{"id":1406,"date":"2022-11-15T14:21:46","date_gmt":"2022-11-15T14:21:46","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2022\/11\/15\/tristeza-la-muerte-del-alma\/"},"modified":"2022-11-15T14:21:46","modified_gmt":"2022-11-15T14:21:46","slug":"tristeza-la-muerte-del-alma","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/kaos\/tristeza-la-muerte-del-alma\/","title":{"rendered":"Tristeza: la muerte del alma"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right;\"><em>Hay personas que tienen todo lo que anhela su coraz&oacute;n y que est&aacute;n tristes de todos modos<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Jacques Lacan. Seminario 3<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>&nbsp;<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>&hellip;alim&eacute;ntalo con el pan y el agua de la tristeza. <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Cr&oacute;nicas, II, 18<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">&nbsp;<\/p>\n<p>La tristeza es la muerte del alma. En la Edad Media, al sentimiento let&aacute;rgico de la tristeza le llamaban <em>Asedia<\/em> y tambi&eacute;n <em>taedium vitae<\/em>, ya que sus efectos se le atribuyen al <em>Demonio Medidiano<\/em> que, dice Giorgio Agamben, escoge a sus v&iacute;ctimas entre los <em>homines religiosi<\/em> y los asalta cuando el sol culminaba sobre el horizonte haci&eacute;ndolos caer en una vida de tedio. La etimolog&iacute;a de la palabra tristeza es sumamente ambigua, como lo resulta el afecto mismo que pretende nombrar. El origen remoto de esta palabra se encuentra quiz&aacute; en la onomatopeya <em>tr<\/em>, que imita el sonido de los peque&ntilde;os objetos al romperse. De la imitaci&oacute;n de ese sonido de ruptura la palabra tristeza habr&iacute;a nacido de la ra&iacute;z indoeuropea <em>ter<\/em> o <em>tre<\/em>, que significa &ldquo;frotar, restregar&rdquo;. Cuando se frota algo con fuerza, como un grano de trigo sobre una piedra afilada, se va desgastando poco a poco, de modo que se emparenta con la acepci&oacute;n de &ldquo;consumir, roer&rdquo;. La ra&iacute;z evolucion&oacute; al intensivo <em>treis<\/em>, con sus variantes <em>treisk<\/em> y <em>treist<\/em>, que significa &ldquo;aplastar, machacar&rdquo;. De ella deriva el germ&aacute;nico <em>thriskan<\/em>, que al principio denominaba todo ruido que se produce al pisar, pero que luego se concret&oacute; en &ldquo;pisar el grano&rdquo;, es decir, &ldquo;trillar&rdquo;.<\/p>\n<p>En este punto, la ra&iacute;z experimenta un giro metaf&oacute;rico y, de aplastar el grano, pasa a significar aplastar a los enemigos, aplastar a lo que hace de enemigo. En la tristeza se revela que el enemigo al que se pretende aplastar se encuentra en el interior.<\/p>\n<p>El triste no es el ser ap&aacute;tico y pasivo con el que solemos identificarlo, sino alguien que puede ser sumamente nervioso e incluso violento, que lejos de tener el alma deshecha est&aacute; dispuesto a deshacer almas y cuerpos, incluso, desde luego y en principio, el propio.<\/p>\n<p>En las lenguas germ&aacute;nicas su car&aacute;cter adquiere a&uacute;n otro tono y se fija en el coraje que muestra en el combate: la ra&iacute;z evoluciona a <em>dreist<\/em>, &ldquo;valiente, audaz, atrevido&rdquo;, no s&oacute;lo en la guerra sino en el amor y en todas las vicisitudes de la vida. Pero en el resto de lenguas lo que deja huella es su rabia y crueldad, su determinaci&oacute;n de hacer da&ntilde;o, de machacar sin piedad a sus rivales (es importante insistir que esto vale tambi&eacute;n para aquello que en &eacute;l mismo hace de rival).<\/p>\n<p>El triste es aquel dispuesto a causar(se) el m&aacute;ximo dolor y sufrimiento posible. Aun hoy d&iacute;a, el italiano conserva un eco de esas viejas ra&iacute;ces al diferenciar la tristezza, &ldquo;tristeza, melancol&iacute;a, pesadumbre&rdquo;, de la tristizia, &ldquo;atrocidad, ferocidad, inhumanidad&rdquo;.<\/p>\n<p>Siguiendo estos pasos, resulta sumamente interesante la cercan&iacute;a entre causar dolor y sufrir el dolor. Aqu&iacute; la idea de tristeza empieza a bascular entre ambos significados. Pero al mismo tiempo adquiere otros nuevos, que inclinar&aacute;n definitivamente la balanza.<\/p>\n<p>Para los latinos, el triste empieza a ser alguien tomado por la aflicci&oacute;n, pero que en vez de mostrarse ab&uacute;lico y resignado reacciona con rabia e indignaci&oacute;n, profiere lamentos llenos de furia y enojo, mientras busca obstinadamente la manera de resolver el problema, o al menos de vengarse. Sin embargo, poco a poco va callando esos pensamientos, si bien su rostro refleja la ira que le corroe. Se convierte en un ser desagradable de modales &aacute;speros y rudos, y de ah&iacute; nace la expresi&oacute;n &ldquo;sabor triste o amargo&rdquo;. Siempre de mal humor, con un aspecto sombr&iacute;o que oculta un alma consumida y negra como la muerte. Se presenta como un ego&iacute;sta de intenciones aviesas, a quien no conviene acercarse, no porque contagie su pesadumbre, sino por el da&ntilde;o que puede causar de manera cruel e inmisericorde, como represalia gratuita por el que le han causado a &eacute;l o ella.<\/p>\n<p>En plena concordancia con lo se&ntilde;alado sobre la tristeza, para Ren&eacute; Descartes, en su <em>Tratado de las pasiones<\/em>, advierte que en la tristeza el pulso es d&eacute;bil y lento, y refiere que se sienten como ligaduras del coraz&oacute;n, que lo oprimen y hielan, comunicando su frialdad al resto del cuerpo. Y salvo que el odio se mezcle con la tristeza, no se pierde el apetito y el est&oacute;mago cumple su deber.<\/p>\n<p>Aunque la tristeza compromete al cuerpo y al alma, el dominio del estado de &aacute;nimo se asienta en esta segunda que se muestra, dice Descartes, como la forma sustancial que proviene de &ldquo;la agitaci&oacute;n particular de los esp&iacute;ritus animales que mueven las peque&ntilde;as gl&aacute;ndulas que se encuentran en el cerebro&rdquo;. Es la misma idea que subyace a la teor&iacute;a de los cuatro humores de Hip&oacute;crates (sangre, flema bilis amarilla y bilis negra), seg&uacute;n la cual, es la bilis negra la que se encuentra afectando el estado de &aacute;nimo propio de la melancol&iacute;a que se expresa en la <em>atrabalis<\/em> o tristeza. Escribe el padre de la medicina: &ldquo;cuando el temor o la tristeza permanecen largo tiempo entonces deviene la <em>atrabalis<\/em>&rdquo;, y los s&iacute;ntomas los describe como: &ldquo;Parmenisco tambi&eacute;n sufr&iacute;a periodos de desaliento, con deseos de quitarse la vida [&hellip;] ten&iacute;a sue&ntilde;o, padec&iacute;a tambi&eacute;n de insomnio, agitaci&oacute;n silenciosa continua, agitaci&oacute;n inquieta&hellip;&rdquo;. La medicina, hasta nuestros d&iacute;as, no ha cejado en buscar en el cerebro y su fisiolog&iacute;a la causa de la tristeza, la melancol&iacute;a o la <em>monoman&iacute;a triste<\/em>, como le llaman los psiquiatras alienistas del siglo XX como &Eacute;mile Esquirol.<\/p>\n<p>En oriente tambi&eacute;n se pensaban estos padecimientos del alma, por ejemplo, Isak ibn-Imram, en un texto llamado <em>De melancol&iacute;a<\/em>, clasificar&aacute; el padecimiento en tres formas: la que nace del cerebro, la que difunde a &eacute;l proveniente de todo el cuerpo y la que nace en el est&oacute;mago<\/p>\n<p>&iquest;Podemos imaginar de qu&eacute; tama&ntilde;o es reconocido este mal de la tristeza (o sus nomenclaturas m&eacute;dicas como depresi&oacute;n, trastornos del &aacute;nimo, etc) para que en el mundo haya comprometido a toda la comunidad m&eacute;dica de su tiempo a encontrar una cura, como si de una enfermedad se tratara? Ve&aacute;mosla con un m&iacute;nimo detenimiento que nos permita distinguir en d&oacute;nde se esconde la trampa, el aguij&oacute;n envenenado de ver a la tristeza como una enfermedad.<\/p>\n<p>&iquest;En d&oacute;nde y para qu&eacute; se le ve como enfermedad? Si nos dejamos en latencia lo que las luces de la etimolog&iacute;a nos ha permitido ver con respecto a la tristeza, es posible dar un giro y acercarnos a este afecto de la condici&oacute;n humana como un efecto de percibir al ser humano como un sujeto dividido, tal como se nos permite pensarlo desde el psicoan&aacute;lisis. Sujeto dividido entre algo que &ldquo;quiere decirse&rdquo; y un &ldquo;no quiero saber nada de eso&rdquo;. Es posible pensar que cuando triunfa el &ldquo;no quiero saber nada de eso&rdquo; sobreviene la tristeza, como el afecto que muestra a un sujeto acallado que ans&iacute;a la libertad a la vez que teme descubrirse.<\/p>\n<p>Pero, &iquest;de qu&eacute; no se quiere saber nada? Para el psicoan&aacute;lisis la tristeza es el goce coagulado alrededor de un duelo interminable. En ese sentido, de lo que no se quiere saber nada es de una falta constitutiva que una p&eacute;rdida actual (incluso con desconocimiento de lo que se perdi&oacute;) ha puesto en primer plano. Esta negativa a saber sume al sujeto triste en un desierto de amargura que se incrementa al suponer que a los seres que ve a su alrededor nada les falta, gozan, son felices, sumiendo as&iacute; a quien vive el afecto de tristeza en una cobard&iacute;a moral.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hay personas que tienen todo lo que anhela su coraz&oacute;n y que est&aacute;n tristes de todos modos Jacques Lacan. Seminario 3 &nbsp; &hellip;alim&eacute;ntalo con el pan y el agua de la tristeza. Cr&oacute;nicas, II, 18 &nbsp; La tristeza es la muerte del alma. 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