{"id":1203,"date":"2022-07-29T17:03:33","date_gmt":"2022-07-29T17:03:33","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2022\/07\/29\/amor-y-narcisismo\/"},"modified":"2022-07-29T17:03:33","modified_gmt":"2022-07-29T17:03:33","slug":"amor-y-narcisismo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/kaos\/amor-y-narcisismo\/","title":{"rendered":"Amor y narcisismo"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>Es m&aacute;s f&aacute;cil comprender el cosmos que comprender el ego;<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>el yo est&aacute; mucho m&aacute;s lejos que cualquier estrella<\/em><\/p>\n<ol>\n<li style=\"text-align: right;\">K. Chesterton<\/li>\n<\/ol>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Era hijo del r&iacute;o Cefiso y de la ninfa Liriope. Lo amaba y acosaba la ninfa Eco. En su nacimiento fue consultado el sabio Tiresias (aquel sabio ciego-vidente que opera como juez en las disputas de amor) sobre si ese ni&ntilde;o llegar&iacute;a a la vejez. El vidente respondi&oacute; que: &ldquo;s&oacute;lo si no llegase a verse a s&iacute; mismo&rdquo;. Lo deseaban mujeres y hombres por igual, pero nadie pod&iacute;a con su soberbia, que era tan grande como su belleza. Un d&iacute;a el joven bello corr&iacute;a persiguiendo cervatillos y lo vio la ninfa Eco, en el acto se enamor&oacute; de &eacute;l. Eco es la ninfa de la voz, aquella que, dice Ovidio, &ldquo;no ha aprendido ni a callar cuando se le habla, ni a hablar ella la primera&rdquo;. Ella, la que duplica las voces en los finales de frase y devuelve lo que ha escuchado, amando al hermoso joven, es despreciada, como lo hace con todos y todas quienes le demandaban amor. Cansado de sus andanzas, el bello joven se detiene a descansar en un paraje hermoso con una magn&iacute;fica fuente a la que se acerca con la intenci&oacute;n de saciar su sed, al mirarse en las l&iacute;mpidas aguas, dice Ovidio en <em>La metamorfosis<\/em>: &ldquo;se extas&iacute;a ante s&iacute; mismo y permanece inm&oacute;vil&hellip;se admira &eacute;l de todo lo que le hace admirable. Se desea as&iacute; mismo sin saberlo, gusta &eacute;l mismo a quien gusta, al solicitar es solicitado, y a la vez que enciende arde. &iexcl;Cu&aacute;ntas veces dio vanos besos a la enga&ntilde;osa fuente!&rdquo; Arde en amor a s&iacute; mismo y su ardor lo lleva a la muerte am&aacute;ndose a s&iacute; mismo. Suicidio por enamoramiento, &iquest;Su nombre? Narciso.<\/p>\n<p>El manual de clasificaci&oacute;n psiqui&aacute;trica conocido como DSM-5 define al trastorno narcisista de la personalidad como &ldquo;un patr&oacute;n general de grandiosidad (en la imaginaci&oacute;n o en el comportamiento), una necesidad de admiraci&oacute;n y una falta de empat&iacute;a, que inicia al principio de la edad adulta y que se dan en diversos contextos&rdquo;. La nosolog&iacute;a del trastorno de la personalidad narcisista se&ntilde;ala algunos criterios: a) Tiene un grandioso sentido de auto importancia, exagera logros y capacidades, espera ser reconocido como superior sin tener logros que vayan en proporci&oacute;n; b) se muestra preocupado por fantas&iacute;as de &eacute;xito ilimitado, poder, brillantez, belleza o amor imaginarios; c) Cree que es especial y &uacute;nico y que s&oacute;lo puede ser comprendido y relacionarse con personas o instituciones de alto estatus; d) exige una admiraci&oacute;n excesiva, resulta muy pretencioso, espera un trato especial; e) carece de empat&iacute;a y presenta comportamientos soberbios o actitudes arrogantes.<\/p>\n<p>La clasificaci&oacute;n del manual DSM-5 tambi&eacute;n distingue entre <em>Narcisismo grandioso o de piel gruesa<\/em> y <em>narcisismo vulnerable o de piel fina<\/em>. En los primeros, los sentimientos de grandiosidad pueden estar tanto en la imaginaci&oacute;n como en el comportamiento. Es decir, hay personas extremadamente t&iacute;midas, pero con enormes fantas&iacute;as de grandiosidad o delirios de reivindicaci&oacute;n, se muestran insensibles, incapaces de reconocer los sentimientos profundos. Los segundos se trata de personas con una gran vulnerabilidad, fr&aacute;giles, hipersensibles y mucha dificultad para hacer frente a los fracasos. En ambos casos, se sienten orgullosos de su soberbia y de la humillaci&oacute;n que provocan, no reconocen padecimiento ni se inhiben al mostrar sus rasgos patol&oacute;gicos. Hay incluso alarde de ellos. Tambi&eacute;n proyectan seguridad y eso, junto con el cuidado y pulcritud de su imagen, los convierte en seductores irrestrictos.<\/p>\n<p>Sigmund Freud, inventor del psicoan&aacute;lisis, escribi&oacute; en 1914 un texto fundamental para el corpus te&oacute;rico de la disciplina: <em>Introducci&oacute;n del narcisismo<\/em>, aunque ya hab&iacute;a hecho referencia al concepto con anterioridad, por ejemplo, al hablar de <em>Un recuerdo infantil de Leonardo Da Vinci<\/em>. Freud reconoce que el t&eacute;rmino &ldquo;narcisismo&rdquo; se hab&iacute;a usado desde 1898 por Havelock Ellis. En los primeros planteamientos ubicaba al narcisismo como una perversi&oacute;n donde, en lugar de tomar un objeto de amor exterior, el sujeto eleg&iacute;a como objeto de amor a su propio cuerpo. As&iacute; lo escribe el Dr. vien&eacute;s: &ldquo;conducta por la cual un individuo da a su cuerpo propio un trato parecido al que dar&iacute;a al cuerpo de un objeto sexual; vale decir, lo mira con complacencia sexual, lo acaricia, lo mima, hasta que gracias a estos manejos alcanza la satisfacci&oacute;n propia&rdquo;. Si Freud no fuese m&aacute;s all&aacute; de estos planteamientos se quedar&iacute;a en el &aacute;mbito donde se mueve la psicolog&iacute;a. Sin embargo, a partir de 1914 har&aacute; del narcisismo una investidura pulsional necesaria para la constituci&oacute;n de la subjetividad y la elecci&oacute;n de objetos de amor. No es ya una condici&oacute;n patol&oacute;gica sino un dato estructural del sujeto.<\/p>\n<p>Habr&iacute;a dos momentos constitutivos del narcisismo que se expresan en dos dimensiones de elecci&oacute;n de objeto de amor: el narcisismo primario, donde el infans se muestra en un estado de absoluta indefensi&oacute;n o desamparo (<em>hilflosigkeit<\/em>) que solo se salva por la presencia de un otro que le prodiga cuidados y satisface sus necesidades. Es a partir de esta relaci&oacute;n de proximidad entre el ni&ntilde;o y quien hace funci&oacute;n materna, le protege y satisface sus necesidades, que se constituir&aacute; la primera dimensi&oacute;n de elecci&oacute;n de objeto amoroso. Freud dir&aacute; que el infans, entonces, elige sus objetos sexuales tom&aacute;ndolos de sus vivencias de satisfacci&oacute;n, ancladas a partir de la madre nutricia o el padre protector, a esa dimensi&oacute;n le llama anacl&iacute;tica o por apuntalamiento.<\/p>\n<p>El narcisismo secundario es posterior y ocurre a partir del repliegue de la libido sobre el yo a partir de la desinvestidura de objetos exteriores, el yo se vuelve referencia a&uacute;n en los objetos tomados del exterior. Es decir, en el narcisismo secundario, en el otro se encuentra y se ama a s&iacute; mismo. Aqu&iacute; se constituye la segunda dimensi&oacute;n de elecci&oacute;n de objeto de amor que toma como modelo al propio yo. Desde esta dimensi&oacute;n, el objeto queda ubicado en el lugar del ideal del yo, es decir, se amar&iacute;a al objeto no por sus cualidades sino por la satisfacci&oacute;n narcisista que suscita. Es esa misma idealizaci&oacute;n del objeto lo que en otro momento puede desencadenar la agresividad. Aqu&iacute; se establece la segunda vertiente de la elecci&oacute;n de objeto de amor, la dimensi&oacute;n narcisista.<\/p>\n<p>El psicoanalista franc&eacute;s Jacques Lacan, en diversas ocasiones, relaciona el amor y el narcisismo, le llama &ldquo;amarse a trav&eacute;s del otro&rdquo;. En el seminario VIII, <em>Sobre la transferencia<\/em>, har&aacute; una lectura de <em>El banquete o sobre la er&oacute;tica<\/em>, de Plat&oacute;n, hace un recorrido por el amor y ah&iacute; hablar&aacute; del objeto agalm&aacute;tico como aquello valioso que se supone a quien se ama. De esta manera, lo que se buscar&iacute;a en la experiencia amorosa ser&iacute;a aquello que hay de <em>m&aacute;s yo-mismo<\/em> en el exterior. Aqu&iacute; nuevamente se pone en juego algo de la dimensi&oacute;n narcisista en el amor. Sin embargo, el amor ir&iacute;a m&aacute;s all&aacute; en tanto que lo que lo mueve es un objeto que falta en quien ama y del que tambi&eacute;n carece el amado, es decir, no hay este yo-mismo en el amor, en el amor se trata del encuentro de dos inconscientes. Algo de esta condici&oacute;n del amor se ve reflejada en la archi mencionada f&oacute;rmula lacaniana en la que &ldquo;amar es dar lo que no se tiene, a quien no es&rdquo;. El narcisista, montado en la sobrebia, no puede amar; amar exige ir m&aacute;s all&aacute; del narcisismo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Es m&aacute;s f&aacute;cil comprender el cosmos que comprender el ego; el yo est&aacute; mucho m&aacute;s lejos que cualquier estrella K. Chesterton &nbsp; Era hijo del r&iacute;o Cefiso y de la ninfa Liriope. Lo amaba y acosaba la ninfa Eco. 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