{"id":1514,"date":"2023-01-24T03:34:52","date_gmt":"2023-01-24T03:34:52","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2023\/01\/24\/lewis-carroll-como-precursor-de-freud\/"},"modified":"2023-01-24T03:34:52","modified_gmt":"2023-01-24T03:34:52","slug":"lewis-carroll-como-precursor-de-freud","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/kaos\/lewis-carroll-como-precursor-de-freud\/","title":{"rendered":"Lewis Carroll como precursor de Freud"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right;\"><em>Quisiera decir lo que me parece como la correlaci&oacute;n m&aacute;s eficaz para situar a Lewis Carroll: es la &eacute;pica de la era cient&iacute;fica<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Jacques Lacan (Homenaje a Lewis Carroll<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El 27 de enero de 1832 nace en Daresbury, Reino Unido, Charles Lutwidge Dogson, un di&aacute;cono anglicano, l&oacute;gico, matem&aacute;tico, y fot&oacute;grafo con una mirada profunda. Quiz&aacute; el nombre no nos diga nada, sin embargo, alcanz&oacute; fama mundial a partir de su seud&oacute;nimo: Lewis Carroll y sus obras <em>Alicia en el pa&iacute;s de las maravillas<\/em>, <em>Alicia a trav&eacute;s del espejo<\/em> y <em>Lo que Alicia encontr&oacute; ah&iacute;.<\/em><\/p>\n<p>La historia de <em>Alicia en el pa&iacute;s de las maravillas<\/em> es, por mucho, inquietante y fascinante. Charles Lutwidge Dogson es un personaje que mantiene una relaci&oacute;n sumamente cercana con la ni&ntilde;a Alicia Liddell y sus dos hermanas. Las visitaba con frecuencia llevando consigo un malet&iacute;n lleno de juguetes y ellas quedaban fascinadas con las historias que les contaba. Entre las hermanitas Liddell hab&iacute;a una que era su preferida: Alicia. El psicoanalista franc&eacute;s Jacques Lacan, en 1931, brinda un homenaje al escritor y dir&aacute; que Lewis Carroll se hace un servidor de la peque&ntilde;a Alicia, ella es el objeto que &eacute;l dibuja. Es por ella que el reverendo y matem&aacute;tico se hace escritor de literatura infantil, quiz&aacute;s el precursor del g&eacute;nero. Es la forma en que Lewis Carroll sublima una pasi&oacute;n amorosa, hace de este goce proscrito una creaci&oacute;n por la v&iacute;a de la literatura.<\/p>\n<p>Se cuenta que el reverendo Lewis paseaba con frecuencia con Alicia y sus dos hermanitas, y en una de estas excursiones las hermanas Liddell pidieron a Carroll que les contara una aventura. Nuestro escritor invent&oacute; la historia colocando a Alicia como la protagonista. &Eacute;l invent&oacute; la historia y ella, Alicia, le pidi&oacute; que la escribiera. <em>Alicia en el pa&iacute;s de las maravillas<\/em> es, entonces, la respuesta a una demanda y, como bien sabemos, toda demanda es una demanda de amor. No s&oacute;lo narra oralmente el cuento que ha inventado, sino que, a insistencia de la ni&ntilde;a Alicia, lo escribe y publica con sus propios medios. El libro se public&oacute; en 1865 y tuvo de inmediato un enorme &eacute;xito. Lacan destacar&aacute; que obra de Carroll, no sin consecuencias, es contempor&aacute;nea, por tanto, de <em>El <\/em><em>origen de las especies<\/em> de Charles Darwin.<\/p>\n<p>Mucho se ha discutido sobre la afici&oacute;n que Carroll ten&iacute;a para con los ni&ntilde;os, generalmente eran ni&ntilde;os y ni&ntilde;as los modelos de su arte fotogr&aacute;fico. Sin duda alguna, en nuestros d&iacute;as nadie dudar&iacute;a en tratarlo como un pederasta, sin embargo, considero un error extrapolar las valoraciones. En su &eacute;poca no hab&iacute;a pr&aacute;cticamente nada que impidiera, ni legal ni moralmente, la convivencia incluso amorosa, entre adultos y ni&ntilde;os.<\/p>\n<p>En las obras literarias de Carroll se cristalizan las pasiones del reverendo Dogson; la l&oacute;gica, las matem&aacute;ticas, la fotograf&iacute;a y lo infantil. Lacan destaca la satisfacci&oacute;n &mdash;alegr&iacute;a&mdash; con la cual Lewis Carroll hace juegos con el lenguaje, cadenas asociativas e incluso neologismos. El mismo autor se ubica como el personaje del Dodo, un ave tartamuda que organiza &ldquo;una carrera loca y una larga historia&rdquo;; al tartamudear, se nombra en ese nombre que ha dejado: <em>do-do,<\/em> repetici&oacute;n de la primera s&iacute;laba del nombre del reverendo Dogson. De Alicia podemos destacar el lugar que Lewis Carroll le da a su pulsi&oacute;n destacando la curiosidad de la ni&ntilde;a que no se agota, al igual que sus deseos de aventura. Tambi&eacute;n destaca la pulsi&oacute;n ligada al cuerpo que la llevan a comer y beber sustancias que alteran su percepci&oacute;n corporal.<\/p>\n<p>En el &uacute;ltimo trayecto de la ense&ntilde;anza de Lacan, el lenguaje adquiere una nueva dimensi&oacute;n. Se destaca ahora el elemento <em>real<\/em> anterior a cualquier ordenamiento formal, elemento conocido como la <em>lalengua<\/em>. Ese primer encuentro con el lenguaje donde priva el ritmo: ah&iacute; habitan los sonidos del lenguaje que se imponen a su sentido. En la trama de <em>Alicia en el pa&iacute;s de las maravillas<\/em> la Duquesa le dice, por ejemplo: &ldquo;cuida del sentido y el sonido cuidar&aacute; de s&iacute; mismo&rdquo;. Muestra que el sonido, el ritmo podr&iacute;a decirse, funciona por s&iacute; mismo, es el goce del lenguaje sin que el sujeto intervenga imponiendo un sentido. Ocurre tambi&eacute;n en el di&aacute;logo con el sombrerero loco, donde encontramos el ritmo ahora referido al tiempo: &ldquo;&mdash;&iexcl;Ah, eso lo explica todo! &mdash;dijo el Sombrerero&mdash;. El tiempo no tolera que le den palmadas&rdquo;.<\/p>\n<p>El ritmo, tanto en la experiencia cl&iacute;nica como en Alicia, impone el sinsentido, <em>el nonsense<\/em>, eso que escapando a la l&oacute;gica introduce un sentido in&eacute;dito, incluso un contrasentido, que en sentido estricto no es sino otro sentido, por ejemplo: caminar en sentido opuesto para aproximarse. La funci&oacute;n a la que se apunta en el <em>sinsentido <\/em>es desarticular sentidos como lo hace Carroll de manera extraordinaria. En el seminario 23, dedicado a Joyce, Lacan nos muestra que el hablante, el hablante-ser como le llama, goza del lenguaje con su cuerpo. Alicia juega con su cuerpo, en ella, sus dimensiones, sus extensiones, el misterio del ser se ci&ntilde;e a la extra&ntilde;eza del cuerpo. Es ella misma, pero al mismo tiempo se desconoce.<\/p>\n<p>Jacques Lacan inventa un neologismo para mencionar esta condici&oacute;n y habla de lo <em>&eacute;xtimo<\/em>, es decir, la vivencia de sentir algo &iacute;ntimo a la vez que completamente externo. Ya Freud nos hablaba de lo ominoso para referirse a la emergencia de lo extra&ntilde;o en lo m&aacute;s propio. En el cap&iacute;tulo V de <em>Alicia en el pa&iacute;s de las maravillas<\/em>, a partir del <em>consejo de una Oruga<\/em>, se produce la pregunta por el ser: <em>&iquest;qui&eacute;n eres t&uacute;?<\/em> Y Alicia responde: &ldquo;<em>Pues&hellip; pues creo que en este momento no lo s&eacute;, se&ntilde;ora&hellip; s&iacute; s&eacute; qui&eacute;n era cuando me levant&eacute; esta ma&ntilde;ana; pero he debido de cambiar varias veces desde entonces<\/em>&rdquo; y, un poco m&aacute;s adelante contin&uacute;a Alicia: <em>&ldquo;me temo que no se lo puedo explicar con m&aacute;s claridad; porque, para empezar, yo misma no consigo entenderlo; y el cambiar de tama&ntilde;o tantas veces en un d&iacute;a es muy desconcertante<\/em>&rdquo;<\/p>\n<p>Lewis Carroll elev&oacute; la dignidad de la infancia a una experiencia que no quedaba reducida a la ilusoria inocencia infantil. Y esto, hay que decirlo, antes de Freud. Lewis es precursor de Freud. Si bien la historia de Alicia se despliega como una gran ficci&oacute;n, un sue&ntilde;o, algo que pertenece al mundo de la fantas&iacute;a, territorio de fantas&iacute;a que hace litoral con la realidad. El efecto que consigue Carroll anuda la realidad y la ficci&oacute;n. El pen&uacute;ltimo p&aacute;rrafo del cuento evoca la enso&ntilde;aci&oacute;n de la hermana de Alicia tras escuchar todas esas aventuras:<\/p>\n<p>&ldquo;As&iacute; que sigui&oacute; sentada con los ojos cerrados, y medio convencida de que estaba en el Pa&iacute;s de las Maravillas; aunque sab&iacute;a que no ten&iacute;a m&aacute;s que abrirlos otra vez para que todo volviese a ser insulsa realidad: la yerba susurrar&iacute;a por el viento tan s&oacute;lo, y el agua chapotear&iacute;a con el balanceo de las ca&ntilde;as&hellip; el tintineo de las tazas se convertir&iacute;a en el ta&ntilde;ido de los cencerros de las ovejas, y los gritos estridentes de la Reina en las voces del pastorcillo&hellip; Y el estornudo del beb&eacute;, el alarido del Grifo y dem&aacute;s ruidos extra&ntilde;os, se transformar&iacute;an (lo sab&iacute;a) en el clamor confuso del ajetreado corral de la granja, mientras que el mugido del ganado, a lo lejos, sustituir&iacute;a a los hondos sollozos de la Falsa Tortuga&rdquo;.<\/p>\n<p>Lewis Carroll es un autor que entrelaza la creaci&oacute;n literaria con la l&oacute;gica por estar implicado con ambas. El so&ntilde;ador y el l&oacute;gico, Lacan se&ntilde;ala esta divisi&oacute;n como necesaria para la realizaci&oacute;n de la obra, en donde no habla de sexo, tema prohibido para la subjetividad victoriana, pero no deja de hablar de eso en el erotismo. El sexo no s&oacute;lo est&aacute; presente en la narraci&oacute;n, sino que transborda en la equivocidad de los juegos de lenguaje que sirven de veh&iacute;culo, al mismo tiempo, a la ideolog&iacute;a victoriana y a su subversi&oacute;n.<\/p>\n<p>Pocas d&eacute;cadas despu&eacute;s de que Carroll publicara su <em>Alicia<\/em>, el psicoan&aacute;lisis vino a hablar del sexo y a conceptuarlo justamente como aquello que huye al encuadramiento establecido por toda l&oacute;gica. Parti&oacute; de la noci&oacute;n de desv&iacute;o y ampli&oacute; la sexualidad a lo exc&eacute;ntrico del cuerpo. Al tratar abiertamente el sexo como aberraci&oacute;n, se contribuy&oacute; mucho a abrir v&iacute;as a un discurso sobre el sexo y lo er&oacute;tico, tanto en el campo de la ciencia como en la producci&oacute;n de nuevas condiciones subjetivas de creaci&oacute;n en las artes. Estas cuestiones no dejan de ser tambi&eacute;n las cuestiones vivas, tanto en la obra como en la vida, del reverendo Charles L. Dodgson, amante de los <em>juegos verbales <\/em>y de las paradojas, de las fotos y de las ni&ntilde;as.<\/p>\n<p>Lacan mencionaba que, si tuviera que aconsejar un libro de introducci&oacute;n para los psicoanalistas de ni&ntilde;os, antes que cualquiera de los libros de Piaget, aconsejar&iacute;a la obra de Lewis Carroll, en particular <em>Alicia en el Pa&iacute;s de las Maravillas,<\/em> dado que en ese libro se capta el fundamento de la experiencia de los ni&ntilde;os con los juegos de lenguaje y, principalmente el valor, y la incidencia de falta de sentido que eso implica.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Quisiera decir lo que me parece como la correlaci&oacute;n m&aacute;s eficaz para situar a Lewis Carroll: es la &eacute;pica de la era cient&iacute;fica Jacques Lacan (Homenaje a Lewis Carroll &nbsp; El 27 de enero de 1832 nace en Daresbury, Reino Unido, Charles Lutwidge Dogson, un di&aacute;cono anglicano, l&oacute;gico, matem&aacute;tico, y fot&oacute;grafo con una mirada profunda. [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":100,"featured_media":1515,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[21],"tags":[],"class_list":["post-1514","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-kaos"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1514","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/users\/100"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1514"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1514\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/media\/1515"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1514"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1514"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1514"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}