{"id":1536,"date":"2023-02-03T21:42:10","date_gmt":"2023-02-03T21:42:10","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2023\/02\/03\/las-victimas-del-chic-una-novela-mexicana-muy-francesa\/"},"modified":"2023-02-03T21:42:10","modified_gmt":"2023-02-03T21:42:10","slug":"las-victimas-del-chic-una-novela-mexicana-muy-francesa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/ensayo\/las-victimas-del-chic-una-novela-mexicana-muy-francesa\/","title":{"rendered":"Las vctimas del chic. Una novela mexicana muy francesa"},"content":{"rendered":"<p>Cuando se habla de novelas mexicanas del siglo XIX generalmente tenemos en mente, por un lado, el tema campirano, los bandidos, el romance bueno y cristiano, el paisaje, las haciendas y las cabalgatas heroicas con enfrentamientos a balazos. Saltan nombres como Chepe Botas, El Zarco, Juan Robre&ntilde;o, Ant&oacute;n P&eacute;rez y muchos m&aacute;s que est&aacute;n ya en el imaginario literario mexicano como parte de la literatura costumbrista, rom&aacute;ntica y naturalista.<\/p>\n<p>Por otra parte, el tema de la ciudad de M&eacute;xico, debido a las influencias realistas y naturalistas que se importaron tard&iacute;amente de Francia, la literatura del periodo que comprende 1890 a 1910 est&aacute; plagada de los vicios y los escondrijos del arrabal y el prost&iacute;bulo, como es el caso de <em>La Rumba<\/em>, de &Aacute;ngel del Campo, o de la famos&iacute;sima <em>Santa<\/em>, de Federico Gamboa, una novela que a mi parecer, m&aacute;s que un texto naturalista, tiende a estar estilizada por el modernismo en muchas partes de su prosa, por lo que dif&iacute;cilmente est&aacute; a la par de los trabajos de Zol&aacute;.<\/p>\n<p>Pero lo que tienen en com&uacute;n casi todas las novelas que comprenden el periodo entre 1870 y 1900 es que retratan al campo, al pueblo, a la ciudad y sus convulsiones, a partir del personaje marginal, que es el eje de rotaci&oacute;n y traslaci&oacute;n de la di&eacute;gesis narrativa. Pocas novelas pudieron establecer a los estratos arist&oacute;cratas, hacendados o burgueses de manera efectiva, como un veh&iacute;culo de la narraci&oacute;n. Por ejemplo, en el caso de <em>La Parcela, <\/em>de L&oacute;pez Portillo y Rojas, si bien hay un tema del hacendado y el terrateniente omnipotente que representa los valores morales de la sociedad y que sin &eacute;l se derrumba todo, ciertamente el personaje fuerte es Pedro Ru&iacute;z, que materializa los valores nacionales desde el discurso de la pobreza. Cosa similar pasa con <em>Los bandidos de R&iacute;o Fr&iacute;o<\/em>, de Manuel Payno, por ejemplo, donde la condesita Mariana no logra tener la fuerza narrativa de Cecilia la frutera o de Casilda la sirvienta, y pasa de tener un papel protag&oacute;nico al inicio de la novela a una discreta periferia sin mucha dificultad. Su padre, el terrible Conde del Sauz, termina siendo una caricatura quijotesca que da m&aacute;s risa que miedo. En cambio, Evaristo el tornero se lleva el protagonismo de la novela a pura fuerza actancial, opacando a Juan Robre&ntilde;o y al mism&iacute;simo Relumbr&oacute;n, representaci&oacute;n de la opulencia pol&iacute;tica y social del criollo en tiempos de Santa Anna.<\/p>\n<p>Ciertamente, el tema burgu&eacute;s y arist&oacute;crata se convirti&oacute; en una suerte de anatema para las c&uacute;pulas intelectuales de la Rep&uacute;blica Restaurada y del Porfiriato. El tema de la nobleza y la monarqu&iacute;a qued&oacute; relegado a una blasfemia. Los porqu&eacute;s y los c&oacute;mos son tema para otro d&iacute;a, ya que resultar&iacute;a extenso y harto complicado. Lo que s&iacute; es un hecho es que todo lo vinculado directamente a estos valores era tachado de &ldquo;conservador&rdquo;, y esa era una<em> letra escarlata<\/em> que nadie quer&iacute;a tener en la casaca, mucho menos si quer&iacute;a dedicarse a la literatura.<\/p>\n<p>Conservadores, clasiquinos y cangrejos hubo, y hubo muchos durante el periodo, pero se disfrazaron de &ldquo;liberales&rdquo;, &ldquo;cient&iacute;ficos&rdquo; y &ldquo;atene&iacute;stas&rdquo;, prorrumpiendo sus discursos moralinos, hispan&oacute;filos y ciertamente coloniales en su obra con efectiva discreci&oacute;n. Siempre a costa del poder, claro est&aacute;. Liberales genuinos hubo, por supuesto, y entre ellos Emilio Rabasa es el m&aacute;s destacado y af&iacute;n a la ideolog&iacute;a, con sus tres magn&iacute;ficas novelas <em>La Bola<\/em>, <em>La Gran Ciencia<\/em> y<em> La Guerra de los Tres a&ntilde;os<\/em>. Ya en pleno porfiriato, ser conservador no era tan mal visto y hasta resultaba justificable, debido en parte a que la mitad del pa&iacute;s lo hab&iacute;a sido siempre y porque la reanudaci&oacute;n de la diplomacia con Francia, Espa&ntilde;a e Inglaterra iban viento en popa. Para esos a&ntilde;os de la <em>Belle &Eacute;poque<\/em>, Maximiliano I y Carlota de B&eacute;lgica eran vistos ya con cierto brillo aur&aacute;tico y rom&aacute;ntico, como sacados de una tragedia shakesperiana, y la figura de Ju&aacute;rez, &iacute;cono de la Rep&uacute;blica, ya estaba m&aacute;s all&aacute; del cielo y de la tierra, conformando una fuerza omnipresente y virtuosa capaz de unir a todos los diferentes estratos y etnias del territorio en una sola naci&oacute;n justa e igualitaria, aunque esto fuera mentira, obviamente. Entelequias e imaginarios.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/wp-content\/uploads\/1_Las_victimas_del_chic_Una_novela_mexicana_muy_francesa_470caff74d.jpg\" alt=\"\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Empero, hubo un escritor que, desde su exilio en Francia, no estuvo dispuesto a fingir ser un liberal y se mantuvo firme en sus ideas mon&aacute;rquicas, burguesas, arist&oacute;cratas, <em>fif&iacute;s<\/em> y aspiracionistas, que con la distancia de los siglos resulta muy interesante para leer. Don Pepe Hidalgo, como lo conoc&iacute;an sus amistades, fue un escritor, diplom&aacute;tico y pol&iacute;tico mexicano que form&oacute; parte de la comitiva liderada por Nepomuceno Almonte y que ten&iacute;a como objetivo ofrecer a Napole&oacute;n III las riendas pol&iacute;ticas de M&eacute;xico y a Maximiliano de Habsburgo la corona del Imperio Mexicano. Poco despu&eacute;s de las presentaciones y los cortejos, Jos&eacute; Manuel Hidalgo y Esnaurrizar, su nombre completo, se volvi&oacute; muy allegado a la pareja imperial, forjando una amistad muy s&oacute;lida y duradera. Fiel a sus convicciones mon&aacute;rquicas, Hidalgo y Esnaurrizar era un encarnizado antiliberal debido a que pensaba, como muchos hombres de su tiempo, que el liberalismo era una doctrina protestante importada desde Estados Unidos, incompatible con la naturaleza del pueblo mexicano. Como muchos, el recelo de don Pepe Hidalgo se deb&iacute;a, entre muchas cosas, a que entre 1846 y 1847 Estados Unidos hab&iacute;a desatado una guerra expansionista y mutilado el territorio del incipiente pa&iacute;s en una guerra desigual e injusta. Al igual que otras figuras del conservadurismo, Jos&eacute; Manuel pele&oacute;, durante sus tiernas mocedades, contra los invasores y se destac&oacute; en la Batalla de Churubusco. Miguel Miram&oacute;n har&iacute;a un papel heroico en Chapultepec e, igual que Pepe Hidalgo, odiar&iacute;a el liberalismo por ser una ideolog&iacute;a<em> yankee<\/em> para &ldquo;traidores&rdquo;. Jos&eacute; Manuel Hidalgo y Esnaurrizar coincid&iacute;a con Lucas Alam&aacute;n o Jos&eacute; Mar&iacute;a Guti&eacute;rrez Estrada, quien en 1840 escribi&oacute; a Anastasio Bustamente su <em>Carta dirigida al Excelent&iacute;simo Sr. Presidente de la Rep&uacute;blica sobre las necesidades de buscar en una convenci&oacute;n el posible remedio de los males que aquejan a la Rep&uacute;blica<\/em>, donde dec&iacute;a respecto del liberalismo: &ldquo;no pueden ser nuestro modelo, aunque hemos intentado que lo sean. Todo en M&eacute;xico es mon&aacute;rquico, y una monarqu&iacute;a constitucional en manos de un pr&iacute;ncipe extranjero podr&iacute;a garantizar m&aacute;s libertad y ciertamente m&aacute;s paz de lo que podr&iacute;a una rep&uacute;blica&rdquo;.<\/p>\n<p>Tras los descalabros del Segundo Imperio, Jos&eacute; Manuel Hidalgo y Esnaurrizar se exili&oacute; en Francia y Espa&ntilde;a, donde debido a sus enormes habilidades diplom&aacute;ticas y a su relaci&oacute;n con Maximiliano y el cargo que tuvo como embajador en el Imperio, pudo intimar con las cortes Europeas sin mucha dificultad. Juan Varela, el prol&iacute;fico escritor espa&ntilde;ol, aplaudi&oacute; sus escritos y le ayud&oacute; a publicar su primera novela <em>Las dos condesas<\/em> y despu&eacute;s <em>La sed de Oro<\/em>, la que lleg&oacute; a prologar. Dichas novelas quedaron sepultadas por el tiempo y est&aacute;n pr&aacute;cticamente desaparecidas.<\/p>\n<p>En 1892 public&oacute; <em>Las v&iacute;ctimas del chic<\/em>, dedicada a la reina de Espa&ntilde;a, Mar&iacute;a Borb&oacute;n, con quien sostuvo, al parecer, una muy &iacute;ntima amistad. Y es en el marco de esos cotilleos reales, rodeado de la aristocracia y entre el chismorreo entre condesas y duquesas, que surgi&oacute; dicha novela que hace honor a ese mundo de banalidades y vanidades. Una novela juzgada muy mal por algunos cr&iacute;ticos mexicanos y vilipendiada por otros m&aacute;s por el simple hecho de no ser un retrato de la pobreza mexicana, la dureza de la vida y el oprobio social. Sin embargo, <em>Las v&iacute;ctimas del chic<\/em> es un fascinante recorrido por la vida galante y comodina de la aristocracia. El autor era un <em>dandi<\/em>, un <em>snob <\/em>y un <em>flaneur <\/em>que poco inter&eacute;s tuvo en la lucha de clases o la tem&aacute;tica campesina. Lo suyo era Par&iacute;s, la ciudad con sus enormes palacios y los pasajes comerciales de cristal y acero de los que habla Walter Benjamin cuando describe al <em>flaneur<\/em> y la cat&aacute;strofe que se avecina por el capitalismo y la industria. Lo suyo era el mundo cosmopolita del buen vivir y el buen beber, donde el <em>chic<\/em>, es decir, la moda y sus convulsiones, el derroche y la promiscuidad, hac&iacute;an a todos v&iacute;ctimas del deseo. Una novela que, si se compara con las novelas mexicanas, est&aacute; lejos de ser una y, por el contrario, est&aacute; escrita por una pluma que bien parece europea. Una pluma despreocupada que desarrolla a sus personajes en su mundo y los expone a las consecuencias de &eacute;ste, sin un verdadero castigo o catarsis llena de dolor y sufrimiento que conduzcan a una moraleja simplona. <em>Las v&iacute;ctimas del chic<\/em> est&aacute; m&aacute;s cerca de <em>Vanity Fair<\/em>, de W.W. Thackeray, que a <em>El Zarco<\/em>, de Altamirano, y de hecho niega en s&iacute; misma todos los valores de lo que se dir&iacute;a que es &ldquo;literatura mexicana&rdquo;. &iquest;Pero es literatura mexicana? Por supuesto que s&iacute;, ya que, a pesar de todo ese oropel y barniz, muy en el fondo puede leerse a un exiliado que quiere contar a sus paisanos sobre ese mundo en el que ahora vive y se asume como un observador que trata, desde su visi&oacute;n mexicana, de plasmar un mundo que quiz&aacute; deseaba para su propio pa&iacute;s. &iquest;Es cuestionable? Por supuesto, &eacute;l deseaba que ese mundo europeo, lleno de monarcas y arist&oacute;cratas, cortesanas y palacios, se replicara en M&eacute;xico, en el Imperio que nunca fue. Y de haber sido as&iacute;, seguramente &eacute;l hubiera estado en la primera fila, listo para ser el novelista oficial. Y la Literatura mexicana hubiera sido otra cosa. &iquest;Es malo eso? No hay forma de decirlo, pero al menos Jos&eacute; Hidalgo y Esnaurrizar tuvo la delicadeza de irse y no volver jam&aacute;s, siendo consecuente con su forma de pensar, muy por el contrario de los escritores mexicanos que usaron al pueblo y su pobreza para llenarse los bolsillos. Porque ni Federico Gamboa ni L&oacute;pez Portillo y Rojas supieron nada del mundo que trataban a toda costa de retratar. Ellos, por el contrario, jam&aacute;s retrataron su vida de opulencia y excesos a costa de los erarios p&uacute;blicos, de las haciendas y la explotaci&oacute;n del pueblo empobrecido al que &ldquo;pintaban&rdquo; con sus plumas llenas de naturalismo, realismo o cualquier &ldquo;ismo&rdquo; que se le ponga. &iquest;Y el porfiriato no fue como una monarqu&iacute;a? <em>En fin, la hipotenusa&hellip; <\/em><\/p>\n<p>Al final, la literatura mexicana debe ser tomada como un conjunto m&aacute;s amplio y heterog&eacute;neo, y leer a Jos&eacute; Manuel Hidalgo y Esnaurrizar es un buen comienzo para comprender mejor el periodo. &iquest;Qu&eacute; fue de &eacute;l? Muri&oacute; en 1896, en la pobreza, despu&eacute;s del derroche de la fortuna familiar, v&iacute;ctima del <em>chic<\/em> que tanto le gustaba.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuando se habla de novelas mexicanas del siglo XIX generalmente tenemos en mente, por un lado, el tema campirano, los bandidos, el romance bueno y cristiano, el paisaje, las haciendas y las cabalgatas heroicas con enfrentamientos a balazos. Saltan nombres como Chepe Botas, El Zarco, Juan Robre&ntilde;o, Ant&oacute;n P&eacute;rez y muchos m&aacute;s que est&aacute;n ya [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":136,"featured_media":1537,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[2],"tags":[],"class_list":["post-1536","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-ensayo"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1536","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/users\/136"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1536"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1536\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/media\/1537"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1536"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1536"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1536"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}