{"id":1452,"date":"2022-12-13T04:10:17","date_gmt":"2022-12-13T04:10:17","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2022\/12\/13\/el-dentista-y-el-junco\/"},"modified":"2022-12-13T04:10:17","modified_gmt":"2022-12-13T04:10:17","slug":"el-dentista-y-el-junco","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/tinta-insomne\/el-dentista-y-el-junco\/","title":{"rendered":"El dentista y el junco"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right;\"><em>&ldquo;He crecido, pero sigo manteniendo una relaci&oacute;n muy narcisista con los libros. Cuando un relato me invade, cuando su lluvia de palabras cala en m&iacute;, cuando comprendo de forma casi dolorosa lo que cuenta, cuando tengo la seguridad &mdash;&iacute;ntima, solitaria&mdash; de que su autor ha cambiado mi vida, vuelvo a creer que yo, especialmente yo, soy la lectora a quien ese libro andaba buscando.&rdquo;<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Conservar la cordura en tiempos arduos se ha vuelto un menester que nos obliga a echar mano del cine, la m&uacute;sica o las letras. Por las fechas en que el sem&aacute;foro estaba ya se&ntilde;alando que pod&iacute;amos salir con m&aacute;s libertad a las calles, cuando los cines anunciaban la promesa de comenzar a abrir y los restaurantes ten&iacute;an aforo del treinta al cincuenta por ciento de ocupaci&oacute;n, compr&eacute; el libro <em>El infinito en un junco<\/em>. Semanas solitarias se fueron acumulando como los libros que esperaban, sobre la mesa, a ser le&iacute;dos. La demora parec&iacute;a indefinida, pero muchas veces las lecturas nos llegan de manera involuntaria.<\/p>\n<p>Sobre el ergon&oacute;mico sill&oacute;n dental reposa mi cuerpo. El dentista introduce una sonda en forma de hoz para buscar huecos en el esmalte donde la caries ha hecho de las suyas. Mientras el odont&oacute;logo mueve el carro de instrumental buscando un espejo para la revisi&oacute;n, la luz de la potente l&aacute;mpara llega de golpe. Cierro los ojos y evito pensar en la incomodidad y el temor de visitar el consultorio dental. Rememoro la escena de <em>El n&aacute;ufrago<\/em> donde Chuck Noland, interpretado por Tom Hanks, se extrae una muela da&ntilde;ada con el cuchillo de un pat&iacute;n de hielo y una piedra. Frente a esas im&aacute;genes debo agradecer tener a un profesional hurgando mis dientes. Tambi&eacute;n pienso en la frase <em>Vae victus<\/em> (&iexcl;Ay de los vencidos!): el dolor y la sangre de los derrotados tras la batalla que los convertir&aacute; en el bot&iacute;n de guerra, esclavitud segura. Pienso en el combate cuerpo a cuerpo y el temor de enfrentarse en el campo de batalla. Intento olvidar el simple dolor de una muela.<\/p>\n<p>En el cap&iacute;tulo &ldquo;El &eacute;xito de las palabras d&iacute;scolas&rdquo;, de <em>El infinito en un junco<\/em>, Irene Vallejo menciona a Arqu&iacute;loco, hijo bastado de un griego noble y una esclava b&aacute;rbara que enfrent&oacute; al destino aceptado de los hombres de su &eacute;poca a trav&eacute;s de las palabras &ldquo;El escudo que arroj&eacute; a mi pesar en un arbusto, una pieza excelente, ahora lo blande un tracio. Pero salv&eacute; el pellejo. &iquest;Qu&eacute; me importa ese escudo? Que se pierda. Otro tan bueno me comprar&eacute;&rdquo;. El soldado dispuesto a la pelea prefiere escribir poes&iacute;a, se&ntilde;alar con sus versos el anhelo y el amor por la vida; el guerrero que va a morir en batalla comprende que el &eacute;xito es un espejismo del que no se debe de fiar, no hay nada mejor que la vida. &ldquo;Nadie, despu&eacute;s de muerto, es honrado por sus paisanos. Preferimos, vivos, la alabanza de los vivos&rdquo;. Es natural que en la utop&iacute;a de <em>La Rep&uacute;blica<\/em> se anule a los poetas porque no dan bueno ejemplo de valor, como lo hacen Homero y Hes&iacute;odo, al expresar en sus versos el miedo a la muerte, &ldquo;algo que inquieta a Plat&oacute;n ya que, en su opini&oacute;n, se debe procurar que los j&oacute;venes mueran gustosamente en la batalla&rdquo;.<\/p>\n<p>El dolor de mi muela contin&uacute;a. No soy guerrero ni tengo escudo, pero si lo tuviera seguro lo arrojar&iacute;a. Mientras el experto hace su trabajo, me indica que ser&aacute; m&aacute;s de una consulta y me explica el proceso de trabajo de las siguientes citas. Yo acepto sin alegar. S&eacute; de antemano c&oacute;mo ocupar los minutos previos en las citas. Los tiempos de espera deben ser aprovechados y con gusto pienso en el libro de Irene Vallejo. Cada minuto de espera en el consultorio se colma de las numerosas descripciones hist&oacute;ricas de Vallejo y su relaci&oacute;n con los libros. El recorrido que nos propone en m&aacute;s de cuatrocientas p&aacute;ginas de delicados ensayos inicia con un grupo de jinetes que pasan aventuras en busca no de oro ni joyas o mujeres, sino de libros. El viaje de la autora contin&uacute;a con Alejandro Magno, la admiraci&oacute;n que ten&iacute;a por la Il&iacute;ada y los cambios que realiz&oacute; en cada lugar que conquist&oacute; en sus a&ntilde;os de batalla y que son determinantes para expandir su mundo de cultura. La creaci&oacute;n de la biblioteca de Alejandr&iacute;a surge como un anhelo de contener todo el conocimiento del mundo, como s&iacute;mbolo de poder y como el ferviente deseo de conservar en la memoria los relatos m&iacute;ticos. El lenguaje es trascendental, punto de referencia que nos distingue de los animales, en tanto la escritura y la lectura son elementos indispensables en la civilizaci&oacute;n humana. Sin la escritura no se guardar&iacute;a la memoria de nuestra propia existencia social e individual. <em>El infinito en un junco<\/em> nos asalta a cada instante con esa importancia y trascendencia de los libros.<\/p>\n<p>Me acomodo en el sill&oacute;n, el dentista me termina de colocar para hacer m&aacute;s manejable su trabajo. Minutos despu&eacute;s siento la aguja que busca el nervio sensitivo y pone el anest&eacute;sico. Me sondea con el instrumental, halla, raspa, limpia. Escucho el sonido del taladro, una leve molestia. Cierro los ojos, las gafas negras no cubren toda la luz de la l&aacute;mpara; s&oacute;lo siento el calor que se disipa sobre mi rostro, mi mente se bloquea ante la incomodidad y el ingr&aacute;vido dolor. Repaso en mi mente los p&aacute;rrafos que reci&eacute;n le&iacute; sobre los primeros bardos y juglares, sus ejercicios con palabras, las alas otorgadas en cada ejecuci&oacute;n, lo ef&iacute;mero de su arte. La poes&iacute;a oral como un milagro que se repite siempre de manera original y &uacute;nica, cada melod&iacute;a tiene sus variantes en las presentaciones, palabra viva sobre lo aprendido. Un poema oral es lengua traviesa &mdash;como la m&iacute;a que se mueve al sentir el instrumental que coloca el dentista&mdash;, incluso a&uacute;n dicho de memoria tiene sus propias variaciones y es moldeable, en contraste llegan las tablillas, los papiros, luego los pergaminos para atrapar la palabra, hacerla est&aacute;tica e imposible de modificar si se desea. A su favor tiene la capacidad de ser m&aacute;s grande y ser conservado. Todo escrito busca prolongar lo ef&iacute;mero, anhela ser conservado, por ello los libros son un milagro.<\/p>\n<p>Escucho el ruido del motor perforando, quisiera olvidar el sonido del metal pegando en mis dientes, la l&aacute;mpara, los movimientos del instrumental, la sensaci&oacute;n del algod&oacute;n sobre mis enc&iacute;as, el olor de la curaci&oacute;n. Olvidar es bueno, pero recordar es mejor. Por ello la escritura es importante: nos permite conservar nuestras vivencias, como lo hago yo en este momento. Los libros son extraordinarios amplificadores de nuestra mente, como lo expres&oacute; Borges: &ldquo;De los diversos instrumentos del hombre, el m&aacute;s asombroso es, sin duda, el libro. Los dem&aacute;s son extensiones de su cuerpo. El microscopio y el telescopio son extensiones de su vista; el tel&eacute;fono es extensi&oacute;n de la voz; luego tenemos el arado y la espada, extensiones de su brazo. Pero el libro es otra cosa: el libro es una extensi&oacute;n de la memoria y de la imaginaci&oacute;n&rdquo; &iquest;C&oacute;mo llegamos a ellos? Irene Vallejo lo narra bien: El papiro, el pergamino, la piel&hellip; me detengo a reflexionar en el dolor de los animales al ser sacrificados para poseer su piel y escribir en ella. Pienso que todo en esta vida es dolor, como este terrible dolor de muelas&#8230; La escritura se queda con parte del dolor de otros para que los lectores lo experimenten desde su pasividad, aprendan y se eviten problemas; de cualquier manera el dolor existe, es inevitable y en esta vida todo es dolor.<\/p>\n<p>Mi tercera cita con el odont&oacute;logo me llev&oacute; a los cap&iacute;tulos de los bibliotecarios, el papel de las mujeres en las bibliotecas como prototipos de seres amargados, y la presencia de las primeras f&eacute;minas en los libros y la cultura griega. Safo, como una mujer poeta de cuya obra apenas quedan fragmentos. Una lista de autoras casi borradas por la historia &ldquo;Corina, Telesila, Mirtis, Praxila, Eumetis tambi&eacute;n llamada Cleobulina, Beo, Erina, N&oacute;side, Mero, &Aacute;nite, Mosquina, H&eacute;dila, Filina, Melino, Cecilia Trebula, Julia Balbila, Damo, Teosebia.&rdquo;<\/p>\n<p>El papel de la mujer en Atenas no da muchos deseos de vivir en aquella &eacute;poca: casi todas fueron relegadas a la vida familiar, las de posici&oacute;n social alta pod&iacute;an acceder a educaci&oacute;n pero se quedaban en casa. Las m&aacute;s audaces, las <em>hetairas<\/em>, con un poco de m&aacute;s libertad, pero sujetas a los caprichos carnales de los varones atenienses, a veces se atrev&iacute;an a hablar. En aquel mundo s&oacute;lo hab&iacute;a voz para la clase dominante. Leer estos cap&iacute;tulos me hace llorar por aquellas mujeres, por nosotras, la voz y palabra pertenec&iacute;a s&oacute;lo a los hombres de clase privilegiada. Tal vez hubo rebeld&iacute;a femenina, tal vez no. Lo que constan es que los nombres de pocas mujeres quedan escritos: Aspasia, Lastenia de Mantinea, Axiotea de Fliunte, Hiparquia de Maronea, reales tejedoras de la Historia; Elena de Troya, Medea, Pen&eacute;lope, Ant&iacute;gona, mujeres tejidas de mitolog&iacute;a.&nbsp;<\/p>\n<p>La esclavitud no es un tema que se pase por alto en este libro y su relaci&oacute;n con la cultura de aquellas &eacute;pocas. Una vez ya dominados los griegos por los romanos, los centros culturales cambian geogr&aacute;ficamente. Hay una reconstrucci&oacute;n del mundo antiguo. Casi toda Roma se asienta sobre el eje de la violencia mientras los libros aumentan y los cl&aacute;sicos se escriben en otras lenguas diferentes a su original. La historia de los libros va m&aacute;s all&aacute; de narraci&oacute;n de la escritura en sus diversos medios, es la evoluci&oacute;n de la convivencia social y el pensamiento humano. Regreso a la realidad. Sobre el blanco sill&oacute;n del consultorio, el trabajo del dentista ha terminado, no m&aacute;s historias sobre la lectura acompa&ntilde;ada del instrumental, taladro y succionador. Estoy en el aqu&iacute; y ahora, y veo que no somos muy diferentes a los griegos o romanos: hay esclavos de este tiempo que buscan aprehender una perla de sabidur&iacute;a en la brevedad de nuestra existencia. Los dispositivos electr&oacute;nicos han multiplicado los mensajes, los textos, los libros, vivimos tratando de obtener un poco de sapiencia entre un mar de informaci&oacute;n. Los demasiados libros no nos salvan de nuestra ineptitud. Parad&oacute;jicamente a pesar de siglos de civilizaci&oacute;n, seguimos viviendo en la ignorancia.<\/p>\n<p>La lista de historias en <em>El infinito en un junco<\/em> de Vallejo es larga. Llev&eacute; el libro conmigo durante semanas y aprend&iacute; mucho de &eacute;l. Ha valido la pena su lectura, tiempo invertido que ha fructificado. Yo elijo quedarme con aquella narraci&oacute;n que cuenta que en el Templo de Amon, ubicado en Tebas, en aquella biblioteca de la antig&uuml;edad egipcia, exist&iacute;a una inscripci&oacute;n: &ldquo;Lugar del cuidado del alma&rdquo;. As&iacute; la biblioteca, y por lo tanto los libros, pasa a ser un lugar para el cuidado del alma como las iglesias o templos para oraci&oacute;n. Pienso que est&aacute;n los consultorios y los m&eacute;dicos para ayudarnos al cuidado del cuerpo y la eliminaci&oacute;n de las enfermedades, los dentistas alivian las molestias de los dientes y muelas, en tanto los libros son sanadores del alma, aquellos que nos aligeran el dolor f&iacute;sico y espiritual. No m&aacute;s consultas, no m&aacute;s espera. El extractor de saliva elimina la humedad acumulada, apenas cierro mis labios, siento que dolor se esfuma. Abro un libro y me pasa igual. &iexcl;Que los infinitos mundos de los libros siempre nos salven del dolor!<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>* Este art&iacute;culo fue publicado por primera vez en la revista digital <em>Pez Banana<\/em>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&ldquo;He crecido, pero sigo manteniendo una relaci&oacute;n muy narcisista con los libros. 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