{"id":1488,"date":"2023-01-10T03:54:04","date_gmt":"2023-01-10T03:54:04","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2023\/01\/10\/el-golem-y-lo-ominoso\/"},"modified":"2023-01-10T03:54:04","modified_gmt":"2023-01-10T03:54:04","slug":"el-golem-y-lo-ominoso","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/kaos\/el-golem-y-lo-ominoso\/","title":{"rendered":"El Golem y lo Ominoso"},"content":{"rendered":"<p><em>Portada: fotograma de la pel&iacute;cula <\/em>El Golem<em> (1920), dirigida por Paul Wegener y Carl Boese, basada en la novela hom&oacute;nima de Gustave Meyrink.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Sigmund Freud escribe <em>De guerra y muerte<\/em> en 1915, con el horror de la Primera Guerra Mundial encima. Ah&iacute; se muestra conmovido por los acontecimientos b&eacute;licos y dice: &ldquo;La muerte propia no se puede concebir. Tan pronto intentamos hacerlo podemos notar que en verdad sobrevivimos como observadores [&hellip;] en el fondo, nadie cree en su propia muerte, o lo que viene a ser lo mismo, en el inconsciente cada uno est&aacute; convencido de su inmortalidad.&rdquo; Esta postura de inmortalidad en el inconsciente ser&iacute;a el motor que hist&oacute;ricamente ha llevado a la creaci&oacute;n de ficciones que, en diferentes &eacute;pocas y lugares, hablan de &ldquo;los muertos vivientes&rdquo; o los &ldquo;no muertos&rdquo;.<\/p>\n<p>Las fabulaciones, leyendas y mitos sobre la posibilidad de la <em>no muerte<\/em> juegan con la idea de inmortalidad que Freud nos dice habita en el inconsciente, donde la muerte no tiene cabida. El vampiro, el Zombi, el <em>Yo, robot<\/em> de Asimov, Frankestein, los Tulpas y el Golem son algunas de las encarnaciones de los no muertos.<\/p>\n<p>Esta suspensi&oacute;n entre la vida y la muerte ha sido alimentada en todos los tiempos. La mueve el anhelo de retornar a la m&iacute;tica armon&iacute;a entre ambas instancias, siempre generando a la vez horror y fascinaci&oacute;n; estos dos estados del ser que parecen incompatibles pero resultan afines, por lo menos en el inconsciente. Se trata de <em>Eros<\/em> y <em>T&aacute;natos <\/em>coincidiendo por fin en seres melanc&oacute;licos que <em>viven la muerte<\/em>.<\/p>\n<p>Sabemos que la muerte, la propia muerte, no se puede representar. Eso es lo que plantea Freud, lo cual no quiere decir que no pueda intentar representarse. Se juega con ello cuando se habla de <em>vida despu&eacute;s de la vida<\/em> e incluso en la idea de inmortalidad. Por ello hay arte f&uacute;nebre; se ve el anhelo de inmortalidad en la construcci&oacute;n de sarc&oacute;fagos o efigies de madera o piedra, o tambi&eacute;n con preparaci&oacute;n del cad&aacute;ver, para poder vivir en otro momento o dimensi&oacute;n. Se trata de una investidura imaginaria que se sostiene en el anhelo de trascendencia.<\/p>\n<p>Si consideramos que la muerte es una irrupci&oacute;n radical en la vida (eros), la ficci&oacute;n buscar&iacute;a resarcir esta ruptura (trauma), buscar&iacute;a reestablecer la pretendida armon&iacute;a perdida, la reuni&oacute;n de eros y la muerte danzando. Incluso la imagen m&aacute;s terrible, lo siniestro por excelencia, ser enterrados vivos en estado de catalepsia, tiene en el origen la fantas&iacute;a de vivir en el vientre materno, el retorno a lo familiar.<\/p>\n<p>En 1919 Freud escribe <em>Lo ominoso<\/em> (<em>Das Unheimliche<\/em>), y nos dice ah&iacute; que &ldquo;Lo <em>Ominoso <\/em>es aquella variedad de lo terror&iacute;fico que se remonta a lo consabido de antiguo, a lo familiar desde hace largo tiempo&rdquo;; y se pregunta: &ldquo;&iquest;c&oacute;mo es posible que lo familiar devenga ominoso, terror&iacute;fico?&rdquo; Como ocurre con la muerte que, siendo lo m&aacute;s cercano a todos los seres humanos, se nos muestra como lo m&aacute;s ajeno. As&iacute; ocurre con los aut&oacute;matas o mu&ntilde;ecos inanimados donde la distancia entre la vida y la muerte se ve rebasada. Quiz&aacute; tambi&eacute;n esta imposibilidad de representarnos nuestra propia muerte ha alimentado la fantas&iacute;a de ser dioses y tener potestad sobre la muerte. La mitolog&iacute;a, la alquimia, la literatura, e incluso la ciencia, permiten dar lugar a la fantas&iacute;a de inmortalidad, la propia y la de las personas amadas, y tambi&eacute;n permite crear los monstruos m&aacute;s terribles y fascinantes.<\/p>\n<p><em>El Golem<\/em> es una novela de Gustav Meyrink que lleva como subt&iacute;tulo <em>Pesadilla en el Gueto de Praga<\/em>. Borges menciona que es el primer libro que ley&oacute; en alem&aacute;n y le conmocion&oacute;. Pero, &iquest;qu&eacute; es el Golem? Una leyenda, el <em>Hyle<\/em>, o la materia que a&uacute;n no ten&iacute;a una forma definida, seg&uacute;n la tradici&oacute;n hebrea. El creador de este <em>hyle<\/em> es el rabino Jud&aacute; Loew ben Bezalel, el &ldquo;Maharal&rdquo;. Seg&uacute;n la leyenda, un grupo de estudiantes, o un rabino, interesados de la C&aacute;bala crean un monstruo de arcilla, con aspecto semejante al hombre, al que le dan vida grabando en la frente la palabra <em>Emeth<\/em> (<em>Verdad<\/em>). La criatura puede ser desactivada quitando la primera letra, dej&aacute;ndola bajo el poder del <em>Meth<\/em> (<em>la muerte<\/em>). Su creador, tambi&eacute;n conocido como Jud&aacute; Le&oacute;n, tiene el buen cuidado de eliminar la primera letra todos los s&aacute;bados por la noche, es decir, dejarlo inerte. Hasta que en un momento comete un olvido y la creatura debiendo estar inerte (muerta) &ldquo;cobra vida&rdquo; y se rebela.<\/p>\n<p>De esta historia podemos encontrar eco en otras igual de fascinantes y terribles, siniestras. Por ejemplo, <em>Frankestein<\/em> de Mary Shelley, donde tambi&eacute;n la creatura escapa al control de su creador, el Dr. Frankenstein. Tambi&eacute;n existen, en este sentido, los <em>tulpas<\/em> tibetanos. Dentro del budismo tibetano, un <em>tulpa<\/em> es un <em>Vajrayana<\/em>, es decir, &ldquo;una entidad espiritual creada por el pensamiento&rdquo;. Seg&uacute;n Walter Evans, el <em>tulpa <\/em>se crea a trav&eacute;s de la visualizaci&oacute;n clara, intensa y sostenida de un objeto o entidad; los yoguis o los lamas tibetanos pueden crear y deshacer <em>tulpas<\/em> a voluntad. En algunos casos los <em>tulpas<\/em> pueden adquirir vida propia, tendiendo siempre al mal, a corromperse, pero para que puedan operar requieren que se crea en ellos.<\/p>\n<p>Si atendemos lo que dice Borges en los primeros versos de su poema &ldquo;El Golem&rdquo;: &ldquo;Si (como afirma el griego en el Cratilo) \/ el nombre es el arquetipo de la cosa \/ en las letras de &lsquo;rosa&rsquo; est&aacute; la rosa \/ y todo el Nilo en la palabra &lsquo;Nilo&rsquo;. Y, hecho de consonantes y vocales, habr&aacute; un terrible Nombre, \/ que la esencia cifre de Dios y que la omnipontencia guarde en letras y s&iacute;labas cabales&rdquo;. El Golem encierra la verdad y la muerte. Est&aacute; vivo como portador de la verdad, y muerto cuando su nombre cambia retir&aacute;ndole la primera letra.<\/p>\n<p>Este no-muerto, <em>El Golem<\/em> de Gustav Meyrink, es en alg&uacute;n sentido el alter ego, el doble de su autor, quien a principios de 1891 era un banquero de Praga, interesado en la navegaci&oacute;n y el ascenso social, muchas veces por la v&iacute;a de la conquista de j&oacute;venes nobles. Al final de ese a&ntilde;o sufre un colapso nervioso e intenta suicidarse. Su vida se vuelve una intensa b&uacute;squeda de s&iacute; mismo: fuma hach&iacute;s, hace ayuno, yoga, se cuida de no dormir, bebe goma ar&aacute;biga para tener visiones, las tiene muchas veces. La investigaci&oacute;n esot&eacute;rica lo salva para adentrarse, m&aacute;s tarde, al estudio de la C&aacute;bala, la filosof&iacute;a hind&uacute; y el budismo; con eso y sus visiones alimenta su creaci&oacute;n del Golem.<\/p>\n<p>La novela llevar&iacute;a en principio el nombre de <em>El jud&iacute;o eterno<\/em>. El autor lo pens&oacute; primero en una obra de teatro de marionetas, ese arte de mover figuras de forma humana pero sin vida, los t&iacute;teres que eran una fascinaci&oacute;n para el autor a partir de la intensa amistad con su amigo el titiritero Teschner.<\/p>\n<p>El Golem se rebela a morir, permanece en condici&oacute;n de <em>Verdad<\/em> (del deseo, dir&iacute;amos) y as&iacute; hace realidad lo que habr&iacute;a en el inconsciente de todo sujeto: representa la fascinaci&oacute;n y el horror de lo familiar que deviene extra&ntilde;o, comparte las caracter&iacute;sticas de lo Ominoso o lo siniestro seg&uacute;n ense&ntilde;a Freud.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Portada: fotograma de la pel&iacute;cula El Golem (1920), dirigida por Paul Wegener y Carl Boese, basada en la novela hom&oacute;nima de Gustave Meyrink. &nbsp; Sigmund Freud escribe De guerra y muerte en 1915, con el horror de la Primera Guerra Mundial encima. 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