{"id":1496,"date":"2023-01-17T03:36:50","date_gmt":"2023-01-17T03:36:50","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2023\/01\/17\/solo-el-amor-y-lo-monstruoso\/"},"modified":"2023-01-17T03:36:50","modified_gmt":"2023-01-17T03:36:50","slug":"solo-el-amor-y-lo-monstruoso","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/kaos\/solo-el-amor-y-lo-monstruoso\/","title":{"rendered":"Solo el amory lo monstruoso"},"content":{"rendered":"<p>Portada: Fotograma de la pel&iacute;cula <em>Frankenstein<\/em> (1931), dirigida por James Whale. (Foto v&iacute;a Fundaci&oacute;n John Kobal\/Getty Images)<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>s&oacute;lo el amor permite al goce condescender al deseo.<\/em><\/p>\n<p>Jacques Lacan<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>S&oacute;lo el amor convierte en milagro el barro<\/em><\/p>\n<p>Silvio Rodr&iacute;guez<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En 1919 Sigmund Freud, el inventor del psicoan&aacute;lisis, escribe un texto extraordinario llamado <em>Lo ominoso<\/em>. Se refiere a ese extra&ntilde;o afecto que se nos presenta cuando algo de lo familiar deviene extra&ntilde;o, siniestro. Ah&iacute;, Freud se referir&aacute; a la novela de E. T. A. Hoffmann, <em>Los elixires del diablo<\/em>, donde destaca diversos motivos de efecto ominoso o siniestro, como la presencia de &ldquo;dobles&rdquo;, es decir, una personalidad que, por identificaci&oacute;n, es co-poseedora del saber, del sentir y del vivenciar de quien lo vive. Freud nos indica que es Otto Rank quien estudia a fondo la cuesti&oacute;n del doble, refiri&eacute;ndose a la propia imagen vista en el espejo y con la sombra. Rank se&ntilde;ala como probable que el poder del doble sea una &ldquo;energ&eacute;tica desmentida del poder de la muerte&rdquo;, dir&aacute; que el &ldquo;alma inmortal&rdquo; es el primer <em>doble<\/em> del cuerpo.<\/p>\n<p>Estas representaciones como el doble o &ldquo;la sombra&rdquo; nacen del primitivo amor a s&iacute; mismo o narcisismo primario. Con la superaci&oacute;n de esta fase cambia el signo del doble: de un seguro de supervivencia (&ldquo;el alma inmortal&rdquo;) pasa a ser el mensajero de la muerte. Escribe Freud: &ldquo;El doble ha devenido una figura terror&iacute;fica del mismo modo como los dioses, tras la ruina de la religi&oacute;n, se convierten en demonios&rdquo;.<\/p>\n<p>El anhelo de inmortalidad corresponder&iacute;a entonces a ese momento infantil del narcisismo primario, es ah&iacute; donde se crea la figura del doble (<em>alter ego<\/em>) como garant&iacute;a de supervivencia que, sin embargo, deviene en presencia terror&iacute;fica, en un emisario que anuncia muerte.<\/p>\n<p><strong>I<\/strong><\/p>\n<p>El mito de Frankenstein fue creado en 1818 por una jovencita, Mary Shelley, para responder as&iacute; al reto que Lord Byron le hace durante una reuni&oacute;n con amigos en una fr&iacute;a noche en pleno romanticismo. En su novela, <em>Frankenstein o el moderno Prometeo<\/em> (que ha sido considerada como la primera novela de ciencia ficci&oacute;n), Mary Shelley narra la historia de V&iacute;ctor Frankenstein, un estudiante de medicina que se encuentra obsesionado por los secretos del cielo y la tierra. Su genial y alborotada inteligencia lo mantiene absorto en una febril interrogaci&oacute;n sobre &ldquo;la misteriosa alma del hombre&rdquo;. El joven estudiante dedica su tiempo a la creaci&oacute;n de un cuerpo hecho partir de retazos de cad&aacute;veres que recoge en el cementerio (no lo hace al azar, escoge los restos de los muertos &ldquo;bien nacidos&rdquo;). Terminada su creaci&oacute;n, con una chispa el&eacute;ctrica (obvia analog&iacute;a de la &ldquo;chispa divina&rdquo;) infunde vida a su hechura. Durante la novela, su creaci&oacute;n es llamada &ldquo;ser demoniaco&rdquo;, &ldquo;horrendo hu&eacute;sped&rdquo; o &ldquo;la criatura&rdquo;.<\/p>\n<p>Lo ominoso aparece cuando el joven estudiante siente horror ante el ser que ha creado, al que le ha dedicado tantas horas de trabajo y estudio, es decir, lo que le es m&aacute;s familiar. Huye de su laboratorio aterrado y, al regresar, el monstruo ha desaparecido. Se siente aliviado. Pero ocurre que el monstruo, al salir del laboratorio, experimenta el horror y el rechazo de los humanos y aparecen en &eacute;l sentimientos de odio y un deseo de venganza. M&aacute;s tarde, el Dr. V&iacute;ctor Frankenstein se entera de la muerte de su peque&ntilde;o hermano William y, lo peor, sabe que su creaci&oacute;n est&aacute; detr&aacute;s de la muerte de su amado hermano. Despu&eacute;s de perseguir y dialogar con su creaci&oacute;n, el monstruo le dice que para calmar su sed de venganza le tendr&aacute; que crear una compa&ntilde;era. Apela al amor como aquello que calmar&iacute;a su sed de muerte. No deja de resonar con esto el aforismo del psicoanalista Jacques Lacan que aqu&iacute; aparece de ep&iacute;grafe: &ldquo;s&oacute;lo el amor permite al goce condescender al deseo&rdquo;.<\/p>\n<p>Para cerrar, quisiera destacar aqu&iacute; dos hechos que se encuentran en concordancia con la idea del doble y lo ominoso: uno, el esp&iacute;ritu eugenista que motiva la creaci&oacute;n del alter ego y, tambi&eacute;n, sin duda, deja ver los afanes de &ldquo;mejorar la raza&rdquo; de la autora (o los autores, porque se dice que la novela es escrita por Mary Shelley y su esposo, Percy Shelley), es decir, ah&iacute; donde se espera una &ldquo;<em>raza mejor<\/em>&rdquo; aparece lo monstruoso; y, dos, el hecho de que a lo largo de la narraci&oacute;n el monstruo no tiene nombre, s&oacute;lo la historia hace el trabajo de identificar a la criatura con el nombre de su creador el Dr. Frankenstein, haciendo a la criatura y su creador un mismo ser. Con su creaci&oacute;n, autoengendramiento propiamente dicho, el estudiante alcanzar&iacute;a lo que anhela todo sujeto: la identidad, la pretendida unidad del individuo, superar la divisi&oacute;n subjetiva que se ubica como fuente de todos los conflictos, en una palabra, se alcanzar&iacute;a as&iacute; el ideal de &ldquo;ser uno mismo&rdquo;; sin embargo, emerge el &ldquo;<em>enemigo de s&iacute; mismo<\/em>&rdquo;, el costado monstruoso.<\/p>\n<p><strong>II<\/strong><\/p>\n<p>Otra novela, <em>Dr&aacute;cula<\/em>, de Bram Stoker, fue escrita en 1897. Se trata del paradigma del &ldquo;muerto viviente&rdquo; o &ldquo;no muerto&rdquo;, &ldquo;el inmortal&rdquo;. Inspirada en la vida del Conde Vlad IV, quien llev&oacute; por nombre Vlad Drculea y fue m&aacute;s conocido como Vlad el Empalador o Vlad Tepes. En realidad, se trata de una leyenda que jam&aacute;s fue contada, es decir, una leyenda que no es reconocida en Rumania como propia de su tradici&oacute;n.<\/p>\n<p>Se trata de un mito literario, una ficci&oacute;n. Oscar Wilde dijo que era &ldquo;tal vez la m&aacute;s bella novela de todos los tiempos&rdquo;. Sabemos que la caracter&iacute;stica esencial del vampiro es la inmortalidad producto de la ingesta de sangre humana. El vampiro encarna el sue&ntilde;o, el deseo de inmortalidad que habita en el inconsciente de cada sujeto, como nos ense&ntilde;a Freud. Sin embargo, por estar con una vida, aunque incierta, Dr&aacute;cula, encarnaci&oacute;n m&iacute;tica del vampiro, no puede ser sin el otro, requiere la sangre del otro para mantenerse en su calidad de &ldquo;no muerto&rdquo;.<\/p>\n<p>Varias son las caracter&iacute;sticas del personaje de la novela de Bram Stoker, pero todas ellas se mantienen en la l&iacute;nea que va de la sexualidad al amor y la muerte, y el punto de conexi&oacute;n de estas instancias es el erotismo. En las primeras p&aacute;ginas, Dr&aacute;cula se muestra como un seductor y amable conde que recibe en su castillo g&oacute;tico al abogado Jonathan Harker, pero poco a poco el conde va dejando ver a la bestia de maldad pura que le habita. Carente de empat&iacute;a, el vampiro de Stoker se mueve animado por la pura pulsi&oacute;n (pulsi&oacute;n de muerte, dir&iacute;a Freud), no come ni bebe (s&oacute;lo &ldquo;succiona&rdquo; sangre, se trata de una evidente fijaci&oacute;n oral), es un ser de la noche. Duerme en un ata&uacute;d lleno de tierra de cementerio, como quien regresa cada d&iacute;a a la &ldquo;madre tierra&rdquo;. Mantiene potestad sobre algunos animales, como los fieros lobos que le obedecen, d&oacute;ciles ante &eacute;l. Muestra caracter&iacute;sticas que lo acercan al perverso que goza engendrando pensamientos malignos en los dem&aacute;s, destruyendo as&iacute; la voluntad de su hu&eacute;sped.<\/p>\n<p>En el siglo XX el cine se encarg&oacute; de hacer de Dr&aacute;cula el mito m&aacute;s reconocido de los no muertos y en algunas versiones, como la interpretaci&oacute;n que hace Bela Lugoci (Tod Browning, 1931), se presenta como arist&oacute;crata, alto y delgado, de perfil aguile&ntilde;o, con mirada penetrante y sonrisa siniestra, ambas hipn&oacute;ticas. Se muestra exento de colmillos, y sin temor a la luz del d&iacute;a. Su caracter&iacute;stica sobresaliente es la manera enigm&aacute;tica en que se acerca a los lechos (a los pechos) para chupar la sangre con una sed insaciable.<\/p>\n<p>La pulsi&oacute;n oral orienta la vida del vampiro, as&iacute; como el <em>infant<\/em> (el que no habla) se alimenta por la v&iacute;a de la succi&oacute;n; para el vampiro no hay otra forma de alimentarse: para ambos la forma de alimentarse es de una voracidad y voluptuosidad incontenible, quiz&aacute; tambi&eacute;n como lo hacen los animales. Por lo tanto, el vampiro retorna en realidad a esa condici&oacute;n infantil que lo ubica en el yo-ideal freudiano, nunca despegado del todo de la &ldquo;madre tierra&rdquo;, ese estado de nirvana que para Freud es una vuelta al estado inorg&aacute;nico o de reposo absoluto, tendencia de la pulsi&oacute;n de muerte.<\/p>\n<p>El vampiro es una figura paradigm&aacute;tica del no muerto que genera fascinaci&oacute;n y horror al mismo tiempo, encarna los anhelos e ideales m&aacute;s presentes en cada sujeto. Su signo es lo er&oacute;tico, con un deslumbrante poder sexual y de seducci&oacute;n, pero al mismo tiempo, melanc&oacute;lico, se muestra imposibilitado para amar. En Dr&aacute;cula, como con Frankenstein, tambi&eacute;n se produce una trasformaci&oacute;n (humanizaci&oacute;n) por la v&iacute;a del amor con Mina y Lucy: &ldquo;s&oacute;lo el amor permite al goce condescender al deseo&rdquo;.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Portada: Fotograma de la pel&iacute;cula Frankenstein (1931), dirigida por James Whale. (Foto v&iacute;a Fundaci&oacute;n John Kobal\/Getty Images) &nbsp; s&oacute;lo el amor permite al goce condescender al deseo. 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