{"id":1310,"date":"2022-09-20T14:31:45","date_gmt":"2022-09-20T14:31:45","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2022\/09\/20\/la-rosa-de-porcelana\/"},"modified":"2022-09-20T14:31:45","modified_gmt":"2022-09-20T14:31:45","slug":"la-rosa-de-porcelana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/desde-el-sur\/la-rosa-de-porcelana\/","title":{"rendered":"La rosa de porcelana"},"content":{"rendered":"<p><em>El orgullo erige un peque&ntilde;o reino y act&uacute;a como soberano en &eacute;l.<\/em><\/p>\n<p>William Hazlitt<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La rosa de porcelana dur&oacute; mientras Fabiola, su madre, su abuela, su bisabuela y su qui&eacute;n sabe m&aacute;s qui&eacute;n, la cuidaron y desempolvaron cada d&iacute;a de sus existencias y colocaron en el mismo lugar. All&iacute; en el recibidor, para deleite de propios y extra&ntilde;os.<\/p>\n<p>Las visitas siempre se quedaron impresionadas con la perfecci&oacute;n de la rosa de porcelana que parec&iacute;a natural y preguntaron por su origen. Por los siglos de los siglos, alguien cont&oacute; con lujo de detalles que la abuela de la abuela de su abuela era una mujer muy linda, su nombre era Licia Fiorella. Pose&iacute;a una belleza excepcional, como jam&aacute;s volvi&oacute; a repetirse en la familia. Recibi&oacute; la rosa de un maharaj&aacute;, en aquellos a&ntilde;os en que la vida y el sue&ntilde;o andaban juntos (para algunas personas, l&oacute;gicamente).<\/p>\n<p>(Lo que pasa es que la vida siempre estuvo cubierta de rub&iacute;es y preciosas perlas para algunas personas y colmada de vicisitudes, para otras. No s&eacute; qui&eacute;n decidi&oacute; que fuera as&iacute;).<\/p>\n<p>El hecho es que la rosa de porcelana la recibi&oacute; la linda Licia Fiorella. (La belleza, en aquel entonces, era natural, sin cirug&iacute;as, rellenos y otros sinfines de tratamientos para transformar la naturaleza de cualquiera).<\/p>\n<p>Licia Fiorella tuvo la suerte de acompa&ntilde;ar a sus padres a un viaje a las Indias Orientales. El viaje tuvo muchas peculiaridades, la mayor fue llegar hasta su destino final sobre elefantes, para luego ser hospedados en un hermoso palacio.<\/p>\n<p>El palacio era un inmenso recinto con numerosos patios rodeados por diversos edificios con inn&uacute;meros jardines internos. Con arcos, todos ellos de m&aacute;rmol labrado. Con una gran puerta bajo un arco de m&aacute;rmol flanqueada por dos elefantes de m&aacute;rmol blanco, con numerosas ventanas y celos&iacute;as, y un tejado con c&uacute;pulas rematadas por pin&aacute;culos met&aacute;licos. El interior del palacio estaba finamente decorado y Licia Fiorella se qued&oacute; impresionada con tantos detalles en los techos, paredes, muebles y pisos que decoraban tan majestuoso palacio. Los tejidos, tapices, armas, instrumentos musicales, pinturas, miniaturas y manuscritos antiguos se quedaron grabados en su memoria (y en la memoria de las futuras generaciones de su familia, ya que todos contaban como si hubiesen presenciado los hechos).<\/p>\n<p>La guardia del maharaj&aacute; flanquea la entrada: cinco hombres con uniforme blanco, zapatos negros, bigote y un gran turbante rojo. Los aposentos que les fueron destinados estaban preciosamente adornados y daban a dos lindos jardines con fuentes. Licia Fiorella jam&aacute;s hab&iacute;a vivido en medio de tanto lujo, a tal punto que imaginaba estar en un cuento de hadas, siendo que ni hab&iacute;a visto al maharaj&aacute; todav&iacute;a, y las posibilidades de que lo viera, con sus atuendos bordados en oro, eran muy escasas y ella lo sab&iacute;a.<\/p>\n<p>Mientras el padre de Licia Fiorella cumpl&iacute;a con su trabajo, ella y su madre disfrutaban del palacio y el trato de reinas que recib&iacute;an, asimismo, se regocijaban con paseos por la ciudad y sus mercados, acompa&ntilde;adas por amas y guardias. La riqueza cultural del pa&iacute;s que visitaban las dejaba sorprendidas a cada paso. Las telas, las artesan&iacute;as y absolutamente todo les encantaba. Empero, lo que m&aacute;s gustaba a Licia Fiorella eran los postres, tanto que aprendi&oacute; a prepararlos y despu&eacute;s se tornaron tradici&oacute;n en el recetario familiar, como el Barfi, el Kaju barfi, el Yalebi (con forma de espiral, unos dulces fritos que se remojan en jarabe de az&uacute;car. La masa se elabora con harina de garbanzos y el color amarillo se potencia con azafr&aacute;n); el Gulab Jamun (una especie de bolas de masa fritas que se remojan en un jarabe de az&uacute;car y agua de rosas, con un sabor intensamente dulce y con tan delicada presentaci&oacute;n que qued&oacute; como una reliquia culinaria de todas las generaciones posteriores).<\/p>\n<p>Una ma&ntilde;ana, mientras Licia Fiorella le&iacute;a cerca una fuente, en uno de los jardines de sus aposentos, percibi&oacute; que alguien se acerc&oacute; con parsimonia. Ella levant&oacute; la mirada y se qued&oacute; observando al hombre sumamente alto que le recordaba a un gigante salido de un cuento. Inmediatamente Licia Fiorella se percat&oacute; que se trataba del maharaj&aacute;. Cerr&oacute; su libro y se levant&oacute; haciendo una reverencia desajustada, propia de quien no est&aacute; acostumbrada a ciertos protocolos. El maharaj&aacute; sonri&oacute; y extendi&oacute; el largo brazo, alcanz&aacute;ndole una rosa de porcelana. Licia Fiorella se sonroj&oacute; y con mano tr&eacute;mula tom&oacute; el regalo. El gigante maharaj&aacute; le platic&oacute; cuatro cosas por pura gentileza, como la bienvenida a su reino y el deseo de una buena estancia, para despedirse enseguida, retir&aacute;ndose con sus atuendos ricamente bordados en oro.<\/p>\n<p>Licia Fiorella entr&oacute; al palacio para contar a sus padres, que dudaron del ocurrido hasta que se percataron que la rosa (id&eacute;ntica a cientos de rosas que poblaban el jard&iacute;n del palacio en que estaban hospedados) era de porcelana.<\/p>\n<p>Cuando regresaron del viaje tra&iacute;an un equipaje incre&iacute;ble, cantidades de especias indias, t&eacute;, joyas, telas y tejidos, cer&aacute;mica azul, bordado de Kutch, productos ayurv&eacute;dicos y un mont&oacute;n de objetos de madera y otras tantas cosas&hellip;<\/p>\n<p>Siendo el m&aacute;s preciado de todo lo que trajeron de la India, la rosa de porcelana (por ser un regalo del mism&iacute;simo maharaj&aacute;) y pas&oacute; a ser motivo de orgullo y vanidad para los descendientes. La familia entera atesor&oacute; por varias generaciones (m&aacute;s de un siglo) la rosa de porcelana y Fabiola la dej&oacute; caer est&aacute; ma&ntilde;ana cuando la desempolvaba, haciendo a&ntilde;icos el orgullo familiar.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El orgullo erige un peque&ntilde;o reino y act&uacute;a como soberano en &eacute;l. William Hazlitt &nbsp; La rosa de porcelana dur&oacute; mientras Fabiola, su madre, su abuela, su bisabuela y su qui&eacute;n sabe m&aacute;s qui&eacute;n, la cuidaron y desempolvaron cada d&iacute;a de sus existencias y colocaron en el mismo lugar. 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