{"id":1084,"date":"2022-05-20T13:17:42","date_gmt":"2022-05-20T13:17:42","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2022\/05\/20\/en-pocas-palabras-60\/"},"modified":"2022-05-20T13:17:42","modified_gmt":"2022-05-20T13:17:42","slug":"en-pocas-palabras-60","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/narrativa\/en-pocas-palabras-60\/","title":{"rendered":"En pocas palabras"},"content":{"rendered":"<p><strong>Foto de portada<\/strong><strong>:<\/strong> Marc Chagall, <em>El caballo del circo<\/em>, 1964.<\/p>\n<p><strong>&nbsp;<\/strong><\/p>\n<p><strong>Pr&iacute;ncipe azul<\/strong><\/p>\n<p><em>(M&oacute;nica Caz&oacute;n, Argentina)<\/em><\/p>\n<p>Es de noche, la tormenta dentro de la casa ha terminado. No quiero moverme y apenas respiro esperando que Juli&aacute;n se duerma, como siempre. Mi cuerpo magullado a golpes es un quejido. Cierro los ojos y lentamente me acerco a besarlo. Todav&iacute;a sue&ntilde;o que, con el beso de una mujer, los pr&iacute;ncipes golpeadores se convierten en sapos.<\/p>\n<p><strong>&nbsp;<\/strong><\/p>\n<p><strong>Desdoblamiento<\/strong><\/p>\n<p><em>Ang&eacute;lica Villalba C&aacute;rdenas (Colombia)<\/em><\/p>\n<p>En la noche puedo volar bajo el techo de la habitaci&oacute;n. Con los ojos cerrados, doy c&iacute;rculos mientras las alas se mueven al ritmo de mi coraz&oacute;n. Abajo el monstruo devora la carne, arriba soy libre.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Irresistible<\/strong><\/p>\n<p><em>Ang&eacute;lica Santa Olaya (M&eacute;xico)<\/em><\/p>\n<p>Cuando Laura conoci&oacute; a Rub&eacute;n supo que era el hombre con quien deb&iacute;a tener un perro, dos hijitos y una mecedora para arrullar su vejez. Se casaron. Un d&iacute;a, lleg&oacute; Memo, con su irresistible sonrisa, a pedir posada por unos meses. Era tan divertido verlo pasearse en calzoncillos por la casa contando chistes y haciendo bromas que Laura se olvid&oacute; del perro. Por eso ahora, en el fondo, comprend&iacute;a por qu&eacute; Rub&eacute;n hab&iacute;a salido por aquella puerta, junto con Memo, dej&aacute;ndola sola, sin marido, sin hijitos y sin mecedora. Desolada, tom&oacute; su bolso y se dirigi&oacute; a la veterinaria.<\/p>\n<p><strong>&nbsp;<\/strong><\/p>\n<p><strong>Bajo tierra<\/strong><\/p>\n<p><em>Mar&iacute;a Elena Lorenzin (Argentina)<\/em><\/p>\n<p>A los 70 a&ntilde;os so&ntilde;&oacute; que se casaba con su primer novio. A los 60 que se divorciaba. A los 80 dej&oacute; de so&ntilde;ar con hombres. Ahora solo sue&ntilde;a con plantas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Fen&oacute;menos<\/strong><\/p>\n<p><em>Claudia S&aacute;nchez (Argentina)<\/em><\/p>\n<p>&mdash;No es lo mismo trabajar de fen&oacute;meno de circo que trabajar en un circo fenomenal &mdash;repet&iacute;a el payaso al domador, ensayando sus nuevas l&iacute;neas antes de entrar. El veterano de nariz roja, risa eterna, zapatos rotos, ya no hac&iacute;a re&iacute;r a nadie. Su &eacute;poca de esplendor hab&iacute;a pasado. Hoy necesitaba a la bailarina como muleta para llamar la atenci&oacute;n.<\/p>\n<p>Y ella&hellip; ella tampoco era la misma que comenz&oacute; luciendo colorido plumaje en la comparsa local, la que se robaba las miradas de los hombres y mujeres que envidiaban su estilo. Hoy necesitaba al payaso rampl&oacute;n para hacer un n&uacute;mero que medianamente justificara su existencia.<\/p>\n<p>Cada uno, por lados opuestos del circo, entr&oacute; a escena saludando al p&uacute;blico y en el instante en que iba a producirse el previsto choque, un ni&ntilde;ito del p&uacute;blico les grit&oacute; &ldquo;&iexcl;Cuidado, que se pueden chocar!&rdquo; Ambos se detuvieron a observar al ni&ntilde;ito que sonre&iacute;a aliviado.<\/p>\n<p>Dando un paso a la derecha, continuaron la funci&oacute;n con una sonrisa real y las esperanzas renovadas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Foto de portada: Marc Chagall, El caballo del circo, 1964. &nbsp; Pr&iacute;ncipe azul (M&oacute;nica Caz&oacute;n, Argentina) Es de noche, la tormenta dentro de la casa ha terminado. No quiero moverme y apenas respiro esperando que Juli&aacute;n se duerma, como siempre. Mi cuerpo magullado a golpes es un quejido. 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