{"id":1334,"date":"2022-10-04T13:57:49","date_gmt":"2022-10-04T13:57:49","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2022\/10\/04\/salir-de-la-escena-el-suicidio-de-sandor-marai\/"},"modified":"2022-10-04T13:57:49","modified_gmt":"2022-10-04T13:57:49","slug":"salir-de-la-escena-el-suicidio-de-sandor-marai","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/kaos\/salir-de-la-escena-el-suicidio-de-sandor-marai\/","title":{"rendered":"Salir de la escena: el suicidio de Sndor Mrai"},"content":{"rendered":"<p>Foto: Estatua de Sandor Marai realizada por P&eacute;ter G&aacute;sp&aacute;r, en Kosice, Eslovaquia.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El suicidio ha sido un enigma a lo largo de la historia. Se trata de un acto que en diversas dimensiones conmueve y cuestiona a la sociedad, la detiene en seco y la confronta con la insuficiencia de toda explicaci&oacute;n. No hay discurso que pueda dar cuenta del acto; el psicoan&aacute;lisis tampoco se lo propone.<\/p>\n<p>El suicidio es esencialmente un acto, y por tanto se sit&uacute;a por fuera de la palabra, fuera de la dimensi&oacute;n del lenguaje o, si se quiere, desde lo real del lenguaje. En el acto se tramita una angustia que no encontr&oacute; las v&iacute;as del s&iacute;ntoma o la obsesi&oacute;n. Tres dimensiones del acto podemos reconocer desde el psicoan&aacute;lisis: <em>el acting out, el pasaje al acto <\/em>y<em> el acto.<\/em> El suicidio, por tanto, se muestra en estas tres dimensiones.<\/p>\n<p>En la literatura del psicoan&aacute;lisis encontramos una muestra de <em>acting out<\/em> (es la expresi&oacute;n que se utiliza para hablar del <em>Ageren<\/em> &mdash;actuaci&oacute;n&mdash; freudiana) en la carta que Dora deja a sus padres amenazando con quitarse la vida. El <em>acting out<\/em> se ubica en relaci&oacute;n con las tentativas de suicidio donde se hace un llamado al Otro; el sujeto se juega aqu&iacute; en su dimensi&oacute;n inconsciente organizado desde esa otra escena que es su fantasma.<\/p>\n<p>El suicidio como <em>pasaje al acto<\/em> circula por otras dimensiones. El <em>Diccionario introductorio de psicoan&aacute;lisis lacaniano <\/em>de Dylan Evans nos dice que la frase &ldquo;Pasaje al acto&rdquo; proviene de la psiquiatr&iacute;a cl&iacute;nica francesa, que la utiliza para designar los actos impulsivos de naturaleza violenta o criminal que a veces indican el inicio de un episodio psic&oacute;tico agudo. Por mucho tiempo se ha utilizado &ldquo;pasaje al acto&rdquo; tambi&eacute;n para traducir el <em>Ageren<\/em>, pero Lacan, en el seminario sobre la angustia, va a establecer la diferencia entre <em>acting out<\/em> y pasaje al acto. En ambos casos se trata de un &uacute;ltimo recurso contra la angustia, sin embargo, quien realiza un <em>acting out<\/em> a&uacute;n permanece en la escena mientras que el pasaje al acto implica una salida o ca&iacute;da de la escena. As&iacute;, mientras el <em>acting out<\/em> es un mensaje simb&oacute;lico dirigido al Otro, un pasaje al acto es una huida respecto del Otro.<\/p>\n<p>El pasaje al acto es un movimiento de salida de la escena, negando que exista Otro que lo sostenga en su angustia. Se trata, dice Lacan en el <em>Seminario sobre la angustia<\/em>, de una &ldquo;salida vagabunda al mundo puro&rdquo;. En el pasaje al acto del suicida, el sujeto se libera de los significantes mediante su muerte. El suicidio es, dice Lacan en <em>Psicoan&aacute;lisis, Televisi&oacute;n y Radiofon&iacute;a<\/em>, el &uacute;nico acto de &eacute;xito sin fracaso.<\/p>\n<p>En el Seminario 5, <em>Las formaciones del inconsciente<\/em>, Lacan nos dir&aacute; que el sujeto, mediante el pasaje al acto suicida, se hace m&aacute;s signo que nunca. Escribe: &ldquo;es precisamente a partir del momento en que el sujeto est&aacute; muerto que se vuelve un signo eterno para los dem&aacute;s, y los suicidas m&aacute;s que otros. Es precisamente por eso que el suicidio tiene a la vez esa belleza aterradora que lo hace tan terriblemente condenado por los hombres, y esa belleza contagiosa que hace que las epidemias de suicidios sean algo que en la experiencia es todo lo que lo que hay de m&aacute;s dado y de m&aacute;s real&rdquo;. En el pasaje al acto, el sujeto se precipita fuera de la escena. Esta es la estructura misma del pasaje al acto, se&ntilde;ala Lacan.<\/p>\n<p>Aqu&iacute; el llamado al Otro est&aacute; ausente, m&aacute;s bien el suicida pretende escapar a ese Otro que lo vincula a una trama simb&oacute;lica, reduci&eacute;ndose al estatuto de objeto que cae como desecho de la escena simb&oacute;lica.<\/p>\n<p>S&aacute;ndor M&aacute;rai fue uno de los escritores m&aacute;s reconocidos del siglo XX. La calidad de su prosa hace que sus novelas sean traducidas a muchas lenguas. Nacido en el emblem&aacute;tico 1900, tras la Segunda Guerra Mundial, con la llegada de los nazis y el comunismo a Hungr&iacute;a, y con la destrucci&oacute;n de la burgues&iacute;a liberal donde &eacute;l se encontraba c&oacute;modo, junto con su mujer Ilona Matzner, abandona Budapest en 1948. Deambularon por algunas ciudades de Europa hasta exiliarse definitivamente en San Diego, California, en los Estados Unidos.<\/p>\n<p>En su exilio, M&aacute;rai escribe cinco diarios (en espa&ntilde;ol se conoce &uacute;nicamente el que realiza en sus &uacute;ltimos cinco a&ntilde;os de vida, de 1984 a 1989). &Eacute;l se encuentra casi ciego, enfermo y acompa&ntilde;a a su amada esposa (a quien llama Lol) hasta sus &uacute;ltimos d&iacute;as.<\/p>\n<p>Su literatura fue olvidada por d&eacute;cadas. Ahora se redescubre y es ampliamente le&iacute;do, llevado al cine o al teatro.<\/p>\n<p>Su mundo, su v&iacute;nculo con el Otro, se empez&oacute; a fracturar con su obligada salida de Hungr&iacute;a. As&iacute; recuerda, 40 a&ntilde;os despu&eacute;s, la ocupaci&oacute;n de Budapest: &ldquo;Hoy hace cuarenta a&ntilde;os que se destruy&oacute; el yo que fui y cobr&oacute; forma ese otro que soy en la actualidad. El mismo que ahora se desmorona.&rdquo; Aunque la idea del suicidio aparece con frecuencia en sus novelas, es a mitad de 1984 que escribe: &ldquo;Estoy enfermo y, a mis ochenta y cinco a&ntilde;os, merezco marcharme.&rdquo; Reconoce que sus pilas se agotan, est&aacute; cansado y fr&aacute;gil.<\/p>\n<p>Su mayor temor al iniciar este &uacute;ltimo diario es perder a la mujer que le acompa&ntilde;a desde 1923. Con ella ha vivido las penurias y p&eacute;rdidas de una vida. Tuvieron un hijo, Krist&oacute;fka, quien muri&oacute; seis meses despu&eacute;s de nacido. En abril de 1985 Lol, su amada esposa, sufre una ca&iacute;da y se rompe el brazo. En noviembre de ese mismo a&ntilde;o es trasladada al hospital, a una unidad para enfermos terminales: tiene c&aacute;ncer. M&aacute;rai escribe el 11 de noviembre: &ldquo;irnos juntos, sin dolor, es mi &uacute;ltima esperanza&rdquo;. Diez d&iacute;as despu&eacute;s escribir&aacute;: &ldquo;Si se va, ya nada tendr&aacute; sentido.&rdquo; Al inicio del pr&oacute;ximo a&ntilde;o, en enero de 1986, anotar&aacute;: &ldquo;L. ha muerto.&rdquo;<\/p>\n<p>La muerte de su amada lo hace caer en el mutismo. S&oacute;lo hasta el 20 de febrero vendr&aacute;n los autorreproches y escribir&aacute;: &ldquo;La furia. Nada de enternecerse, de meditar. S&oacute;lo la furia. A veces bramar de pura rabia. Porque ha muerto. Enfurecido con el m&eacute;dico porque no pudo ayudarla. Enfurecido con Dios (si existe) porque tampoco la asisti&oacute;, y enfurecido con Dios (si no existe) porque no existe cuando se necesita su intervenci&oacute;n. Enfurecido con la gente, porque no la ayud&oacute;. Enfurecido conmigo, porque no fui capaz de hacer algo m&aacute;s. Enfurecido con ella, porque muri&oacute;.&rdquo;<\/p>\n<p>El 18 de febrero de 1986 se compra un rev&oacute;lver y, aunque declara que no piensa en suicidarse, toma clases para aprender a usarlo bajo la idea de saber que podr&iacute;a acabar con el deterioro y no quedar en manos de los m&eacute;dicos a quien llama &ldquo;perros con t&iacute;tulo&rdquo;.<\/p>\n<p>Est&aacute; solo, &uacute;nicamente es visitado por Janos, su hijo adoptivo. En julio de ese 1986 es operado de la pr&oacute;stata y nuevamente el silencio en el diario.<\/p>\n<p>El 1 de enero de 1987 escribe que el a&ntilde;o pasado &ldquo;me lo han robado todo&rdquo;. Muri&oacute; Lol y sus tres hermanos. A&uacute;n faltaban m&aacute;s p&eacute;rdidas: el 23 de abril la entrada a su diario es: &ldquo;Janos ha muerto&rdquo;. Es para M&aacute;rai como un pu&ntilde;etazo en el pecho y escribe: &ldquo;ya no quiero escribir ni vivir, s&oacute;lo irme en paz. Ser&iacute;a un gran regalo no despertarme m&aacute;s.&rdquo;<\/p>\n<p>En la &uacute;ltima anotaci&oacute;n de M&aacute;rai, el 15 de enero de 1989, se lee: &ldquo;Ha llegado la hora.&rdquo; El 21 de febrero se peg&oacute; un balazo. Se hace caer de la escena.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Foto: Estatua de Sandor Marai realizada por P&eacute;ter G&aacute;sp&aacute;r, en Kosice, Eslovaquia. &nbsp; El suicidio ha sido un enigma a lo largo de la historia. Se trata de un acto que en diversas dimensiones conmueve y cuestiona a la sociedad, la detiene en seco y la confronta con la insuficiencia de toda explicaci&oacute;n. 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