambi&eacute;n, <em>El creador literario y el fantaseo<\/em>, donde se pregunta sobre la frecuente curiosidad del profano por saber de d&oacute;nde extrae sus temas el creador literario o bien, qu&eacute; hay en el poeta que logra conmovernos con sentimientos que no sab&iacute;amos que pose&iacute;amos. Ah&iacute;, Freud reconoce tambi&eacute;n que el poeta mismo no lo sabe. Propone que orientemos la b&uacute;squeda de una respuesta sobre el origen de la creaci&oacute;n art&iacute;stica en la actividad favorita del ni&ntilde;o. El ni&ntilde;o tiene como actividad casi exclusiva e intensa el jugar. Mediante el juego se conduce como el poeta, creando su propio mundo, habitando su mundo. Freud habla del juego y, m&aacute;s bien, lo hace de lo l&uacute;dico porque el ni&ntilde;o (como el creador literario) se toma su actividad muy en serio y la hace el origen del fantasear. De tal modo, lo que no procura placer en la realidad, lo hace en la irrealidad del fantaseo.<\/p>\n<p>Aun cuando la vida le exige que al crecer cese de jugar, el creador <strong><em>no <\/em><\/strong>renuncia a este placer ya que, como apunta Freud, &ldquo;quienes conocen la vida an&iacute;mica de los hombres saben muy bien que nada les es tan dif&iacute;cil como la renuncia a un placer que ha saboreado una vez&rdquo;. El creador o el poeta no renuncia a jugar, como no renunciamos del todo a nada que nos ha sido grato, sino que sustituye el jugar por el fantaseo o los sue&ntilde;os diurnos. Sin embargo, y en contraparte, el adulto se averg&uuml;enza de sus fantas&iacute;as en tanto que la realidad le reclama &ldquo;trabajar&rdquo; en algo productivo y &uacute;til. Es por ello que el hombre com&uacute;n oculta sus fantas&iacute;as, no as&iacute; el poeta o el creador literario. Goethe, en <em>Los a&ntilde;os de aprendizaje de Wilhelm Meister,<\/em> nos ilustra c&oacute;mo los sue&ntilde;os de la infancia deben ceder ante las realidades de la madurez: Wilheim Meister s&oacute;lo so&ntilde;aba con el teatro, sin embargo, se convertir&aacute; en cirujano.<\/p>\n<p>El fantaseo es propio del hombre, gen&eacute;ricamente hablando, insatisfecho, los deseos insatisfechos (y no hay de otros) son la fuerza impulsora de las fantas&iacute;as. Albert Camus se&ntilde;alaba que si el mundo fuera claro no existir&iacute;a el arte. As&iacute;, cada creaci&oacute;n art&iacute;stica, se&ntilde;ala Freud, es una rectificaci&oacute;n de la realidad. Pero si bien es cierto que mediante las fantas&iacute;as la realidad insatisfecha se modifica generando un escenario placentero (aun en el dolor), la multiplicaci&oacute;n y exacerbaci&oacute;n de las fantas&iacute;as (como lo bello y lo sublime) tocar&iacute;a lo abyecto, lo innombrable, lo siniestro.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Portada: Katsushika Hokusai, La gran ola de Kanagawa, 1830. &nbsp; La belleza es el inicio de lo terrible que todav&iacute;a podemos soportar. Rilke &nbsp; Diversas defensas instaura el Yo para protegerse de aquello desconocido que lo amenaza, es decir, das Ding, La Cosa, en t&eacute;rminos de Sigmund Freud. 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