{"id":1346,"date":"2022-10-11T14:05:27","date_gmt":"2022-10-11T14:05:27","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2022\/10\/11\/yo-es-otro-el-doble-y-sus-juegos\/"},"modified":"2022-10-11T14:05:27","modified_gmt":"2022-10-11T14:05:27","slug":"yo-es-otro-el-doble-y-sus-juegos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/kaos\/yo-es-otro-el-doble-y-sus-juegos\/","title":{"rendered":"Yo es otro: el doble y sus juegos"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right;\"><em>Desde el fondo remoto del corredor, <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>el espejo nos acechaba.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">L. Borges<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>Nos equivocamos al decir: yo pienso; decir: alguien me piensa. Perd&oacute;n por el juego de palabras. Yo es otro.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Arthur Rimbaud<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El tema del doble ha sido un t&oacute;pico constante en la literatura de todos los tiempos; forma tambi&eacute;n parte de las fantas&iacute;as recurrentes en todas las culturas. Pienso de botepronto en una novela de Jos&eacute; Saramago, <em>El hombre duplicado<\/em>, donde se juega con la idea de que un d&iacute;a Tertuliano M&aacute;ximo Alfonso, profesor de historia, se encuentra consigo mismo al ver una pel&iacute;cula que le prest&oacute; su colega, profesor de matem&aacute;ticas. Tertuliano participa en una tertulia imaginaria: se ve en otro que es a la vez &eacute;l mismo, pero siendo otro.<\/p>\n<p>Sabemos que en el teatro de la antig&uuml;edad el uso de la figura del doble era recurso frecuente, tanto en el drama como en la comedia. El doble ha sido motivo constante de equ&iacute;vocos y enredos en toda clase de situaciones. El doble est&aacute; en la esencia del juego de lo humano: Yo es otro dice Rimbaud. Es posible encontrar ecos de esta relevancia del doble (en esa paradoja de lo id&eacute;ntico pero distinto) en una importante cantidad de obras literarias modernas. Para muestra tenemos que mencionar, sin duda, <em>El extra&ntilde;o caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde<\/em>, de Robert L. Stevenson, publicada en 1886. El Dr. Jekyll, en sus experimentaciones, hace surgir dentro de &eacute;l a una extra&ntilde;a criatura que es &eacute;l mismo, pero a la vez resulta alguien absolutamente desconocido, es lo ajeno y lo propio. Dentro de &eacute;l vive Mr. Hyde, personaje que se permite placeres que el recatado Dr. Jekyll no concibe reconocer siquiera. El Dr. Jekyll se mueve en un conflicto de car&aacute;cter &eacute;tico, mientras que Mr. Hyde se entrega a los placeres, se mueve por la v&iacute;a de la est&eacute;tica, al estilo del seductor, tal como lo pinta Kierkeggard en su <em>Diario de un seductor<\/em>. La apetencia de Mr. Hyde va en aumento, como una adicci&oacute;n, hasta que invade la vida toda del doctor, que termina por suicidarse en su laboratorio, bajo el supuesto de que as&iacute; escapar&iacute;a de &ldquo;eso&rdquo; que le habita. Sin embargo, el cuerpo que se encuentra en la escena mortal es justamente el de Mr. Hyde, al Dr. Jekyll no se le encuentra por ninguna parte.<\/p>\n<p>En ese preciso sentido, el poeta Antonio Machado escribe &ldquo;somos v&iacute;ctimas, pensaba yo, de un doble espejismo&rdquo;. El doble funciona como espejo: se trata de una imagen (o presencia) que nos reduplica, pero, y &eacute;ste es el punto, dejando ver lo desconocido que nos habita; nos re-duplica hasta entregarnos a lo abominable de la repetici&oacute;n del error hasta el infinito, como quiere Jorge Luis Borges.<\/p>\n<p>El escritor erudito en literatura inglesa, lo sabemos, aborrec&iacute;a los espejos (tanto como aborrec&iacute;a la paternidad, lo que abiertamente implicar&iacute;a reproducirse, hacerse en otro) y el horror que le produc&iacute;a la idea de que al verse reflejado en ellos en alg&uacute;n momento pudiera ver algo que no era &eacute;l. El espejo, con su producci&oacute;n del doble, id&eacute;ntico pero invertido, nos introduce al horror personal que conlleva la disoluci&oacute;n del yo, a la p&eacute;rdida de la identidad. De tal magnitud es su rechazo a la duplicaci&oacute;n de la imagen que hace al espejo s&iacute;mbolo del Mal. Escribe en <em>Quinta noche<\/em>: &ldquo;Realmente es terrible que haya espejos, creo que Poe lo sinti&oacute; tambi&eacute;n [&hellip;] Nos hemos acostumbrado a los espejos, pero hay algo terrible en esa duplicaci&oacute;n visual de la realidad.&rdquo; El tema de la identidad asume en Borges caracter&iacute;sticas de pesadilla especular, donde el yo se va desdoblando hasta disolverse. Al estilo de las <em>casas de los espejos<\/em> de las ferias. Lo espeluznante ha de resultar del encuentro desdoblado con uno mismo: &eacute;ste es el n&uacute;cleo de la pesadilla en Borges, el encuentro con lo Real del s&iacute; mismo, el encuentro con <em>El Horla<\/em> de Guy Maupassat o el <em>Aleph<\/em>, del mismo Borges. El encuentro con el horror del espejo es, en &uacute;ltima instancia el encuentro con la propia muerte. Quiz&aacute; con su horror a los espejos Borges pone de manifiesto el horror que puede producir en los sujetos saber que nadie conoce su cuerpo completo. El cuerpo mismo es, para cada quien, un doble desconocido. No hay dispositivo &oacute;ptico que posibilite vernos el cuerpo entero, nunca lo hemos visto y, en ese sentido, el cuerpo es siempre portador de lo desconocido de s&iacute; mismo, es lo Otro que introduce la dimensi&oacute;n de lo siniestro. Es portador de la muerte misma, nuestra m&aacute;s familiar desconocida. En tanto que est&aacute; habitado de nuestra muerte, <em>nuestro cuerpo<\/em> es nuestro gran desconocido.<\/p>\n<p>En Borges el tema del otro (del otro-yo) es recurrente y su insistencia, como ya vimos que ocurre con el Dr. Jekyll y Mr. Hyde, la experimenta consigo mismo. Se desdobla y escribe en <em>Borges y yo<\/em>: &ldquo;Al otro, a Borges, es a quien le ocurren las cosas.&rdquo; Pero el otro yo no es el semejante, no es el ideal; se trata de lo siniestro, lo m&aacute;s desconocido que habita al yo: las resonancias de la muerte. En su poema <em>Jun&iacute;n<\/em> afirma Borges: &ldquo;Soy yo, pero soy tambi&eacute;n el otro, el muerto.&rdquo;<\/p>\n<p>Una referencia literaria m&aacute;s: Dostoievski escribe en 1846 su segunda novela, <em>El doble<\/em>, donde Goliadkin un buen d&iacute;a entra en contacto con un hombre que es id&eacute;ntico a &eacute;l. Ser dos resulta atractivo en un principio, incluso divertido, pero no por mucho tiempo. Pronto ese &ldquo;otro Goliadkin&rdquo; empieza a hacer cosas que el original no consentir&iacute;a: estafa a sus jefes y termina provocando su desgracia. Las v&iacute;as &eacute;tica y est&eacute;tica otra vez en escena en el mismo sujeto, sujeto dividido, por tanto.<\/p>\n<p>Sigmund Freud, en 1919, escribe dos textos relevantes en el corpus de su obra, que no pueden desligarse. Por un lado, <em>M&aacute;s all&aacute; del principio del placer<\/em>, que marca un giro determinante de su propuesta te&oacute;rica y en la cl&iacute;nica del psicoan&aacute;lisis. Ah&iacute; postula que, contrario a lo que hab&iacute;a sostenido en el sentido de que la vida an&iacute;mica estaba comandada por el principio del placer, hay una fuerza m&aacute;s primitiva que gobierna la vida ps&iacute;quica, y confiesa que no le queda m&aacute;s que llamarle <em>Pulsi&oacute;n de muerte<\/em>. Por otro lado, en el mismo a&ntilde;o, escribe <em>Das Unheimlich<\/em>, que ha sido traducido como <em>Lo ominoso<\/em> o <em>Lo siniestro<\/em>, lo que pertenece al orden de lo terror&iacute;fico, lo que genera angustia y horror. Siguiendo a Schelling, Freud se&ntilde;ala que lo siniestro es todo lo que, estando destinado a quedar en secreto, ha salido a la luz. Lo ominoso es lo que a un tiempo resulta ser lo m&aacute;s familiar y lo m&aacute;s desconocido.<\/p>\n<p>La idea de estar en convivencia permanente con el doble, seg&uacute;n Freud, tiene su origen en una en&eacute;rgica desmentida del poder de la muerte y es, entonces, el <em>alma inmortal<\/em> lo que constituye el primer doble del cuerpo. Escribe el inventor del psicoan&aacute;lisis, hablando del doble: &ldquo;estas representaciones han nacido sobre el terreno del irrestricto amor por s&iacute; mismo, el narcisismo primario, que gobierna la vida an&iacute;mica del ni&ntilde;o; con la superaci&oacute;n de esta fase cambia el signo del doble: de un seguro de supervivencia, pasa a ser el ominoso anunciador de la muerte&rdquo;.<\/p>\n<p>En el fondo de lo siniestro est&aacute; lo reprimido, punto de anudamiento de la angustia, y que no cesa de retornar, as&iacute; es que se puede pasar de lo familiar a lo siniestro, el doble-siniestro es lo extra&ntilde;amente familiar.<\/p>\n<p>Para el psicoanalista franc&eacute;s Jacques Lacan la idea del doble la encuentra asociada con los celos, que en su base tienen no s&oacute;lo la rivalidad sino una &ldquo;identificaci&oacute;n mental&rdquo;, y as&iacute;, en 1938 escribe un trabajo llamado <em>La familia<\/em>, donde hace referencia a San Agust&iacute;n, para ilustrar la agresividad que se desencadena en la identificaci&oacute;n especular, vale la pena recordar aqu&iacute; la cita por la claridad con que ilustra el afecto de los celos: &ldquo;He visto con mis ojos, y he observado a un peque&ntilde;o que todav&iacute;a no hablaba, como dominado por los celos, no pod&iacute;a mirar sin palidecer el espect&aacute;culo amargo de su hermano de leche, prendido al seno de su madre.&rdquo; Pero, as&iacute; como la idea del doble se cuela con toda su fuerza destructiva en los celos, tambi&eacute;n Lacan nos la mostrar&aacute; en la paranoia. Haciendo referencia a un trabajo de Freud, escribe, en 1922, <em>De algunos mecanismos neur&oacute;ticos en los celos, la paranoia y la homosexualidad<\/em>, que &ldquo;la hostilidad que el perseguido encuentra en otros es el reflejo especular de sus propios sentimientos hostiles hacia esos otros&rdquo;.<\/p>\n<p>Quiz&aacute;s es por ello, por lo insoportable que el doble nos revela, que los cr&iacute;menes de odio (donde se busca exterminar al otro), como la homofobia, la misoginia o los genocidios, no sean sino actos que buscan acallar lo ominoso que nos habita. Se mata al otro insoportable que somos, este mecanismo tambi&eacute;n operar&iacute;a en el suicidio donde el actuante se hace uno con su otro doble esencial, su muerte.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Desde el fondo remoto del corredor, el espejo nos acechaba. L. Borges &nbsp; Nos equivocamos al decir: yo pienso; decir: alguien me piensa. Perd&oacute;n por el juego de palabras. Yo es otro. 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