{"id":1462,"date":"2022-12-20T03:58:19","date_gmt":"2022-12-20T03:58:19","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2022\/12\/20\/mi-impotencia-decembrina\/"},"modified":"2022-12-20T03:58:19","modified_gmt":"2022-12-20T03:58:19","slug":"mi-impotencia-decembrina","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/desde-el-sur\/mi-impotencia-decembrina\/","title":{"rendered":"Mi impotencia decembrina"},"content":{"rendered":"<p><em>&ldquo;Ellos celebran la Nochebuena,<\/em><\/p>\n<p><em>que s&oacute;lo lo ser&aacute; para m&iacute; tambi&eacute;n<\/em><\/p>\n<p><em>si logro desanudar mi garganta,<\/em><\/p>\n<p><em>lo cual es improbable.&rdquo;<\/em><\/p>\n<p>Alejandra Pizarnik<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Despu&eacute;s que el sol evapor&oacute; hasta la &uacute;ltima gota del mes de noviembre, como siempre pasa, otra vez lleg&oacute; diciembre con sus m&uacute;ltiples rostros dolorosos, con su atm&oacute;sfera enrarecida, para despu&eacute;s partir. No s&eacute; por qu&eacute; diciembre es iluminado por tantas luces artificiales y falso esp&iacute;ritu de fiesta, si no termin&oacute; ninguna de las guerras y lo peor es que aumentaron las peque&ntilde;as batallas de baja intensidad, raqu&iacute;ticas, mal nutridas, pero cuantiosas.<\/p>\n<p>El a&ntilde;o estuvo contagiado y el obituario repleto de p&eacute;rdidas irreparables. Ahora todos quieren pensar que empezar&aacute; todo otra vez: nuevo, bonito, limpio, abundante, sano, pac&iacute;fico y etc&eacute;tera y etc&eacute;tera&hellip; Infinitos etc&eacute;teras poblando un mundo enfermo y la melancol&iacute;a sale a la calle con los labios pintados de rojo carmes&iacute;, con sus ojos grandes y tristes; con su ternurita estrujada en el bolsillo, como si fuera un pa&ntilde;uelo desechable. Ella busca silencio en su mente y encuentra hambre de ser y dolor: todo el dolor de las injusticias del mundo y otras penas. Lo peor es que no existe nadie que borre tantos pecados del mundo ni que pueda borrar nuestros pecados. Tampoco hay hostias para la comuni&oacute;n.<\/p>\n<p>Lleg&oacute; diciembre impunemente. Las guerras siguen. Tengo atragantada alguna pena que naci&oacute; en aquella madrugada de 1964, cuando el aire se acababa porque la horca que oprim&iacute;a era suave y pegajosa, pero estaba cada vez m&aacute;s apretada&hellip; Pod&iacute;a haber sido m&aacute;s simple: morir, apenas morir para no ver tantos diciembres atropell&aacute;ndome, atropell&aacute;ndote, atropell&aacute;ndonos&hellip; No hubiera sentido la angustia ante el mundo ni experimentado la angustia por el tiempo. No hubiera estado inmersa en la monta&ntilde;a de recuerdos ni atrapada en el eterno presente. En alg&uacute;n momento, en un lugar impreciso, escuch&eacute; o le&iacute; que el tiempo es siempre la misma cosa, pero que tambi&eacute;n es otra cosa; que el tiempo es la multiplicaci&oacute;n incoercible de lo real.<\/p>\n<p>Mundo ruidoso, me pregunto: &iquest;Es mi culpa? Dijiste que te queda muy poco tiempo de vivir. Tiempo: angustia. Tiempo: miedo. Tiempo: r&aacute;pido. Tiempo: diciembre. No s&eacute; nada. Afuera la guerra y adentro las batallas peque&ntilde;as y las otras. La angustia se hace infinitamente franca como la vida. Es dolorosa la perplejidad ante la diversidad. Uno se da cuenta que el mundo es vac&iacute;o, amenazador, hostil e infunde temor.<\/p>\n<p>Me di cuenta de que Pablo Arturo est&aacute; m&aacute;s viejo. Ahora se queda m&aacute;s callado, duerme m&aacute;s. Seguramente la muerte lo esp&iacute;a, &eacute;l percibe y recuerda los d&iacute;as de luz, cuando saltaba feliz en cualquier lugar. Me saluda con m&aacute;s ternura, as&iacute; como quien se despide y piensa que los suyos no saben ni se dan cuenta de la decadencia que se instala, quiz&aacute; sea el ejemplo m&aacute;s claro de la distancia entre lo real y lo ideal.<\/p>\n<p>Cuando el reloj marque las 12 horas de la noche, muchos pensar&aacute;n que acab&oacute; todo, que empezar&aacute; todo otra vez. Como no fumo, no tendr&eacute; c&oacute;mo disfrazar mis suspiros. Maldigo las horas perdidas, la hora de todos y, del mismo modo, reniego de la tonta que mira al otro lado&hellip; Recuerdo las palabras de A. Pizarnik: &ldquo;Alma querida: si estuvieras, si me dijeras, si vinieras, si me salvaras.&rdquo; Es solo un recuerdo, porque yo s&eacute; que no hay salvaci&oacute;n. Lo irremediable es siempre sin salida.<\/p>\n<p>El A&ntilde;o Nuevo llegar&aacute; con sus falsas promesas y no salvar&aacute; a nadie porque no hay cambios y las guerras siguen. Las personas har&aacute;n lo de siempre. La pirotecnia causara algunas muertes, mucho dolor a muchos ni&ntilde;os y animales. No les importar&aacute;, a ellos no importa c&oacute;mo se sienten los otros. Me averg&uuml;enzo, con esa verg&uuml;enza ajena que se suma a mi impotencia decembrina. Los proyectos y planes se perder&aacute;n en la inundaci&oacute;n de los d&iacute;as, hasta el pr&oacute;ximo diciembre, cuando todo est&eacute; ahogado y vuelvan a imaginar que todo recomenzar&aacute;. Es el eterno retorno.<\/p>\n<p>Melod&iacute;as, sidra, guerra, pan, leche y sangre. Es siempre as&iacute;, las sonrisas y las l&aacute;grimas cristalizadas poblando cada doloroso diciembre. Nadie dice nada de las palabras acumuladas, de las palabras sumergidas, de las palabras ahogadas, apenas repiten maquinalmente, a cada diciembre: &iexcl;Felices fiestas! Las p&aacute;ginas repiten las viejas historias del tiempo que fue siempre as&iacute;, plagado de rostros dolorosos en espera de que se muera la muerte.<\/p>\n<p>Estoy muy molesta: la guerra, diciembre y te mueres sin hablarme nada. La enfermedad crece en ti y no quieres decirme nada. Es ins&oacute;lito e inveros&iacute;mil que tengas tantas maneras de ser cruel. No acepto otra agon&iacute;a. Te ir&aacute;s brutalmente como cada diciembre. &iexcl;Adi&oacute;s!<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&ldquo;Ellos celebran la Nochebuena, que s&oacute;lo lo ser&aacute; para m&iacute; tambi&eacute;n si logro desanudar mi garganta, lo cual es improbable.&rdquo; Alejandra Pizarnik &nbsp; Despu&eacute;s que el sol evapor&oacute; hasta la &uacute;ltima gota del mes de noviembre, como siempre pasa, otra vez lleg&oacute; diciembre con sus m&uacute;ltiples rostros dolorosos, con su atm&oacute;sfera enrarecida, para despu&eacute;s partir. 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