{"id":1047,"date":"2022-04-24T19:25:25","date_gmt":"2022-04-24T19:25:25","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2022\/04\/24\/las-calles-de-puebla\/"},"modified":"2022-04-24T19:25:25","modified_gmt":"2022-04-24T19:25:25","slug":"las-calles-de-puebla","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/tinta-insomne\/las-calles-de-puebla\/","title":{"rendered":"Las calles de Puebla"},"content":{"rendered":"<p>Siempre he amado las calles del <strong>Centro Hist&oacute;rico de Puebla<\/strong>. El <strong>Teatro Principal<\/strong> fue, durante mucho tiempo, el epicentro de mi taciturno universo infantil. El Boulevard 5 de Mayo me arrullaba entre el claxon de alg&uacute;n taxista impaciente, sirenas de ambulancias y ocasionales accidentes por exceso de velocidad. Contemplaba a los ni&ntilde;os con pesadas mochilas que corr&iacute;an hacia la escuela <strong>Jos&eacute; Mar&iacute;a Arteaga<\/strong>, se&ntilde;oritas alegres que iban a la escuela de Artes y Oficios Sor Juana In&eacute;s de la Cruz y estudiantes de cabello largo que asist&iacute;an a la escuela de Odontolog&iacute;a de la UAP, ubicada en aquel entonces en la 8 Poniente. La fuente que adorna el jard&iacute;n de la Iglesia de Dolores recuerda mi primera bicicleta, y la amplia explanada de San Francisco constitu&iacute;a mi paso diario a la escuela.<\/p>\n<p>Caminar por la calle de<strong> Santa Clara<\/strong>, 6 Poniente, rumbo al mercado de La Victoria (en aquel tiempo lleno de comerciantes, tal y como ocurre hoy) trae no s&oacute;lo el recuerdo de turistas comprando camotes, dulces t&iacute;picos, sino historias con olor a cera de la iglesia, la aparici&oacute;n ocasional de las monjas clarisas y ambulantes vendiendo fayuca. Mi hermana, que viv&iacute;a en aquel tiempo con mis sobrinos sobre la misma calle de la<strong> 8 Oriente,<\/strong> cerca del Barrio del Artista, a veces nos llevaba de la mano con mi mam&aacute; a correr entre pintores con enormes paletas de colores que a veces se hallaban afuera de sus recintos. Testigos mudos de aquellos d&iacute;as son la fuente y la <strong>Casa del Torno, <\/strong>por desgracia demolida en el 2012. Recuerdo que uno de mis hermanos, que viv&iacute;a en la Ciudad de M&eacute;xico &ndash;&ndash;llamada Distrito Federal en aquellos a&ntilde;os&ndash;&ndash; siempre le gustaba caminar por las calles del centro durante la noche. Compraba molotes, tortitas de<strong> Santa Clara <\/strong>y pan reci&eacute;n salido del horno de la panader&iacute;a El Rosario, hoy extinta. Seg&uacute;n sus palabras, le encantaba estar en Puebla &ldquo;porque era una ciudad tranquila, con una paz que el gran DF ya no ten&iacute;a&rdquo;.<\/p>\n<p>Me gustaba observar a los turistas mientras contemplaban las calles, curioseaban las artesan&iacute;as, tomaban fotograf&iacute;as a la esquina de la famosa casa del Alfe&ntilde;ique y apreciaban las casas circundantes del <strong>Pari&aacute;n. <\/strong>Me preguntaba qu&eacute; hechizo lanzaba la ciudad a los extranjeros. Hoy, cada vez que voy al centro, me siento afortunada de vivir en una de las ciudades m&aacute;s importantes de nuestro pa&iacute;s, centro cultural y econ&oacute;mico de relevancia. La ciudad ha crecido, se ha vuelto un adolescente caprichoso, lleno de acn&eacute;, baches, calles ca&oacute;ticas, puentes malhechos, kil&oacute;metros de cables que cuelgan y rompen cualquier sentido de est&eacute;tica. El <strong>grafiti <\/strong>es la ropa casual de las calles coloniales para los d&iacute;as calurosos. La ciudad ha mezclado lo cl&aacute;sico con lo posmoderno, se ha nutrido de rascacielos hacia el sur, casas palomares por los cuatro puntos y una autopista de doble piso que interrumpe el norte. Puebla ha adquirido presencia de otras entidades.<strong> Sus calles tienen sabores y sonidos jarochos, norte&ntilde;os, acentos indescifrables,<\/strong> el arrastrar de las vocales t&iacute;pico de los poblanos emerge entre risas de compatriotas de diversos estados. La violencia, el narcotr&aacute;fico, los feminicidios y otras desgracias tambi&eacute;n nos han tocado en los &uacute;ltimos lustros.<\/p>\n<p>Puebla parece ser la misma de ayer pero no lo es. &iquest;Lo mismo habr&aacute;n sentido y pensado sus habitantes del siglo XVII o XVIII? &iquest;Habr&aacute;n tenido la misma sensaci&oacute;n de inseguridad los colonos que pasaban los desgastados puentes del r&iacute;o de<strong> San Francisco<\/strong> cuando dejaban sus hogares para ir a la periferia? &iquest;Qu&eacute; pensaban los obreros de anta&ntilde;o cuando iban a colonias tan lejanas como la Humboldt, F&aacute;bricas o Mayorazgo? &iquest;Habr&aacute;n tenido miedo de caminar de noche como lo sentimos nosotros ahora? La ciudad nos muestra cada vez nuevas facetas, rostros no vistos, colores y sonidos nuevos. Ciclov&iacute;as se expanden cada d&iacute;a m&aacute;s entre las arterias desgastadas de la metr&oacute;poli. Rutas de metrob&uacute;s inhalan y exhalan usuarios a lo largo y ancho de avenidas renovadas, olvidando el pasado. Cada uno de nosotros se adapta a este siglo XXI de formas distintas, como la metr&oacute;poli. Olvidamos las calles empedradas de los viejos barrios y recibimos con gusto el concreto hidr&aacute;ulico. Caminamos entre ambulantes que venden cubrebocas, bordadoras de la <strong>Sierra Norte<\/strong> y vendedores que se instalan en pasos peatonales y gritan ofreciendo sus productos chinos. Felices, sobrevivimos, nos adaptamos, mutamos mientras el olor de las gardenias que ofrecen los vendedores permea nuestros recuerdos.<\/p>\n<p>Cada 16 de abril, cuando celebramos a nuestra ciudad, historiadores y cronistas nos recuerdan la importancia de la fundaci&oacute;n, el nombre otorgado de &ldquo;Puebla&rdquo;, cuyo origen proviene del siglo XIII, cuando &ldquo;El Sabio&rdquo; rey <strong>Alfonso X <\/strong>otorg&oacute; el nombre &ldquo;<em>popolo<\/em> a las villas o burgos integrados por un grupo de habitantes reunidos en una delimitaci&oacute;n de territorio&rdquo;. Adem&aacute;s, viene a nuestra mente la <strong>Real C&eacute;dula y la Real Provisi&oacute;n<\/strong>, documentos esenciales en la Fundaci&oacute;n de la ciudad. El primer documento, con fecha del 20 de marzo 1532, da el surgimiento de la Ciudad de los &Aacute;ngeles, autorizado por la reina Isabel de Portugal. En cuanto a la Real Provisi&oacute;n, tiene fecha del 20 de julio de 1538, y el rey Carlos V le otorga a la ciudad el Escudo de Armas.<\/p>\n<p>M&aacute;s all&aacute; de los documentos hist&oacute;ricos y los libros que nos narran con exactitud la planeaci&oacute;n de la ciudad y los datos de los primeros habitantes, recomiendo una larga caminata por las calles y los barrios principales de Puebla, como el <strong>Barrio de San Francisco, El Alto, La Luz, Analco, El Carmen, Xanenetla, Xonaca, Los Remedios, Santiago o San Antonio,<\/strong> para sentirnos con el pulso vibrante. Amar es conocer y los habitantes de esta ciudad reconocemos las calles con an&eacute;cdotas de amor, enojo o miedo, relatos &uacute;nicos que merecen ser contados &iquest;C&oacute;mo construimos una metr&oacute;poli si no es a trav&eacute;s de nuestras vidas que interact&uacute;an e historias diarias, tal y como lo hicieron sus habitantes de siglos pasados? &iexcl;Viva esta ciudad antigua en los latidos, en nuestro diario andar! Una adolescente p&aacute;tina de entusiasmo permea la urbe poblana para recordarnos que 491 a&ntilde;os no son nada, casi nada en la eternidad de las calles que a&ntilde;oramos e idealizamos cuando &eacute;ramos ni&ntilde;os.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La fuente que adorna el jardn de la Iglesia de Dolores recuerda mi primera bicicleta, y la amplia explanada de San Francisco constitua mi paso diario a la escuela.<\/p>\n","protected":false},"author":102,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[27],"tags":[],"class_list":["post-1047","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-tinta-insomne"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1047","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/users\/102"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1047"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1047\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1047"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1047"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1047"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}