{"id":1548,"date":"2023-02-14T04:08:42","date_gmt":"2023-02-14T04:08:42","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2023\/02\/14\/locura-de-amor-1\/"},"modified":"2023-02-14T04:08:42","modified_gmt":"2023-02-14T04:08:42","slug":"locura-de-amor-1","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/kaos\/locura-de-amor-1\/","title":{"rendered":"Locura de amor"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right;\"><em>&iquest;Qui&eacute;n sabe lo que ser&iacute;a del amor, si no se lo hubiera nombrado as&iacute;?<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">La Rochefoucauld<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&iquest;Qu&eacute; es el amor? &iquest;Una virtud o una enfermedad? &iquest;Acaso una locura temporal, es decir una <em>Passio<\/em>, una pasi&oacute;n? Sin duda, se trata de una experiencia, una vivencia donde la pasi&oacute;n amorosa se desborda mostrando, con frecuencia, su costado de locura. La psiquiatr&iacute;a acu&ntilde;&oacute; un concepto que subyuga porque justamente nos conduce al n&uacute;cleo de esta pasi&oacute;n: le llam&oacute; erotoman&iacute;a o locura de amor. Erotoman&iacute;a es un concepto que trata de nombrar al padecimiento que vincula lo er&oacute;tico con la vida ps&iacute;quica. Pero adem&aacute;s con car&aacute;cter maniaco, y sabemos que man&iacute;a significa locura. Se trata entonces, en esa erotoman&iacute;a, de la conjugaci&oacute;n esencialmente de tres t&eacute;rminos: la locura, el amor y lo femenino. &Eacute;tienne Esquirol le llama, en 1838, &ldquo;Monoman&iacute;a er&oacute;tica&rdquo;. Se trata, seg&uacute;n el psiquiatra franc&eacute;s, de una afecci&oacute;n cerebral que se caracteriza por un &ldquo;amor excesivo&rdquo;. Vaya novedad: el amor excesivo enferma.<\/p>\n<p>La locura amorosa se conoce y estudia desde el Renacimiento, y con el m&eacute;dico franc&eacute;s Bartholomy Pardoux se ubica como un trastorno asociado con la ninfoman&iacute;a o la pr&aacute;ctica en exceso del amor f&iacute;sico. En 1963 Ferrand escribe un tratado bajo el nombre de <em>Enfermedad de amor o melancol&iacute;a er&oacute;tica. <\/em>Este v&iacute;nculo entre el amor y la locura ha sido nombrado de varias y singulares maneras, desde &ldquo;delirio er&oacute;tico autorreferencial&rdquo; hasta &ldquo;S&iacute;ndrome del amante fantasma&rdquo;. El s&iacute;ntoma central que se se&ntilde;ala es que quien lo padece &mdash;las mujeres con mayor frecuencia&mdash; tiene una creencia inquebrantable de que otra persona est&aacute; secretamente enamorada de ellas o bien la creencia de ser amados en secretos por un otro admirado o famoso\/a. Hay una vertiente de la erotoman&iacute;a con lo religioso o divino y es visible como un &ldquo;delirio m&iacute;stico&rdquo;. Esta enfermedad de amor tambi&eacute;n se ha pensado haciendo linde con la paranoia bajo nominaciones tales como &ldquo;amorosos perseguidores&rdquo; o &ldquo;reivindicadores amorosos&rdquo;, en fin, han sido muchas las formas de nombrar al amor ligado a la locura.<\/p>\n<p>Hay que destacar que la erotoman&iacute;a, en los diversos estudios, lo mismo se manifiesta por la excesiva actividad amorosa (real o imaginaria) que por la castidad absoluta y delirante. Sabemos que la batuta en la psiquiatr&iacute;a moderna, a partir del siglo XIX y principios del XX, la llev&oacute; la escuela francesa; sin embargo, la otra potencia en el &aacute;rea, representada por la psiquiatr&iacute;a alemana, tambi&eacute;n hace referencia a la afecci&oacute;n que nos ocupa, principalmente con Kraff-Ebing, quien habla de la &ldquo;paranoia er&oacute;tica m&oacute;rbida&rdquo;. Otros autores relevantes de la psiquiatr&iacute;a moderna, como Emil Kraepelin, hacen menci&oacute;n del disturbio er&oacute;tico como parte del delirio megaloman&iacute;aco que se presenta en el &ldquo;deliro de los santos&rdquo;.<\/p>\n<p>Sin embargo, es Ga&euml;tan Gatian de Cl&eacute;rambault, un psiquiatra franc&eacute;s fuertemente interesado en el arte, en particular en la pintura y la fotograf&iacute;a, quien le da a la erotoman&iacute;a un lugar independiente dentro de los afectos psiqui&aacute;tricos. Describe el cuadro cl&iacute;nico de la erotoman&iacute;a, destacando primero su embri&oacute;n l&oacute;gico: &ldquo;la convicci&oacute;n de estar en comunicaci&oacute;n amorosa con un personaje de rango m&aacute;s elevado, que se ha enamorado primero, y que hizo primero proposiciones&rdquo;. Recordamos de golpe el caso Aim&eacute;e presentado por Lacan en su tesis doctoral. Ah&iacute;, en su construcci&oacute;n delirante, Aim&eacute;e recib&iacute;a propuestas amorosas, primero por parte del editor de sus novelas, y m&aacute;s tarde ni m&aacute;s ni menos que del Pr&iacute;ncipe de Gales. Se trata de amores marcados por la megaloman&iacute;a donde quienes son, en principio, los amados devienen en perseguidores. A partir de este embri&oacute;n, en la erotoman&iacute;a &ldquo;los componentes del sentimiento generador del postulado son: orgullo, deseo y esperanza&rdquo;. Pero lo m&aacute;s destacado es lo siguiente, atribuye la erotoman&iacute;a a la mujer. Para ella, para las mujeres, seg&uacute;n el psiquiatra, la &uacute;nica orientaci&oacute;n mental es ser amadas.<\/p>\n<p>En la erotoman&iacute;a el amor, la locura y lo femenino se encuentran ligados de una manera enigm&aacute;tica. En lo femenino est&aacute;, seg&uacute;n podremos se&ntilde;alar, el acento com&uacute;n entre el psicoan&aacute;lisis y la psiquiatr&iacute;a al vincular el amor y la locura. Una pregunta se impone aqu&iacute;: &iquest;qu&eacute; hay de particular en las mujeres como para que ellas centren su ser en la locura de ser amadas?<\/p>\n<p>Sabemos que la cuesti&oacute;n de lo femenino se encuentra en el centro del psicoan&aacute;lisis desde su invenci&oacute;n. Sigmund Freud se encontr&oacute; con el enigma de lo femenino desde sus primeros encuentros con las hist&eacute;ricas, mujeres que hablan de su sexualidad con su cuerpo porque no hay espacio para las palabras. Lo que les aquejaba, pronto lo descubre el psicoanalista, est&aacute; directamente ligado al sufrimiento amoroso. Por su parte, el psicoanalista franc&eacute;s Jacques Lacan, se introduce al psicoan&aacute;lisis a partir de analizar los actos y los escritos de pacientes consideradas como psic&oacute;ticas.<\/p>\n<p>Para Freud, sobre todo despu&eacute;s de 1923, hay una diferencia estructural en la constituci&oacute;n ps&iacute;quica de hombres y mujeres. En ambos casos pasa por el drama del Edipo y la castraci&oacute;n, pero ocurre de manera distinta. Un punto esencial de esta diferencia est&aacute; en la angustia. Mientras que para el var&oacute;n es angustia de castraci&oacute;n, para la mujer se trata de la angustia ante la p&eacute;rdida del amor. Es decir, para el hombre la amenaza de castraci&oacute;n pasa por la p&eacute;rdida de la virilidad, mientras que con la misma fuerza opera para la mujer la amenaza de la p&eacute;rdida del amor.<\/p>\n<p>El amor, la mujer y la locura se anudan en la erotoman&iacute;a, colocando as&iacute; a la psicosis del lado de la mujer cuando se liga al amor. Si amar implica estar del lado de lo femenino, es decir, s&oacute;lo se puede amar a partir de la falta, el amor entonces tiene algo de locura en tanto que falta un significante primordial que organice al sujeto a partir de una divisi&oacute;n estructural. De esta manera, bajo la ense&ntilde;anza de Jacques Lacan, es posible situar a la psicosis como dependiente de la forclusi&oacute;n del Nombre del Padre. Podr&iacute;amos decir que, en sentido estricto, la locura se utiliza para referirse a los momentos en que se encuentra en suspensi&oacute;n la met&aacute;fora paterna, es decir, cuando las coordenadas que vinculan al significante se encuentran en suspenso, estableciendo as&iacute; una relaci&oacute;n inmediata con las identificaciones ideales. Tal es el caso de las relaciones de estrago que algunas mujeres establecen con hombres a quienes colocan en el lugar del ideal.<\/p>\n<p>La locura, entonces, es distinta a la psicosis y por tanto es factible encontrarla tambi&eacute;n en la neurosis, lo que permite las &ldquo;locuras de amor&rdquo; a la vez que el amor en la psicosis o &ldquo;amor loco&rdquo;. Esta locura de amor es frecuente escucharla en la cl&iacute;nica. Mujeres que declaran no saber qu&eacute; hacer con el amor que sienten y que ha dejado de ser correspondido generando angustia. El amor, que operaba como una suplencia de una falla que no encuentra otra forma de sutura, les hace quedar d&eacute;biles, sin fuerza para la vida. Si el amor las hace ser, su p&eacute;rdida, la p&eacute;rdida del amor, las sume en la locura temporal de la inexistencia. Si el amor las hace, el amor las pierde.<\/p>\n<p>En algunas mujeres se realiza una idealizaci&oacute;n del otro que lo convierte en el Otro del amor, de quien se espera reciprocidad. Ante la falla en la respuesta del Otro del amor, se hace uso del recurso de la erotoman&iacute;a para poder conservar en lo imaginario la relaci&oacute;n. De esta manera el amado, a quien se ama porque &eacute;l mismo ama primero, devendr&aacute; perseguidor. Siendo ella quien muestra inter&eacute;s, en una figura idealizada (de ah&iacute; la megaloman&iacute;a) es colocada en el Otro la iniciativa. La f&oacute;rmula queda establecida: &ldquo;el Otro me ama, pero no lo puede aceptar o reconocer&rdquo;, esta es la s&iacute;ntesis de la erotoman&iacute;a. Es la g&eacute;nesis l&oacute;gica del amor que enloquece. &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&iquest;Qui&eacute;n sabe lo que ser&iacute;a del amor, si no se lo hubiera nombrado as&iacute;? 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