{"id":1226,"date":"2022-08-05T14:49:22","date_gmt":"2022-08-05T14:49:22","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2022\/08\/05\/salvajes-del-espacio-y-del-tiempo\/"},"modified":"2022-08-05T14:49:22","modified_gmt":"2022-08-05T14:49:22","slug":"salvajes-del-espacio-y-del-tiempo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/gorilas-en-trova\/salvajes-del-espacio-y-del-tiempo\/","title":{"rendered":"Salvajes del espacio y del tiempo"},"content":{"rendered":"<p>Mirar las im&aacute;genes provenientes del observatorio espacial &ldquo;James Webb&rdquo; remite al hombre a un pasado lejano, aproximadamente de hace 4.600 millones de a&ntilde;os, cuando la humanidad ni siquiera exist&iacute;a. No obstante, el hombre y su vida no son inmunes a la extraordinaria belleza de las galaxias ni a lo inescrutable de los hoyos negros. Por cierto, &iquest;es usted un aut&eacute;ntico salvaje?<\/p>\n<p>A partir del 11 de julio de este 2022, el Telescopio Espacial James Webb env&iacute;a continuamente instant&aacute;neas del Universo, por ejemplo, de la Nebulosa de Carina, con multitud de estrellas recien nacidas, ubicada a 7.600 a&ntilde;os luz; o de la galaxia SMACS 0723 a 4.600 millones de a&ntilde;os; o de la Nebulosa del Anillo Sur en el justo momento de la muerte de una de sus estrellas, situada a 2.000 a&ntilde;os luz.<\/p>\n<p>El hombre del siglo XXI, residente del planeta Tierra, constata en unas cuantas fotograf&iacute;as el nacimiento, vida y muerte de estrellas, planetas y de otros cuerpos celestes.<\/p>\n<p>Desde luego, tomar consciencia de que las estrellas que ahora se contemplan en realidad perecieron hace millones de a&ntilde;os provoca perplejidad y asombro, el suficiente para comprender el poema: &ldquo;The summer&rsquo;s day&rdquo; (El d&iacute;a de verano), de la poetisa estadounidense Mary Oliver, del cual aqu&iacute; hago una traducci&oacute;n libre, cuyos dos &uacute;ltimos versos dicen:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>&iquest;No es verdad que todo al final se muere, y tan pronto?<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>Dime, &iquest;qu&eacute; piensas hacer con tu &uacute;nica, salvaje y preciosa vida?<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Es cierto, todo muere. Incluso lo que se mueve en el espacio sideral tiene un ciclo que se cumple inevitablemente, el &ldquo;James Webb&rdquo; as&iacute; lo ha evidenciado. En ese caso, &iquest;qu&eacute; hace el hombre? &iquest;C&oacute;mo vive? &iquest;Vive?<\/p>\n<p>&iquest;Acaso vive y muere como las estrellas? &iquest;Viajando y destellando una luz tan hermosa que, a pesar de los cientos de millones de a&ntilde;os que transcurran, alguien &mdash;en alg&uacute;n lugar muy distante&mdash; disfrutar&aacute; de la maravilla que fue en otro tiempo?<\/p>\n<p>Las estrellas de la Nebulosa del Anillo Sur vistas con el James Webb murieron hace 2000 a&ntilde;os luz. Si considera, querido lector, que un a&ntilde;o luz equivale a nueve billones de kil&oacute;metros (<a href=\"https:\/\/spaceplace.nasa.gov\/light-year\/sp\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">https:\/\/spaceplace.nasa.gov\/light-year\/sp\/<\/a>), ya supondr&aacute; lo que significa atestiguar un evento tan antiguo.<\/p>\n<p>Por otro lado, aun se ignora cu&aacute;nto tiempo vivi&oacute; esa estrella, si en su zona de habitabilidad hab&iacute;a planetas y, en su caso, si sus pobladores tuvieron una vida tan corta o ef&iacute;mera &mdash;comparada con el tiempo del Universo&mdash; como la de un humano.<\/p>\n<p>Esta acotaci&oacute;n aparentemente brutal podr&iacute;a ser apenas una llamada a lo salvaje.<\/p>\n<p>Oliver, ganadora del Premio Pulitzer de 1984 y del National Book Award de 1992, cierra su poema con una pregunta conclusiva:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>Dime, &iquest;qu&eacute; piensas hacer con tu &uacute;nica, salvaje y preciosa vida?<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>As&iacute;, da por sentado que la existencia humana es valiosa, un milagro irrepetible y salvaje igual que la del cisne, la del oso, la de la saltamontes y la de todas las cosas. Adem&aacute;s, parece que tienen en com&uacute;n el mismo incognoscible origen, pues narra:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>&iquest;Qui&eacute;n cre&oacute; al mundo?<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>&iquest;Qui&eacute;n hizo al cisne, y al oso negro?<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>&iquest;Qui&eacute;n dio forma a la saltamontes?<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Dicho de otro modo, Mary Oliver se&ntilde;ala por acumulaci&oacute;n los portentos contenidos en el orbe y, sin la intenci&oacute;n de identificar a su creador, se cuestiona sobre el hacedor de todas las cosas tan s&oacute;lo para destacar la inmensidad de la creaci&oacute;n y la infinitud de la vida.<\/p>\n<p>Por inveros&iacute;mil que parezca, el hombre &mdash;iniciador de esta era&mdash;, que constata el surgimiento y muerte de las estrellas de hace millones de a&ntilde;os, sin necesidad de haber nacido antes de esos sucesos, comparte con Mary Oliver (10 de septiembre de 1935&mdash;17 de enero de 2019) la id&eacute;ntica y permanente interrogante:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>&iquest;Qui&eacute;n cre&oacute; al mundo?<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La inc&oacute;gnita no es trivial, puesto que todav&iacute;a no ha sido contestada, mas ha llevado al ensayo de multiud de teor&iacute;as, experimentos, intentos de viajes espaciales y a otros cuestionamientos, cuyas respuestas a&uacute;n est&aacute;n pendientes. Entre tanto, Mary Oliver entrega en verso, en el mismo poema, otro producto de su contemplaci&oacute;n:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>Me refiero a esta saltamontes,<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>la que acaba de saltar en la hierba,<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>la que ahora come az&uacute;car de mi mano,<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>la que mueve las fauces de atr&aacute;s para adelante y no de arriba a abajo,<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>la que mira a su alrededor con enormes ojos complicados.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>Ahora levanta una de sus patas y se lava la cara cuidadosamente.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>Ahora de pronto abre sus alas y se va flotando.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Cuando la poeta se pregunta sobre el origen de las cosas, de los animales inclusive, pasa de la conversaci&oacute;n con ella misma a un di&aacute;logo con la saltamontes.<\/p>\n<p>Es importante advertir que no dice saltamontes, sino que se refiere a este animalito en su sexo de hembra &iquest;C&oacute;mo logr&oacute; la autora ese descubrimiento? &iquest;De qu&eacute; m&eacute;todo se vali&oacute; para que la saltamontes admitiera comer de su mano? Y, luego, &iquest;le permitiera mirarla mientras se lavaba la cara?<\/p>\n<p>&iquest;De d&oacute;nde naci&oacute; esa confianza rec&iacute;proca entre la poetisa y la saltamontes, al extremo de que, sin m&aacute;s, simplemente abri&oacute; sus alas y se fue flotando?<\/p>\n<p>Oliver transmite la intimidad de dos seres que act&uacute;an conforme a ellos mismos, de manera natural, sin romantizar al mundo, pero tampoco sin someterlo a la supuesta superioridad l&oacute;gica del humano; hay un deseo de aceptaci&oacute;n mutua, de querer comunicarse.<\/p>\n<p>Luego afirma:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>Yo no s&eacute; con certeza lo que es una oraci&oacute;n.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>Sin embargo s&eacute; prestar atenci&oacute;n<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>y s&eacute; c&oacute;mo caer sobre la hierba,<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>c&oacute;mo arrodillarme en la hierba, c&oacute;mo ser bendita y perezosa,<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>c&oacute;mo andar por el campo,<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>que es lo que llevo haciendo todo el d&iacute;a.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En otras palabras, sostiene no estar segura de lo que es orar, de lo que significa ponerse an&iacute;mica y espiritualmente en contacto con el creador; empero, tiene la convicci&oacute;n de que ha desarrollado la capacidad para enfocar todos sus sentidos y facultades en las cosas de la naturaleza, incluy&eacute;ndose a ella misma, para entrar en comuni&oacute;n con la esencia de la creaci&oacute;n; esto es, con lo sagrado o divino; de forma que sin sacrificio ni estudios previos ni costumbres adquiridas, sabe arrodillarse al estilo del que ora.<\/p>\n<p>O sea, se arrodilla sin humillarse y sin sometimiento, sino m&aacute;s bien como un acto de la victoria connatural a la esencia del mundo sobre cualquier intento de aferrarse a la materialidad y c&aacute;culo humano; por ello, ese es un acto de gozo pleno. En consecuencia, es simplemente bienaventurada, feliz a guisa de un Santo; llam&aacute;ndose a s&iacute; misma &ldquo;bendita&rdquo;.<\/p>\n<p>Y perezosa porque es independiente, no trabaja en las cosas que los otros proponen como las m&aacute;s provechosas: contruir puentes, aumentar las ganancias, adquirir mucha ropa, perfumes, juguetes para s&iacute; o para la gente; por el contrario, se escapa de esa realidad y se integra a la naturaleza, se adapta a ella; alcanzando as&iacute;, la comprensi&oacute;n de la creaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Al llegar a este punto, Mary Oliver advierte de dos cosas: la primera, para lograr la integraci&oacute;n a la propia esencia y a la del mundo es indispensable reconocerse como el &ldquo;salvaje&rdquo; que aut&eacute;nticamente se es; y segunda; aclara el concepto de &ldquo;salvaje&rdquo;.<\/p>\n<p>En efecto, alude al cisne, al oso, a la saltamontes y a todos los entes como &ldquo;salvaje&rdquo;; es decir, a los seres no domesticados por el hombre, a los que actuan conforme a su esencia, asumiendo su lugar en el cosmos igual que el resto de los seres. Salvaje es ser silvestre, es entrar en contacto &iacute;ntimo con la creaci&oacute;n, como las estrellas que trasmutadas en polvo constituyen una porci&oacute;n del ADN de todo lo que puebla la Tierra.<\/p>\n<p>Finalmente, la poeta interpela al lector, tambi&eacute;n a Usted querido lector:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><em>Dime, &iquest;qu&eacute; piensas hacer con tu &uacute;nica, salvaje y preciosa vida?<\/em><\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Mary Oliver, en su poema &ldquo;The summer&rsquo;s day&rdquo; (El d&iacute;a de verano), de su poemario &ldquo;Dream work&rdquo;, responde que se dedica a orar, a ser perezosa, bendecida y salvaje.<\/p>\n<p>Es posible que muchos humanos consagren un fragmento de su vida a tareas como admirar los cielos y sus estrellas y a&uacute;n m&aacute;s all&aacute;, nada m&aacute;s que para sentirse parte del espacio y del tiempo.<\/p>\n<p>Como siempre, Usted, querido lector, tiene la &uacute;ltima palabra.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mirar las im&aacute;genes provenientes del observatorio espacial &ldquo;James Webb&rdquo; remite al hombre a un pasado lejano, aproximadamente de hace 4.600 millones de a&ntilde;os, cuando la humanidad ni siquiera exist&iacute;a. 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