{"id":1468,"date":"2022-12-20T04:02:45","date_gmt":"2022-12-20T04:02:45","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2022\/12\/20\/el-santo-de-las-tolderias-el-lirio-de-las-pampas\/"},"modified":"2022-12-20T04:02:45","modified_gmt":"2022-12-20T04:02:45","slug":"el-santo-de-las-tolderias-el-lirio-de-las-pampas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/ensayo\/el-santo-de-las-tolderias-el-lirio-de-las-pampas\/","title":{"rendered":"El santo de las tolderas, el lirio de las pampas"},"content":{"rendered":"<p>Miembro de la oligarqu&iacute;a terrateniente, descendiente de prohombres de la historia nacional, Sara Gallardo se sinti&oacute; sin embargo una desclasada, errante y peregrina, un perro refugiado en la cuneta que sufri&oacute; penurias y olvidos, como los sufri&oacute; su obra hasta que pudimos valorarla como uno de los hitos m&aacute;s originales de la literatura argentina del siglo XX. Hija del historiador Guillermo Gallardo, nieta del naturalista &Aacute;ngel Gallardo y tataranieta de Bartolom&eacute; Mitre, se cri&oacute; inmersa en la clase social que dirigi&oacute; la naci&oacute;n desde 1880. Enamorada del paisaje de los confines, el de los campos a&uacute;n salvajes e improductivos de propiedad familiar en los que pas&oacute; largas temporadas en su infancia, signada por el asma que finalmente se la llev&oacute;, convierte en escenario de todos sus relatos la &ldquo;Am&eacute;rica salvaje, imposible de catequizar&rdquo;. Ese es el territorio de casi todas mis historias, dijo. Un pa&iacute;s en el que el humo cubre todo y lo vuelve fant&aacute;stico o fantasmag&oacute;rico.<\/p>\n<p>En su libro <em>El pa&iacute;s del humo<\/em>, una serie de relatos breves se llama <em>Las treinta y tres mujeres del Emperador Piedra Azul<\/em>.<\/p>\n<p>Piedra azul era el nombre del gran Calfucura, de quien se dice que en el pa&iacute;s de las lluvias (la actual zona de Temuco, en Chile) so&ntilde;&oacute; con cruzar la cordillera (en una gesta sanmartiniana en sentido inverso) y conquistar la pampa y la Patagonia para confederar a todas sus tribus. Dicen tambi&eacute;n que, para encontrarse con su sue&ntilde;o, el cacique dorm&iacute;a y dorm&iacute;a y que ni sus mujeres pod&iacute;an estarle cerca para no escuchar las palabras delatoras que a veces se pronuncian durante el sue&ntilde;o.<\/p>\n<p>Su hijo, Namuncura (Pie de piedra), fue junto a su padre conductor de la Confederaci&oacute;n Ind&iacute;gena. Se rindieron en 1893 y fueron confinados, con los pocos sobrevivientes de su pueblo, en Chimpay, actual R&iacute;o Negro.<\/p>\n<p>Un hijo de Namuncura, cuyo nombre era Peque&ntilde;o pie de piedra, es aquel a quien conocemos como Ceferino Namuncura, el lirio de las pampas.<\/p>\n<p>Veo en un libro una foto de archivo de la Escuela de Artes y Oficios Pio IX, en la que est&aacute;n Ceferino y Monse&ntilde;or Cagliero, subidos a una tarima presidida por la efigie de Don Bosco. Debajo la fecha: Buenos Aires, 1898, el ni&ntilde;o con una expresi&oacute;n candorosa luce una escarapela con la que lo han premiado en un concurso de memorizaci&oacute;n del Reglamento del Alumno Salesiano. Monse&ntilde;or lo toma de la mano y mira a la c&aacute;mara mostrando orgulloso al ni&ntilde;o indio, redimido del pecado de ser indio, aceptado ya por dios.<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/wp-content\/uploads\/Foto_1_742804931e.jpg\" alt=\"\" \/><\/p>\n<p>Ceferino Namuncura naci&oacute; en una fecha imprecisa, probablemente en el a&ntilde;o 1886, y muri&oacute; en 1905, cuando ten&iacute;a alrededor de dieciocho a&ntilde;os. Nadie lo recuerda por su nombre original.<\/p>\n<p>Naci&oacute; en Chimpay, hijo del cacique y de una cautiva blanca, y ah&iacute; vivi&oacute; hasta el ingreso a la Escuela Salesiana de Artes y Oficios, y despu&eacute;s pas&oacute; al Colegio San Francisco de Sales de Viedma a realizar cursos para el ingreso a la carrera sacerdotal. De ah&iacute; a Buenos Aires, donde pas&oacute; por varios internados salesianos y, en agosto de 1904, a Italia, para ser presentado al Papa y comenzar estudios en el Colegio Salesiano de Villa Sora, Frascati. Muri&oacute; un a&ntilde;o despu&eacute;s de llegar a Italia. Muri&oacute; solo, de tuberculosis, en un hospital de la isla San Bartolom&eacute;, sobre el rio T&iacute;ber.<\/p>\n<p>Poco m&aacute;s se sabe de &eacute;l y menos puede ser probado. Su leyenda y su santidad son obra de miles de argentinos, en su mayor&iacute;a pobres, que aguardan su canonizaci&oacute;n, dice la cartilla de un comedor popular de La Plata de 1975.<\/p>\n<p>Para la catequizaci&oacute;n de la Patagonia, m&aacute;s all&aacute; de la l&iacute;nea que indicaba el ingreso a territorio ind&iacute;gena, era necesario un santo que surgiera de entre los indios, como una extensi&oacute;n de las acciones del ej&eacute;rcito de Roca. Lo eligieron a &eacute;l, a Ceferino, el heredero. Llega a Buenos Aires y nada era como en sus pagos, ni las palabras ni las cosas, dice Manuel G&aacute;lvez.<\/p>\n<p>Calfucura, dice la leyenda, hab&iacute;a prohibido que sus s&uacute;bditos adoptaran la escritura, ese invento del enemigo. Namuncura, su sucesor, encomend&oacute; que uno solo de sus hermanos la aprendiese para poder parlamentar con los militares blancos, pero Ceferino, el nieto en la derrota, aprende a leer y a escribir como si en eso se le fuera la vida. Si la casa de su abuelo era el desierto y la del padre la huida de los blancos, la suya parece ser los libros religiosos en la lengua del invasor.<\/p>\n<p>Un ni&ntilde;o nimbado por la salud precaria y el fervor divino, el que debi&oacute; ser cacique, el heredero, el conductor de su pueblo, capturado como ni&ntilde;o santo, indio profeta, para ser sacerdote y probar la grandeza salesiana.<\/p>\n<p>Su padre, que hab&iacute;a sido primero el terror de los blancos, se hab&iacute;a rendido despu&eacute;s por consejo de la iglesia cat&oacute;lica, para convertirse en un hombre confundido e indefenso. En alg&uacute;n momento pareci&oacute; sospechar que la educaci&oacute;n que le daban los salesianos a su hijo era ya demasiada y mand&oacute; a su hermano y esp&iacute;a a visitar al ni&ntilde;o en el colegio San Francisco de Sales, en Viedma, donde este estaba haciendo un curso preparatorio para entrar al seminario.<\/p>\n<p>Si para matar al indio que hab&iacute;a en &eacute;l se necesitaba sumisi&oacute;n, para matar al sucesor de la Araucan&iacute;a se necesitaba la burocracia cat&oacute;lica. Dicen que el padre llega solo y sin int&eacute;rprete y recorre las catorce instituciones salesianas de Capital Federal en las que el hijo se va escondiendo, refugiando o siendo llevado. Dicen que lleg&oacute; hasta donde estaba el hijo y grit&oacute; Namuncura para que el hijo escuchara la voz de la sangre y que el hijo pregunt&oacute;: &iquest;Qu&eacute;, padre? y los sacerdotes entendieron no que hablaba con su padre, sino con el Dios padre.<\/p>\n<p>Ceferino, el santo de la tolder&iacute;a, el lirio de las pampas, el de la vida perfecta. El que se aferr&oacute; tanto a los catecismos que empezaron a considerarlo santo y terminaron llev&aacute;ndolo a ver al Papa, a la gran casa del dios de los blancos. El indiecito que pronto se enferma o agrava de la tuberculosis que ya ten&iacute;a. El mismo que intentan repatriar, devolver a la tribu y al lugar donde naci&oacute; y &mdash;para conservar la imagen de eficacia de las misiones&mdash; reemplazar por otro de ellos. Pero antes que eso suceda el Peque&ntilde;o Pie de Piedra, el nieto del gran Calfucura, muere de tisis, solo, soltada la mano de todos, all&aacute; en un hospital extranjero.<\/p>\n<p>Una maldici&oacute;n tehuelche dice: Cuando nos mates a todos, oh enemigo, cu&iacute;date del p&aacute;jaro y del r&iacute;o, y del viento y del agua: eso tambi&eacute;n somos nosotros.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Miembro de la oligarqu&iacute;a terrateniente, descendiente de prohombres de la historia nacional, Sara Gallardo se sinti&oacute; sin embargo una desclasada, errante y peregrina, un perro refugiado en la cuneta que sufri&oacute; penurias y olvidos, como los sufri&oacute; su obra hasta que pudimos valorarla como uno de los hitos m&aacute;s originales de la literatura argentina del [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":139,"featured_media":1469,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[2],"tags":[],"class_list":["post-1468","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-ensayo"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1468","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/users\/139"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1468"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1468\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/media\/1469"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1468"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1468"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1468"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}