{"id":1008,"date":"2022-03-15T14:03:43","date_gmt":"2022-03-15T14:03:43","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2022\/03\/15\/la-invasion-de-los-osos\/"},"modified":"2022-03-15T14:03:43","modified_gmt":"2022-03-15T14:03:43","slug":"la-invasion-de-los-osos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/ensayo\/la-invasion-de-los-osos\/","title":{"rendered":"La invasin de los osos"},"content":{"rendered":"<p style=\"padding-left: 80px; text-align: left;\"><em>Pues bien, mucho a&ntilde;os antes, mientras Leoncio, el rey de los osos, junto a su hijo Tonio iba por el bosque buscando hongos, dos cazadores le robaron al osezno. El padre se hab&iacute;a alejado un momento por un barranco y sorprendieron al osezno solo e indefenso, lo ataron como si fuera un paquete y lo bajaron por entre los precipicios, hasta el fondo del valle.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 80px; text-align: left;\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"padding-left: 80px; text-align: left;\"><em>&ldquo;&iexcl;Tonio!&rdquo; &ldquo;&iexcl;Tonio!&rdquo;, llama a gritos,<br \/>pero pasan eternas las horas.<br \/>Responde el eco de las cavernas<br \/>y en torno solo hay silencio.<\/p>\n<p><\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 80px; text-align: left;\"><em>Finalmente, el rey volvi&oacute; a su guarida, cont&oacute; que su hijo hab&iacute;a muerto, despe&ntilde;ado en un precipicio. Le falt&oacute; valor para contar la verdad, ser&iacute;a una verg&uuml;enza para un oso cualquiera, as&iacute; que imag&iacute;nense lo que hubiera sido para el rey. A fin de cuentas, hab&iacute;a dejado que lo raptaran. Desde aquel d&iacute;a no volvi&oacute; a tener paz. Y muchas veces estuvo tentado de bajar hasta donde viv&iacute;an los hombres para buscar a su hijo. Pero &iquest;c&oacute;mo hacerlo &eacute;l solo? &iquest;Un oso entre los hombres? Lo habr&iacute;an encadenado y matado.<\/em><\/p>\n<p>As&iacute; comienza <em>La invasi&oacute;n de los osos a Sicilia<\/em>, del escritor italiano Dino Buzatti. Cada cultura, en un momento u otro de su historia, elige un &ldquo;rey de los animales&rdquo; (le&oacute;n, elefante, tigre, &aacute;guila, jaguar, serpiente) y lo convierte en la estrella de su bestiario simb&oacute;lico. En el caso concreto del oso, tanto los germanos como los celtas, los eslavos, los b&aacute;lticos y los lapones hicieron de &eacute;l la estrella del bestiario y le rindieron culto. Para los germanos, el oso era el rey del bosque, un animal invencible, una criatura intermedia entre lo bestial y lo humano. Cre&iacute;an que el oso macho se sent&iacute;a atra&iacute;do por las mujeres j&oacute;venes, que pod&iacute;a raptarlas y violarlas dando lugar a seres mitad hombres mitad osos que resultaban guerreros indomables y fundadores de linajes prestigiosos. En tiempos de Carlomagno, en buena parte de la Europa no mediterr&aacute;nea, el oso aparece todav&iacute;a como una figura divina, un dios ancestral s&oacute;lidamente anclado a los pueblos paganos. Por eso la Iglesia cristiana medieval tuvo una lucha contra la imagen de los osos que dur&oacute; cerca de mil a&ntilde;os, hasta que desaparecieron las &uacute;ltimas huellas de los antiguos cultos ursinos y un animal ex&oacute;tico, el le&oacute;n, se adue&ntilde;&oacute; definitivamente del t&iacute;tulo de rey de los animales, que hasta entonces hab&iacute;a pertenecido al oso.<\/p>\n<p>Muchos h&eacute;roes legendarios se enfrentaron y vencieron a un oso, entre ellos Roland, Trist&aacute;n, Lancelot y, por supuesto, el rey Arturo<strong> <\/strong>cuyo nombre de origen celta vendr&iacute;a a ser &ldquo;oso fuerte&rdquo;, &ldquo;oso noble&rdquo; o &ldquo;guardi&aacute;n de la osa&rdquo;, origen celta que viene a su vez de la ra&iacute;z griega <em>Arktos<\/em> que significa &ldquo;oso&rdquo;. A primera vista, ning&uacute;n otro animal presenta un aspecto m&aacute;s antropomorfo: la estatura, la silueta, el oso camina poniendo en el suelo la totalidad del pie, hasta el tal&oacute;n, y una vez privado de su pelaje, su cuerpo es id&eacute;ntico al del hombre. Puede mantenerse de pie, sentarse, acostarse de lado, correr, nadar, zambullirse, trepar, saltar y bailar; puede caminar hacia atr&aacute;s, bajar una escalera al estilo humano, con la espalda erguida, cosa que ning&uacute;n otro animal es capaz de hacer, al menos eso dicen los conocedores de osos. Tanta similitud hizo que, hasta la Edad Media, se creyera que los osos copulaban no como los dem&aacute;s cuadr&uacute;pedos, sino a la manera humana, acostados y abrazados, y que la esperma del oso pod&iacute;a pre&ntilde;ar a las mujeres. Una antigua cr&oacute;nica escandinava afirma que &ldquo;el bisabuelo del prestigioso rey de Dinamarca Svend II Estridsen era hijo de un oso&rdquo; y varias sagas n&oacute;rdicas refieren proezas de seres medio hombres medio osos.<\/p>\n<p>Rey de los animales, aterrador y temido, atributo de jefes y guerreros, s&iacute;mbolo de salvajismo y de sexualidad exacerbada, objeto de veneraci&oacute;n y de ceremonias paganas, el oso aterroriz&oacute; a la Iglesia cristiana de la alta Edad Media. Por eso le declar&oacute; esa guerra de casi mil a&ntilde;os hasta poder reemplazar las fiestas y los ritos paganos por celebraciones de la nueva religi&oacute;n. A partir de entonces, el oso empez&oacute; a ser un &ldquo;animal de cuentos y de circo&rdquo;. Una vez sacado de su trono, privado de todo prestigio, se transform&oacute; en un animal de feria, a menudo ridiculizado hasta casi desaparecer, salvo en zool&oacute;gicos y circos, y en el siglo XX se convirti&oacute; en el osito de peluche con el que se acompa&ntilde;an los ni&ntilde;os para jugar o dormir. As&iacute;, incitando a la ternura, se ha metido en muchos cuentos para ni&ntilde;os y ha entrado en tantas casas como el osito de peluche, primer objeto que el ni&ntilde;o domina totalmente, con el que puede hacer lo que quiera y llevarlo a donde quiera, haci&eacute;ndolo su confidente, su c&oacute;mplice, sustituto moment&aacute;neo de un adulto, a un mismo tiempo juguete y persona, peluche y humano.<\/p>\n<p>Pero antes de irme, les cuento c&oacute;mo termina aquella historia de osos de Buzatti:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>el rey de los osos acude a Sicilia a recuperar a su hijo, capturado cuando era un osezno por unos cazadores y convertido en un equilibrista conocido como Goliat. Los osos deciden dar la batalla al ej&eacute;rcito del Gran Duque, derrot&aacute;ndolo finalmente y gobernando rectamente durante algunos a&ntilde;os. Pero poco a poco el ejercicio del poder y las comodidades van &ldquo;humanizando&rdquo; a esos osos, hecho que se manifiesta en la corrupci&oacute;n y el abuso, as&iacute; como en una serie de vicios como el alcohol, el juego y el amor al lujo. Habi&eacute;ndose convertido en los se&ntilde;ores de la isla, los osos ven c&oacute;mo la corrupci&oacute;n invade ahora su mundo como antes invad&iacute;a el de los hombres: casas de juego, conspiraciones de palacio y el robo al Gran Banco Universal. Solo el regreso, en largas filas, a las viejas monta&ntilde;as devolver&aacute; a la tranquilidad de la naturaleza que ten&iacute;an en otro tiempo. <\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Escrito para sus sobrinas durante la Segunda Guerra y publicado por primera vez en 1945 en el <em>Corriere della Serra<\/em>, esta invasi&oacute;n de osos no ha perdido una pizca de actualidad.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Pues bien, mucho a&ntilde;os antes, mientras Leoncio, el rey de los osos, junto a su hijo Tonio iba por el bosque buscando hongos, dos cazadores le robaron al osezno. 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