{"id":1466,"date":"2022-12-20T04:00:07","date_gmt":"2022-12-20T04:00:07","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2022\/12\/20\/que-miras-messi\/"},"modified":"2022-12-20T04:00:07","modified_gmt":"2022-12-20T04:00:07","slug":"que-miras-messi","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/cronica\/que-miras-messi\/","title":{"rendered":"Qu mirs, Messi?"},"content":{"rendered":"<p>Uno siente la sangre de la vida en las venas por d&iacute;as como hoy, cuando una final de Copa del Mundo est&aacute; a punto de darte un infarto.<\/p>\n<p>Sal&iacute; tarde de casa para alcanzar a mis amigos en las quekas, donde ya desayunaban mientras el partido estaba en el primer tiempo. Ellos, mis amigos, son cubanos, Lourdes y Karel, pero m&aacute;s que mis amigos son mis hermanos (hermanos furiosos y entra&ntilde;ables). Lou le va a la Argentina desde ni&ntilde;a porque su abuela apoyaba a la albiceleste y le transmiti&oacute; esa pasi&oacute;n cuando ve&iacute;an los partidos por la televisi&oacute;n. Karel le va a Argentina (aunque dice que no le gusta el soccer) porque ama a Lourdes. Yo le voy a los xeneises desde el noventa, cuando M&eacute;xico no fue a la justa mundialista celebrada en Italia y los sudamericanos se hicieron mi segunda patria, teniendo a Maradona como su gran l&iacute;der. Llor&eacute; el d&iacute;a que perdieron la final de aquel a&ntilde;o contra Alemania. Yo ten&iacute;a 10 a&ntilde;os de edad.<\/p>\n<p>M&eacute;xico siempre ser&aacute; mi prioridad, pero estamos lejos de ser competitivos para ganar una copa del mundo de mayores, aunque no nos ha ido mal en juveniles, tanto de mujeres como de hombres.<\/p>\n<p>Llegu&eacute; a ellos y ya hab&iacute;a cervezas en la mesa. Beb&iacute;amos y com&iacute;amos como osos hormigueros, yo m&aacute;s que ellos. Ya iba ganando Argentina con gol de penal anotado por Messi &mdash;dicen que no se deb&iacute;a haber marcado&mdash;; luego lleg&oacute; el segundo, por Di Mar&iacute;a, una construcci&oacute;n matem&aacute;tica, art&iacute;stica, tecnol&oacute;gica dise&ntilde;ada por dioses que le saben a eso de jugar al futbol. La Argentina le estaba pasando por encima a una de las Francias m&aacute;s competitivas de la historia, al mejor equipo del torneo. As&iacute; pasaron 75 minutos de juego y cre&iacute;mos que el gane estaba en las manos en medio de un lugar atestado de mexicanos que apoyaban a Francia, ol&iacute;a a frustraci&oacute;n, yo ol&iacute;a a la miel del triunfo.<\/p>\n<p>Ocurri&oacute; lo impensable, el posible inicio de una tragedia: Juana de Arco entr&oacute; en el alma de los franchutes y Mbap&eacute; empat&oacute; el juego a nada del final del tiempo regular, todo con m&aacute;s fuego en la piel que con orden. Luego el mismo melodrama en el tiempo extra, Messi anot&oacute; el gol que tuvo que ser revisado para ser validado. Me par&eacute; para celebrar y ah&iacute; estaba en mi pierna, poco abajo del muslo, una posible embolia, la sangre concentr&aacute;ndose en un punto focal del cuerpo y causando un hormigueo del horror. No quise decir nada en ese momento. Me sent&eacute; y empec&eacute; a respirar con calma, trat&eacute; de relajarme, esa embolia era el alcohol, los desvelos, la angustia de haber terminado una tesis de maestr&iacute;a que me dej&oacute; a dos cent&iacute;metros de la locura. Esa embolia era, tambi&eacute;n, la emoci&oacute;n de ver por primera vez a Messi levantar una copa del mundo. Est&aacute;bamos a diez minutos. Me seren&eacute; y me dije a m&iacute; mismo: no te vas a morir hoy, pibe. Gobern&eacute; las emociones y trastornos que quer&iacute;an dominar mi cuerpo y recuper&eacute; el aliento, los gritos para alentar a la Argentina, ese nido de Diego Cocca, el director t&eacute;cnico que le dio dos t&iacute;tulos a mi Atlas despu&eacute;s de 70 a&ntilde;os de sequ&iacute;a. &iquest;C&oacute;mo no amarte Diego, Cocca y Maradona? (No es un afortunado juego de palabras, s&iacute;). La Argentina de los poetas que habitan en mi <em>Furiosa<\/em>, mi m&aacute;s reciente libro: Cort&aacute;zar, Borges, Pizarnik, Gelman, Peri Rossi, Girondo. La Argentina de amigos entra&ntilde;ables que he abrazado y querido tanto.<\/p>\n<p>Francia lo volvi&oacute; hacer, nos quer&iacute;a arruinar la fiesta con el mejor, m&aacute;s brillante y combativo enemigo, otra vez Kylian Mbap&eacute;, un monstruo de estirpe militar que anot&oacute; un penal a nada de cerrar el segundo tiempo extra. Qu&eacute; bueno que la posible embolia se hab&iacute;a ido. Ese juego no lo era, parec&iacute;a m&aacute;s una guerra para mantener en tierra firme a la raz&oacute;n y evitar que nuestras bestias se devoraran entre s&iacute;. Una mesera pas&oacute; y dijo: &ldquo;mira c&oacute;mo se transforman&rdquo;. La euforia silbaba rapaz en el ambiente. Los paisanos gritaron como en tempestad el gol de Francia, hab&iacute;a varios poblanos. El general Ignacio Zaragoza se habr&iacute;a vuelto a morir si hubiese visto aquello, el l&iacute;der que hab&iacute;a expulsado a los galos de la angel&oacute;polis con un aguerrido grupo de zacapoaxtlas en el cerro de Loreto hace ya tanto tiempo.<\/p>\n<p>Estaba viendo el segundo partido m&aacute;s emotivo de mi vida, el primero fue la final que Atlas le gan&oacute; a Le&oacute;n el a&ntilde;o pasado. Francia fall&oacute; dos penales y Dibu Martinez, el portero xeneise, se volvi&oacute; el art&iacute;fice de uno de los triunfos m&aacute;s &eacute;picos de nuestro continente contra los colonizantes europeos (l&eacute;ase esto &uacute;ltimo con tono sarc&aacute;stico).<\/p>\n<p>Mi amiga Lourdes empez&oacute; a llorar y la abrac&eacute; y a Karel, les bes&eacute; sus chirimollas. En esta vida, s&iacute;, la felicidad es posible y no tiene nacionalidad. El Messias levant&oacute; su trofeo m&aacute;s anhelado. P&oacute;des ir en paz.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Uno siente la sangre de la vida en las venas por d&iacute;as como hoy, cuando una final de Copa del Mundo est&aacute; a punto de darte un infarto. Sal&iacute; tarde de casa para alcanzar a mis amigos en las quekas, donde ya desayunaban mientras el partido estaba en el primer tiempo. 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