{"id":1584,"date":"2023-03-03T04:03:05","date_gmt":"2023-03-03T04:03:05","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2023\/03\/03\/fotografia-y-testimonio\/"},"modified":"2023-03-03T04:03:05","modified_gmt":"2023-03-03T04:03:05","slug":"fotografia-y-testimonio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/ensayo\/fotografia-y-testimonio\/","title":{"rendered":"Fotografa y testimonio"},"content":{"rendered":"<p>Antes de que el t&eacute;rmino <em>feminicidio<\/em> fuera designado por el marco jur&iacute;dico como aquellos asesinatos contra mujeres por razones de violencia de g&eacute;nero, y siendo yo un joven universitario a principios de este milenio, tom&eacute; conciencia de ese tipo de violencia debido a las fotograf&iacute;as que aparec&iacute;an en las portadas de los peri&oacute;dicos de nota roja de los puestos de revistas. En esos quioscos tambi&eacute;n hab&iacute;a publicaciones pornogr&aacute;ficas de igual forma que revistas donde se exhib&iacute;an (todav&iacute;a hoy sucede) las opulencias de la clase alta, ya sea de la Ciudad de Puebla con publicaciones locales, o de otros lugares como la realeza de Europa. Recordar esos a&ntilde;os me ha hecho reflexionar varias veces sobre c&oacute;mo incide la fotograf&iacute;a en nuestras rutinas acerca de los temas sociales que expone. Ahora mismo trabajo en una novela que inicia con un <em>feminicidio<\/em> que se exhibe en una nota roja en el a&ntilde;o 2001.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El cap&iacute;tulo llamado &ldquo;Pecados originales&rdquo; del libro de Fontcuberta <em>El beso de judas<\/em> (1997) expone una idea compleja sobre lo que coment&eacute; respecto de la fotograf&iacute;a: &ldquo;Puede muy bien suceder que el rechazo a la fotograf&iacute;a fuese tambi&eacute;n el rechazo a inscribirse en una memoria que no reconoc&iacute;a como propia. El rechazo a inscribirse en una memoria beligerante&rdquo; (31). El marco de guerra en M&eacute;xico respecto a los feminicidios reconoce en el ejercicio fotogr&aacute;fico precisamente una &ldquo;memoria no reconocida como propia&rdquo;, pero es una memoria necesaria, por m&aacute;s horror que exhiba, para preservar y poder llorar por esas vidas que en muchas ocasiones no contaron con la atenci&oacute;n p&uacute;blica.<\/p>\n<p>En Argentina, varios a&ntilde;os despu&eacute;s de los horrores de la dictadura, fue el material fotogr&aacute;fico el que permiti&oacute; encontrar y dar nombre a muchos de los desparecidos por el sistema. Ello permiti&oacute; la creaci&oacute;n de espacios de rememoraci&oacute;n para generar una conciencia social y que esos cr&iacute;menes no vuelvan a ocurrir.<\/p>\n<p>Por otro lado, tambi&eacute;n preocupa lo que Jean Baudrillard &ldquo;denomina &lsquo;el car&aacute;cter pornogr&aacute;fico de la mostraci&oacute;n&rsquo;, es decir, la capacidad de mostrar un objeto sin ocultamientos, restregando toda la realidad ante nuestros ojos, sin reparos, y para ello el medio fotogr&aacute;fico&rdquo; (Citado en Fontcuberta, 32). Esta realidad que exhibe es lo que puede hacer censurable a la fotograf&iacute;a, es por ello que a muchos sistemas les preocupa que no se genere una memoria visual que exhiba el horror de sus cr&iacute;menes o mutilaciones. Muchos estudiantes han sido perseguidos, encerrados y torturados s&oacute;lo por tomar fotos en momentos sociales &aacute;lgidos. Son los sistemas totalitarios los que procuran el olvido para sostenerse en el poder y no ser cuestionados.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Con todo y el poder expl&iacute;cito de la fotograf&iacute;a, Susan Sontag considera que &ldquo;la fotograf&iacute;a ya no tiene el poder de excitar y enfurecernos de manera que podamos cambiar nuestras opiniones y conductas pol&iacute;ticas (Citada en Butler, 32)&rdquo;, es la constante exhibici&oacute;n de lo atroz, su repetici&oacute;n y en muchos casos su exposici&oacute;n sin marcos referenciales, lo que la posmodernidad asume como su crecimiento de indiferencia por el dolor ajeno.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La idea que Fontcuberta desarrolla respecto la fotograf&iacute;a como pecado parte de las restricciones que algunas religiones tienen respecto a fotografiar sus reliquias para evitar tentaciones sacr&iacute;legas, como es el caso de la iglesia cat&oacute;lica. En el caso del juda&iacute;smo, radica en que no est&aacute; permitido trabajar mientras se hagan celebraciones durante las fiestas de guardar; fotografiar es considerado, entonces, como un trabajo y la c&aacute;mara como una herramienta. Fotografiar es tambi&eacute;n en algunos contextos un acto sacr&iacute;lego.<\/p>\n<p>Pienso en una banda francesa de <em>darkwave<\/em> llamada <em>Die form<\/em> que juega mucho con expresiones fotogr&aacute;ficas que pueden entrar en los terrenos de lo sacr&iacute;lego. Algunos de sus discos tienen portadas de mujeres vestidas de monjas que adem&aacute;s usan <em>corsets<\/em> y est&aacute;n situadas en atm&oacute;sferas que rondan en el sadomasoquismo. <em>Die form<\/em> suele oscilar entre lo perverso y sensual de la exposici&oacute;n fotogr&aacute;fica, mezcla a individuos que muestran una ambivalencia de disfrute sexual con tortura que me hace pensar en los puestos de revistas de los que habl&eacute; al principio de este texto. La fotograf&iacute;a es tambi&eacute;n el o la fot&oacute;grafa, su esp&iacute;ritu transgresor cuando lo mueve la b&uacute;squeda de una est&eacute;tica. Tambi&eacute;n puede ser banalidad o simple exposici&oacute;n de hedonismo, como ocurre con las revistas de vida social como <em>Hola<\/em>. Recuerdo a un m&uacute;sico de Jazz que fue cuestionado por hacer <em>covers<\/em> de canciones gruperas. &Eacute;l dec&iacute;a que las canciones son inocentes, no importa quien las escriba o interprete, una buena canci&oacute;n puede venir de cualquier lugar. No s&eacute; si esto ocurra de la misma manera con las fotograf&iacute;as; un golpe de azar puede generar una obra poderosa est&eacute;ticamente, pero tambi&eacute;n un arduo trabajo de preparaci&oacute;n, como aquellos fot&oacute;grafos que esperan con mucho sigilo y paciencia el momento id&oacute;neo para presionar el obturador.<\/p>\n<p>Hoy d&iacute;a a la fotograf&iacute;a le pasa como a las canciones y los <em>covers<\/em>: un primer autor de una imagen puede ser alterado por otra persona a trav&eacute;s de herramientas digitales e integrar nuevos elementos que pueden cambiar su primer significado. Esos nuevos significados pueden ser trasgresores o pueden ser manipulados para inventar otra realidad, quiz&aacute; como la que ahora vivimos, en donde cada vez resulta m&aacute;s complejo separar lo real de lo virtual.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Foncuberta cierra su cap&iacute;tulo con un an&aacute;lisis pertinente que aboga por la capacidad cr&iacute;tica del receptor de im&aacute;genes: &ldquo;Establecidas las l&iacute;neas maestras de este estatuto, el siguiente paso consiste en dilucidar hasta qu&eacute; punto estos signos de identidad son inherentes al sustrato de lo fotogr&aacute;fico o, por el contrario, son atributos hist&oacute;ricos, valores generados por su dimensi&oacute;n social, o simplemente unas convenciones m&aacute;s o menos aceptadas, y por tanto tan perfectamente incrustadas como prescindibles&rdquo; (33). Ante la inmensidad de im&aacute;genes que se han producido y se seguir&aacute;n generando, resulta una tarea de dilucidaci&oacute;n agobiante pero necesaria.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Bibliograf&iacute;a<\/strong><\/p>\n<p>Fontcuberta, Joan. <em>El beso de Judas.<\/em> Barcelona: Editorial Gustavo Gili, 1997. Impreso<\/p>\n<p>Butler, Judith. <em>Marcos de guerra: Las vidas no lloradas<\/em>. M&eacute;xico: Ediciones Paid&oacute;s, 2011. Impreso<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Antes de que el t&eacute;rmino feminicidio fuera designado por el marco jur&iacute;dico como aquellos asesinatos contra mujeres por razones de violencia de g&eacute;nero, y siendo yo un joven universitario a principios de este milenio, tom&eacute; conciencia de ese tipo de violencia debido a las fotograf&iacute;as que aparec&iacute;an en las portadas de los peri&oacute;dicos de nota [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":101,"featured_media":1585,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[2],"tags":[],"class_list":["post-1584","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-ensayo"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1584","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/users\/101"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1584"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1584\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/media\/1585"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1584"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1584"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1584"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}