{"id":1312,"date":"2022-09-20T14:40:11","date_gmt":"2022-09-20T14:40:11","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2022\/09\/20\/sufrir-innecesariamente-eutanasia-y-suicidio-asistido\/"},"modified":"2022-09-20T14:40:11","modified_gmt":"2022-09-20T14:40:11","slug":"sufrir-innecesariamente-eutanasia-y-suicidio-asistido","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/kaos\/sufrir-innecesariamente-eutanasia-y-suicidio-asistido\/","title":{"rendered":"Sufrir innecesariamente: eutanasia y suicidio asistido"},"content":{"rendered":"<p>Foto: Sigmund Freud y Max Schur<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>Prom&eacute;tame algo m&aacute;s, que cuando llegue el momento, no me har&aacute; sufrir innecesariamente.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Sigmund Freud a su m&eacute;dico Max Schur<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">&nbsp;<\/p>\n<p>Las recientes muertes del cineasta franc&eacute;s Jean-Luc Godard y del psicoanalista argentino nacionalizado mexicano N&eacute;stor A. Braunstein, y aun otra m&aacute;s dolida, cercana y personal &mdash;muertes asistidas, voluntariamente decididas&mdash;, me llevan a compartir aqu&iacute; algunas reflexiones sobre uno de los temas m&aacute;s controversiales de la bio&eacute;tica: la eutanasia y, utilizando esa forma elegante de llamarle, el suicidio asistido.<\/p>\n<p>La <em>Enciclopedia de Bio&eacute;tica<\/em>, establecida por el te&oacute;logo Warren Reich, consigna a la bio&eacute;tica (vista como una rama m&aacute;s de la filosof&iacute;a) como &ldquo;el estudio sistem&aacute;tico de la conducta humana en el &aacute;rea de las ciencias de la vida y del cuidado sanitario, en cuanto que tal conducta se examina a la luz de los valores&rdquo;. A partir de los planteamientos y cuestionamientos bio&eacute;ticos, hay algunos criterios que se han tomado como l&iacute;neas generales en las discusiones acad&eacute;micas y sociales sobre la eutanasia y el suicidio asistido, claro, en los pa&iacute;ses que se han permitido tales discusiones. Por ejemplo, algunos criterios son: que el paciente sepa toda la verdad sobre la enfermedad que padece, especialmente cuando se trate de una enfermedad incurable. Que en el transcurso de la enfermedad se hayan utilizado todos los adelantos y tratamientos que sea posible aplicarle al paciente sin mejora alguna. Que no se tenga en perspectiva tratamiento alguno que represente mejoras en la salud. Que exista una relaci&oacute;n consensuada entre m&eacute;dico y paciente ante la decisi&oacute;n final (se supone que la &ldquo;decisi&oacute;n&rdquo; ser&iacute;a resultado de un intercambio suficientemente informado). Que exista una afirmaci&oacute;n expresa y voluntaria del paciente cuando todav&iacute;a est&eacute; en total cordura, racionalidad y competencia para decidir (la cuesti&oacute;n toma otro tono cuando el paciente no est&aacute; en condici&oacute;n de decidir, pues aparece el verdadero problema: &iquest;qui&eacute;n tendr&iacute;a que decidir?). Que se hayan considerado todas las alternativas disponibles, si existen. Que el deseo de morir se haya mantenido sin cambio en un lapso largo. Que el sufrimiento y el dolor sean insoportables. Se debe elegir el m&eacute;todo menos doloroso posible. Y tambi&eacute;n, cuando esto sea posible, que exista alg&uacute;n familiar al que se integre en la toma de decisi&oacute;n. Aunque se trata de criterios generales, es factible observar que la causa mayor o que considera decisiva es la condici&oacute;n de enfermedad y el sufrimiento innecesario. Cabr&iacute;a preguntarse si habr&iacute;a alguna consideraci&oacute;n ante la declaraci&oacute;n sufrimiento innecesario a nivel subjetivo o ps&iacute;quico, a&uacute;n en estado de aceptable salud f&iacute;sica. Muchas preguntas quedan abiertas y es urgente la discusi&oacute;n en t&eacute;rminos psicol&oacute;gicos, legales y, sobre todo, subjetivos.<\/p>\n<p>De las tres formas en que la muerte se presenta: el accidente, el homicidio y el suicidio, es este &uacute;ltimo, m&aacute;s a&uacute;n cuando es asistido, el que m&aacute;s controversia y enigma genera. Es un complejo problema que nos cuestiona por lo menos tres dimensiones: &eacute;tica, psicol&oacute;gica (subjetiva) y legal. A&uacute;n en los pa&iacute;ses que lo contemplan, y aunque generalmente hay testigos del acto, las causas que determinan la decisi&oacute;n de darse la muerte no siempre alcanzan la luz. No siempre se sabe si se cumplen los criterios que las sociedades bio&eacute;ticas consignan, menos se discute si habr&iacute;a alg&uacute;n criterio no se&ntilde;alado pero de igual validez. De los dos casos arriba mencionados sabemos, por los medios de informaci&oacute;n, que en el caso de Jean-Luc Godard la decisi&oacute;n fue tomada ante las m&uacute;ltiples patolog&iacute;as que padec&iacute;a desde ya un tiempo prolongado; sin embargo, su viuda afirm&oacute; que el genio del cine &ldquo;no estaba enfermo, simplemente estaba agotado&rdquo;.<\/p>\n<p>En el segundo caso mencionado, del <em>Acto<\/em> de retirarse de la vida decidido por el psicoanalista N&eacute;stor A. Braunstein (con quien tuve el placer de compartir muy gratos momentos, llenos todos de aprendizajes para m&iacute;), sabemos un poco m&aacute;s sobre su muerte debido a una extensa carta p&uacute;blica titulada justamente <em>ADDIO<\/em>, una carta-documento digna de estudio en tanto que hace importantes reflexiones con respecto la vida, la muerte y el suicidio, y sobre lo que le llev&oacute; a tomar tan importante decisi&oacute;n que, sin duda, alcanza la dimensi&oacute;n de <em>Acto<\/em>.<a href=\"#_edn1\" name=\"_ednref1\">[i]<\/a> Se encuentra, as&iacute; lo dice, con plena conciencia de las razones y circunstancias de su acci&oacute;n, con todo lo ambiguo que resulta esto de la &ldquo;conciencia&rdquo; dicho por un psicoanalista. Nos dice: &ldquo;vivo la situaci&oacute;n con tranquilidad, sin angustia, sin sensaci&oacute;n de cansancio o tedio&rdquo;. Le acompa&ntilde;a, s&iacute;, el conocimiento claro, informado y asumido de la progresiva e irreversible declinaci&oacute;n de sus capacidades vitales. Nos dice tambi&eacute;n que no est&aacute; s&oacute;lo, no est&aacute; deprimido, mucho menos melanc&oacute;lico. Habiendo sido un extraordinario profesor, fundamentalmente en el campo del psicoan&aacute;lisis, no podr&iacute;a dejar de serlo en la carta de despedida que nos lega. Vale en mucho citar sus palabras en la carta mencionada con respecto del suicidio &ldquo;que tan frecuentemente se presta a diagn&oacute;sticos salvajes, a interpretaciones desbocadas o descabelladas, a descalificaciones apuradas sin prestar o&iacute;dos a las razones que conducen a esa determinaci&oacute;n, a olvidar incluso los antecedentes del suicidio asistido pedido por Freud en la primera entrevista con su m&eacute;dico en 1928 y a recordar el consentimiento de este (Max Schur) cuando lleg&oacute; el momento en que lo pidi&oacute; en 1939.<\/p>\n<p>&rdquo;A olvidar tambi&eacute;n lo que pocos se atreven a manifestar, como si hubiese en ello algo vergonzante, el hecho de que Lacan se dej&oacute; morir por negligencia voluntaria una vez que &eacute;l mismo se diagnostic&oacute; una enfermedad que pod&iacute;a curarse m&eacute;dicamente pero se neg&oacute; a recibir cualquier tratamiento [&hellip;] Es ignorar los argumentos &eacute;ticos de los muchos partidarios de la &lsquo;muerte digna&rsquo;, de la eutanasia y del suicidio asistido&rdquo;.<\/p>\n<p>Y en otro momento de su misiva, se&ntilde;ala el psicoanalista que: &ldquo;el llamado <em>pasaje al acto<\/em> es, en muchos casos, afirmo que tambi&eacute;n en el m&iacute;o, una decisi&oacute;n soberana del sujeto que se opone a la muerte pasiva, consensual, esa que el mundo acepta sin chistar. Una acci&oacute;n frente a un <em>impasse<\/em>, no un homicidio por &lsquo;vuelta contra s&iacute; mismo&rsquo; sino una manifestaci&oacute;n suprema de la pulsi&oacute;n de vida, de inscripci&oacute;n indeleble de la libertad que nada ser&iacute;a sin la posibilidad de decir &lsquo;hasta aqu&iacute;&rsquo;.&rdquo;<\/p>\n<p>Y entonces, se pregunta, con una magn&iacute;fica lucidez: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; otra cosa es vivir sino anticipar y apropiarse del camino hacia la muerte?&rdquo; Sin duda, se trata de una magn&iacute;fica y radical forma de reivindicar el valor de la vida hasta su &uacute;ltimo momento, que incluye a la muerte. &ldquo;El suicidio &mdash;nos termina diciendo&mdash; es la forma m&aacute;s rotunda de la a-dicci&oacute;n. De ah&iacute; el obligado paso a la escritura&hellip;&rdquo;. Se trata, sin duda, de una l&uacute;cida y digna apropiaci&oacute;n del acto m&aacute;s trascendente de su vida.<\/p>\n<p>N&eacute;stor Braunstein mismo, conocedor como fue de la vida y obra de Sigmund Freud, nos recuerda que el inventor del psicoan&aacute;lisis, ante los m&uacute;ltiples sufrimientos que le produce su estado de salud, solicita al joven m&eacute;dico Max Schur su asistencia para morir llegado el momento. En el texto de la historiadora del psicoan&aacute;lisis Elisabeth Roudinesco, <em>Freud en su tiempo y en el nuestro<\/em>, nos recrea el momento final de Freud, lo que nos lleva a pensar su muerte como paradigma del suicidio asistido. Nos dice: &ldquo;El 21 de septiembre Freud record&oacute; a Schur la promesa que le hab&iacute;a hecho de ayudarlo a poner fin cuando llegara el momento [&hellip;] A sus ojos, vivir en esas condiciones ya no ten&iacute;a ning&uacute;n sentido&rdquo;. Freud elige libremente, hace uso de su autonom&iacute;a y dignidad para decidir el momento de retirarse de la vida. No se trata en absoluto de un arrebato o una acci&oacute;n de desesperaci&oacute;n. El germen de la decisi&oacute;n se ubica en 1923 (16 a&ntilde;os antes de la muerte, que ocurre el 23 de septiembre de 1939), cuando Freud se entera del c&aacute;ncer que surg&iacute;a en su paladar bajo el diagn&oacute;stico de leucoplasia proliferativa papilar. Su m&eacute;dico tratante de entonces, Felix Deutsch, decidi&oacute; ocultarle el terrible diagn&oacute;stico bajo el temor de que se suicidara. Freud no soporta la deslealtad y cambia de m&eacute;dico sobre la persona del joven Max Schur. Desde el primer momento, Freud le exige siempre decirle la verdad sobre su enfermedad y tambi&eacute;n: &ldquo;prom&eacute;tame algo m&aacute;s, que cuando llegue el momento, no me har&aacute; sufrir innecesariamente&rdquo;. El curso de la enfermedad es duro, doloroso: le aplican radiaciones, 33 operaciones y uso de molestas pr&oacute;tesis bucales que le dificultan el habla y la alimentaci&oacute;n. Sufre adem&aacute;s de otitis, con sordera cada vez m&aacute;s pronunciada. Aun con ello, como le confiesa a Abraham, lo que m&aacute;s lamenta de la enfermedad es que interrumpe su febril trabajo, dado que su lucidez intelectual est&aacute; intacta. Decide no tomar analg&eacute;sicos justo para que su capacidad intelectual no se vea influida por ellos.<\/p>\n<p>Llegado el momento, le recuerda a su m&eacute;dico, y ya su amigo, la promesa que le hizo 16 a&ntilde;os antes. Le dice: &ldquo;&iquest;usted recuerda nuestra primera conversaci&oacute;n en que prometi&oacute; no dejarme en la estacada cuando llegara el momento? Ahora no es sino tormento y no tiene sentido&rdquo;. El m&eacute;dico cumple su palabra y lo ayudar&aacute; a morir. Le aplica tres inyecciones de morfina de 20 miligramos, con la finalidad de proporcionar una sedaci&oacute;n permanente, el argumento era evitar los dolores insoportables del padre del psicoan&aacute;lisis. Freud muri&oacute;, s&iacute;, por suicidio asistido, con el consentimiento de su hija Anna, como Freud mismo hab&iacute;a pedido, el s&aacute;bado 23 de septiembre de 1939, a las tres de la ma&ntilde;ana. Aunque su muerte ocurri&oacute; justo el d&iacute;a de la mayor fiesta jud&iacute;a, el Yom Kipur, su cuerpo fue incinerado sin ning&uacute;n ritual f&uacute;nebre de car&aacute;cter religioso.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref1\" name=\"_edn1\">[i]<\/a> Recordemos lo que dec&iacute;a el psicoanalista franc&eacute;s Jacques Lacan con respecto al suicidio como acto: &ldquo;La muerte no es abordable m&aacute;s que por un acto. Aun para que sea logrado, es preciso que alguien se suicide sabiendo que eso es un acto, lo que s&oacute;lo sucede muy raramente&rdquo;.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Foto: Sigmund Freud y Max Schur &nbsp; Prom&eacute;tame algo m&aacute;s, que cuando llegue el momento, no me har&aacute; sufrir innecesariamente. Sigmund Freud a su m&eacute;dico Max Schur &nbsp; Las recientes muertes del cineasta franc&eacute;s Jean-Luc Godard y del psicoanalista argentino nacionalizado mexicano N&eacute;stor A. 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