{"id":1522,"date":"2023-01-31T04:07:57","date_gmt":"2023-01-31T04:07:57","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2023\/01\/31\/deseos-de-corderos-y-globos\/"},"modified":"2023-01-31T04:07:57","modified_gmt":"2023-01-31T04:07:57","slug":"deseos-de-corderos-y-globos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/gorilas-en-trova\/deseos-de-corderos-y-globos\/","title":{"rendered":"Deseos de corderos y globos"},"content":{"rendered":"<p>La infancia es naturalmente irreverente. Querido lector, &iquest;Conoce Usted a alg&uacute;n ni&ntilde;o que no se r&iacute;a de las tonter&iacute;as ajenas y propias? &iquest;Usted de qui&eacute;n se burlaba cuando cursaba el k&iacute;nder o la primaria?<\/p>\n<p>Los adultos lo saben. Sus cosas, logros y deseos provocan la risa de los peque&ntilde;os, empero no comprenden el por qu&eacute;, desde su perspectiva o fantas&iacute;a, una persona &ldquo;grande&rdquo; suele incurrir en una serie de actitudes o costumbres carentes de sentido o de orden; por el contrario, est&aacute;n convencidos de que aquellos son los subversivos.<\/p>\n<p>En <em>El Principito<\/em>, de Antoine Saint-Exup&eacute;ry, el narrador describe un dibujo que elabor&oacute; a la edad de seis a&ntilde;os, identificado por los mayores como un &ldquo;sombrero&rdquo; aplastado, aunque se trataba de una boa en cuya panza se hallaba un inmenso elefante.<\/p>\n<p>Decepcionado, dej&oacute; sus inquietudes art&iacute;sticas y se refugi&oacute; de lleno en el trabajo de piloto aviador. Fue precisamente en el desierto cuando, estando un poco desesperado &mdash;por hallarse a kil&oacute;metros de cualquier poblaci&oacute;n y sin posibilidades de recibir auxilio&mdash;, de repente un p&aacute;rvulo rubio, vestido de manera curiosa, le solicit&oacute; dibujara para &eacute;l un corderito.<\/p>\n<p>A pesar de la sorpresa, atendi&oacute; la demanda de El Principito. Despu&eacute;s de varios fracasos, decide entregarle la figura de una caja con ventanitas redondas, asegur&aacute;ndole: dentro est&aacute; el cordero.<\/p>\n<p>Para su asombro, El Principito acepta feliz al animalito &mdash;que el lector no ve&mdash;, la caja con ventanas y un lazo diminuto para atarlo, a fin de que no fuera a comerse a su Rosa.<\/p>\n<p>Antoine Saint-Exup&eacute;ry, piloto aviador y escritor franc&eacute;s, al contar las aventuras del aeronauta y de El Principito proveniente de un asteroide muy, muy lejano, expone c&oacute;mo dos miradas distintas logran converger; no obstante, el rechazo que de sus dibujos hac&iacute;a el solicitante.<\/p>\n<p>&iquest;Cu&aacute;l es el dato que inclin&oacute; al piloto aviador a acercarse a la imaginaci&oacute;n del venido de tan lejos?<\/p>\n<p>Nada m&aacute;s y nada menos que &mdash; con la intenci&oacute;n inicial de quit&aacute;rselo de encima&mdash;, al presentarle su &ldquo;famoso&rdquo; dibujo del sombrero aplastado, recibir la r&eacute;plica m&aacute;s espont&aacute;nea, nunca antes prevista:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&ldquo;&ndash;&iexcl;No, no! No quiero un elefante dentro de una serpiente. La serpiente es muy peligrosa y el elefante ocupa mucho sitio. En mi tierra todo es muy pequenito. Necesito un cordero.<\/p>\n<p>&iexcl;Por favor, pintame un cordero!&#8230;&rdquo;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Desde luego, la amistad surgida entre los personajes no impidi&oacute; que El Principito &mdash;como todo inocente&mdash;, diera su opini&oacute;n y se riera un poco del piloto:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&ldquo;El principito, que siempre insist&iacute;a con sus preguntas, no parec&iacute;a o&iacute;r las m&iacute;as&hellip;, cuando distingui&oacute; por vez primera mi avi&oacute;n (no dibujar&eacute; mi avi&oacute;n, por tratarse de algo demasiado complicado para m&iacute;) me pregunt&oacute;:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&ldquo;&mdash;&iquest;Qu&eacute; cosa es esa?<\/p>\n<p>&mdash;<strong><em>Esa <\/em><\/strong>no es una cosa. Es un avi&oacute;n, vuela. Es <strong><em>mi <\/em><\/strong>avi&oacute;n.<\/p>\n<p>Me sent&iacute; orgulloso al decir que mi avi&oacute;n volaba. El entonces grit&oacute;:<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;C&oacute;mo! &iquest;Has ca&iacute;do del cielo? &mdash;S&iacute; &mdash;le dije modestamente. &mdash;&iexcl;Ah, es curioso!&rdquo;<\/p>\n<p>Y lanz&oacute; una graciosa carcajada que de momento me irrit&oacute; pues me gusta que mis desgracias se tomen en serio. Despu&eacute;s a&ntilde;adi&oacute;:<\/p>\n<p>&mdash;Entonces &iquest;t&uacute; tambi&eacute;n vienes del cielo? &iquest;De cu&aacute;l planeta?<\/p>\n<p>Esa peque&ntilde;a luz ilumin&oacute; un poco el misterio y le pregunt&eacute;:<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;T&uacute;&#8230; vienes de otro planeta?<\/p>\n<p>No me respondi&oacute;; solo mov&iacute;a lentamente la cabeza examinando detenidamente mi avi&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;En <strong><em>esto <\/em><\/strong>no creo que puedas venir de muy lejos&rdquo;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Para algunos, la actitud de El Principito podr&iacute;a ser irrespetuosa, ya que al mofarse del avi&oacute;n desvelar&iacute;a su falta de obediencia y consideraci&oacute;n hacia los adultos, a la alta jerarqu&iacute;a de estos, si bien<strong> <\/strong>est&eacute;n afirmando un &ldquo;orgullo&rdquo; que hace m&aacute;s eco de su ego que de la realidad.<\/p>\n<p>Se puede presumir que, si el Principito viene del espacio sideral, un avi&oacute;n derribado, sin buena tecnolog&iacute;a, con pocas posibilidades de reparaci&oacute;n, no es motivo de ninguna clase de satisfacci&oacute;n, sino m&aacute;s bien de arrogancia.<\/p>\n<p>Mas el piloto evidencia su amplia competencia para coincidir con la mirada del ingenuo cr&iacute;o, capaz de manifestar sus pensamientos y de compartir su alegr&iacute;a sin ning&uacute;n temor; y sin que ninguno de los dos se sienta ofendido.<\/p>\n<p>Pero, &iquest;todos los chicos tienen esa posibilidad?<\/p>\n<p>En el cuento &ldquo;El Globo&rdquo;, de la autora Isol, la protagonista &mdash;una ni&ntilde;a llamada Camila&mdash;, se enfrenta con una se&ntilde;ora que le grita a todos y a todo, incluso a los objetos.<\/p>\n<p>La mujer vocifera a los perros porque ladran; a los p&aacute;jaros porque trinan; a la mesa porque le estorba; a la puerta porque est&aacute;; y a su hija porque&hellip;<\/p>\n<p>&iquest;Por qu&eacute; motivo una madre le grita a su reto&ntilde;o?<\/p>\n<p>Porque pide un dibujo imposible, porque quiere un helado, porque no hace la tarea, porque quiere jugar, porque est&aacute; jugando, porque quiere un piloto que la invite a volar junto con El Principito.<\/p>\n<p>Los ni&ntilde;os tienden a suponer muchas cosas como ciertas; otras como verdaderas, y unas m&aacute;s como v&aacute;lidas para salir del estr&eacute;s en que se encuentran; por eso inventan las bromas.<\/p>\n<p>&iquest;Conoce a alguno que, al ver pasar a un maestro gordo de panza notoria, lade&aacute;ndose de un lado al otro, no lo renombre, &ldquo;el barco&rdquo; o &ldquo;el pez globo&rdquo;? &iquest;O que al observar a su maestra con cabestrillo en el brazo derecho y collar&iacute;n en el cuello, no cae en la tentaci&oacute;n de hacer guasa mientras apuesta respecto a qu&eacute; mote le quedar&iacute;a mejor, &ldquo;Robotina&rdquo;, de la serie &ldquo;Los supers&oacute;nicos&rdquo;; o &ldquo;Andrew&rdquo;, m&aacute;s bien, &ldquo;Andy&rdquo;, de la pel&iacute;cula &ldquo;El hombre bicentenario&rdquo;?<\/p>\n<p>Sin embargo, no todos pueden seguirles la chanza, adoptar la estrategia del piloto de Saint-Exup&eacute;ry y comprender al mundo. Ni pensar en la posibilidad de responder a sus &ldquo;inc&oacute;modas&rdquo; preguntas:<\/p>\n<p>&iquest;Por qu&eacute; si El Principito viene de otro planeta eligi&oacute; al piloto para hablar con &eacute;l?<\/p>\n<p>&iquest;Puedo tener un avi&oacute;n? Mam&aacute;, &iquest;podr&iacute;as llevarme al planeta de El Principito en este momento?<\/p>\n<p>&iquest;T&uacute; tambi&eacute;n vas a morir alg&uacute;n d&iacute;a?<\/p>\n<p>Ante lo cual, hacen lo mismo que la mam&aacute; de Camila en &ldquo;El Globo&rdquo;: gritan.<\/p>\n<p>En ambas historias, los h&eacute;roes &mdash;sin querer&mdash; ponen contra las cuerdas a los adultos. Simult&aacute;neamente, buscan la construcci&oacute;n de una materialidad distinta a la que los lastima, a trav&eacute;s de las palabras y de los dibujos.<\/p>\n<p>Antoine Saint-Exup&eacute;ry ilustra su obra, <em>El Principito<\/em>, con dibujos hechos por &eacute;l mismo, pintados con acuarelas; representando al sombrero aplastado, a la boa con un elefante en su interior; adem&aacute;s, agrega varios corderitos y la caja con agujeros al modo de ventanas.<\/p>\n<p>Por su parte, Marisol Misenta, mejor conocida como Isol &mdash;escritora, ilustradora y cantante argentina&mdash;, en &ldquo;El Globo&rdquo;, no s&oacute;lo ilustra sino que perfecciona la historia al mostrar los gritos y, luego, un globo rojo mucho m&aacute;s grande que Camila, a&ntilde;adiendo y contando una paralela y complementaria de la referida con palabras; es decir, se est&aacute; ante un &aacute;lbum ilustrado.<\/p>\n<p>Si Usted fuera Camila, y su madre le gritara igual que al perro, a la mesa y a la puerta, y pudiera formular un deseo, &iquest;qu&eacute; pedir&iacute;a, querido lector?<\/p>\n<p>Como sea, lo que acontece en el relato y en el cuento est&aacute; reservado para los ojos de quien los lea.<\/p>\n<p>Entretanto, recuerde dos cosas: no siempre se puede tener todo. Y, hay que tener cuidado con lo que se desea porque pudiera convertirse en realidad; verbigracia, tener por compa&ntilde;ero un hermoso y enorme globo rojo.<\/p>\n<p>Como siempre, Usted, querido lector, tiene la &uacute;ltima palabra.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La infancia es naturalmente irreverente. Querido lector, &iquest;Conoce Usted a alg&uacute;n ni&ntilde;o que no se r&iacute;a de las tonter&iacute;as ajenas y propias? &iquest;Usted de qui&eacute;n se burlaba cuando cursaba el k&iacute;nder o la primaria? Los adultos lo saben. 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