{"id":1057,"date":"2022-05-03T19:36:57","date_gmt":"2022-05-03T19:36:57","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2022\/05\/03\/desde-la-oscuridad-de-lo-guardado\/"},"modified":"2022-05-03T19:36:57","modified_gmt":"2022-05-03T19:36:57","slug":"desde-la-oscuridad-de-lo-guardado","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/ensayo\/desde-la-oscuridad-de-lo-guardado\/","title":{"rendered":"Desde la oscuridad de lo guardado"},"content":{"rendered":"<p>FOTO PORTADA Manoel do Barros. Tomada de <a href=\"https:\/\/www.blogdacompanhia.com.br\/conteudos\/visualizar\/O-centenario-de-Manoel-de-Barros\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">https:\/\/www.blogdacompanhia.com.br\/conteudos\/visualizar\/O-centenario-de-Manoel-de-Barros<\/a><\/p>\n<p>Una mujer corta con cutter y regla, y un entusiasmo casi infantil, fotos de escenas privadas. En la molienda del tiempo, <em>mi diario visual emerge de la oscuridad de lo guardado<\/em>, dice la artista Graciela de Olivera en <em>Anacron&iacute;as biogr&aacute;ficas<\/em>, un video que registra el proceso de demolici&oacute;n y construcci&oacute;n que ella hace con sus experiencias de vida, en una muestra a la que se puede acceder ahora mismo en el sitio virtual del Museo Palacio Dionisi.<\/p>\n<p><em>Mi realizaci&oacute;n est&eacute;tica<\/em> &mdash;dice&mdash; <em>est&aacute; en la molienda de varios tiempos. Tiempos surcados por lo po&eacute;tico, lo pol&iacute;tico, lo dom&eacute;stico<\/em>. <em>El tiempo de las mujeres es como el de un rizoma: un per&iacute;odo muy activo bajo tierra sacando un brote cada tanto, pero a medida que van pasando los a&ntilde;os los brotes pueden multiplicarse y llegar a cubrir un terreno muy amplio.<\/em><\/p>\n<p>Mucho se ha hablado (y eso me preguntan casi siempre los lectores) sobre la relaci&oacute;n entre vida y obra: cu&aacute;nto hay de quien hace en eso que hace. Es una pregunta compleja porque nadie puede hacer algo sin ingresar su experiencia y su vida toda, con la potencia de un caballo. Pero al mismo tiempo, al menos en la escritura, no se trata tanto de contar la propia vida como de hacer con eso otra cosa. Transformar la experiencia en algo nuevo, se dir&iacute;a.<\/p>\n<p>Todo esto me lleva a un libro precioso del poeta brasile&ntilde;o Manoel do Barros que se llama <em>Memorias Inventadas<\/em>. Do Barros naci&oacute; y vivi&oacute; en pueblos del Mato Grosso entre 1916 y 2014, y est&eacute;ticamente est&aacute; cerca de las vanguardias europeas de principios del siglo pasado, de la llamada &ldquo;Poes&iacute;a Pau-Brasil&rdquo; (<em>pau<\/em> es madera, palo, disputa, enojo, hartazgo) y al movimiento Antropofagia, que gener&oacute; un arte brasile&ntilde;o enraizado en sus or&iacute;genes y nos ense&ntilde;a que toda obra nace devorando lo que antes hicieron otros. Le&iacute;do tanto en los c&iacute;rculos acad&eacute;micos como por lectores de todas edades y regiones de su pa&iacute;s, fue, como se ha dicho, <em>un usuario o usante o creante de palabras &mdash;habidas, habientes, habibles&mdash; que sangran, sonr&iacute;en, se desverg&uuml;enzan, y convidan al lector a gozar &mdash;en la rudeza de la vida que corre&mdash; la infinita gracia del juego y lo gratuito&#8230;<\/em><\/p>\n<p>En &eacute;l, el estado r&uacute;stico, il&oacute;gico, salvaje de las palabras puede revelar nuevas formas de aprender lo otro, lo de otros, lo distinto. Como los ni&ntilde;os, juega con las palabras y, como si estuviera aprendiendo a manejar el idioma, lo imaginario fluye por medio de experimentaciones ling&uuml;&iacute;sticas. &Eacute;l dice que es por ah&iacute; por donde aparecen nuevas ideas y nuevas respuestas para las cuestiones de la existencia humana.<\/p>\n<p><em>Los ni&ntilde;os des escriben la lengua<\/em> &mdash;dice&mdash;, <em>rompen las gram&aacute;ticas<\/em>. Dice tambi&eacute;n de su propia vida: <em>Guardo algunas historias vividas, me veo en ellas y me convierto en poemas con ellas. Solo ando por caminos ignorados. Nunca s&eacute; lo que est&aacute; al final. La primera frase sugiere las otras. Voy ciego. Solo percibo el aroma de las palabras. Llego al final del poema con sorpresa. Soy comandado por las palabras. <\/em><\/p>\n<p><em>Por eso<\/em> <em>nunca dije c&oacute;mo debe ser la poes&iacute;a. Porque yo tampoco lo s&eacute;. Creo que la poes&iacute;a no resiste el examen de la raz&oacute;n. Repito: en poes&iacute;a tenemos que tirarle piedras a la raz&oacute;n. Creo que el inconsciente es el lugar donde las palabras se est&aacute;n formando. Ese es el s&oacute;tano de la poes&iacute;a. Despu&eacute;s de que la palabra sale del s&oacute;tano. tenemos que limpiarla de sus placentas. Duele secar lo oscuro de las palabras. <\/em><em>Pero<\/em> <em>Repetir, repetir&hellip; hasta que quede diferente<\/em> y <em>desaprender ocho horas al d&iacute;a<\/em>, <em>ense&ntilde;a.<\/em><\/p>\n<p>Esas y otras cosas dice Manoel en sus <em>Memorias inventadas,<\/em> un libro que se edit&oacute; entre nosotros el a&ntilde;o pasado, con traducci&oacute;n de Jos&eacute; Ioskyn, publicado por Griselda Garc&iacute;a editora, se edit&oacute; por primera vez en nuestra lengua estando el aqu&iacute; tan cerca de nosotros.<\/p>\n<p>Los dejo con un poema de Manoel construido a partir de la palabra <em>Opa<\/em><\/p>\n<p><strong><em>Opa<\/em><\/strong><\/p>\n<p><em>Cuando el chico estaba juntando caracoles y piedritas <\/em><\/p>\n<p><em>en la orilla del r&iacute;o hacia las dos de la tarde, all&iacute; tambi&eacute;n<\/em><\/p>\n<p><em>estaba Nh&aacute; Velina Cu&egrave;. La vieja paraguaya al ver<\/em><\/p>\n<p><em>a aquel chico juntando caracoles en la orilla del r&iacute;o hasta las dos<\/em><\/p>\n<p><em>de la tarde, balance&oacute; la cabeza de un lado para el <\/em><\/p>\n<p><em>otro con el gesto de quien siente l&aacute;stima por el chico, <\/em><\/p>\n<p><em>y dijo la palabra <\/em>opa<em>. El chico escuch&oacute; la palabra <\/em>opa<\/p>\n<p><em>y fue a su casa corriendo para ver en sus treinta dos<\/em><\/p>\n<p><em>diccionarios qu&eacute; cosa era ser <\/em>opa<em>. Encontr&oacute; cerca de <\/em><\/p>\n<p><em>nueve expresiones que suger&iacute;an s&iacute;miles de tonto. Y se ri&oacute;<\/em><\/p>\n<p><em>de gusto. Y separ&oacute; para &eacute;l los nueve s&iacute;miles. Tales como:<\/em><\/p>\n<p>opa<em> es siempre alguien con una ni&ntilde;ez aumentada. <\/em>Opa<em> <\/em><\/p>\n<p><em>es un &aacute;rbol de excepci&oacute;n. <\/em>Opa<em> es alguien a quien le gusta <\/em><\/p>\n<p><em>conversar pavadas profundas con las aguas. <\/em>Opa<em> es<\/em><\/p>\n<p><em>aquel que habla siempre con el mismo acento de sus or&iacute;genes.<\/em><\/p>\n<p><em>Es siempre alguien oscuro de mosca. Es alguien que<\/em><\/p>\n<p><em>construy&oacute; su casa con unas pocas basuritas. Es uno que descubri&oacute;<\/em><\/p>\n<p><em>que las tardes son parte de que haya belleza en los p&aacute;jaros.<\/em><\/p>\n<p>Opa<em> es aquel que mirando el suelo ve a un<\/em><\/p>\n<p><em>gusano si&eacute;ndolo. <\/em>Opa<em> es una especie de pus con<\/em><\/p>\n<p><em>alboradas. Fue lo que el chico recogi&oacute; en sus treinta y<\/em><\/p>\n<p><em>dos diccionarios. Y se valor&oacute;.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>FOTO PORTADA Manoel do Barros. 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