{"id":1090,"date":"2022-05-24T12:40:48","date_gmt":"2022-05-24T12:40:48","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2022\/05\/24\/arenas-perdidas-del-desierto\/"},"modified":"2022-05-24T12:40:48","modified_gmt":"2022-05-24T12:40:48","slug":"arenas-perdidas-del-desierto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/gorilas-en-trova\/arenas-perdidas-del-desierto\/","title":{"rendered":"Arenas perdidas del desierto"},"content":{"rendered":"<p>Las arenas del Sahara se mueven, baten el mundo dejando su huella. Tolvaneras y vientos modifican la atm&oacute;sfera. Algo queda. Por cierto, &iquest;cu&aacute;l de las arenas del mundo es su favorita?<\/p>\n<p>El poeta Pedro Salinas, en su poema &ldquo;Anoche se me ha perdido&rdquo;, enuncia:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">En la arena de la playa<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">un recuerdo<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">dorado, viejo y menudo<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">como un granito de arena.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">&iexcl;Paciencia! La noche es corta.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Ir&eacute; a buscarlo ma&ntilde;ana&hellip;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Pero tengo miedo de esos<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">remolinos nocherniegos<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">que se llevan en su grupa<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">&iexcl;dios sabe ad&oacute;nde! la arena<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">menudita de la playa.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">&nbsp;<\/p>\n<p>Pedro Salinas Serrano, mejor conocido como Pedro Salinas &mdash;nacido en Madrid, Espa&ntilde;a, el 27 de noviembre de 1891, fallecido el 4 de diciembre de 1951&mdash;, perteneci&oacute; a la denominada Generaci&oacute;n del 27.<\/p>\n<p>En &ldquo;Anoche se me ha perdido&rdquo; &mdash;de su poemario &ldquo;Presagios&rdquo;, de 1923&mdash; comparte la belleza y fragilidad de un breve grano de arena perteneciente a la playa, mas ese grano contiene algo especial y &uacute;nico.<\/p>\n<p>Contiene un recuerdo dorado; es decir, uno de valor excepcional, que implica no el oro ni la plata, sino la brillante impronta dejada por una experiencia antigua, fiel a la memoria, que llena al poeta de confianza y belleza.<\/p>\n<p>Ese recuerdo lo ha ganado en los avatares de su propia historia, grande e infinita como la arena de la playa.<\/p>\n<p>Sin embargo, el propio individuo sabe que dejarse tentar por los &ldquo;remolinos nocherniegos&rdquo; &mdash;esto es, por las noches locas, por las cosas materiales&mdash; lo precipitar&aacute;n a la oscuridad del esp&iacute;ritu, al vac&iacute;o, donde la belleza y la verdadera vida se pierden para siempre.<\/p>\n<p>As&iacute;, apuesta por la esperanza de que la noche nunca es m&aacute;s larga que el d&iacute;a, por lo que podr&aacute; recuperar siempre en su memoria esa experiencia que lo hace humano.<\/p>\n<p>La sencillez de su poema no es obst&aacute;culo para comprender que bajo la apariencia de las cosas hay una profunda espiritualidad, emanada del conocimiento interno y externo del mundo.<\/p>\n<p>Posiblemente, por esa raz&oacute;n, viaja sin aspavientos de la noche al d&iacute;a, de la representaci&oacute;n de lo grandioso &mdash;la vida&mdash; a lo min&uacute;sculo &mdash;una arenisca&mdash;, tejiendo en un c&iacute;rculo el significado de la existencia.<\/p>\n<p>Como las arenas del desierto del Sahara que, atravesando el Atl&aacute;ntico, arriban hasta M&eacute;xico, dejando su polvo que, seg&uacute;n la Agencia Europea Copernicus, disminuye la radiaci&oacute;n solar, entonces se comprende el beneficio que aporta.<\/p>\n<p>Por su parte, Salvador Rueda, en &ldquo;Coplas 46&rdquo;, comparte:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Pone mi pecho vibrando<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">como un granillo de arena<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">hace temblar todo un lago.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El poeta asombra al afirmar c&oacute;mo un grano de arena hace temblar a todo un lago. &iquest;Cu&aacute;l es el verdadero peso de uno de estos granos? &iquest;De qu&eacute; m&eacute;todo se vale para que, al tocar la superficie del agua, cree ondas serenas o no que retumban a lo ancho y largo, y en sus profundidades?<\/p>\n<p>En este caso, el grano corresponde a la playa de un lago y no de un mar. No obstante, tiene el poder de condensar materialmente la fuerza para mover a otro elemento, al agua. Que adem&aacute;s, por su volumen, es m&aacute;s pesada que la singular arenisca.<\/p>\n<p>As&iacute; como el lago es grande, voluminoso y profundo, el pecho del hombre es tan sensible como ese cuerpo de agua. Por lo que resulta natural, ser conmovidos por un afecto, un ente casi microsc&oacute;pico que demuestra que por dentro y por fuera los tres son igualmente significativos.<\/p>\n<p>Salvador Rueda, de nombre completo, Salvador Rueda Santos, precursor del Modernismo, &mdash;nacido en M&aacute;laga, Espa&ntilde;a, en 1857 y fallecido en la misma provincia en 1933&mdash; logra crear la tensi&oacute;n entre estos versos para hacer imaginar al lector el prodigio y la peque&ntilde;ez simult&aacute;nea de la vida.<\/p>\n<p>No es f&aacute;cil elegir entre tantas playas hermosas.<\/p>\n<p>Tal vez, baste con mirar el arenero donde juegan los ni&ntilde;os; o aquel por donde pasan las hormigas haciendo camino.<\/p>\n<p>Como siempre, querido lector, Usted tiene la &uacute;ltima palabra.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Las arenas del Sahara se mueven, baten el mundo dejando su huella. Tolvaneras y vientos modifican la atm&oacute;sfera. Algo queda. 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