{"id":1278,"date":"2022-09-02T13:37:48","date_gmt":"2022-09-02T13:37:48","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2022\/09\/02\/los-mellizos\/"},"modified":"2022-09-02T13:37:48","modified_gmt":"2022-09-02T13:37:48","slug":"los-mellizos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/desde-el-sur\/los-mellizos\/","title":{"rendered":"Los Mellizos"},"content":{"rendered":"<p>Era un hombre alto de tez blanca y profundos ojos verdes, hijo de un conocido terrateniente. No quiso estudiar como todos sus hermanos, tampoco quiso trabajar la tierra, aunque guardaba gratos recuerdos de su ni&ntilde;ez en la hacienda. Siempre recordaba c&oacute;mo los indios lo cargaban en la espalda y c&oacute;mo los hac&iacute;a sufrir para su gozo y contentamiento.<\/p>\n<p>Se cas&oacute; con Ana Carolina, la hija de otro hacendado que tambi&eacute;n hab&iacute;a sobrevivido a la reforma agraria y que mantuvo su feudo casi intacto. Pero el hacendado no sobrevivi&oacute; al matrimonio de su preciosa hija con semejante badulaque.<\/p>\n<p>La feliz pareja reprodujo 16 hijos: tres pares de gemelos, uno de mellizos y los otros. Eran personas muy simp&aacute;ticas y agradables para conversar, se quer&iacute;an mucho, adem&aacute;s de que eran bonitos e irresponsables. Vivieron de todo lo que heredaron hasta gastar el &uacute;ltimo centavo. Vendieron los objetos de valor, como la Virgen de plata maciza por m&iacute;seros 20 d&oacute;lares; tambi&eacute;n los cubiertos de plata, la vajilla, las tierras, los animales, la mesa, las sillas, las joyas, la colecci&oacute;n de armas, los suvenires que sus madres y abuelas trajeron de los viajes a Europa, los cargamentos de plata para los d&iacute;as de fiesta. Todo&hellip;<\/p>\n<p>Hasta que una ma&ntilde;ana, Ana Carolina le pregunta al marido qu&eacute; dar&aacute;n de comer a tantas bocas, porque van a despertar y no hay nada. &Eacute;l le contesta que despierte a los mellizos y los arregle, porque los llevar&aacute; para venderlos. Ella lo mira con sorpresa y &eacute;l a&ntilde;ade que los chicos van a estar bien, pues nadie tendr&iacute;a valor de maltratar a dos preciosos angelitos tan rubios de ojos celestes como su madre.<\/p>\n<p>Ana Carolina, sin decir palabra, se apresura en traer a los mellizos y &eacute;l los lleva al mercado Bol&iacute;var donde los ofrece a la primera se&ntilde;ora bien presentable que ve. Ella, al ver tan lindos ni&ntilde;os y que su padre quiera venderlos por tan poco, piensa que puede darles mejor futuro junto a su esposo e hijos, y accede a comprarlos.<\/p>\n<p>En el momento de la transacci&oacute;n, los mellizos terminan de despertar y se percatan que deben irse con la se&ntilde;ora desconocida, empiezan a llorar y a rogar a su padre:<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Papi, no nos venda! &iexcl;Ya no vamos a pedir pancito!<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Era un hombre alto de tez blanca y profundos ojos verdes, hijo de un conocido terrateniente. 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