{"id":1148,"date":"2022-06-28T14:09:44","date_gmt":"2022-06-28T14:09:44","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2022\/06\/28\/la-sexualidad-y-su-diversidad\/"},"modified":"2022-06-28T14:09:44","modified_gmt":"2022-06-28T14:09:44","slug":"la-sexualidad-y-su-diversidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/kaos\/la-sexualidad-y-su-diversidad\/","title":{"rendered":"La sexualidad y su diversidad"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right;\"><em>&hellip;la multiplicidad de los factores determinantes es reflejada por la diversidad de los desenlaces en la conducta sexual manifiesta de los seres humanos.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">S. Freud.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>&hellip;todas las personas, a&uacute;n las m&aacute;s normales, son capaces de la elecci&oacute;n homosexual de objeto, la han consumado alguna vez en su vida y la conservan todav&iacute;a en el inconsciente&hellip;<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">S. Freud.<\/p>\n<p><em>&nbsp;<\/em><\/p>\n<p>Si algo ha sido ambiguo y oscuro en la historia del hombre moderno es su v&iacute;nculo con la sexualidad. Quiz&aacute; s&oacute;lo la muerte le produzca un pasmo del mismo nivel.<\/p>\n<p>Con la celebraci&oacute;n del <em>Pride Parade<\/em> en todo el mundo, en el mes de la &ldquo;diversidad sexual&rdquo;, adem&aacute;s de abrazar y reconocer el valor de las manifestaciones vale intentar esa otra forma de celebraci&oacute;n que es la reflexi&oacute;n.<\/p>\n<p>Es hasta el a&ntilde;o de 1955, a mitad del siglo XX, que inicia un inter&eacute;s sistem&aacute;tico sobre la diversidad sexual a partir de los trabajos de un m&eacute;dico neozeland&eacute;s llamado John Money, quien hace aparecer en los discursos acad&eacute;micos el t&eacute;rmino <em>gender<\/em> (g&eacute;nero) para definir lo masculino y lo femenino. Plantea la diferencia de g&eacute;nero a partir de cuestiones culturales, m&aacute;s all&aacute; de las diferencias anat&oacute;micas. Podemos leer en este autor reducciones binarias ante la sexualidad. Se&ntilde;ala que &ldquo;La expresi&oacute;n rol de g&eacute;nero se usa para significar todas aquellas cosas que una persona dice o hace para revelar que &eacute;l o ella tiene estatus de ni&ntilde;o u hombre, o ni&ntilde;a o mujer, respectivamente. &Eacute;sta incluye, pero no est&aacute; restringida, a la sexualidad en el sentido del erotismo.&rdquo;<\/p>\n<p>Poco m&aacute;s tarde, en 1968, Robert Stoller, con la publicaci&oacute;n del cl&aacute;sico libro <em>Sexo y g&eacute;nero<\/em>, complicar&aacute; la cuesti&oacute;n al introducir en los estudios de g&eacute;nero la distinci&oacute;n sexo\/g&eacute;nero. Lo hace con la intenci&oacute;n de poder dar lugar a las personas que, teniendo un cuerpo de hombre se sienten mujeres o bien a quienes teniendo cuerpo de mujer se reconocen como hombres. Se trata de un nuevo diagn&oacute;stico que se concretar&iacute;a en la noci&oacute;n de &ldquo;identidad de g&eacute;nero&rdquo;. Sus alcances son esencialmente de car&aacute;cter diagn&oacute;stico y, aunque lo parece, no sale del binarismo.<\/p>\n<p>Los estudios que se generan desde los feminismos, durante los a&ntilde;os setenta, pondr&aacute;n el acento en las estructuras sociales, pol&iacute;ticas y econ&oacute;micas, lo mismo que la relaci&oacute;n con el poder, como los factores que establecen, sostienen y hacen uso, e incluso abuso, de las diferencias entre hombres y mujeres, estableciendo una desigualdad estructural entre los sexos. Los estudios devienen movimientos pol&iacute;ticos.<\/p>\n<p>As&iacute;, en buena medida, en t&eacute;rminos generales, los estudios de g&eacute;nero e identidad sexual se han orientado en dos direcciones: la primera se&ntilde;alar&iacute;a que el g&eacute;nero no puede prescindir de la diferencia sexual. En sentido contrario est&aacute; la segunda postura, que sostiene que el g&eacute;nero ser&iacute;a una construcci&oacute;n sociocultural establecida con independencia de la diferencia sexual, y m&aacute;s a&uacute;n, que la diferencia sexual es tambi&eacute;n usada con fines de determinados ejercicios del poder. Sin embargo, m&aacute;s all&aacute; de sus diferencias, ambas posturas se oponen y reaccionan a la idea sostenida desde el capital y las religiones, para los cuales la heterosexualidad opera como ordenador sexual, y promueve, pese a todas las evidencias en contrario, la idea de una definici&oacute;n sexual basada en lo anatomo-biol&oacute;gico.<\/p>\n<p>Hay algunos antecedentes antropol&oacute;gicos de los estudios de g&eacute;nero en Margaret Mead, quien publica en 1935 <em>Sexo y temperamento<\/em>, donde analiza los roles sociales vinculados con la diferencia de sexo en las tribus Arapesh y Tchambuli de Nueva Guinea. Quiz&aacute;s el aporte m&aacute;s importante de estos estudios, como de otros de car&aacute;cter etnogr&aacute;fico, sea que en muchas tribus hay multiplicidad de g&eacute;neros que revientan la visi&oacute;n occidental de una dualidad gen&eacute;rica. Quiz&aacute; sea atrevido decir que algunas posturas posestructuralistas en los estudios de g&eacute;nero y feminismos, como las planteadas por Judith Butler y las teor&iacute;as performativas, se deriven de estas evidencias etnogr&aacute;ficas. Estas perspectivas deconstructivistas dar&aacute;n origen a lo que se conoce como movimiento <em>queer<\/em>, y las teor&iacute;as de Teresa de Laurentis y su &ldquo;pol&iacute;tica antisocial de la teor&iacute;a <em>queer<\/em>&rdquo;. A partir de estas propuestas surge el t&eacute;rmino transg&eacute;nero como un rechazo al ordenamiento sexual binario y heteronormativo establecido. Busca as&iacute; abarcar todas las modulaciones de la sexualidad: gays, lesbianas, transexuales, travestis, intersexo, andr&oacute;ginos y +.<\/p>\n<p>Es necesario se&ntilde;alar que estas posturas deconstructivistas se juegan en sostener un ideal desidentificatorio, donde la sexualidad, mejor a&uacute;n, la identidad sexual o generoafectivo, no sea definida sino por la pr&aacute;ctica de ejercicio y goce de cada sujeto, la cual s&oacute;lo podr&aacute; ser definida por &eacute;l mismo sin la intervenci&oacute;n normativa y reguladora de lo social: familiar, escolar o estatal.<\/p>\n<p>Freud, desde sus primeros trabajos, puso en el centro de sus reflexiones te&oacute;ricas, como ya dec&iacute;a, a lo sexual, a la sexualidad y sus consecuencias en la constituci&oacute;n ps&iacute;quica de los sujetos. Lo hace, hay que decirlo, much&iacute;simo antes de que se hicieran los primeros estudios de g&eacute;nero. Desde 1895, en sus <em>Estudios sobre la histeria<\/em>, ubica a la sexualidad en la etiolog&iacute;a de los padecimientos corporales que rebasaban en su explicaci&oacute;n l&oacute;gica a la biolog&iacute;a. En 1905 publica su muy rico trabajo <em>Tres ensayos para una teor&iacute;a sexual<\/em>, el cual genera un esc&aacute;ndalo de la conservadora sociedad acad&eacute;mica vienesa, que lo acusa de regresar contaminado de sexualidad de su estancia en Par&iacute;s, lugar de promiscuidad y perdici&oacute;n, donde se encontr&oacute; con Charcot. Dos hitos marcar&aacute;n este trabajo: por un lado, elige la v&iacute;a de los llamados &ldquo;invertidos&rdquo; para pensar la sexualidad; sostendr&aacute; que la sexualidad tiene un inicial componente de perversi&oacute;n y, adem&aacute;s, por el otro lado, nos revelar&aacute; que la sexualidad se constituye en la infancia y en tres tiempos (a diferencia de los dem&aacute;s seres vivos), rompiendo as&iacute; con la peregrina idea de una infancia inocente. Podemos entender la magnitud del esc&aacute;ndalo que generaron sus ideas, cuya reverberaci&oacute;n a&uacute;n resuena.<\/p>\n<p>Con respecto a la diferencia sexual, Freud busca una y otra vez separar la sexualidad de la genitalidad y la reproducci&oacute;n. El psicoan&aacute;lisis propone otras coordenadas para pensar la posici&oacute;n sexual que los sujetos tomar&aacute;n. En principio hace pasar la constituci&oacute;n sexual por los complejos de Edipo y castraci&oacute;n, donde lo que organiza ya no es el primado genital (ni social ni cultural, etc&eacute;tera, aunque se les reconoce como factores que operan como moduladores) sino f&aacute;lico. El falo hace funci&oacute;n de nudo. Con este giro tambi&eacute;n se plantea una abismal e insalvable distancia epist&eacute;mica entre la dial&eacute;ctica que opera en la filosof&iacute;a, detenida en el conflicto entre &ldquo;el ser y la nada&rdquo;, y la que hace andar al psicoan&aacute;lisis, que se mueve entre &ldquo;ser y tener&rdquo;, el falo.<\/p>\n<p>En la teor&iacute;a psicoanal&iacute;tica hay un concepto regulador y organizador de la sexualidad y es el falo. Pero el falo no es el pene (el falo no es el pene sino su prominencia, la erecci&oacute;n); por ello es que la organizaci&oacute;n sexual va m&aacute;s all&aacute; del g&eacute;nero o la anatom&iacute;a. Hay que reconocer que siguen generando escozor los planteamientos freudianos sobre la ecuaci&oacute;n pene = falo y, sobre todo, la expresi&oacute;n &ldquo;envidia del pene&rdquo; para referirse a la constituci&oacute;n de la sexualidad femenina.<\/p>\n<p>Se trata, lo anterior, de planteamientos que requieren mucho an&aacute;lisis y reflexi&oacute;n. Sin embargo, dada la naturaleza del espacio, s&oacute;lo queda aqu&iacute; decir que <em>la amenaza de castraci&oacute;n<\/em> opera en lo masculino de manera inconsciente, lo mismo que del lado femenino la <em>envidia<\/em> del pene es de car&aacute;cter subjetivo y va m&aacute;s all&aacute; de los imaginarios. As&iacute; entonces, la sexualidad en psicoan&aacute;lisis se organiza a partir de la l&oacute;gica del &ldquo;<em>tener<\/em>&rdquo; o &ldquo;<em>ser<\/em>&rdquo; el falo, eso es lo que marca la diferencia y, m&aacute;s a&uacute;n, la singularidad en la que se sostiene la escucha de la diversidad en lo sexual en su cl&iacute;nica. En el psicoan&aacute;lisis, sobre todo despu&eacute;s de la lectura de Jacques Lacan, la diversidad sexual es una cuesti&oacute;n relevante en la escucha cl&iacute;nica y de reflexi&oacute;n en el desarrollo de la teor&iacute;a.<\/p>\n<p>Aunque hay que reconocer que la deuda del psicoan&aacute;lisis es grande con respecto a pensar lo &ldquo;trans&rdquo;, hay que se&ntilde;alar que Freud, en 1911, es decir, casi 60 a&ntilde;os antes de los estudios de g&eacute;nero referidos, abordar&aacute; una historia que bien podr&iacute;amos llamar de transexualidad contenida en las <em>Memorias de un enfermo de nervios<\/em>, de Daniel P. Scheber, quien en su delirio, defendi&eacute;ndose de la homosexualidad (lo que constituye la primera hip&oacute;tesis freudiana sobre la paranoia), se transformar&iacute;a en mujer y no en cualquier mujer: en la mujer de Dios.<\/p>\n<p>El psicoanalista franc&eacute;s Jacques Lacan, al respecto, habla de lo que llama el &ldquo;goce transexual&rdquo; de Scheber, que se juega en cultivar en su cuerpo la voluptuosidad femenina. Sin duda, es en lo que detonar&aacute; la fantas&iacute;a que a este personaje se le presenta en ese momento del sue&ntilde;o llamado duermevela: &ldquo;ser&iacute;a fant&aacute;stico ser mujer en el momento de sufrir la penetraci&oacute;n&rdquo;. Esta fantas&iacute;a llevada al delirio ser&iacute;a una consecuencia de no contar con el significante f&aacute;lico. Scheber no <em>tiene<\/em> el falo (aunque tenga pene), <em>es <\/em>el falo, es La mujer de dios.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&hellip;la multiplicidad de los factores determinantes es reflejada por la diversidad de los desenlaces en la conducta sexual manifiesta de los seres humanos. S. 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