{"id":1574,"date":"2023-02-28T03:50:28","date_gmt":"2023-02-28T03:50:28","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2023\/02\/28\/resignacion\/"},"modified":"2023-02-28T03:50:28","modified_gmt":"2023-02-28T03:50:28","slug":"resignacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/desde-el-sur\/resignacion\/","title":{"rendered":"Resignacin"},"content":{"rendered":"<p>Portada: Alvaro Reja, <em>Siesta en el campo<\/em>.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Tambi&eacute;n mueren los lugares donde fuimos felices.<\/em><\/p>\n<p>Julio Ram&oacute;n Ribeyro<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En aqu&eacute;l preciso momento, &eacute;l no quer&iacute;a estar all&iacute;, en el pasto, echado con una gram&iacute;nea entre los dientes, mirando las nubes. Preferir&iacute;a estar caminando en la <em>Fifth Avenue<\/em>, desde el <em>Flatiron Building<\/em> hasta <em>San Patrick<\/em>, mirando las tiendas de suvenires baratos. La frustraci&oacute;n era tanta que &eacute;l se sent&iacute;a como un le&oacute;n enjaulado en un espacio diminuto. Trataba de gritar al mundo su importancia y &eacute;xitos. &Eacute;l era un hombre que vivi&oacute; toda su vida con la certidumbre de que todo lo que hace es meritorio y que el mundo es incapaz de reconocer la grandeza de su obra. Le gustar&iacute;a que la muerte preserve su memoria, pues sent&iacute;a que, la arena de su ampolleta vital se estaba agotando y cuando se extinguiera, inicialmente, unos cuantos hablar&iacute;an sobre su vida y obra, luego unos pocos y despu&eacute;s casi nadie.<\/p>\n<p>Le apenaba dejar un legado tan impalpable para sus hijos y no un techo. Los hijos tendr&aacute;n que hacer su camino, la herencia no servir&aacute; para que coman o para que vivan. Heredar&aacute;n una especie de algod&oacute;n dulce que siempre sabr&aacute; a poco, su obra y su nombre. Ese pensamiento le hac&iacute;a sentir la dificultad de ser, por la dificultad de existir y de construir para mitigar el camino de aquellos que &eacute;l trajo al mundo. Eran pensamientos que le angustiaban, de nada le servir&iacute;a tratar de negar el tiempo o justificar sus actos; la verdad es que no quer&iacute;a estar all&iacute;, prefer&iacute;a estar en la plaza <em>Blanche<\/em> o <em>Pigalle<\/em>, con sus luces de ne&oacute;n anunciando <em>shows<\/em> y <em>sex shops<\/em>, tal vez acordando el precio con una prostituta para perderse en sus carnes, solo cuerpo, un momento sin alma, sin futuro.<\/p>\n<p>Mientras estaba all&iacute;, bajo el cielo, echado, mirando las nubes que reflejaban su poco futuro y el desperdiciado pasado, sinti&eacute;ndose como un alma en pena que no sabe cu&aacute;l es su lugar, ten&iacute;a la certeza de que la vida es apenas el recuerdo o reflejo crepuscular, falseado y mutilado, de un proceso irrecuperable, por eso el enorme peso de la vida le cortaba la respiraci&oacute;n a momentos, despu&eacute;s respiraba hondo y mov&iacute;a la gram&iacute;nea entre sus dientes y recordaba que el mecanismo de la muerte no descansa; trataba de alejar sentimientos m&aacute;s oscuros, mientras observaba que su propia vida se esfuma como vaho.<\/p>\n<p>Estaba seguro que Dylan Thomas ten&iacute;a raz&oacute;n cundo dijo<em>: &ldquo;y aunque ellos est&eacute;n locos y totalmente muertos \/sus cabezas martillear&aacute;n en las margaritas;&rdquo; <\/em>porque la muerte no es el fin. Ten&iacute;a la certeza de que cuando la muerte le alcance ir&aacute; a parar en aguas profundas, con anemonas y sirenas, en esos lugares donde no existe Dios. En aguas de otros mundos. Solo as&iacute; podr&aacute; purgar los abusos que cometi&oacute; por su mezquino ego&iacute;smo, y lo peor, fue no pensar en el futuro de los hijos, como ense&ntilde;a la tradici&oacute;n jud&iacute;o cristiana que impregna el pensamiento com&uacute;n.<\/p>\n<p>Un zumbido, impertinente, de un insecto se aproxim&oacute;, para sacarle de los pensamientos en que estaba absorto y para recordarle que la vida tiene infortunios inesperados, paro los cuales &eacute;l nunca estuvo preparado, y resignado, pas&oacute; el sombrero pidiendo una ayuda a los parientes, amigos y conocidos, sin importar ser inc&oacute;modo. Despu&eacute;s, sin importarse con la maledicencia de la gente, se dio modos para hacer bellos viajes y nunca evit&oacute; presumirlos.<\/p>\n<p>Pens&oacute; que ser le&oacute;n y estar en una jaula diminuta, es como estar cerca del propio fin y no tener condiciones para cambiar la historia y tener que dejar el sue&ntilde;o de ser inmortal para que un diccionario mencione su nombre. Las memorias de todas las cosas que otrora fueron, pasaron como la nube que fue a unirse a otras para formar un espejo gris en el cielo, que reflej&oacute; la metamorfosis del tiempo en su cuerpo y rostro. Inmediatamente, pens&oacute; que, en aqu&eacute;l preciso instante, preferir&iacute;a estar en <em>Kr&aacute;snaya pl&oacute;shchad, <\/em>camino al caf&eacute;&hellip; Fue entonces que, unas gotas de llovizna motearon los cristales de sus lentes y pens&oacute; en los r&iacute;os del cielo que quer&iacute;an bajar a la tierra para llegar a ser mar. Sab&iacute;a que tal vez, algunos logren, otros se quedar&aacute;n como peque&ntilde;os charcos en arrabales, los dem&aacute;s se perder&aacute;n al escurrirse de los techos a las alcantarillas, porque as&iacute; es la vida. &nbsp;Tal vez as&iacute;, quiso Dios.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Portada: Alvaro Reja, Siesta en el campo. &nbsp; Tambi&eacute;n mueren los lugares donde fuimos felices. Julio Ram&oacute;n Ribeyro &nbsp; En aqu&eacute;l preciso momento, &eacute;l no quer&iacute;a estar all&iacute;, en el pasto, echado con una gram&iacute;nea entre los dientes, mirando las nubes. 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