{"id":1426,"date":"2022-11-29T15:18:07","date_gmt":"2022-11-29T15:18:07","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2022\/11\/29\/mi-otro-yo-el-viejo-del-espejo\/"},"modified":"2022-11-29T15:18:07","modified_gmt":"2022-11-29T15:18:07","slug":"mi-otro-yo-el-viejo-del-espejo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/desde-el-sur\/mi-otro-yo-el-viejo-del-espejo\/","title":{"rendered":"Mi otro yo: el viejo del espejo"},"content":{"rendered":"<p><em>La vejez (tal es el nombre que los otros le dan) <\/em><\/p>\n<p><em>puede ser el tiempo de nuestra dicha. <\/em><\/p>\n<p><em>El animal ha muerto o casi ha muerto. <\/em><\/p>\n<p><em>Quedan el hombre y su alma. <\/em><\/p>\n<p><em>Vivo entre formas luminosas y vagas <\/em><\/p>\n<p><em>que no son a&uacute;n la tiniebla<\/em>.<\/p>\n<p>Jorge Luis Borges<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Envejecer es una relaci&oacute;n con el espejo, es mirarse y no reconocerse en el otro yo que aparece reflejado. Porque la memoria a&uacute;n guarda la imagen de antes, de cuando yo no era as&iacute;, con el rostro surcado, las manos crispadas y la mirada opacada. Adem&aacute;s, no me siento as&iacute;, solo, demacrado, acabado, como el viejo que aparece en el espejo.<\/p>\n<p>Busco olvidarme y cierro los ojos, me inquieto, busco un libro en la repisa y abro al azar, leo &ldquo;Retrato&rdquo; de Cecilia Meirelles: <em>&ldquo;Yo no ten&iacute;a ese rostro de hoy, \\ as&iacute; calmo, as&iacute; triste, as&iacute; flaco, \\ ni esos ojos tan vac&iacute;os, \\ ni el labio amargo. \\ Yo no ten&iacute;a estas manos sin fuerza, \\ Tan paradas, y fr&iacute;as y muertas; \\ yo no ten&iacute;a ese coraz&oacute;n \\ que ni se muestra. \\ Yo no me di de cuenta de esta mudanza \\ tan simple, tan cierta, tan f&aacute;cil \\ &mdash;&iquest;En qu&eacute; espejo qued&oacute; perdida \\ mi faz?&rdquo;<a href=\"#_edn1\" name=\"_ednref1\"><strong>[i]<\/strong><\/a> <\/em>Cecilia escribi&oacute; para m&iacute;, sab&iacute;a que un d&iacute;a as&iacute;, con un cielo as&iacute;, yo me mirar&iacute;a al espejo y no me reconocer&iacute;a, perder&iacute;a la sombra de antes que se oculta detr&aacute;s del otro yo, de este viejo que me mira desde el espejo.<\/p>\n<p>No recuerdo el momento en que ocurri&oacute; est&aacute; amalgama de mi cuerpo con el tiempo, ni cuando se impuso el silencio que se olvid&oacute; de susurrarme al o&iacute;do, que envejec&iacute;. Alguien abri&oacute; la puerta para que pase el tiempo y &eacute;l entr&oacute; con su paso firme, se acost&oacute; en mi lecho y me pre&ntilde;&oacute; de vejez. El pasado se hizo fugaz y el futuro un lento caminar, atiborrado de recuerdos tan v&iacute;vidos que se transforman un poco cuando fluyen hacia el r&iacute;o de las palabras.<\/p>\n<p>El crep&uacute;sculo se instaur&oacute;, anunciando el instante de eternidad que se avecina, dici&eacute;ndome que mire m&aacute;s all&aacute; del tiempo, porque se acerca el final que empez&oacute; cuando nac&iacute;. Un sabor a ra&iacute;ces amargas invade mi paladar. Ahora me siento obligado a caminar con una linterna amarilla por la esf&eacute;rica noche, en busca de un ung&uuml;ento. Muchas veces, ya no me atrevo a invocar a Dios, demasiado alto me parece, demasiado grande, demasiado remoto, a infinita distancia, tras infinitos cielos, sin envejecer, siempre cuerdo, eternamente bello&hellip;<\/p>\n<p>Siempre escuch&eacute; a lo largo de la vida que somos cuerpo y alma, que el alma sube y el cuerpo se desintegra para volver a ser polvo, como en el principio, antes de ser barro. Ante el deterioro del cuerpo, se refuerza el alma que es m&aacute;s sabia e independiente. Empero, cuando percibo que hay un viejo en m&iacute;, me asusto porque no me reconozco en &eacute;l. No obstante, parecemos salmuera, completamente homogenizados.<\/p>\n<p>Recuerdo que me gustaba ver, por las ma&ntilde;anas, la evaporaci&oacute;n en la tierra despu&eacute;s de la lluvia nocturna. Pienso que envejecer es evaporarse, subir hasta tocar el cielo, dejar la sal, porque por m&aacute;s diluida que est&eacute;, siempre se separar&aacute; del agua y se quedar&aacute; para mezclarse con la tierra. Simone de Beauvoir dec&iacute;a que el viejo siempre es el otro, e inclu&iacute;a la vejez en la categor&iacute;a de los &ldquo;irrealizables&rdquo; sartreanos. Irrealizables porque no podemos reconocer la vejez en nosotros mismos, solamente la vemos en los otros, mismo que ellos tengan nuestra edad.<\/p>\n<p>S&eacute; que la mirada del otro delata mi cara arrugada, mi pelo blanco y el leve temblor que acompa&ntilde;a cada uno de mis gestos. Es la mirada del otro que se&ntilde;ala mi envejecimiento abrupto. Yo s&eacute;, que yo soy el otro, que observa at&oacute;nito mi otro yo: el viejo del espejo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref1\" name=\"_edn1\">[i]<\/a> Traducci&oacute;n al espa&ntilde;ol de M&aacute;rcia Batista Ramos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La vejez (tal es el nombre que los otros le dan) puede ser el tiempo de nuestra dicha. El animal ha muerto o casi ha muerto. Quedan el hombre y su alma. Vivo entre formas luminosas y vagas que no son a&uacute;n la tiniebla. 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