{"id":1125,"date":"2022-06-17T13:05:59","date_gmt":"2022-06-17T13:05:59","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2022\/06\/17\/cuautla-oasis-literario-de-jose-agustin\/"},"modified":"2022-06-17T13:05:59","modified_gmt":"2022-06-17T13:05:59","slug":"cuautla-oasis-literario-de-jose-agustin","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/ensayo\/cuautla-oasis-literario-de-jose-agustin\/","title":{"rendered":"Cuautla, oasis literario de Jos Agustn"},"content":{"rendered":"<p>No resulta ocioso reflexionar sobre la manera en que los libros llegan a nuestras manos. Casi siempre sucede como invocaci&oacute;n de notas sueltas que marcan un destino de lectura. Por ejemplo, a partir de un art&iacute;culo memorioso en un suplemento centrado en recordar la &ldquo;&uacute;ltima entrevista&rdquo; realizada al connotado escritor mexicano Jos&eacute; Agust&iacute;n en el Teatro de la Ciudad de Puebla en el a&ntilde;o de 2009, escenario del lamentable accidente que irrumpi&oacute; dram&aacute;ticamente su vida personal y literaria.<\/p>\n<p>A la semana siguiente, recibir &mdash;no por simple casualidad sino por causalidad&mdash; el obsequio de un libro sobre la vida y obra del susodicho personaje, centrado en definir su existencia en el territorio literario adoptado. Se trata del texto compilado por Mario Casas&uacute;s con el t&iacute;tulo <em>Jos&eacute; Agust&iacute;n en Morelos<\/em>, bajo el sello editorial de Libertad bajo palabra y Archipi&eacute;lago, publicado en 2020. Estoy convencido de que, cuando se trata de escritores reconocidos, las cr&oacute;nicas de vida poseen un morboso atractivo al ubicarnos primeramente en una geograf&iacute;a personal que es ombligo existencial y centro de las cuitas de su creaci&oacute;n literaria.<\/p>\n<p>Paulatinamente vamos conociendo los pormenores de c&oacute;mo la ciudad de Cuautla, Morelos, se transform&oacute; al mismo tiempo en para&iacute;so familiar y refugio para la realizaci&oacute;n de tertulias literarias, comandadas por el acapulque&ntilde;o de adopci&oacute;n chilanga, conocido por varias generaciones como el mayor representante de la contracultura a trav&eacute;s de la llamada &ldquo;literatura de la onda&rdquo; (por cierto a disgusto de la etiqueta acu&ntilde;ada por Margo Glantz).<\/p>\n<p>En el libro en cuesti&oacute;n, Mario Casas&uacute;s aborda, en complicado rompecabezas de colaboraciones de distintos escritores, la narraci&oacute;n de la existencia del escritor en el oasis literario creado en territorio morelense, historia que, aunque verdadera, parece haber sido extra&iacute;da de una curiosa ficci&oacute;n en la que participa una larga lista de personalidades que contribuyeron a la germinaci&oacute;n de la semilla de la creaci&oacute;n literaria en un territorio minado por la incomprensi&oacute;n de las instituciones culturales. Se trata quiz&aacute; de un espacio regional con profunda historia patria, pero en lo contempor&aacute;neo afecta la enferma cercan&iacute;a con la ciudad de M&eacute;xico, fen&oacute;meno que se aprecia como una especie de maldici&oacute;n que diluye todo posible proyecto de creaci&oacute;n de un epicentro literario. Aqu&iacute; la historia es la otra cara de la moneda, ya que pudo ser lograda por la participaci&oacute;n de la caterva de escritores que contribuyeron con su presencia en charlas, talleres literarios y, por supuesto, aquellos j&oacute;venes que descubrieron, junto con el maese de la contracultura, su propia vocaci&oacute;n de escritores y finalmente el esfuerzo de todos contribuy&oacute; a que fuera una realidad este peculiar homenaje.<\/p>\n<p>En el libro, Mario Casas&uacute;s hilvana los hilos que entretejen la trama de una apasionada historia de vida con la maestr&iacute;a que caracteriza su depurada pluma. Con puntual presentaci&oacute;n dibuja de cuerpo entero a Jos&eacute; Agust&iacute;n para ne&oacute;fitos y conocidos. Todo comienza como en muchas de las historias familiares: el padre del escritor resume su mudanza a la provincial ciudad de Cuautla, en la casa que el mismo Jos&eacute; Agust&iacute;n adquiere con lo obtenido de su labor como escritor. Pasar&aacute; a convertirse entonces en su propio hogar, donde florece su existencia al lado de su esposa y sus tres hijos.<\/p>\n<p>Cuautla est&aacute; llamada a ser su oasis paradis&iacute;aco y Casas&uacute;s narra reconstruyendo el proceso a trav&eacute;s de testimonios del biografiado obtenidos de espor&aacute;dicas entrevistas, reproduciendo escritos breves del maese emergiendo como claras influencias tem&aacute;ticas del terru&ntilde;o morelense. El compilador organiza las colaboraciones para ofrecernos el relato pormenorizado de los avatares, filias y fobias del maese de la onda, mismas que &uacute;nicamente se pueden describir de manera coherente al estar fundadas en la confianza derivada de una larga amistad. Es de notar que penetra, ampl&iacute;a su visi&oacute;n y opini&oacute;n que reconstruye la historia de vida, a trav&eacute;s de los testimonios de los hijos y los amigos del escritor.<\/p>\n<p>En ese gui&ntilde;o de homenaje a perpetuidad es donde sentimos que radica el sentido de considerar a Cuautla como ombligo paradisiaco, a manera de oasis literario existencial. Las diferentes miradas contribuyen a la idealizaci&oacute;n del lugar y sus alrededores, al mismo tiempo que ayuda a configurar la idealizaci&oacute;n del personaje, y con ellos se arma el rompecabezas de multiopiniones: las que inician precisamente con la visi&oacute;n que Agust&iacute;n se ha creado del entorno de Cuautla, y de ah&iacute; pal real se desprenden las otras.<\/p>\n<p>Quiz&aacute;s lo &uacute;nico que pueda objetarse a un escritor al impulsar su para&iacute;so id&iacute;lico en el sitio donde escogi&oacute; detener su camino migrante, es la supuesta raz&oacute;n que esgrime y que le confiere pertenencia, ya que notamos que sus deseos est&aacute;n permeados con los referentes personales de los lugares donde antes viviera. Esto nos hace pensar que Jos&eacute; Agust&iacute;n es el t&iacute;pico caso del ser de alma chilanga, con un coraz&oacute;n de nuevo conquistador que niega la m&aacute;xima que reza &ldquo;a la tierra que fueres has lo que vieres&rdquo;, invirtiendo su sentido original para transformarlo en &ldquo;a la tierra que fueres has lo que quisieres.&rdquo;<\/p>\n<p>El de origen acapulque&ntilde;o con injerto de coraz&oacute;n chilango no se permite ver a Cuautla como la tierra de la gran promesa, ya que &eacute;l siente ser esa promesa que la transformar&aacute;. De ah&iacute; nuestra consideraci&oacute;n de que se trate de un oasis creado artificialmente y que obedece a los deseos de un grupo de amigos intelectuales que abrazaron su utop&iacute;a, pues es de todos conocida su falta de aceptaci&oacute;n de la gloriosa historia de Cuautla, en la que no logra descubrir en tiempos actuales algo que le brinde el <em>glamour<\/em> esperado.<\/p>\n<p>Mario Casas&uacute;s ofrece, con mirada clara, los aspectos m&aacute;s destacados de su vida personal subrayando, entre otros, la posici&oacute;n pol&iacute;tica del escritor, quien a toda costa ha luchado por seguir una l&iacute;nea consecuente con sus ideas. Por supuesto, los analistas de su producci&oacute;n literaria han dado cuenta del reflejo de sus ideas y su infierno personal, en el que se regodea su literatura. Son radicales las diferencias, sin embargo no se descartan sus vasos comunicantes. Lo &uacute;nico que en lo personal tendr&iacute;a que reprochar a Casas&uacute;s es su evidente y trasl&uacute;cida admiraci&oacute;n por Jos&eacute; Agust&iacute;n, que provoca, sin pretenderlo, erigir un monumento al escritor al declararlo el nuevo h&eacute;roe terreno incluso por encima de los propios del terru&ntilde;o: &ldquo;&#8230;vivi&oacute; entre la independencia creativa, la contracultura y la disidencia pol&iacute;tica&rdquo;, al parecer contribuye a crear una leyenda en vida&#8230;<\/p>\n<p>El libro parece tener el cometido de homenajear vida y obra del escritor, para lo cual Casas&uacute;s retoma algunos textos publicados con anterioridad y complementa con los que solicita a los participantes, a quienes parece haberles sugerido referir el primer encuentro y de las ense&ntilde;anzas obtenidas como herramientas para el largo camino de las letras.<\/p>\n<p>Como es costumbre en textos variopintos, mientras algunos se inclinan por la narraci&oacute;n del id&iacute;lico primer encuentro, otros reflexionan sobre el sitio meritorio ganado a toda ley, con justicia y esfuerzo. Todas las colaboraciones est&aacute;n unidas por el hilo conductor de la amistad y la admiraci&oacute;n, en la esperanza de no atorarse en el recuerdo con el anhelo de la pronta recuperaci&oacute;n del maese de la onda.<\/p>\n<p>Y por si pareciera que hubiese olvidado el inicio de mi reflexi&oacute;n sobre el morbo que despierta, para el lector y admirador de la obra del maese Agust&iacute;n, conocer la situaci&oacute;n de salud del escritor luego de un poco m&aacute;s de una d&eacute;cada del accidente, vemos que hasta el mismo Casas&uacute;s le entra al quite desde el libro-homenaje, al integrar un texto que analiza la obra <em>Cerca del fuego<\/em> como acto premonitorio de su vida, proyectada en su personaje protag&oacute;nico (Lucio) quien, como &eacute;l, perdiera la memoria.<\/p>\n<p>A mi parecer, es la ocurrencia m&aacute;s disparatada que salta a la vista y no logro entender del todo la manera en que Casas&uacute;s establece las coordenadas de sus analog&iacute;as para sostener tal desatino. Es claro que se apoya en testimonios coincidentes, por lo que creemos se trata de una clase de morbo literario que bien puede derivar en un clich&eacute; al hablar desde ahora del maese Jos&eacute; Agust&iacute;n como &#8220;el profeta de la onda&#8221;.<\/p>\n<p>Propongo detenernos por un momento y analizar su alocada propuesta. Seg&uacute;n esto, resulta que Ignacio Manuel Altamirano inicia su novela <em>El Zarco<\/em> (1901) en el mism&iacute;simo Yautepec, cosa que Casas&uacute;s interpreta como un gui&ntilde;o el que Agust&iacute;n tenga uno incluido en <em>Cerca del fuego<\/em> y de ah&iacute; establece una sugestiva analog&iacute;a con tramas de personajes que derivan en la influencia que ejercieron en &eacute;l los grandes autores, algunas de las cuales tuvo que adaptar en su labor de guionista cinematogr&aacute;fico.<\/p>\n<p>Cualquiera malpensado, como yo, podr&iacute;a argumentar que la admiraci&oacute;n de Jos&eacute; Agust&iacute;n se deriva en una especie de plagio, que &eacute;l mismo se concede adoptado como licencia literaria &mdash;que ni al caso&mdash;, nada m&aacute;s por el gusto de llevar la contraria a los planteamientos de Casas&uacute;s y, sobre todo, al no coincidir con sus alucinantes analog&iacute;as. Ya encarrerado el rat&oacute;n, comentemos que en el mismo tenor establece otra contrastante analog&iacute;a, ahora con la trama del libro <em>La panza del Tepozteco<\/em> y por supuesto que nos sorprende su viaje imaginativo, parecido al alucinado de los ocho j&oacute;venes de la trama que, penetran en la mism&iacute;sima panza de uno de los cerros de la cordillera, donde realizan un inventario de los dioses prehisp&aacute;nicos &mdash;que despertar&iacute;a la envidia de Bruno Traven para integrarlos como los personajes que le faltaron en <em>Macario&mdash;<\/em>, y de ah&iacute; desprendemos el parecido, que no licencia, con las aventuras de los gemelos divinos que inspira el relato del <em>Popol Vuh<\/em>, versi&oacute;n que consideramos fuera corregida y alucinada por Jos&eacute; Agust&iacute;n que, dicho sea de paso, la SEP se ha encargado de convertir en &ldquo;un cl&aacute;sico&rdquo;.<\/p>\n<p>En el recuento final, Casas&uacute;s recoge viejas entrevistas de la venturosa juventud de Jos&eacute; Agust&iacute;n, donde aborda sus publicaciones, reconocimientos y becas. En ellas es posible apreciar los pensamientos de contracultura que distinguieron al grupo de la onda, contrastando con la imagen actual que el libro promueve, de homenaje y reconocimiento oficial que tanto negaba y evitaba Jos&eacute; Agust&iacute;n en su primada etapa de rebeld&iacute;a. Al parecer, las furias de la juventud se apagaron y quien lo promueve piensa inmortalizarlo, negando todo su atronante pasado, buscando institucionalizar su legado.<\/p>\n<p>Aproxim&aacute;ndonos al final, dir&iacute;a no estar del todo seguro de que un libro-homenaje tenga que leerse en el orden marcado por una novela o simplemente hacerlo de manera aleatoria. Sin embargo, siento que en cada intervenci&oacute;n de los participantes se presentan calcados: fechas, nombres, t&iacute;tulos y los etc&eacute;tera que deseen agregar; es decir, reiterados de manera indiscriminada en las colaboraciones que, sin restarles relevancia, vuelven farragosa la lectura, como si de un <em>d&eacute;j&aacute; vu<\/em> se tratara. Se deja sentir particularmente despu&eacute;s de leer el texto introductorio y la entrevista que Casas&uacute;s mismo realiza a Jos&eacute; Agust&iacute;n, pues en la primera se reproducen p&aacute;rrafos enteros de las abundantes respuestas de la segunda que, no est&aacute; de m&aacute;s se&ntilde;alar, al lector resultan innecesarios. Como colof&oacute;n, me parece justo se&ntilde;alar que se distingue el acierto del libro al abrir y cerrar con dos textos breves de Jos&eacute; Agust&iacute;n: <em>Con el esp&iacute;ritu de Emiliano Zapata en torno al ejido de Yautepec <\/em>y <em>Feliz cumplea&ntilde;os, Emiliano Zapata <\/em>(Sinopsis). Basta con lo dicho hasta aqu&iacute;, para comenzar su lectura.<\/p>\n<p>Participan: Norma Ab&uacute;ndez, Jos&eacute; Antonio Aspe, Marco Antonio Campos, Ana V. Clavel, David Mart&iacute;n del Campo, Barry Dom&iacute;nguez, Yolanda de la Torre, M&oacute;nica Lav&iacute;n, Pedro &Aacute;ngel Palou, Jes&uacute;s Ram&iacute;rez-Berm&uacute;dez, Alberto Ruy-S&aacute;nchez, Socorro Venegas, Enrique Serna, Juan Villoro; anexos de entrevistas: Rafael Vargas, Ana V. Clavel, Ra&uacute;l God&iacute;nez, Mario Casas&uacute;s, Emiliano Ruiz Parra.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>No resulta ocioso reflexionar sobre la manera en que los libros llegan a nuestras manos. 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