{"id":1590,"date":"2023-03-07T04:06:52","date_gmt":"2023-03-07T04:06:52","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2023\/03\/07\/la-mujer-no-toda\/"},"modified":"2023-03-07T04:06:52","modified_gmt":"2023-03-07T04:06:52","slug":"la-mujer-no-toda","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/kaos\/la-mujer-no-toda\/","title":{"rendered":"La mujer no-toda"},"content":{"rendered":"<p>Portada: Remedios Varo, <em>Tailleur pour dames<\/em>, 1957.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>El goce de la mujer se apoya en un suplir ese no-toda<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>Jacques Lacan<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">&nbsp;<\/p>\n<p>Si algo caracteriza a Sigmund Freud, inventor del psicoan&aacute;lisis, es su honestidad intelectual. Es en ese marco &eacute;tico que podemos leer la confesi&oacute;n que, como nos cuenta uno de sus biogr&aacute;fos, Ernest Jones, Freud le hace a la princesa Marie Bonaparte: &ldquo;La gran pregunta que nunca ha obtenido respuesta y que hasta ahora no he sido capaz de contestar, a pesar de mis treinta a&ntilde;os de investigaci&oacute;n del alma femenina, es &eacute;sta: &lsquo;&iquest;Qu&eacute; es lo que desea la mujer?&rsquo;.&rdquo; Sobre ello, sobre el deseo de una mujer, a lo largo de la historia, no se ha tenido una respuesta definitiva, hay una especie de resignaci&oacute;n a nunca estar seguro de ello. Quiz&aacute;s ah&iacute; se ancla la oscilaci&oacute;n entre el culto y el odio a la mujer. El psicoan&aacute;lisis, desde Freud hasta nuestros d&iacute;as, se mantiene como condici&oacute;n sin la posibilidad de dar una respuesta a lo real que introduce la mujer en la cultura. Reconoce, en lo famenino a un discurso que no hace sentido, un caballo de Troya en nuestra sociedad. Lo femenino, aunque anterior al sistema patriarcal, en nuestras sociedades se revela como un real inefable.<\/p>\n<p>Se podr&iacute;a pensar que, con el avance de la ciencia y la tecnolog&iacute;a, la pregunta de Freud sobre qu&eacute; quiere una mujer hubiese tenido respuesta, sin embargo, el enigma resiste, la respuesta es inasimilable. No interroga el saber, interroga la posibilidad de un saber sin cuesti&oacute;n. Se trata de una duda que no deja de taladrar el intelecto del maestro vien&eacute;s, quien ya avanzada su obra, en 1932, escribe la 33&ordf;. Conferencia, titulada <em>La feminidad<\/em>. Se suma as&iacute; a su propia afirmaci&oacute;n &ldquo;El enigma de la femineidad ha puesto cavilosos a los hombres de todos los tiempos&rdquo;. No se trata de una pregunta sobre el saber sino sobre el deseo.<\/p>\n<p>Desde diversos saberes se ha puesto en cuesti&oacute;n la posible mirada patriarcal y burguesa en el tratamiento que Freud concede a la cuesti&oacute;n de lo femenino. Se destaca, por ejemplo, que el Dr. vien&eacute;s reproduce los discursos imperantes sobre la familia burguesa y sus ideales patriarcales y, desde ah&iacute;, el papel de la mujer.<\/p>\n<p>M&aacute;s all&aacute; de eso, Freud no deja ver que hay algo en las mujeres, en lo femenino, que le dota de un aura enigm&aacute;tica que la hace inabarcable, indecible. Sin embargo, desde el psicoan&aacute;lisis, con Freud y con Lacan, se ha perfilado una noci&oacute;n con respecto a lo femenino y la figura del no-todo para dar cuenta de esa condici&oacute;n inasible que est&aacute; atravesada por el ambiguo y profundo concepto de la castraci&oacute;n. La castraci&oacute;n es, justamente, la construcci&oacute;n conceptual por el cual se busca decir la falta y, por ello mismo, por quererla hacer pasar por la palabra, por el significante, se muestra que la falta no puede decirse como tal.<\/p>\n<p>El abordaje de la feminidad que hace Freud, fundamentalmente despu&eacute;s de los a&ntilde;os treinta, a partir de la castraci&oacute;n y la controvertida propuesta de la envidia del pene, podemos ubicarla a trav&eacute;s de una v&iacute;a que bien puede llamarse <em>Lo innombrable<\/em> en dos dimensiones vinculadas a lo real y el mutismo, por un lado lo sexual, donde no se le concede valor a lo real del cuerpo femenino y, en una dimensi&oacute;n tambi&eacute;n real, lo innombrable ligado a la muerte al mutismo que se impone a las mujeres. Serg&eacute; Andr&eacute;, en un ilustrador libro titulado justamente <em>&iquest;Qu&eacute; quiere una mujer?<\/em> nos recuerda que el psicoanalista franc&eacute;s Jacques Lacan, en el seminario XX plantear&aacute; que, dice Andr&eacute;: &ldquo;la feminidad no puede ser correctamente aprehendida sino a partir de la emergencia de lo real que hace que una mujer, sin dejar de estar atrapada en el complejo de castraci&oacute;n, est&aacute; no-toda fijada, y que de alguna manera tiene un pie dentro y un pie fuera, puesto que una parte de ella no responde a la funci&oacute;n del falo&rdquo;.<\/p>\n<p>El universo femenino, en Freud y en todo sujeto, se traduce en tres escenarios: la madre, la mujer y la muerte. Mucho se ha criticado que para Freud la feminidad est&eacute; ligada con la maternidad, hace de la madre el ideal de la mujer. Lacan ser&aacute; quien haga valer, por la v&iacute;a de las satisfacciones y el deseo, la distinci&oacute;n entre la madre y la mujer respectivamente.<\/p>\n<p>La mujer es quien constituye una verdad herm&eacute;tica para todo discurso. Ante el real que representa la mujer para la cultura no ha existido otra respuesta que la marginaci&oacute;n, el mutismo, acallar su palabra, la singularidad de su palabra. Quiz&aacute; una de las formas m&aacute;s radicales de esta acci&oacute;n de silenciamiento es no escuchar su singularidad, la singularidad de su deseo. As&iacute; se alimenta la misoginia y el feminicidio.<\/p>\n<p>El odio a las mujeres es ancestral. La historia de la humanidad bien puede trazarse a partir del lugar (o no-lugar) que las mujeres han tenido en las diversas &eacute;pocas. En la historia de la sexualidad una constante se revela: nunca se ha sabido qu&eacute; hacer con el horror que la condici&oacute;n femenina genera y que hoy, como en otros tiempos, se expresa en los feminicidios.<\/p>\n<p>Hes&iacute;odo, en su <em>Teogon&iacute;a<\/em>, narra el m&iacute;tico y ejemplar castigo que Zeus impone a los hombres a partir de que Prometeo les entreg&oacute; el brillo del fuego: &ldquo;y al punto, a cambio del fuego, prepar&oacute; un mal para los hombres&rdquo;, manda a hacer a una mujer modelada de la tierra, con apariencia de doncella, de ojos glaucos y vestida con un adornado velo: &ldquo;[&hellip;] y un estupor se apoder&oacute; de los inmortales dioses y hombres mortales cuando vieron el espinoso enga&ntilde;o, irresistible para los hombres. Pues de ella desciende la estirpe de las f&eacute;minas mujeres. Gran calamidad para los mortales, con los varones conviven sin conformarse con la funesta penuria, sino con la saciedad&rdquo;.<\/p>\n<p>Muchos son los referentes del temor y odio que las mujeres han generado a los hombres (y a las mismas mujeres) de todos los tiempos. Encontramos en el libro <em>Una breve historia de la misoginia<\/em>, de Anna Caball&eacute;, que un fil&oacute;sofo franc&eacute;s llamado Andr&eacute; Glucksmann dec&iacute;a que el odio m&aacute;s largo de la historia, m&aacute;s planetario incluso que el odio a los jud&iacute;os, es el odio a las mujeres. Contrario a lo que se piensa, la misoginia no es un asunto de falta de educaci&oacute;n o escasa cultura. Por ejemplo, Alfonso X, llamado <em>el sabio<\/em>, escrib&iacute;a de las mujeres: &ldquo;confundimiento del hombre, bestia que nunca se harta, peligro que no guarda medida&rdquo;. Tampoco es cuesti&oacute;n de g&eacute;nero, lo mismo se da en hombres que en mujeres, como un ejemplo podemos leer que la escritora espa&ntilde;ola Almudena Grandes escribe: &ldquo;entre las escritoras de mi edad hay muchas que son unas petardas, que van llorando por ah&iacute;, convertidas en unas pobres chicas tiernas a las que los cr&iacute;ticos quieren tocar el culo y se sienten acosadas sexualmente, y reclaman apoyo por ser chicas&rdquo;.<\/p>\n<p>Dicho lo anterior, se&ntilde;alemos con contundencia que muy pocas cosas han cambiado en la historia de la humanidad con respecto a las mujeres. Sin embargo, lo que s&iacute; ha variado, hasta casi pasar desapercibido, son las formas de la <em>desmetida<\/em> que el var&oacute;n hace de la diferencia sexual. Hoy procede identific&aacute;ndose con ellas para ocultar su desprecio a lo femenino. Se identifica con ellas para no escucharlas una a una.<\/p>\n<p>Lejos estar&iacute;a de decir que el psicoan&aacute;lisis tiene la respuesta para la misoginia, sin embargo, s&iacute; es posible decir que se constituye como un discurso y un espacio cl&iacute;nico, quiz&aacute; el &uacute;nico en las sociedades occidentales, donde se escucha lo excluido, donde se escucha a las mujeres en su singularidad, es decir, en lo propio de su deseo inconsciente. La apuesta del psicoan&aacute;lisis es, justamente, no ceder ante el horror a la castraci&oacute;n que se encuentra en el origen del desprecio a las mujeres. El psicoan&aacute;lisis al escuchar la singularidad del sufrimiento del sujeto le abre una perspectiva diversa a la pulsi&oacute;n de muerte, una que posibilita, sin negarla, ir m&aacute;s all&aacute; de la tendencia destructiva.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Portada: Remedios Varo, Tailleur pour dames, 1957. &nbsp; El goce de la mujer se apoya en un suplir ese no-toda Jacques Lacan &nbsp; Si algo caracteriza a Sigmund Freud, inventor del psicoan&aacute;lisis, es su honestidad intelectual. 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