{"id":1049,"date":"2022-04-24T19:39:07","date_gmt":"2022-04-24T19:39:07","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2022\/04\/24\/los-mitos-del-amor-el-amor-sin-mitos\/"},"modified":"2022-04-24T19:39:07","modified_gmt":"2022-04-24T19:39:07","slug":"los-mitos-del-amor-el-amor-sin-mitos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/kaos\/los-mitos-del-amor-el-amor-sin-mitos\/","title":{"rendered":"Los mitos del amor, el amor sin mitos"},"content":{"rendered":"<p><em>Temen al amor porque crea un mundo que no pueden controlar<\/em><\/p>\n<p>George Orwell, <em>1984<\/em><\/p>\n<p>Las formas en que el amor se ha vivido son distintas en cada &eacute;poca. Las formas convulsas y confusas que vivimos no pueden sino arrojarnos a un mar de incertidumbre en el amor y en las formas en las que nos <strong>relacionamos entre los sexos.<\/strong><\/p>\n<p>El amor, por ser un hecho del lenguaje, es ambiguo <em>per se<\/em>. Por amor se han realizado las m&aacute;s excelsas obras, se han construidos <strong>magn&iacute;ficos discursos<\/strong>, s&iacute;, pero tambi&eacute;n no pocas sangrientas guerras. Por amor se han levantado extraordinarias construcciones, hermosas estatuas, s&iacute;, pero tambi&eacute;n por amor se han creado las mayores cat&aacute;strofes, exterminios y genocidios. El amor tiene la virtud de hacernos tocar el cielo y descender al infierno. Esta dualidad, que le es inherente, se narra desde el mito sobre el origen de Eros que Di&oacute;tima narra a S&oacute;crates en <strong><em>El banquete de Plat&oacute;n<\/em><\/strong>, donde lo hace hijo de <strong><em>Poros<\/em> y <em>Penia<\/em><\/strong>: &ldquo;(&#8230;) Cuando naci&oacute; Afrodita (diosa de la belleza), los dioses celebraron un banquete y, entre otros, estaba tambi&eacute;n Poros (dios de la abundancia), el hijo de Metis (diosa de la prudencia). Despu&eacute;s que terminaron de comer, vino a mendigar Pen&iacute;a (diosa de la pobreza), como era de esperar en una ocasi&oacute;n festiva, y se qued&oacute; cerca de la puerta. Mientras, Poros, embriagado de vino, entr&oacute; en el jard&iacute;n de Zeus y, entorpecido por la embriaguez, se durmi&oacute;. Entonces Pen&iacute;a, maquinando, impulsada por su carencia de recursos, pretendi&oacute; hacerse con un hijo de Poros, se acost&oacute; a su lado y concibi&oacute; a Eros.&rdquo;<\/p>\n<p>Desde estas m&iacute;ticas coordenadas podemos ver que el amor es intermediario, un <em>demiurgo<\/em>: nos eleva al mejor de los cielos y nos lleva al m&aacute;s terrible infierno, nos &ldquo;comunica la luz con la sombra, el mundo sensible con las ideas&rdquo;, escribe<strong> Octavio Paz en <em>La llama doble<\/em>.<\/strong><\/p>\n<p>Diversos han sido los mitos que organizan las pr&aacute;cticas del amor, la historia de las mentalidades nos lo muestra. En nuestra &eacute;poca, el amor se practica de manera distinta a como se mostraba en la antig&uuml;edad.<\/p>\n<p>Para saber del amor en la antig&uuml;edad de Occidente tenemos tres fuentes primarias, tres libros: a) la Biblia, en especial <em>El Cantar de los Cantares<\/em>; b) <em>El Banquete o sobre la er&oacute;tica<\/em>, de Plat&oacute;n; y c) <em>El arte de amar<\/em>,<em> <\/em>de <strong>Ovidio Nas&oacute;n<\/strong>, escrito en el siglo I despu&eacute;s de Cristo. Sin embargo, a decir de Stendhal, las concepciones del amor en Occidente provienen del mundo &aacute;rabe medieval. Seg&uacute;n este escritor franc&eacute;s, que hizo del amor su <em>leitmotiv<\/em>, &ldquo;el modelo y la patria del verdadero amor hay que buscarlo bajo la tienda gris del &aacute;rabe beduino&rdquo;. <em>El collar de la paloma,<\/em> texto escrito por Ibn Hazm, un &aacute;rabe cordob&eacute;s, se menciona como el principal tratado de amor en el mundo medieval. Se trata de un estudio elegantemente escrito acerca del amor y las costumbres en las pr&aacute;cticas y usos amorosos hispanos-&aacute;rabes del siglo XI.<\/p>\n<p>Estos libros generan modalidades o pr&aacute;cticas amorosas, lo mismo que sus artes amatorias. Conocemos algunas de ellas hasta antes de la modernidad. Por ejemplo, el amor plat&oacute;nico, marcado por lo imposible, es el amor que ocurre s&oacute;lo en lo ideal. Tambi&eacute;n tenemos noticias del amor homosexual como paradigma en Grecia, donde se juega el v&iacute;nculo er&oacute;tico e intelectual entre un hombre mayor y un muchacho; o bien, el amor cort&eacute;s, con sus convenciones, gestas heroicas y secretos inviolables. Conocemos un mito cuyos ecos llegan hasta nuestros d&iacute;as: el amor rom&aacute;ntico, que encuentra su fundamento en lo novelesco que promueve la ilusi&oacute;n de que existe, en alg&uacute;n lugar, aquella o aquel que nos completar&iacute;a idealmente, pero hay que sufrir las desdichas para poder, por fin, alcanzarlo.<\/p>\n<p>El amor, mejor a&uacute;n, las formas del v&iacute;nculo amoroso, con la modernidad, sufrieron un vuelco que ha dado lugar a una explosi&oacute;n de modulaciones.<\/p>\n<p>Algunos estudios se han realizado sobre el amor en nuestra &eacute;poca. Por ejemplo, desde la sociolog&iacute;a, en particular con la obra de Zygmunt Bauman, se acu&ntilde;a el concepto de <em>amor l&iacute;quido<\/em> para referirse a la fragilidad de los v&iacute;nculos amorosos que se viven en la llamada posmodernidad. Se trata de amores caracterizados por la fugacidad, la superficialidad, la utilidad, etc&eacute;tera. Seg&uacute;n esta lectura sociol&oacute;gica, estos v&iacute;nculos endebles se oponen a las sociedades s&oacute;lidas y c&aacute;lidas, que ser&iacute;an las que se viv&iacute;an en los principios de la modernidad, con la familia estable y extensa como modelo.<\/p>\n<p>En nuestro tiempo, y esta es la tesis que la psicoanalista francesa Colette Soler expresa en su libro <em>La maldici&oacute;n del sexo<\/em>, ya no tenemos mitos sobre el amor.<\/p>\n<p>Ante la ausencia de mitos (paradigmas universales) sobre el amor en la postmodernidad, podemos observar la emergencia de tipos de v&iacute;nculos amorosos in&eacute;ditos, artes de amar hasta ahora desconocidas. Son tantas y tan variables que tienen que inventarse neologismos para poder nominarlas. Multiplicidad de estilos y formas de amor que, sin embargo, no alcanzan para ocultar la hiancia que muestra la <em>no relaci&oacute;n sexual<\/em> que Jacques Lacan supo hacer ver.<\/p>\n<p>Son muchos los rostros del v&iacute;nculo amoroso contempor&aacute;neo: es el caso del llamado <em>poliamor<\/em>, que implica la posibilidad de tener m&aacute;s de una relaci&oacute;n &iacute;ntima, incluso amorosa, con car&aacute;cter de duradera, de manera simult&aacute;nea con varias personas (incluso del mismo sexo), con el pleno consentimiento y conocimiento de todos los involucrados. Hay diferencia si el v&iacute;nculo entre varias parejas es s&oacute;lo de car&aacute;cter sexual y ocasional, lo que se practicar&iacute;a en el <em>swinging<\/em>.<\/p>\n<p>El cat&aacute;logo es largo, pero quisiera aqu&iacute; destacar el muy generoso <em>amor confluente<\/em>. Se maneja como el amor con una visi&oacute;n &ldquo;realista&rdquo; mediante el establecimiento de un consenso donde se dar&iacute;a una relaci&oacute;n amorosa, e incluso sexual, sostenida por los proyectos de realizaci&oacute;n personal de los involucrados. Los objetivos de esta forma de sobrellevar el trato son muy claros: el intercambio afectivo y la satisfacci&oacute;n sexual. Los v&iacute;nculos que se mantendr&iacute;an mientras exista inter&eacute;s de las partes. La presencia-imagen del <em>sugar dady<\/em> es frecuente en estos v&iacute;nculos amorosos<\/p>\n<p>Resulta claro que el v&iacute;nculo amoroso no escapa a los mandatos de la &eacute;poca. En nuestra cotidianidad se insta a que el v&iacute;nculo con los objetos se reduzca a su utilidad, en el mismo sentido, tambi&eacute;n con el <em>partenaire<\/em> operar&iacute;a el precepto: &ldquo;&uacute;sese y t&iacute;rese&rdquo; como se tratar&iacute;a con cualquier objeto. El amor en nuestros d&iacute;as est&aacute; sometido al imperativo superyoico de goce de los objetos de placer que se suceden en una sustituci&oacute;n meton&iacute;mica, sin l&iacute;mites y sin renuncias, donde el otro, <em>el partenaire<\/em>, deviene en instrumento temporal de goce. Hay que se&ntilde;alar de paso que estos nuevos v&iacute;nculos amorosos implican un creciente borramiento y desconocimiento consciente de las diferencias en cuanto a las posiciones sexuadas binarias.<\/p>\n<p>Ante tal panorama, vale preguntar: &iquest;qu&eacute; es lo que caracteriza al amor (al v&iacute;nculo amoroso) en nuestros d&iacute;as?<\/p>\n<p>Colette Soler se&ntilde;ala, en <em>La <strong>maldici&oacute;n del sexo<\/strong><\/em>, que en nuestros d&iacute;as, pese a toda la variedad de artes amatorias: &ldquo;algo no anda entre los hombres y las mujeres. Aunque se podr&iacute;a argumentar que esto ocurre desde siempre, no es desde siempre que nos quejamos sobre esto&rdquo;. Quiz&aacute; esta sea la diferencia radical entre los modos de amar de otros tiempos y la nuestra: ahora hay lugar para la queja, los &ldquo;mitos&rdquo; est&aacute;n, si se quiere, pero desdibujados de tal manera que se abre espacio para la queja, para la queja individual, m&aacute;s a&uacute;n, la queja subjetiva, la que se hace a nombre propio.<\/p>\n<p>Esta es justamente la novedad: no que los v&iacute;nculos amorosos no anden, eso desde siempre, s&oacute;lo que hoy de eso se hace s&iacute;ntoma, incomoda, hay queja. Y no hay m&aacute;s mitos que cubran esta falla. Vivimos una &eacute;poca de amor sin mitos, es menester que en cada v&iacute;nculo se invente un mito, ese es el reto dado que no hay amor sin mitos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por amor se han realizado las ms excelsas obras, se han construidos magnficos discursos, s, pero tambin no pocas sangrientas guerras.<\/p>\n","protected":false},"author":100,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[21],"tags":[],"class_list":["post-1049","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-kaos"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1049","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/users\/100"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1049"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1049\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1049"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1049"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1049"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}