{"id":1160,"date":"2022-07-05T14:36:02","date_gmt":"2022-07-05T14:36:02","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2022\/07\/05\/inundacion\/"},"modified":"2022-07-05T14:36:02","modified_gmt":"2022-07-05T14:36:02","slug":"inundacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/desde-el-sur\/inundacion\/","title":{"rendered":"Inundacin"},"content":{"rendered":"<p>Tengo una lejana memoria de que afuera se escuchaba la lluvia, torrencial e impiadosa, que no daba tregua a la noche oscura. Los r&iacute;os y quebradas aumentaban su caudal a cada segundo llenando las calles, las calzadas y los parques. Los autos parqueados empezaban a flotar como g&oacute;ndolas venecianas por las calles-canales de la gran ciudad. Los p&aacute;jaros, abandonando sus nidos mojados, cargados de dolor, buscaban resguardo en los edificios.<\/p>\n<p>Adentro el agua escurri&oacute; por el piso, subi&oacute; por la cama, por las paredes&hellip;, lavando los cuadros, el Cristo de mi cabecera, los muebles, el empapelado. Alcanz&oacute; la ara&ntilde;a que colgaba del techo y luego el techo. En medio del sonido silencio que produce el agua, vi un manojo de cartas amarillas, amarrado con una cinta rosada, en el caj&oacute;n semi abierto del velador, donde guardo los pralin&eacute;s con el retrato de Sissi en la lata. Pens&eacute;: &ldquo;Son las cartas que nunca recib&iacute;.&rdquo;<\/p>\n<p>Mir&eacute; la alfombra rosada, anegada, el cubrecama encharcado y el <em>robe de chambre<\/em> mojado, como todo en la habitaci&oacute;n: cortina, ventana, almohada, sill&oacute;n, cama, s&aacute;bana, espejo, ropero&hellip; &iquest;El oso de peluche? Por supuesto, el oso de peluche y los zapatos, abrigos, vestidos&hellip;<\/p>\n<p>El frasco de perfume de maderas del oriente se desliz&oacute; hasta el fondo, como en c&aacute;mara lenta, ante mi mirada at&oacute;nita. Fue a dar encuentro al collar de perlas que lleg&oacute; antes a la alfombra, sin que yo me percatara, fustigando sentimientos y angustias.<\/p>\n<p>El agua mov&iacute;a los objetos en la habitaci&oacute;n, acomod&aacute;ndolos a su manera, como anunci&aacute;ndome que ya no me pertenec&iacute;an.<\/p>\n<p>Al fin y al cabo, son cosas&hellip; Hay gente que siempre sufre m&aacute;s, siempre se lleva la peor parte de cada situaci&oacute;n. Pens&eacute; en ellos, que estaban inundados, sin pared, sin techo, sin abrigo, en la noche oscura y fr&iacute;a, bajo la lluvia torrencial, anegados, sin poder sujetar el tiempo, ante el firmamento que se derrumba l&iacute;quido sobre sus cabezas. Ante su mirada trunca se paraliz&oacute; su vida. Perdieron todo&hellip; &iexcl;No importa! Ya duermen en lo eterno.<\/p>\n<p>En el jard&iacute;n los nardos azules ahogados. Los pastizales, volvi&eacute;ndose algas y los peces, nadando en los altares, mientras las luces se extinguen, haciendo de la noche oscura y fr&iacute;a, un lugar imposible de permanecer.<\/p>\n<p>Seguramente, en la biblioteca, todos los poetas zambullidos con las palabras oportunas, del l&eacute;xico preciso, ordenado alfab&eacute;ticamente sin poder devolver la vida ni el espacio ni el tiempo. Algunos libros abiertos donde las palabras se remojan y se vuelven transparentes, seg&uacute;n se desti&ntilde;e la p&aacute;gina, para volver a su estado primigenio.<\/p>\n<p>Me sent&iacute; en la proa del tiempo y agarr&eacute; mi cabeza mojada. Luego toqu&eacute; mi camisola mojada, mir&eacute; mis manos mojadas, parec&iacute;a un naufragio y no una inundaci&oacute;n. Quise gritar, pero debajo del agua existe un sonido silencio que no permite otros ruidos. En mi pensamiento exclam&eacute;: &ldquo;&iexcl;Por Dios, todo inundado!&rdquo; Enseguida llor&eacute;&hellip; Entonces vi que mis l&aacute;grimas eran las gotas que faltaban para que el agua desbordara la habitaci&oacute;n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Tengo una lejana memoria de que afuera se escuchaba la lluvia, torrencial e impiadosa, que no daba tregua a la noche oscura. Los r&iacute;os y quebradas aumentaban su caudal a cada segundo llenando las calles, las calzadas y los parques. 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