{"id":1596,"date":"2023-03-10T04:02:42","date_gmt":"2023-03-10T04:02:42","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2023\/03\/10\/las-palabras-leer-y-escribir\/"},"modified":"2023-03-10T04:02:42","modified_gmt":"2023-03-10T04:02:42","slug":"las-palabras-leer-y-escribir","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/ubu\/las-palabras-leer-y-escribir\/","title":{"rendered":"Las palabras: Leer y escribir"},"content":{"rendered":"<p>Recientemente sal&iacute; de la feria del libro del Palacio de Miner&iacute;a de la UNAM y un barman de mi cantina favorita me pregunt&oacute; si yo le&iacute;a mucho. Mi respuesta fue &ldquo;ya no&rdquo;. Claro que leo, pero lo m&aacute;s importante para m&iacute; es escribir. Ah&iacute; record&eacute; el extraordinario libro de Jean Paul Sartre titulado <em>Las palabras<\/em>, que est&aacute; dividido en dos partes: &ldquo;Leer&rdquo; y &ldquo;Escribir&rdquo;. Recuerdo cuando en mi adolescencia mi abuela, &ldquo;mam&aacute; Anita&rdquo;, me dec&iacute;a que ya no leyera tanto &mdash;lo hac&iacute;a todos los d&iacute;as hasta las 3 de la ma&ntilde;ana&mdash; y yo le respond&iacute;a que cuando fuera m&aacute;s grande tendr&iacute;a otras cosas que hacer y por eso era el tiempo correcto. Y bueno, tambi&eacute;n comenc&eacute; a escribir en compa&ntilde;&iacute;a de mi gato.<\/p>\n<p>Pero m&aacute;s adelante, al paso del tiempo, escribir se convirti&oacute; en lo m&aacute;s importante. Creo que leer y escribir son algo indisoluble, pero el ver plasmadas las ideas personales genera una situaci&oacute;n existencial incomparable. La publicaci&oacute;n de <em>Las palabras<\/em> fue algo trascendental en la obra de Sartre, lo que constituye una biograf&iacute;a intelectual. Yo comenc&eacute; a leer al autor con <em>La N&aacute;usea<\/em>, y luego continu&eacute; con toda su obra, pero en <em>particular Las palabras<\/em> evocan un componente subjetivo trascendental para m&iacute;. La filosof&iacute;a de Sartre, para m&iacute;, es fundamental al igual que el marxismo, que &eacute;l tambi&eacute;n estudi&oacute; y trabaj&oacute;.<\/p>\n<p>En su relato personal, clave del existencialismo, habla de su infancia y posteriormente, en la segunda mitad del libro, de como lleg&oacute; a la escritura.<\/p>\n<p>En la primera parte escribe: &ldquo;Idolatrado por todos, negado por todos tambi&eacute;n, era un dejado-a-cuenta, y a los siete a&ntilde;os s&oacute;lo pod&iacute;a recurrir a m&iacute; mismo, que a&uacute;n no exist&iacute;a, palacio de cristal vac&iacute;o donde el siglo naciente contemplaba su aburrimiento. Nac&iacute; para colmar la gran necesidad que ten&iacute;a de m&iacute; mismo; hasta entonces s&oacute;lo hab&iacute;a conocido las vanidades de un perro de sal&oacute;n; empujado hacia el orgullo, me convert&iacute; en el Orgullo. Puesto que nadie me reivindicaba seriamente, elev&eacute; la pretensi&oacute;n de ser in-dispensable para el Universo. &iquest;Hay algo m&aacute;s soberbio? &iquest;Hay algo m&aacute;s tonto? La verdad es que no pod&iacute;a elegir. Viajero clandestino, me hab&iacute;a dormido en el asiento, y el revisor me sacud&iacute;a: &lsquo;&iexcl;Su billete!&rsquo; Deb&iacute;a reconocer que no lo ten&iacute;a. Ni dinero para pagar en el acto el precio del viaje. Empezaba confes&aacute;ndome culpable: no llevaba encima mi documentaci&oacute;n, ni siquiera recordaba c&oacute;mo hab&iacute;a burlado la vigilancia del guarda de la estaci&oacute;n, pero aceptaba que me hab&iacute;a introducido fraudulentamente en el vag&oacute;n. Lejos de discutir la autoridad del revisor, protestaba mucho diciendo el respeto que ten&iacute;a por sus funciones y me somet&iacute;a de antemano a su decisi&oacute;n. En ese punto extremo de la humildad, s&oacute;lo pod&iacute;a salvar la situaci&oacute;n invirti&eacute;ndola: revelaba, pues, que eran razones importantes y secretas las que me llevaban a Dijon, que interesaban a Francia y tal vez a la humanidad. Tomando las cosas con esa perspectiva, no se habr&iacute;a encontrado a nadie en todo el tren que tuviese tanto derecho como yo de ocupar un asiento&rdquo;.<\/p>\n<p>Mas adelante nos dice: &ldquo;Apenas empec&eacute; a escribir, solt&eacute; la pluma con gran j&uacute;bilo. La impostura era la misma, pero ya he dicho que para m&iacute; las palabras eran la quintaesencia de las cosas. Nada me turbaba m&aacute;s que ver c&oacute;mo mis patas de mosca perd&iacute;an poco a poco su brillo de fuegos fatuos en la apagada consistencia de la materia. Era la realizaci&oacute;n de lo imaginario. Un le&oacute;n, un capit&aacute;n del Segundo Imperio, un beduino, ca&iacute;dos en la trampa del nombramiento, entraban en el comedor; se quedaban all&iacute; para siempre, cautivos, incorporados por los signos, cre&iacute;a haber anclado a mis sue&ntilde;os en el mundo con los ara&ntilde;azos de una pluma de acero. Obtuve un cuaderno, un frasco de tinta violeta; escrib&iacute; en la cubierta: &lsquo;Cuaderno de novelas&rsquo;. La primera que termin&eacute; se llamaba Para una mariposa. Un sabio, su hija y un joven explorador atl&eacute;tico suben el curso del Amazonas en busca de una mariposa preciosa. El argumento, los personajes, el detalle de las aventuras e incluso el t&iacute;tulo estaban tomados de un relato ilustrado aparecido el trimestre anterior.&rdquo;<\/p>\n<p>Ya casi para terminar escribi&oacute;: &ldquo;Estaba alucinado. Mientras dur&oacute;, consider&eacute; que no ten&iacute;a problemas. A los treinta a&ntilde;os logr&eacute; una jugada maestra: escribir en <em>La n&aacute;usea<\/em> &mdash;y puede cre&eacute;rseme que muy sinceramente&mdash; la existencia injustificada, salobre de mis cong&eacute;neres y de poner a la m&iacute;a a salvo. Yo era Roquentin, mostraba en &eacute;l, sin complacencia, la trama de mi vida; al mismo tiempo era yo, el elegido, analista de los infiernos, fotomicroscopio de cristal y de acero inclinado sobre mis propios jarabes protopl&aacute;smicos. M&aacute;s tarde expuse alegremente que el hombre es imposible; imposible yo mismo, difer&iacute;a de los otros s&oacute;lo por el mandato de manifestar esta imposibilidad que, como consecuencia, se transfiguraba, se volv&iacute;a mi m&aacute;s &iacute;ntima posibilidad, el objeto de mi misi&oacute;n, el trampol&iacute;n de mi gloria. Era prisionero de estas evidencias pero no las ve&iacute;a: ve&iacute;a el mundo a trav&eacute;s de ellas. Falsificado hasta los huesos y mistificado, yo escrib&iacute;a alegremente sobre nuestra desgraciada condici&oacute;n. Dogm&aacute;tico, dudaba de todo, excepto de ser el elegido de la duda: restablec&iacute;a con una mano lo que destru&iacute;a con la otra y ten&iacute;a a la inquietud por la garant&iacute;a de mi seguridad: era feliz&rdquo;.<\/p>\n<p>En estos fragmentos intento dar cuenta de la riqueza estil&iacute;stica y conceptual de Sartre, aunque bueno, el libro debe leerse completo. Es interesante que luego de su escritura se le otorg&oacute; el Premio Nobel (1964), que rechaz&oacute; en un acto de congruencia pol&iacute;tica e intelectual. En el caso de hoy, decid&iacute; escribir al respecto pensando en la importancia de leer y escribir, algo crucial en la formaci&oacute;n humana, que ha permitido la construcci&oacute;n de nuestras culturas y el avance de la humanidad. Y para Sartre, &ldquo;el existencialismo es un humanismo&rdquo;.<\/p>\n<p>En el reino de Ub&uacute;, estos temas no tendr&iacute;an sentido, pero por eso este personaje ficticio es tan importante, pues nos muestra el contraste entre los mas altos valores de la humanidad y la ambici&oacute;n, la codicia y la avaricia, encarnadas en las phinanzas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&iexcl;Vamos a interrumpir aqu&iacute;!<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Recientemente sal&iacute; de la feria del libro del Palacio de Miner&iacute;a de la UNAM y un barman de mi cantina favorita me pregunt&oacute; si yo le&iacute;a mucho. Mi respuesta fue &ldquo;ya no&rdquo;. Claro que leo, pero lo m&aacute;s importante para m&iacute; es escribir. 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