{"id":1028,"date":"2022-03-29T17:55:35","date_gmt":"2022-03-29T17:55:35","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2022\/03\/29\/ser-pareja-en-tiempos-de-amor-desamparado\/"},"modified":"2022-03-29T17:55:35","modified_gmt":"2022-03-29T17:55:35","slug":"ser-pareja-en-tiempos-de-amor-desamparado","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/kaos\/ser-pareja-en-tiempos-de-amor-desamparado\/","title":{"rendered":"Ser pareja en tiempos de amor desamparado"},"content":{"rendered":"<h6>Portada: Edvard Munch, &ldquo;Hombre y mujer&rdquo;, 1905<\/h6>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>El centro de gravedad <\/em><em><\/em><em>escrib&iacute;a Chejov en 1886<\/em><em><\/em><em> deber&iacute;a residir <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>en dos: &eacute;l y ella<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Philip Roth<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>Un amor que ya no hace de la soledad una tristeza, es un amor<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em> que ya no es impotente para captar la verdad de la soledad, a saber, que no<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em> hay relaci&oacute;n sexual.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Jorge Alem&aacute;n<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La psicoanalista francesa contempor&aacute;nea Colette Soler, en un libro extraordinario llamado muy atinadamente <em>La maldici&oacute;n del sexo<\/em>, hace un par de afirmaciones que no tienen desperdicio: la primera es que &ldquo;vivimos en un tiempo donde <em>algo no anda entre los sexos&rdquo;<\/em>. En la segunda afirma que &ldquo;nuestra &eacute;poca no es un tiempo favorable para los mitos de amor&rdquo;. Sostiene la tesis de que ya no tenemos mitos de amor, al menos no como los amores m&iacute;ticos, ya no tenemos el amor homosexual de la antigua Grecia, hay homosexuales s&iacute;, sin duda, pero su forma de amar ya no es paradigm&aacute;tica de una sociedad. Vivimos tiempos de amor desamparado.<\/p>\n<p>Abordemos aqu&iacute; la primera afirmaci&oacute;n para acercarnos a lo que se percibe en los v&iacute;nculos de las parejas, <em>lo que no anda<\/em> entre los sexos, en un tiempo de amor desamparado.<\/p>\n<p>Para Jacques Lacan, la mujer es un s&iacute;ntoma del hombre, un s&iacute;ntoma al que, con frecuencia, reacciona con violencia. Por otro lado, para el psicoanalista, el hombre es una de las dos relaciones que causan estrago en la mujer. Quiz&aacute; nunca como en nuestra &eacute;poca se han puesto tan de manifiesto estas aseveraciones.<\/p>\n<p>Uno de los s&iacute;ntomas (<em>lo que no anda<\/em>) de las parejas contempor&aacute;neas es el alto &iacute;ndice de violencia, pese a los m&uacute;ltiples esfuerzos por disminuirlos. Hay mediciones que nos dicen que el 75% de las mujeres han sufrido alg&uacute;n tipo de violencia por manos de su pareja. No conocemos estad&iacute;sticas de la violencia que las mujeres ejercen tambi&eacute;n contra su pareja, pero quienes nos dedicamos a la cl&iacute;nica sabemos que es harto frecuente que esto ocurra.<\/p>\n<p>En la segunda aseveraci&oacute;n de Lacan: el hombre hace estrago en la mujer en la relaci&oacute;n de pareja. Valdr&iacute;a en principio preguntarse qu&eacute; significa la palabra <em>estrago<\/em>. Lacan utiliza el t&eacute;rmino franc&eacute;s <em>ravage<\/em>, que significa devastaci&oacute;n o aniquilamiento. Seg&uacute;n el diccionario de la Real Academia de la Lengua en Espa&ntilde;a, <em>Estrago <\/em>se refiere a los da&ntilde;os causados en guerra, o la destrucci&oacute;n de la campa&ntilde;a, del pa&iacute;s o el ej&eacute;rcito. Hay una segunda acepci&oacute;n que hace referencia a causar ruina, da&ntilde;o o asolamiento. Tambi&eacute;n nos se&ntilde;ala que hacer estragos es lo que ocurre cuando se provoca una fuerte atracci&oacute;n o una gran admiraci&oacute;n entre un grupo de personas.<\/p>\n<p>Seg&uacute;n estos acercamientos, la pareja ser&iacute;a un campo de batalla sostenido a partir de una gran admiraci&oacute;n o una atracci&oacute;n que con frecuencia resulta devastadora. Al aniquilamiento o devastaci&oacute;n que implica el estrago, Freud lo ubica, lo primero, en la relaci&oacute;n madre-hija. Una relaci&oacute;n marcada por el masoquismo, donde hay un fuerte reclamo de la hija para la madre: no haberle dado el sexo correcto. Sabemos que en el principio de la constituci&oacute;n ps&iacute;quica, hombres y mujeres transitamos en la creencia de un solo sexo, s&oacute;lo a partir de que se hace percepci&oacute;n ps&iacute;quica de la diferencia anat&oacute;mica de los sexos, se revela la existencia del <em>otro sex<\/em>o. El mundo se divide as&iacute; entre quienes tienen y quienes no tienen. No tienen el genital que es valorado. No es que a las ni&ntilde;as les falte algo, no les falta nada en lo real anat&oacute;mico, s&oacute;lo que lo que tienen no alcanza el valor que se concede al falo. La ni&ntilde;a sufre una afrenta may&uacute;scula al tener que asumir no tener el sexo v&aacute;lido en tanto que valorado. La culpable de esta carencia es, no le cabe duda, la madre. La madre la deja devastada al no haberle dado el sexo que todos a su alrededor celebran. Esta relaci&oacute;n de la ni&ntilde;a con la madre, entonces, es una relaci&oacute;n de estrago.<\/p>\n<p>Es hasta 1975, en el Seminario 23, <em>Sinthome<\/em>, en que Lacan habla de lo estragante que puede ser un hombre para una mujer. Ocurre, nos dice, cuando las mujeres aman al hombre como si fuera dios; este amor entre m&aacute;s grande tiene tambi&eacute;n su contraparte en un odio may&uacute;sculo. Si el amor y el odio van de la mano, al idealizar en demas&iacute;a al hombre, &eacute;ste genera estragos a partir de su imposibilidad para corresponder con esa idealizaci&oacute;n. Al idealizar al hombre, en su af&aacute;n de que le de <em>eso<\/em> que &eacute;l tiene, la mujer se vincula de manera masoquista. El amor muestra as&iacute; su rostro m&aacute;s siniestro: el del dolor, la soledad y el sufrimiento con que viene acompa&ntilde;ada la imposibilidad de la relaci&oacute;n sexual. Recordemos que Lacan nos ense&ntilde;a que no hay relaci&oacute;n, proporci&oacute;n, sexual. Esta evidencia se revela de m&uacute;ltiples maneras en las relaciones de pareja: el estrago es la m&aacute;s tr&aacute;gica y devastadora.<\/p>\n<p>Medea es un ejemplo que bien ilustra lo aqu&iacute; se&ntilde;alado. La hero&iacute;na tr&aacute;gica no puede soportar la traici&oacute;n de Jas&oacute;n y no encuentra otra salida que el crimen. Ante el destierro de Corintio que el rey Creonte designa para Medea (y as&iacute; la hija del rey pueda casarse con Jas&oacute;n) consigue que el rey le permita quedarse un d&iacute;a m&aacute;s. Medea y Jas&oacute;n discuten porque &eacute;l la ha abandonado para casarse con la joven hija del rey. Con enga&ntilde;os, Medea hace que Jas&oacute;n se quede tranquilo mientras planea el crimen de la hija del rey. Lo hace enviando a la princesa un vestido impregnado de veneno: muere al pon&eacute;rselo, lo mismo que el rey que intenta ayudar a su hija. Jas&oacute;n va a buscar a Medea mientras que ella ha matado tambi&eacute;n a los hijos de ambos y ha huido de Corinto.<\/p>\n<p>En esta tragedia de Eur&iacute;pides se muestra de cuerpo entero la f&oacute;rmula de la pareja-estrago: la imposibilidad para separarse y al mismo tiempo la imposibilidad para quedarse juntos. Dicha de otra manera, esta f&oacute;rmula podr&iacute;a expresarse en el cl&aacute;sico &ldquo;ni contigo ni sin ti&rdquo;. La desilusi&oacute;n que acompa&ntilde;a a todo amor se vuelve insoportable; el crimen es una salida, lo mismo que puede ser el suicidio. Ante esto vale preguntar: &iquest;Qu&eacute; pasa con los hombres que se suicidan por amor? Ocurre que se revela con toda su fuerza que el amor los coloca en la &uacute;nica posici&oacute;n en que es posible amar, en la posici&oacute;n femenina. La afrenta narcisista que constituye el desamor es insoportable. La diferencia y alteridad del Otro se hace valer de manera radical, la respuesta a esta herida narcisista es de igual radicalidad: el odio que aniquila.<\/p>\n<p>Lo insoportable en la relaci&oacute;n, que se pensaba como fusi&oacute;n con el otro, es la castraci&oacute;n, es decir, la evidencia de que el otro es otro. Sin embargo, parad&oacute;jicamente, la castraci&oacute;n es la condici&oacute;n para que haya amor. La pareja estrago niega la castraci&oacute;n: la pareja es colocada en la posici&oacute;n de quien obtura o cierra la falta, se trata de un amor sin l&iacute;mites, un amor en donde se juega a todo, y se hace por la v&iacute;a del dolor y la humillaci&oacute;n. Recordemos que ya con Freud en la relaci&oacute;n estrago se juega poderosamente el masoquismo femenino. Para la mujer, que se mueve bajo la f&oacute;rmula &ldquo;ya lo vi, se d&oacute;nde est&aacute; y lo quiero&rdquo; (y para ello no importa humillarse ni sufrir) resulta insoportable no tener lo que el otro, el partenaire, tendr&iacute;a que darle.<\/p>\n<p>El v&iacute;nculo de la mujer en el amor es uno que se encuentra organizado en torno a deseo de tener, a tener el amor que complementa, el otro deviene en objeto de completud que se realiza por la v&iacute;a de la identificaci&oacute;n hasta perderse en &eacute;l, como escribe Milan Kundera en <em>La identidad<\/em>: &ldquo;Y es que, a veces se dan situaciones en las que por un instante ninguno de los dos parece reconocerse, en el que la identidad del otro se disuelve y, de rechazo, duda de la suya propia. Todo el que ama, todo el que convive en pareja, lo ha experimentado alguna vez, porque lo que m&aacute;s teme en el mundo quien ama es perder de vista al ser amado.&rdquo;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Portada: Edvard Munch, &ldquo;Hombre y mujer&rdquo;, 1905 &nbsp; El centro de gravedad escrib&iacute;a Chejov en 1886 deber&iacute;a residir en dos: &eacute;l y ella Philip Roth &nbsp; Un amor que ya no hace de la soledad una tristeza, es un amor que ya no es impotente para captar la verdad de la soledad, a saber, que [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":100,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[21],"tags":[],"class_list":["post-1028","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-kaos"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1028","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/users\/100"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1028"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1028\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1028"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1028"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1028"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}